sábado, 28 de febrero de 2009

DESCORTESIA DEL SUICIDA, de Carlos Vitale


Editorial Candaya
Prólogo de José María Merino
http://www.candaya.com/descortesiadelsuicida.htm




Por Rubén García Cebollero

Descortesía del suicida es mucho más que un buen rato de lectura. Mucho más que un libro a leer. Es la obra que vale la pena releer.
José María Merino considera su valor simbólico frente a la realidad sin sentido que sólo ciertas rutinas laborales y comerciales se empeñan en ofrecernos como racionalmente ordenada. Añado que la carga interior de la narrativa breve (o hiperbreve) de Carlos Vitale rebosa humildad, humor y concisión.
La cita que inicia el texto es de W.S. (Shakespeare, para los amigos), del Rey Lear, "Es calamidad de estos tiempos/ que los ciegos guíen a los locos". Si algo no falta nunca en la visión "Vitálica" de la vida es una perspectiva irónica, sabia y sintética.
Carlos demuestra, como he podido disfrutar tanto en presentaciones, charlas o lecturas, que escribir no es un drama (aunque pueda costarnos la salud) sino una pasión terriblemente contagiosa. ¿Por qué no escribe más extenso? Por la misma razón por la que Borges no escribía novelas: no lo necesita. Carlos puede contarnos mucho más con ese gesto de la estación de Can Boixeres (sí, el gesto del espacio más que el gesto de los personajes), y a partir de ahí nos agarra con tal fuerza que, sin advertirlo, seremos cortesmente seducidos por sus focos (sus textos) que iluminan este absurdo mundo de locos guiados por ciegos.
Recuerdo que en 2008, el día de mi cumpleaños, la lectura que Carlos hizo de algunos de los textos que forman "Descortesía del suicida" hizo reír, sonreír e incluso llorar al público diverso que asistía a las jornadas. En la búsqueda de la comunión entre lector y autor, texto y lectura, hay instantes mágicos y quien se deje seducir por los brevísimos fogonazos "vitálicos" se reconciliará con la Literatura, el humor y la vida.
Quizá su destacable labor traductora ayude a comprender la singuralidad del carrusel narrativo que, con paciencia, Carlos ha cultivado para ofrecernos un jardín radiante, fértil, revelador. Desde la sonrisa, compasión o empatía que pueda provocarnos "el despechado" (las más hermosas se las quedan los ricos), hasta la autenticidad irresistible de "demasía" (¿cómo es posible que todos los años hayan sido el peor año de mi vida?).
¿Por qué revisitar el libro? Vale la pena leerlo, releerlo y mantenerlo cerca. Para disfrutar "Borges y yo", "diplomacia", "moebius", "meteorología", "un crítico de altura", y etcétera. Así que a cualquiera que quiera adentrarse en el pulso "vitálico" de la Descortesía del suicida, le lanzo "contumacia": Déjate guiar. A donde quieras ir.
Carlos Vitale es el espléndido guía que te seducirá con la "ley de probabilidades" (todos creen que van a alguna parte), en estos tiempos de "microeconomía" (tiempos de crisis: sumo lo que no gano), donde abunda la "lástima" (un buen ejemplo de que el dinero no hace la felicidad. Lástima que haya tantos contraejemplos).
Y como señala en el prólogo, el gran narrador José María Merino, en "el tiempo detenido" de Descortesía del sucida palpita ese reloj en el que "a veces es demasiado temprano y a veces demasiado tarde", la dura vida, la cierta vida, llena de blandas incertezas que nos hacen ser ciegos, locos y felices como el abrazo irónico del tiempo.
Así que no hagan como el "teléfono" de Carlos al que "sólo llaman cuando no estoy", y encuentren pronto su Descortesía del suicida, el regalo, el placer, la fortuna de observar la vida con el irresistible humor "vitálico" que les hará ser tiernos, reflexivos, conscientes de la extrañeza de las cosas, diarias, que nos llenan de súbitos chispazos.
Y para no extenderme y que la reseña del libro acabe siendo más larga que el libro, más profunda sería imposible, acabaré invitándoles sin descanso a leer, releer y disfrutar la maestría de don Carlos Vitale. Pocas veces se arrepentirán tanto de algo como de no hacerme caso;)

jueves, 26 de febrero de 2009

Purpurina


Per Raquel Casas


Duc purpurina als llavis, Chanel a l'escot i una disfressa de tigre.

