viernes, 3 de diciembre de 2010

LA ARAÑA Y LA GUSANA



Una araña y una gusana eran vecinas en la misma rama, aunque nunca se hablaban
Sólo compartían oficio y el vicio de espiarse
La araña, viuda y negra, tejía con sus patitas de guadaña grises telarañas. Siempre andaba con su prole atareada, y por sus rutinas muy mosqueada.
La gusana se arrastraba prepotente con su cabeza por las nubes, mientras envolvía su ego muy ufana con brillantes babillas de seda, por entre las ramas. Altiva se reía del sino de su infeliz vecina, siempre tejiendo aburrida, cansada y envejecida. Al mismo tiempo se relamía por sus adentros con pensamientos de altos vuelos, a los que ponía ansiosa alas de mariposa.
Un lunes por la mañana, la araña, se asomó al patio de luces y no vio a la gusana. Sólo un brillante capullo del color del sol, prendido del envés de una hoja del revés.
Por un momento le arañó la envidia y sintió cierta tristeza, pero enseguida se contentó con el entretenido aleteo de una mosca, que llamaba a la puerta de su estómago, muy ruidosa.
Pasaron los días, mientras la solitaria araña seguía tejiendo redes y sin pescar nuevas noticias. Hasta que por fin un buen día, un ruidito sospechoso y no identificado, sonó en casa de la gusana. Su instinto y sus patas se pusieron rápidamente en marcha. Observó curiosa que la brillante maraña de seda, con un extraño baile de zapateaos, comenzaba a deshilacharse como una posesa hasta llegar a perder la cabeza .Alucinada vio salir primero unas antenas y tras ellas unos enormes ojos inyectados en rojos y desfigurados por el esfuerzo. Aún así reconoció la mirada burlona de la gusana, que ni con legañas de seda conseguía engañarla. Ésta peleaba con furia para poder desenroscar las alas y así salir gloriosa de su cárcel dorada.
Al fin lo consiguió, miró a la araña triunfante, sonrió orgullosa y se quedó, ya mariposa, prendida en la red pegajosa de su vecina.
La araña presta se acercó, para darle una jugosa bienvenida, estrechándola afectuosa entre sus patas e inyectándole complacida su venenosa alegría.
El orgulloso destino teje, como las arañas, redes imprevisibles.

4 comentarios:

Carso dijo...

ggrgrgrgrgrg
qué escalofrío me ha recorrido el cuerpo.
llámame blando, pero a mí me ha dado pena la mariposa que no pudo ni practicar el vuelo.

bien tejido, paula.

paula dijo...

Sabes Oscar, lo que parece crueldad es en el fondo ternura....las mariposas de seda no vuelan jamás, se aparean, ponen huevos y se mueren... por no poder ni pueden comer...pierden el estómago en la metamorfosis.
La araña lo sabe y la mata, antes de que la gusana se entere...le deja ser mariposa.Esa es la verdadera moraleja, pero era muy sofisticada je,je. Por cierto a nadie le da pena que se coma a la mosca :))).
Besazo XL y buen puente, que se nos lleve lo no corriente.

Mercè Mestre dijo...

Hola. Sóc l'esperit de la mosca. A mi ja em mosquejaven tants fils, tants fils, però mira... la curiositat va matar el gat. Ara ja sé que en trompa callada no entren aranyes. Gràcies, Paula, per la teva solidaritat amb els secundaris de la pel·li. S'agraeix, col·lega! Un bzzzz

Isabel Laso dijo...

Maravilloso relato. Un poema atrapado en las redes, mejor tejidas, de una narradora de alegres purpurinas, vivos colores, y palabras que son amores. ¡Un buen Tricot de conte, amiga!