miércoles, 16 de junio de 2010

Amnistía fiscal

Por Zápiro


He llamado al 11088. Alguien ha dejado una tarjeta bajo el colchón del que yo había dejado un billete de 500 euros. Me ha atendido Carmen Camprubí. La tarjeta ha resultado ser de un restaurante de la zona de Serrano. Mi secretaria no frecuenta restaurantes de Serrano, a no ser que la inviten, y ella es la única persona viva que ha pisado este habitáculo, aparte de mí. He llamado a mi secretaria. Dice que no la invitaron, sino que cenó allí tras encontrarse un billete de 500 euros debajo del colchón de mi jefe. He ido al habitáculo de mi jefe. La señora de la limpieza, a la sazón mi tía Alfonsa, me asegura que ella se lleva siempre todos los billetes de 500 euros que encuentra debajo del colchón de mi jefe. Le he preguntado donde los guarda. Me ha respondido que en cualquier otro habitáculo distinto al de mi jefe, quien sin duda la descubriría. Le pregunto si ha entrado alguna vez en mi habitáculo. Me responde que cada día. Llamo a mi secretaria. Le pregunto si sabía que la señora de la limpieza, a la sazón mi tía Alfonsa, entra cada día en mi habitáculo. Me contesta que ella se lo tiene prohibido. Le pregunto si, para lograr su anuencia, tuvo que ejercer algún tipo de soborno. Me contesta que le bastó con los 500 euros que se encontró debajo del colchón. Llamo a mi jefe. Me sugiere que llame al restaurante. Que organice una cena de empresa y que invite a mi tía Alfonsa. Resulta que un hijo suyo, a la sazón mi primo Umberto, trabaja allí como camarero. Así que llamo a mi primo Umberto y le digo que vamos a ser 500, y su madre. No fumadores.

*

En el restaurante, el Cocinero ha esparcido por las mesas, a modo de pagaré, tacos de tarjetas firmadas por altas personalidades. Ante el alborozo general, explica que se han prohibido los billetes de 500 euros. Le doy a mi primo tres tarjetas firmadas por Torrebruno y le pido que me traiga un paquete de Marlboro. Pero mientras las coge, le hago notar que traigo, a modo de prueba, la tarjeta aparecida bajo mi colchón. Me contesta que no la había visto en su vida, y que, en cualquier caso, en nada se distingue de las demás. En ese momento, decido firmarla. Mi primo se aleja precipitadamente y me trae dos paquetes de Marlboro, junto con tres ceniceros. Me entristezco. La sopa está fría y no tengo cerillas. Mi jefe sonríe y me dice: ten paciencia, estás un poco jueves.

En la mesa, los comensales han reaccionado a la prohibición con una acción protesta: juegan a encestar las tarjetas en las copas ajenas. En la refriega temo perder mi única prueba, y me guardo en el bolsillo la tarjeta firmada por mí. Mi tía Alfonsa arquea las cejas, y rubrica compulsivamente todas sus tarjetas con mi firma. Le advierto que existe un sistema antifraude. Entristece. No puedo con ella. Le ruego que sea un poquito jueves; pero rompe a llorar. Así que le regalo la tarjeta auténtica, aparecida bajo el colchón. Emocionada, me da un billete de 500 euros y todas las tarjetas falsificadas con mi firma. Pero yo sé que mi tía Alfonsa se arruinó en el 57, y que el billete de 500 euros es falso de toda falsedad.

Entre tanto, mi primo Umberto ha desaparecido, y decido ir tras él.

En la cocina, el Cocinero me advierte: si entra aquí, le multaré. Me llevo la mano al billetero y, cuando estoy a punto de pagar, caigo en la cuenta de que ya estoy dentro de la cocina.

- ¿Has calentado mi sopa? -le sorprendo.

- Tu sopa se toma fría.

- Ya. ¿Has calentado mi sopa?

- Sí.

- ¿Por qué has calentado mi sopa?

- Para que no me pidas que te la caliente. Porque tu sopa se toma fría.

- Ahá.

Silbo. Me paseo. Grito y aúllo por su cocina. Pasado un lapso, le pregunto:

- ¿Me permites salir de tu cocina?

- No. Antes tienes que pagar la multa.

- No te voy a pagar la multa.

- ¿Por qué?

- Para que no me multes por entrar. Porque ya estoy dentro de tu cocina.

Se entristece. Farfulla unas palabras. Nadie le escucha. Sabe que ha llegado su turno... Se destoca el sombrero, se arranca los galones, se quita el albornoz, se saca la pata de reno de la boca, y me hace entrega del Gran Cucharón del Rey Torrijas Fernández. Emocionado. El camarero, a la sazón mi primo Umberto, había dejado tarjetas como miguitas de pan hasta la bodega, y me hace señales desde el fondo. El pasadizo huele a puritos Dux.

*

Por fin en la bodega, mi primo todavía se muestra displicente. No sabe que tengo cientos de tarjetas con mi firma falsificada. ¡La firma del Rey Torrijas! Al verlas se le achinan los ojos y, por primera vez, me dice que quizá sepa algo de mi billete de 500 euros... Pero la cena se acaba. Los comensales se largan. La vajilla se estampa. Y el billete me llega, por fin, grapado a la cuenta de los platos rotos. IVA incluido.



(Imagen: La Arbonaida.)

5 comentarios:

Ester Astudillo dijo...

A mí se me achinan los ojos porque, coño,... es que ya no sé quién soy! Me han sobado tantas manos, tengo una familia taaaaan extensa y tal sex-appeal que... ni en la crisis del 29, oiga!!!

Jajaja, todo queda en familia, eh? Ni la mafia napolitana ni la de Chicago: Spain is different, colegas! Polvo de primera! ;)

Zápiro dijo...

sí sí, la familia de los Billetes de Quinientos. Son como la Esteban, que están por todas partes pero nadie dice verlos. aaaancha es castilla... besicos,

Carso dijo...

Dios mío!
Esto es un guión de los Hermanos Marx: Un día en las carreras, Sopa de ganso, Dónde estará mi billete de 500 (BSO de Manolo Escobar).

A qué se dedica la Familia, por cierto, a la construcción de habitáculos?

Me he reído mucho, Isra!

Mercè Mestre dijo...

Sí senyor, boníssim! El Callejón del Gato!

I sí, també Grouxo i Mendoza i Arrabal i Tip i Coll i el Niño de la Bola i Paco Martínez Soria i Al peponi Goteras i Don Otilione, copiant la xuleta de lògica d'Alícia. Ehem... passeu, passeu, ara ja no hi falta ningú, que diria el gran Sisa.

Sisa? Qui em sisa?

Zápiro dijo...

Qué va, qué va, qué va... yo leo a kierkegaard!

ah, amigos, en la lista de ilustres no podían faltar los enormes Faemino y Cansado, fuente inagotable de inspiración (como pudimos comprobar, por cierto, hace unos años con Carso en el Apolo, do you remember?!)

besacos,