A les festes bec còctels sense remei i quan me'ls acabo canto com Ofèlia, com la Piquer.

Col·lecciono records de ciutats en una vida rosa i ja no llegeixo novel·les d'amor perquè el meu cor pervers s'ha calmat.


**

miércoles, 25 de febrero de 2009

Etern retorn



[Llegit per Carles Aledo a El Suplement, de Catalunya Ràdio. 22.02.2009.]


Per Andreu González Castro

Obro la capsa de galetes. N’agafo una foto. Llum. Al bateig ma mare porta perruca i el mossèn du ulleres fumades. Jesucrist Superstar ens vigila des de la creu. Creixo. Tot és blanc i negre. Una foto d’estudi amb ma germana. Sóc feliç. Creixo. Una Kodak instantània de color davant la catedral de Lleó. Porto pantalons curts i llepo un gelat de cucurutxo. Dec haver fet una gracieta, perquè ma mare i ma germana riuen. Segueixo creixent. “Este Andresín, cómo se ha espurrido.” No em deixen posar-me arracada. Foto. Una grapa que ajunta un parell de mitjons al lòbul esquerre. Creixo encara més. Duc grenyes. Estudio a Barcelona i Salamanca. Deixo de riure. Segueixo creixent. Segueixo amb dos mesos de vacances, de professor. Deixo de créixer. Conec dones. Em fan mal i faig mal. Em caso. Roma, París, Nova York. Em reprodueixo. Torno a riure. Començo a minvar. Deixo el tabac. Deixo l’alcohol. Em torno a reproduir. Prohibeixo a ma filla que es posi un pírcing. Segueixo minvant. Un altre cotxe. Una altra hipoteca. Un altre viatge. Un túúúúnel llaaaaarg d’anys tots iguals. Em jubilo. Minvo encara més. Mallorca, Benidorm, Albacete. Deixo de riure. Em faig petit del tot. Tanco la capsa de galetes. Tot és blanc i negre. Fosa en negre. Tanquen la caixa de fusta.

[Podcast del programa]

martes, 24 de febrero de 2009

¿Autodefinición?


primera máscara

profesor lector ¿escritor? bebedor




segunda máscara

agnóstico apátrida anárquico ideológicamente anémico

siempre antagónico a menudo esdrújulo



tercera máscara

entre ahíto y satisfecho a veces hastiado

Entonces me refugio en los libros las películaslas cocinas los viajes


cuarta máscara

normalidad y cotidianeidad estoicamente asumidas

raramente alguna aventura

a excepción de las que se viven en la lectura


quinta máscara

hijo amigo compañero pariente

por vocación polemista y diletante


sexta máscara

permanentemente enamorado y sorprendido

demasiado a menudo indignado


séptima máscara

hoja en negro

cuello de cuervo

miedo al miedo

y algo de paz

domingo, 22 de febrero de 2009

FUERA MÁSCARAS

Por Rufino Pérez


*** Me adelanto a la semana temática, más que nada porque este fin de semana es cuando se ha celebrado el carnaval y tengo el tema de las máscaras reciente. Espero vuestra indulgencia.


Soy de los que cree que debajo de la máscara que todos llevamos, puede haber otra máscara y otra y otra, como las muñecas rusas. Hasta llegar al yo, posiblemente ni siquiera uno mismo sepa el camino.

Muchas veces me pregunto si la capacidad de relación y bla, bla, bla no esconden una vieja inseguridad. Tal vez, pero la siento tan lejana que ya no la identifico, entonces tampoco puedo afirmar esa relación causa-consecuencia.

Otras, me pregunto si las mil y una tareas, proyectos, asociaciones –todas ellas lícitas, ninguna de malhechores- en las que ando metido, no esconden una profunda insatisfacción, una búsqueda de sentido a la vida, algo que llene. Pero tampoco me siento insatisfecho con la vida, al contrario, creo que la vida me ha sonreído lo suficiente y que aún tiene mucho para ofrecerme.

Así que, no busco nada. En realidad, no tengo sensación de búsqueda. Y si ahora me quedase sin nada de todo en lo que estoy metido, si ni siquiera me dejaran ejercer mi profesión –que me gusta tanto- creo que no me desesperaría, porque siempre podría echar mano de un libro. Y si tampoco lo tuviera, siempre podría escribir y guardarme lo que escribo (porque lo de publicar, lo tenemos crudo, amigos).

