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sábado, 26 de septiembre de 2009

G-20 TOCAPELOTAS


Por Rubén García Cebollero



Decir las cosas claras no suele gustar a nadie, porque, se diga como se diga, la verdad duele. A veces, ofende. A veces, se desconoce.


Risto mejide no creo que sea recordado por la forma de escribir, pese a que sea un gran publicitario. Tampoco creo que a mí se me recuerde por nada, pero de momento aún me queda más pelo.


Ojalá hubiera más programas irreverentes, más programas que denunciaran que el país, entre parados, corrupción y mamoneos, no puede seguir anestesiado malviviendo entre oscilaciones hipotecarias, fútbol, toros y coplas. O si lo prefieren: tele, tetas y copas. O si lo prefieren: farras, timos y drogas.


Parece que los políticos puedan hacer lo que quieran, y de hecho puede que lo hagan, sin que nos importe nada. NADA. Parece que hagan falta unos cuantos millones de "tocapelotas", en un buen sentido de los términos, que den luz sobre la violencia, el alcohol y la degradación que palpitan en las calles.


Si todo tiene su causa, ¿por qué no valorar más los efectos? Pese a todo, haciendo de mal pitoniso, al programa van darle dos telediarios.
Tiempo al tiempo.


¿O acaso creen que a nadie le molesta?

sábado, 18 de julio de 2009

EN DEFENSA DE RISTO


Por Rubén García Cebollero



El tiempo ha hecho evidente que Risto es un "personaje" destinado a cobrar importancia en el universo "mass media". Seguro que en ocasiones las formas impiden ver el fondo, y que OT tiende más a la asepsia que a la búsqueda o el apoyo del auténtico talento. Conste de entrada que hay que ser "tonto" para creer que lo que no se tiene se consigue por pasar por una academia, pues la técnica puede esconder o mejorar ciertas cosas, pero la incapacidad de asumir nuestros límites nunca lle a buen puerto. De ahí que se fomente el creer que, sin esfuerzo o con un esfuerzo mínimo, la "magia" de la tele convertirá en estrellas voces no trabajadas, personas que aún no han sudado, evolucionado o que quizá no tienen el "marfil" necesario para ser pulidas en la disciplina del canto.


Me alegra que Risto ya no esté en OT, porque espero que ahora tenga algo mejor, y sé que puede conseguirlo. Igual que espero que su nuevo libro, "el sentimiento negativo", mejore al anterior. La creatividad no es algo fácil de asumir ni de digerir, y en medio de un programa tan mediocre como OT, donde las formas pesan más que los fondos, donde las mentiras intentan ocultar las verdades, donde se cree que el talento pueden nacer contrareloj, Risto ha sido la figura, amarga, pero necesaria que nos recuerda que importan mucho los medios con los que alcanza el éxito.


Risto ha preparado a los concursantes para lo que es la vida real, donde las ostias llegan con más velocidad que las palmaditas en la espalda, y donde aún van más rápido los cuchillos traicioneros que las manos amigas. El éxito no sólo hay que merecerlo, sino también digerirlo. Cuando ha dado ocasión, Risto ha sabido rectificar y ha servido de acicate para que algunos/as siguieran luchando, porque en la calle, en el mercado, en el mundo de las cifras, hay que luchar para evitar que quienes te rodena, quienes confían en ti, quienes invierten en ti, duden que puedes conseguir los objetivos.


Risto ha demostrado que más que lo que haces importa cómo lo haces, como mides tu éxito, y que si las cosas salen mal debes analizar porqué, y no culpar al mundo, al jurado, a la audiencia por el fracaso, tus decisiones, "tus errores". La vida es algo más que ingresar dinero, y gastarlo o malgastarlo, como hacen los clubes de fútbol. Y además para "ser" hace falta "hacer", y no es suficiente con "creer" que se es, o que se hace. Hay quien dice que una palabra puede matar a un hombre, pero también dice un refrán que tus huesos pueden ser rotos con piedras, y que no pueden hacerte daño las palabras.


Risto es capaz de observar, aprender y desarrollar las "aptitudes" de los concursantes, pero las "actitudes" dependen de cada cual. De ahí que algunos valoren más las palabras, que las piedras. Y como todos sabemos en los caminos hay más piedras en las que tropezar, que palabras que nos ayuden.


Y lo demás, es cuestión de respeto.

