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domingo, 5 de septiembre de 2010

Sueño...

Por Rufino Pérez
Desde aquel lunes de Aguas, no se había vuelto a ir de picos pardos. Y lo cierto es que lo necesitaba...Aquellos ojos, la suave sonrisa, el atardecer entre brumas de fiesta que más bien parecía un conjuro para echar fuera los males, las fiebres, las pestes y todo lo que no fuera alborozo y vino, mucho vino...

No recuerda bien cómo de entre la marea de lances y requiebros había surgido aquella belleza que se ocultaba bajo una capa de desaliño y hambre, cómo se había acercado a él predestinada, impelida por las ganas de huir de los últimos brazos abrazadores y rudos, cómo se habían volcado el uno en el otro y cómo tuvo que defender su trofeo escondiéndolo de la avidez de la marea buscona.

Y tampoco recuerda cómo la perdió. Pero sí, claro, ahora saldría a buscarla, sólo a ella, sólo a ella.... Y se volvió a dormir.

(Martes después de Pascua. Salamanca, 1550)

sábado, 11 de julio de 2009

LAS LAGRIMAS DE FLORENTINO


Por Rubén García Cebollero

A mis blancos amigos, porque una colorá vale más que ciento y una amarilla



Si esperara a la final de la Champions no tendría mérito. Ahora que parece que Florentino Pérez es el rey Midas y va a convertir Madrid en oro, y que parece que en el mundo no haya nada más que Cristiano, Kaká y compañía, he tenido un sueño (al estilo de M. Luther King) y he visto las lágrimas de Florentino, en la Champions, en el Bernabeu, en el 2010.


La final no la jugaba el Madrid. La jugaban el Liverpool y el Barça. Y la final era de infarto. Antes de llegar a ella se cruzaban con un equipo alemán y un equipo italiano. Después quedaba claro que lo que se celebran son los títulos y no las presentaciones, que es normal tener ilusión por lo que uno imagina magnífico pero que cuanto más se sube, más dura es la caída, más grande la decepción, más fanática la desmesura.

Hoy dicen que es envidia no bendecir la locura. Tal vez sólo Benzema se salve del desastre. Tal vez la gallina de los huevos de oro se convierta en la cagada blanca, en otro año en blanco, en la pesadilla de la impotencia. Tal vez "Kaká" ya sea un premonición significativa de que las camisetas no corren solas, ni los escudos derrotan por el nombre, ni el respeto se gana con petardos, fuegos artificiales y ruido.

Como decía una canción de Sabina: y hubo mucho ruido... y añado: mucho humo. Demasiado humo. Hasta que sople el viento y vuelva la cordura.

viernes, 22 de mayo de 2009

CRIMEN DE IMAGEN




Se levantó de la cama con premeditación y alevosía, a lo que añadió nocturnidad. Se lanzó descalza por el pasillo en desastrosa deshabillé, guiada por una voz, mejor dicho por unos rugidos, que le salían de las entrañas.

Se plantó ante la gran caja blanca que ocupaba el centro de la estancia y sintió el frió que desprendían sus despiadados pensamientos. Sin más elección que la de seguir a su obsesivo instinto, abrió la puerta como una autómata y sacó del interior su primera herramienta para el crimen: una botella de tamaño familiar.

Acto seguido cegada por la lujuria depredadora, cogió como una posesa el afilado cuchillo jamonero y, con él en la mano destapó a tientas a su presa. Sin tregua y con maña, comenzó a lanzarle certeras cuchilladas y después, sin ningún atisbo de piedad, troceó sus carnes en finas lonchas.

No contenta aún con la orgía de desenfrenos, rebuscó con su olfato de asesina entre los armarios de la cocina, en la panera, entre los cajones algún resto escondido de dulce vida para, sin escrúpulos, zampárselo de postre.

Aún medio sonámbula pero con las voces interiores aplacadas, se paró en seco y descubrió con pavor todas las huellas de su pantagruélico delito: su camisón empapado de grasa, las mandíbulas desencajadas de tanto relamerse y resbalándole por las comisuras de la boca los restos de sus víctimas, entre espumas de cerveza.

Sin poder soportar el peso, también de los remordimientos, cayó de rodillas con todo el rigor de su conciencia veraniega. Juntando las manos rezó con mucho fervor varias salves a las diosas de la imagen, recitó con gran devoción largas letanías de anuncios anticelulíticos, conjuró todos los mandamientos del plan Pons e incluso, se fustigó mentalmente visualizándose en bikini.

Pero todo fue inútil, sus ruegos no fueron escuchados, y se retiró cabizbaja de arrepentimientos hacia el dormitorio .Allí, le esperaba despierto el gurú de su estético culto: el sabio espejo, que le devolvió implacable todos y cada uno de los pormenores de su salvaje atentado.