¿Soy conformista? Tampoco lo sé. Pero hay una probabilidad de saber quien soy: dejar que los ojos que me miran atraviesen la piel y lleguen hasta donde quieran o puedan.

Una vez, un primo mío, jugando, cuando éramos chavales, se había peleado conmigo y me llamó “cobardica”. Estoy pensando que aquellos ojos, son de los que supieron llegar dentro. En fin. Con máscara o sin ella, quiero pensar que soy amigo de mis amigos y un humano más con algún rasgo alienígena. Nos vemos en el Carnaval.

sábado, 21 de febrero de 2009

LA BATALLA DE LA MEMORIA


Por Rubén García Cebollero


En el segundo semestre de 2009, Ediciones Nowtilus publicará la novela del Ebro que empecé a escribir en 1998, que fue finalista de Planeta en 2004, y que mejoré en los años posteriores.
En esta década, afortunadamente, mucha gente me ha ayudado y todos sabéis el amor que profeso por la historia, y en especial por esta batalla.
Por eso quiero aprovechar para haceros saber ( a quienes quieran o puedan asistir) que Teatre Kaddish presenta En un barquito de vela (una història sobre la Batalla de l’Ebre) de Pau Bou en la Biblioteca de Catalunya, del 11 al 29 de marzo de 2009.
Y también que el 23 de febrero, en Barcelona, se estrena la película documental "la batalla de la memoria", a las 19:00 h Centre Artesà Tradicionàrius - CAT, en Travessia de St. Antoni, 6-8, que el canal 33 emitirá el 25 de febrero a las 23:00 horas.

Cualquier persona interesada en la Batalla del Ebro puede contactarme en rgarciaceb@uoc.edu

Un abrazo;)

jueves, 19 de febrero de 2009

Iniciación & prórroga











Para P., perdedores ex aequo ambos
en la contienda más ardua
y definitiva







Por Ester Astudillo


¿Recuerdas?
Corrillos importunos
cuando el deseo que fabulamos
extraviado
era materia de escándalo.

Conversos al cabo al credo
de la nostalgia y la duda
buceamos militantes en saberes
y cuerpos, con un legado
de vacío cierto
y una incierta vocación
por la locura.

Y cuando el fin de la década caló
obscenos cercos al alba,
pardos como trofeos
al torpe coraje
de nuestros miembros,
la fe en un alto dolor común
inflamaba, inatenta
e insomne,
la noche oscura del alma.

Sobre la tierra baldía,
en el lapso que despunta
entre sopor
y bostezo,
habité de tu mano
un aliento húmedo
y tullido.

Heredé también,
¿recuerdas?,
un latido tuerto
de quimera incompleta
y un ansia que no nombro
donde posaras
tu huella.

El surco paralítico
se obstina en su trazo imperfecto;
ignora que tú y yo
corremos al fin igual suerte:
artífices de su mismísima derrota.

