
De pequeña yo quería ser Princesa. No una princesa de esas de Disney, qué pastelosas con sus vestidos rosas y sus coronas brillantes, sino la fantástica Princesa de Comando G, mi serie favorita. Y me peleaba con mi prima, a ver quién se parecía más a ella. Ninguna de las dos, claro, pues eran dibujos animados y además nunca podríamos dar aquellos saltos fantásticos y maravillosos. Qué envidia. Y pasábamos las tardes cantando Son cinco jóvenes y su robot…; Jimy, Kio, Jason, Mark y Princesa lucharán, nave Fénix a volar, la batalla van a ganaaaar..., y cruzando los brazos sobre la frente gritábamos: ¡¡Mutacióóóóón!
Debíamos de parecer un par de locas.
Debíamos de parecer un par de locas.
Más adelante empezó otra serie mítica, Candy Candy. Esperábamos ansiosas la lleg
ada del domingo por la tarde y quedábamos de nuevo para sufrir juntas con las desventuras de la pobre protagonista y su amiga del alma, Annie. Qué culebrón, estábamos completamente enganchadas; qué vida tan desgraciada le tocó vivir a la pobre Candy. Nos recreábamos con su mala suerte y sus desdichas, con sus peleas y también con sus amores, ¿o es que me vais a decir que no os enamorasteis de Anthony? Y al salir del cole nos comprábamos cromos para el álbum, las chuches y todos los accesorios que existían sobre la serie. Qué vicio. Y cantábamos la canción en su versión original, qué sabíamos nosotras que ese idioma extraño era japonés; qué modernas.Y luego llegaron otras series alucinantes, sí sí, literalmente alucinantes; seguramente los creadores se tomaban psicotrópicos antes de escribir el guión de Chopi y la Princesa, brrrrrrrrr!! Vaya locura; aún hay gente recuperándose del trauma que les ocasionó su repetida visión sin protección cerebral.
Sin embargo, el gran
descubrimiento televisivo fue La bola de Cristal. Este programa nos dejaba boquiabiertos y nos enseñó múltiples palabras nuevas e insultos varios, muy refinados e inteligentes todos ellos, eso sí. Y los Fragel, otra inteligentísima y divertidísima serie con un peculiar fragel viajero, al más puro estilo de Sin Noticias de Gurb. Entre serie y serie aún teníamos tiempo para peinar y maquillar a nuestras Nancys rubias (y morenas), mucho más grandes y estilosas que la guiri de moda, la Barbie Choni.
http://www.youtube.com/watch?v=V3cJHKipWbg
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