martes, 7 de abril de 2009

La Historia

Por Carlos Rull


El mensajero, malherido y exhausto, cabalgó esquivando balas hasta la colina en la que, lejos de los cañones del enemigo, el estado mayor planificaba el asalto. Muerto su caballo por un proyectil traicionero, ascendió trabajosamente hasta lo alto del cerro, paso a paso, gota a gota de sangre y sudor. Finalmente, logró llegar, casi de rodillas, hasta la tienda de los generales donde, con un último esfuerzo, informó.
- Hemos desbordado el flanco derecho del enemigo. El coronel aguarda nuevas instrucciones.

Luego cayó al suelo. Un ayudante de campo comprobó apenas apenado que no tenía pulso.

- ¿Alguien sabe cómo se llamaba?

- ¿Acaso importa? - concluyó, cortante, el generalísimo.
Y centró de nuevo su vista y atención sobre la mesa y el enorme mapa en el que, desplegadas en perfecto orden, pequeñas figuritas de madera representaban miles de hombres que sangraban la tierra.

5 comentarios:

R.P.M. dijo...

La historia de los generales y mariscales de campo. La otra historia, la de los soldados. Al final se cuenta de tal forma que hay que estar muy atento para entenderla. Y a los mensajeros no les dedican calles, seguramente porque no sabe nadie cómo se llamaban. Tú saca el ingenio, Carlos y sigue adelante.

Oscar Sotillos dijo...

Lo malo es que si el peón tuviera oportunidad de hacerle una butifarra al mariscal de turno y cambiara de bando, se encontraría dando órdenes al mismo imbécil con los colores en distinto orden sobre la misma bandera.

paula dijo...

Una corta historia,sin embargo no conseguimos aprenderla,ni repitiendo curso.Las guerras son malos maestros de humanas geografías...la letra con sangre no entra.
felices y que las vacas no te hagan la Pascua .
Besos.

José G Obrero dijo...

Sí señor, Carles, me ha encantado. Historia pacifista y ácrata donde las haya. Breve, concisa, y al bulto. Me ha recordado a Senderos de gloria. Sin embargo desde que se hizo la película las cosas no han cambiado nada y seguimos siendo igual de g...Manipulados por los intereses y las estrategias de unos cuantos. Y mientra esto siga repítiéndose relatos como el tuyo deben seguir escribiéndose.

Un abrazo.

carlesrull dijo...

Gracias, compis. La historia nunca es como nos la contaron, y la intrahistoria, Rufino, no da nombres ni títulos ni cargos.

Oscar, de acuerdo, uniformes, cargos son peligrosos, las banderas una excusa; de hecho, la propia morfología de "uni-forme" da repelús.

Mi diabólica amiga, sin letra seguiremos sangrándonos, con letra también pero tal vez menos, y nadie podrá decir que no sabía.

José, siempre qué acertado y generoso en tus comentarios, gracias.

Qué tengáis una buenas vacaciones.