miércoles, 18 de febrero de 2009

L’INTERDIT

par Camille Gobart

Victime d’un ennui causé par la répétition des mêmes gestes, des mêmes actions, son esprit stagnait, dangereusement vide, amorphe et confondu par un présent invariable. Personne n’avait soupçonné, pas même lui, qu’elle put avec le temps se perdre un jour dans ses pensées comme on s’égare dans un labyrinthe. Il ne s’en était pas aperçu tout d’abord, quand il aurait fallu être à l’écoute et bienveillant, il avait été aveugle et sourd aux images insaisissables qui venaient l’étourdir lors de ses retraites intérieures. Il travaillait ardûment, plongé dans l’étude de l’expressionnisme allemand, se débattant avec ferveur entre Kokoschka, Kirchner et les autres. Lors d’une lecture de passages de La Naissance de la tragédie où Dionysos et Apollon s’entendent, entourée de rares amis, elle fut pénétrée par une étrange conscience malséante de ce qui remuait en elle depuis très longtemps, elle se remémora La Notte, Lidia et Giovanni, les célébrations qui s’étaient perdues avec le passage muet des années, l’absence d’efforts pour se souvenir des dates, l’incommunication graduelle. Elle comprit qu’à la longue l’amour exigeait régulièrement, comme les soudures qu’il faut souvent réviser ou même renouveler, l’incandescence du fer.
Elle entra sans vaciller. Le bar était bruyant, familier, aguicheur. Autour d’elle s’agitaient des corps moites aux étreintes sensuelles. On ne se dit rien, ce n’est pas la peine, quelques onomatopées seulement font vibrer les gorges ; pas de négoce, pas de confessions, plus d’égo, la piste de danse déborde sur la rue et des langues vaillantes titillent sans complexe des sexes de prime abord timides, mais dont frottements et succions répétés accroissent les dimensions ; ses lèvres expertes maintenant au va-et-vient charnel épousent les reliefs veineux, tandis que ses yeux craquelés, le pourtour de l’iris rouge, s’ouvrent grand pour épier les spasmes expressifs de son délicieux amant posté contre le mur de l’entrée, juste en dessous du nom du bar incomplet qui fait clignoter les clients : La Quatrième.
Il préférait, plutôt par lâcheté que conviction propre, fermer les yeux sur ses excès, il fuyait en somme l’effrayante confrontation avec une réalité qu’il n’assimilait plus, car elle s’était inventée une morale, la sienne propre, et par là même, elle s’éloignait, irrépressiblement. Elle recevait à tout instant invitations à des plaisirs conjugués qu’il était loin de s’imaginer concrètes, il ne soupçonnait pas que son imagination put l’emmener aux confins d’un monde dénué de toute valeur, où flottaient librement le plaisir et la démesure. De son côté, elle luttait vainement, essayant de contenir cette vague qui la menait aux limites de la noyade, la tête lui tournait, elle aurait voulu s’essorer l’âme ou disparaître dans l’amas de pensées que secouait indéfiniment le maelstrom de sa psyché.
Au fond, pour reprendre une phrase de Milan Kundera, elle mourait d’envie, comme nous tous, de transgresser les conventions, les tabous érotiques et accéder enivrée au royaume de l’Interdit.

domingo, 15 de febrero de 2009

Luvia de tarde.

Por Rufino Pérez

La lluvia llega a nosotros y nos envuelve como una burbuja. Al fondo, luces del puerto que no descansa en las fábricas que todo lo fabrican. Aquí, donde yo estoy, las luces de dentro que fabrican pantallas, protegida por largos ventanales.

Más allá, está el ojo de la burbuja y la mano que mueve los hilos. Me imagino que soy yo el que escribe, pero sé que me engaño, y aún así, sigo escribiendo porque la lluvia me inspira y veo sus luces de arco iris sobre la faz de la tierra. Y escribo que hay amor todavía del que ayer dejó S. Valentín –qué manía con celebrarlo todo- y hay dolor que se fabrica y que luego se cura. También hay sonrisas y amores en los que nada tiene que ver S. Valentín, y que ahora están curando las heridas en la distancia ecuacional de la burbuja.

Todo eso, envuelto por la lluvia, abrirá mañana un inmenso orificio de sol en la burbuja. Será otro día, vendrá otro tiempo y otras lluvias mojarán el jabón de las fábricas que expulsará nuevas burbujas. Yo tal vez no escriba, sino que saldré a recibir el agua y el sol, como la tierra, como tu amor.

jueves, 12 de febrero de 2009

A la cuina


Per Raquel Casas


En aquell moment vaig pensar que m’agradaria desaparèixer. Però el futur és molt llarg.
Arraulida al fons de la cuina, amb l’esquena contra les rajoles blanques i fredes de l’última paret, vaig aprendre que en el fons estava sola, que la vida és com una habitació buida, potser com una cuina nova, i que ens movem a dins, en desordre, mentre esperem que les ciutats es tornin blanques i que les papallones volin al capvespre en un autèntic estiu sense límits.
No vaig poder encendre el forn, ni bullir l’aigua; no vaig aixecar els ulls del ganivet brillant, amunt i avall. I me l’estava mirant amb un ull obert i l’altre tancat quan la veu metàl·lica de la mare em va fer reaccionar, aixeca’t del terra, nena, i ajuda’m a parar taula que anem a sopar.
Les aromes avançaven pertot arreu i ho aixafaven tot.
Llavors vaig desitjar tornar-me transparent i morir-me cuinant.
Dins d’una gran cuina, el temps sempre és silenciós.
**

miércoles, 11 de febrero de 2009

CITAS QUE HAY CITAR ANTES DE MORIR

por Rubens Molina



"UN ROMANTICO ES UN SALIDO QUE MIRA PUESTAS DE SOL"
Rafael Fernandez Gutierrez
(Escritor anónimo con vocación ágrafa)

martes, 10 de febrero de 2009

SONETO CASI CONSONANTE A UN POEMA NO PREMIADO

Por Carles Rull

A mis amigos/as poetas (con cariño)