Con compungida cara de luna más que llena y las pistoleras enfundadas dentro de sus cartucheras, se rindió al duro y merecido castigo: la cárcel del severo régimen.

martes, 19 de agosto de 2008

CALOR (relato veraniego).

por Carlos Rull

Todos los viajeros saben que no conviene pasar demasiados minutos al sol en las ardientes playas al sur de Hurghada. Cuentan que el calor es tan intenso que hasta el agua del Mar Rojo parece querer alejarse de la arena por miedo a quemarse. Se dice que el sol es capaz allí de matar con facilidad y que es el lugar idear para hacerse invisible.

Julio llegó a la ciudad a mediados de Agosto, procedente de Luxor, donde afirmaba haber acabado hastiado del sudor, la mugre y la pegajosa amabilidad de los comerciantes y pedigüeños egipcios. En cuanto dejó sus cosas en el hotel, buscó un taxi y se hizo llevar al sur. No ignoraba el peligro de aquellas playas infernales, de aquel vulturno erébico, pero no podía imaginar mejor lugar para vestirse de silencio.

Un policía turístico que dormitaba bajo una raída lona que, atada a dos raquíticas palmeras, a duras penas lograba protegerle del sol, le advirtió en macarrónico inglés que no pasara más de unos minutos en la arena y que buscara rápido una sombra en la que apaciguar el salvaje calor.
Julio extendió con parsimonia la toalla en la abrasadora arena y se dejó acariciar por el sol y el silencio. Cerró los ojos y, entre ciegos destellos, revisó pausadamente sus días y recorrió sosegadamente sus pasos. Su piel se ahogaba, su lengua se marchitaba y su sudor empapó pronto la toalla. Se sintió arder y se vio a sí mismo convertido en agua y ceniza. Y por primera vez en mucho tiempo creyó frisar algo parecido a la paz.

Una media hora más tarde, el policía se acercó a la toalla de Julio con una escoba y un recogedor y tras un largo y prolongado bostezo, comenzó a barrer. El montoncito de cenizas acabó de llenar una viejo cubo de plástico y la toalla fue a parar al montón que atestaba el maletero del maltratado coche patrulla.

Se busca a quien eche sinceramente a Julio en falta.

domingo, 11 de noviembre de 2007

EL VERANO DEL AMOR

Por Rufino Pérez

En 1967, S. Francisco fue el escenario de una explosión juvenil de pacifismo, música y liberación sexual, el denominado “verano del amor”.

“If you are going to S. Francisco / be sure to wear some flowers in your hair”

Flores en la cabeza. Nacía el hippismo, la “gentle people”, que Scott Mackenzie animaba a encontrar en la bahía de S. Francisco, gente nada convencional, que vestía ropajes floreados, de colores chillones, pelo largo, que fumaba hierba y hacía el amor libremente, durmiendo en parques y pisos abandonados de la ciudad.

Una forma de escapismo, de abandono de una sociead adulta opresora. No querían ser clones de sus padres y abuelos –buena casa, esposa fiel, barbacoa (paella) familiar el fin de semana-. Una forma de ruptura con las generaciones de posguerra: Ginsberg, Kerouack.. Y verdaderamente no fue un movimiento prefabricado, fue una “extraña vibración” que fue generando una verdadera revolución social, la primera revolución juvenil de la historia.

En S. Francisco, se mezclarían luego, tanto gentes de espíritu libre como turistas de fin de semana, mercaderes o chicas fugadas de casa (runaways), pero allí se generó una nueva forma de entender el mundo, una contracultura.

La música fue el vehículo más representativo y a la vez más comercial del movimiento, la encargada de esparcir su gran himno que culminará en el festival de Monterrey.

¿Y en España? Bueno, marcando diferencias, claro. Fraga inauguraba paradores de Turismo, Carrero Blanco ascendía –perdón por la ironía – a “delfín” de Franco que “abría la mano” dando entrada en las Cortes a los procuradores del “tercio familiar”; moría Azorín y el boxeador Pedro Carrasco era la figura popular. País.

Eso sí, tuvimos una película de los insignes Alfredo Landa –qué gran actor desaprovechado, de verdad- y Concha Velasco: Una vez al año, ser hippy no hace daño.

Bueno, ¿y qué? El movimiento hippy fue devorado por su propia inercia y la ayuda de la policía, los medios de comunicación que lo convirtieron cada vez más en un show y algún que otro insigne político de apellido Reagan y nombre Ronald, que cerró comunas, prohibió el LSD y devolvió a casa a las “runaway”.

¿Qué queda de todo ello? Quedan las palabras, los conceptos: pacifismo, ecologismo, movimientos alternativos, la liberación sexual –cada vez más recatada y mal entendida- y nos quedan los Beatles, la música. Poca cosa, es verdad, pero si quitamos el LSD y la única hierba que manejamos son las flores, tal vez merezca la pena acercarnos aunque sea “in memoriam” al movimiento hippy.

En cualquier caso, habría que fabricar veranos de amor, por lo menos uno cada año y festejarlos cada cual a su “amoroso modo” durante el otoño y el invierno. La primavera es ya de por si, época de enamorados. Este ha sido un verano de amor.