sábado, 26 de julio de 2008

OT 2008: LA VICTORIA DE LA NIÑA AZUL



Por Rubén García Cebollero

OT 2008 ya es historia. Ya se ha acabado. Quizá Virginia cantó ¿Por qué te vas? pensando en Risto. Lo que es seguro que los participantes de OT 2008 demostraron que no saben perder, y que si no llega a ser por Mónica Naranjo habría sido un espectáculo mucho más penoso del que fue.
Sandra, resentida con Risto, dijo que éste había demostrado quien no tenía educación. Lo cierto es que sólo hay que oír su inglés para entender que no hay peor sorda que la que no quiere escuchar. Y en general todos han mostrado que el país tiene una crisis, sí, de valores. La música es lo que menos cuenta y, me incluyo, a mí lo único que me ha interesado han sido los comentarios de Risto.
Sí, maleducados algunas veces y hasta puede que desagradables. La sinceridad y el "pensamiento negativo" tienen esos daños colaterales. Sin embargo, Risto es un publicista y sabe lo que se dice, lo que se hace y lo que se calla. No sé si se ha enamorado de la niña azul ni me importa, pero creo que el país se ha aliado con la mirada de la más débil. Virginia no ha sido la mejor o el mejor cantante de OT, pero sí la más fuerte por su peculiaridad celeste y musical.
Pablo ha demostrado ser un buen compositor, y el tiempo le hará entender que su talento está más en la cabeza y las manos que en la voz. Ivan será un "showman" de la telebasura o un actor de teatro fabuloso. Quizá Reke siga en la música, y Tania y Manu y compañía. Me temo que a todos les pasará lo mismo que a los anteriores triunfitos, que se acumulan como el polvo en el olvido.
Y sí, cuando acabe la novela que estoy escribiendo, a finales de agosto puede que lea "El pensamiento negativo", de Risto, en su sexta edición. Porque al margen del personaje televisivo, Risto es profesor de Creatividad, y ha demostrado su capacidad para reconocer un producto (Virginia) en el que el mercado (la audiencia) sí ha creído. Después veremos si a la hora de la verdad lo compra.
Y en cuanto a crisis de educación, Jesús Vazquez fue lamentable, mucho más siendo embajador de naciones unidas, al decir que te den risto. Jesús se ha mordido la lengua en muchas ocasiones, pero no ha podido ocultar su agrado o desagrado respecto a los participantes y la academia. A todo esto Chiper ha sido el gran perdedor, y no sé si habrá conseguido aprender algo de la experiencia, la academia y los compañeros. Creo que si ama la música habría visto que ha brillado por su ausencia.
En fin: felicidades Virginia, niña azul, marea del llanto. Ahora sólo te falta controlar los nervios, pensar qué quieres, qué darás, qué esperas y entender que el espectáculo no es eso, no es lo que nos han dado, no es nada más que Risto desapareciendo.
Así que... me voy hasta que vuelva a aperecer, tras unas breves vacaciones, a encontrar algo de silencio, un poquito tan sólo, que le recuerde a este país que el talento se tiene o no se tiene, y que a nadie se le puede enseñar a ser en unos meses lo que desea ser pero no es, lo que sueña ser pero no es, porque la realidad y el deseo, como diría Cernuda, no tienen siempre porqué coincidir en tiempo, espacio y mente.
Que el verano os sea propicio;)

sábado, 14 de abril de 2007

¿Volverías a ver 300?



No sé qué respondería Risto con sus "corazonarras", pero seguro que Carles dice que no. Pues yo sí. Me gusta y no fui a verla para encontrarme fidelidad a la historia de Herodoto. Quizá un día podamos discutir si la historia es o no ficción. Si cualquier escritura que pretende ser objetiva lo es.

De acuerdo que los 300 parecen escapados de una anuncio de cuerpos de Danone, o un gimnasio de culturistas, y que los persas, el oráculo y Efialtes (el traidor) son más una caricatura esperpéntica que una realidad. La fantasía crea mundos que tienen sus propias leyes. En 300 parece que los espartanos no necesitan ni comer, son un ejército que se mueve sin intendencia, sin provisiones, que resite día tras día sin nada que llevarse a la boca, a excepción de una manzana que aparece en la mano de Leónidas, como si siempre hubiera estado ahí.


De acuerdo que Jerjes parece una drag queen escapada del carnaval de río, y que cuando dice eso de que no le temen por su poder sino por su magia, y le da el masaje a Leónidas, con su profunda voz, da más risa que miedo. Y así podríamos seguir con más y más detalles, hasta llegar a ese final que a Carles le parecía fascista: luchar contra la tiranía y el misticismo. La batalla de Platea.

El actor que narra la historia (el espartano que pierde un ojo) es el mismo que en "Troya" hace de Hércules. Al margen de la curiosidad, puestos a ver no veo una fractura entre Oriente y Occidente, sino una lucha entre ejércitos, y como es sabido a los ejércitos les importan menos las causas que las guerras. La cuestión es pelear. Quizá eso es lo que mueve el incosciente de quienes critican una brutalidad que, a mi juicio, es ridícula comparada con cualquier telediario.

Me gusta 300 por su imagen y por la sabiduría musical que destila. Que la acción que presenta pueda parecer pobre, o ser inferior a la película que inspiró el cómic, nada obsta para que desde el punto de vista de la técnica resulte sobresaliente. El mimo y la paciencia dedicados a la fotografía son causa suficiente para recordar que el medio es el mensaje, y que es cierto que en los signos (lenguaje e imágenes) todos somos libres de ver lo que queramos, y de interpretar la finalidad, sea estética o no, que se persigue.

Tan cierto es lo que siento como el arte poética de Horacio, que recomienda desaprovar aquel poema que muchos días y muchas revisiones no hayan corregido y diez veces castigado hasta que las uñas quedaran afiladas (afinadas). Así que aunque quizá 300 pudiera parecer no creíble para la lógica histórica, que no lo es, volvería a ver 300, porque el lenguaje (sea cinematográfico o no) sirve para expresar sentimientos.

En el caso de 300 siento que su capacidad de expresión sentimental está por encima de los defectos que, si queremos, podemos achacarle, y en definitiva siento (de otra manera) que Carles sienta otra película distinta. A fin de cuentas, como escribiría Risto, el mundo hoy está repleto de corazones y miradas tan diversos como las hipotecas de los mercados sentimentales.

Que Kurt Vonnegut descanse en paz, pues aún hay santos que actúan con decencia en una sociedad sorprendentemente indecente.