Tristes versos a fuego y diente armados,

tristes versos negros de hierro y sangre,

tristes versos de oro y gloria olvidados,

como ave sin pluma, pulmón sin aire.


Tristes vagáis negados, naufragados,

sin corona, sin cheque, sin donaire,

No seréis en librería presentados:

ni edición tendréis, sólo desaire.


Relegados, despreciados por crueles

jurados; olvidados, desahuciados

por ruines iletrados tribunales:


no tendréis rincón en los anaqueles,

a duras penas seréis conservados

en el disco duro de amigos leales.


(C) de la imagen: http://the-g-spot-of-the-h-bomb.blogspot.com/

domingo, 8 de febrero de 2009

LA VENTANA

Por Rufino Pérez

Mujeres y hombres. El mundo dividido en dos. Aquel Hacedor no sabía bien por qué, pero aquello no iba a funcionar. Y fabricó un envoltorio que al juntar las dos solapas quedaría sellado con una perfecta unión. Y hasta le puso un lazo.

Así, el mundo estaría entonces completamente cerrado y guardaría dentro la vida. Cualquiera que lo mirara desde fuera, lo vería perfecto con su envoltorio y su lazo. Y dentro… bueno, pues lo que parecía que iba a ser una caldera a presión, un enfrentamiento, la guerra de los sexos..., ha resultado ser una delicada armonía. Y no por nada de todo ese machismo, o supremacía de uno de los dos géneros, no. Por algo más poético, como es que una de las dos partes ha sabido tejer en el envoltorio una pequeña ventana de seda para respirar.

Y ni siquiera el Hacedor conoce dónde está. Hay que ser mujer para saberlo.

sábado, 7 de febrero de 2009

TERRITORIO EN PENUMBRA


Por Rubén García Cebollero

Hay libros escritos con palabras y libros escritos con silencios. Territorio en penumbra es una magnifíca combinación de la precisión, el discurso y el espacio, que el talento poético de Luis Luna construye con una ininterrumpida cohesión.
Dos citas inauguran el texto. Una, de Ignacio Gómez de Liaño: no buscaba comprensión, sólo sentido. La otra, de Paul Celan: dice verdad quien dice sombra.
Nos encontramos en el umbral del mundo entre la luz y las sombras, donde todo comienza en "Uno", primera parte del texto. Aquí hallamos los poemas "la silla. el suceso. la imagen", "el objeto. La mesa", "Raum des Schweigens (la habitación del silencio)", "el umbral. Las voces", "el cuarto oscuro", "el encuentro", "el objeto. el espejo", y el contundente "pedagogía de la llama": ...Y la belleza/ también posee lo oscuro, lo que queda/ escrito de algún modo/ en la ceniza".
En el uno el poeta se interroga por la imagen, los gestos, la voz. Busca la verdad del hueco, del vacío, del silencio a la espera del signo. Y el poeta encuentra el nudo de la pérdida, el temblor de la ceguera, la opaca estructura del fracaso. El poeta sufre y golpea "cada muro como un pájaro/ herido". Una voz enfrentada a la ausencia "no por la fuerza de la necesidad ni la costumbre sino por la belleza".
En la segunda parte del libro, "La galería (el cuerpo interrumpido), el poeta canta "paisajes devastados (Kiefer)", "las líneas rojas (Montserrat Gudiol)", "el verbo de las piedras (Máximo Trueba)", y "el discurso del hierro (Chillida)", con esa "vibración/ que resuena por entre las fisuras/ pero no del objeto/ sino de quien contempla".
Aquí Luis Luna eleva la voz poética hasta la fisura, la de los "pájaros callados/ y fragmentos de sillas", sin saber "en qué frío". Y en la nieve la sangre que nos lleva a la herida de las líneas rojas, al giro del hallazgo y la sed, a la piedra sucesiva. La voz creada por Luis "interpreta la entrada/ que la roca concreta", la interrupción del cuerpo, el verbo del silencio.
En la tercera parte, en "Dos", nos muestra "el objeto. El libro. Anotaciones", la "Salida de emergencia", la "sala del banquete", "la ventana cerrada (construcción del paisaje)", "el pasillo. la espera. La pregunta", "el sueño del chamán", "el paseo", "el objeto. Las piezas. El damero", "la sala octogonal", y "las líneas de la luz".
Aquí Luis Luna ilumina con la luz el acta del lenguaje propio, ese "signo extraño/ que de ti desconfía", y las anotaciones en el margen son el fulgor (que recuerda al fulgor y el misterio de René Char) al borde del silencio. Por fortuna, ante la silenciosa locura de sudar tanto frío, "la memoria convoca los objetos", y en el nombre nos brinda la última posibilidad del discurso. Aunque el chamán nombre la edad de la barbarie, aunque el vasto territorio silabee la penumbra, aunque el silencio octogonal desvelen las cifras del cántaro, la plenitud, el vacío, el principio limpísimo del día.
Pocas veces puedo decir "este libro me satisface", este libro arriesga, consigue y gana, esto no es un intento sino un logro. Y lo quiero decir con mayúsculas: REALIDAD. P de poesía en maýsculas. Casi a riesgo de cambiarle el apellido por "del Pozo" o "de la Profundidad", pues en ese ascenso hacia la desnudez de la palabra, hacia la fulgurante economía poética, hacia la claridad precisa de su voz, Luis Luna ha conseguido que Territorio en penumbra sea una obra para leer. Y releer. Y releer. Un acierto innegable de Luis y de la Editorial Gens:

http://www.gens.es/colecciones/cajaalta/2.php

jueves, 5 de febrero de 2009

Lullaby

By Ester Astudillo
For Gina, who, unbeknownst to her, managed to somehow sustain my faith in an altogether alternative universe.
So that somehow I survived

So here you commence,
Your perfect poise
And your lilt
Unblemished and complete,
A fragility so intense

And incomparable
Clipped to your brow
Like a tumbling atom
Fleeing its pull.


Thus the primal soup of life
Stands ready to concoct:
Insides, innards, entrails
And whatnot in a floatsam
Of void,
All so finely bound
In your brief cavity,
Bloodless and fleshless
And speared.

Lips brimming with
Unrequited kisses
And bites
As yet unrehearsed.
Eye-balls tarnished
And mute
To the turmoil without.
Fists mobile,
Scary in the blind
Searching faith
Of their unyielding grip.

Still your breath exhales,
As I reach for you,
A memory
Of ancient scales
And maritime dreams,
Piercing the vapid herenes
Of earthly want,
While I march to the
Warfare drums
Of your heartbeat
And guide you home.
Cause this is home, baby.
Here’s to you, love.


miércoles, 4 de febrero de 2009

Un juego: dos relatos

Por José G. Obrero

¿Cuál os parece más literario?

La semana transcurrió bastante mal: me había saltado la dieta y había zampado carne al menos cuatro días. Me contuve por las noches, es cierto, y las cenas a base de ensaladas me devolvían a la normalidad. Ese día en concreto había almorzado más de la cuenta: un filete a la plancha y unas patatas fritas, así que salí a correr para calmar el sentimiento de culpabilidad. Di tres vueltas al circuito (una más de lo habitual) e hice una tabla de flexiones y abdominales. Tras los estiramientos, ya calmado, me dispuse a volver a casa. Entonces la vi. Era ella. La misma chica que me tuvo absorto el año anterior. Era china o japonesa (no lo sé distinguir) y trabajaba de camarera en el restaurante oriental que había frente al gimnasio. Era la mujer más sensual que había visto nunca. Nada escapaba a su belleza: su piel blanca, sus ojos grandes y su boca carnosa. Pero más allá del físico había algo que la elevaba por encima del resto: la manera de acariciarse el pelo, de parpadear lentamente. De pronto sentí la necesidad de seguirla, y anduve tras de ella hasta que llegó a la parada del autobús. Me senté en el banco de la parada y la observé haciéndome el distraído. Cogió el siete, “debe vivir en Cañero” pensé, y por un momento estuve tentado de subir y aprovechar para forzar una conversación, pero no fui capaz.
Lo que quedó del día fue una maraña de pensamientos en torno a ella: ¿cómo se llamaría? ¿La volvería a ver? ¿Y si cada día cogiese el autobús a la misma hora? ¿Qué le puedo decir si la veo? No cené. Ni siquiera me puse la crema hidratante y el contorno de ojos antes de irme a dormir. Pasé la noche en vela.
Al día siguiente lo había decidido: iría a la parada a la misma hora. Y así lo hice, pero no apareció, ni ese día, ni el siguiente, ni el resto de semana. Sin embargo, se había convertido en una rutina ir a correr al circuito y esperarla en la parada, y al cabo de un mes apareció. Iba muy arreglada y acompañada por un tipejo que la cogía por la cintura. Un tipo gordo, calvo, bastante mayor que ella. Cuando ya se alejaban ví como el tipo le metía la mano burdamente en el culo, después se giró y me miró con una sonrisa que decía: “este dulce es mío”. Desde entonces tengo la necesidad de correr más y más, y no parar de hacerlo, sentir que mi sangre bombea con tal fuerza que acalla mis ruidos internos, el chirriar de mis pensamientos, el maldito compás del desamparo.


La semana transcurrió bastante mal: había salido varias noches seguidas y todas habían terminado igual: con una resaca inhumana. A veces empezaba a beber a medio día y a las dos de la mañana seguía el recorrido por los bares en compañía de Álvaro y el canalla de Julián. Ese día sin embargo me contuve, y estuve en casa escuchando los viejos cedés de Radio Futura mientras fumaba unos cigarrillos. Por la noche decidí dar una vuelta por mi cuenta, no aguantaba más en casa y el cuerpo me pedía diversión. Me fui al Pop-rock, siempre tienen buen ambiente, y con un poco de suerte encuentro gente con la que charlar. Encendí un cigarrillo y pedí un gintonic a Maica, la camarera. “Te ha estado buscando El Guiri” (un tipo al que llamamos así porque es rubio) me dijo Maica, “¿Sabes que quería?” le pregunté, “No sé. Las típicas cosas vuestras, imagino”. En ese mismo momento El Guiri apareció por la puerta. “Eh Miguel, vas a alucinar con lo que te traigo”. Nos fuimos al baño y nos metimos unas rayas. Sabía que se trataba de eso. El Guiri es uno de esos tipos que necesita compartir, lo hace desinteresadamente. A la salida del baño, me la encontré de frente. Era ella. La misma chica que me tuvo impresionado el año anterior. Una japonesa o china, no sé muy bien, que trabajaba en el 24 horas que había enfrente del Underground, el afterhour del centro. Era tan guapa, tan sexy, que a pesar de que comprábamos siempre ahí los bocadillos cuando salíamos con hambre del Underground, nunca me atreví a abrir la boca. Ella me decía el precio y yo extendía las monedas. Además, no era la típica oriental sin formas, tenía unas tetas y un culo que sería la envidia de cualquier Pin Up. Me propuse entrarle pero de pronto me dio miedo estropearlo de lo que puesto que iba. Me senté en la barra y encendí un cigarrillo. Esperaría a que se me pasara el subidón y luego le diría algo. Sí, lo tenía claro. Por desgracia, en el mismo momento en que le pedí otro gintonic a la camarera, la perdí de vista. Pensé que se habría escabullido entre la gente y la busqué por todo el local, pero no hubo suerte. El Guiri me cogió del brazo y me gritó “¿Pero dónde estabas?” Volvimos a ir al baño. Ese día no podía dormir, en parte por la cantidad de coca que había esnifado, claro, pero también porque no dejaba de pensar en ella. En su cara, en su boca, en su cuerpo. La coca me excitó y me hice una paja a su salud. Pero no era una paja normal, había un sentimiento, una desazón que no había experimentado antes. Necesitaba verla, me volvía loco. Me propuse ir al Pop-rock la noche siguiente. Pero no apareció ni esa noche ni las sucesivas. Al cabo de unas semanas, cuando ya lo daba todo por perdido apareció. Iba muy sexy con una minifalda y botas altas de tacón. La acompañaba un tipo que no dejaba de sobarle la cintura. El típico cachitas que se pasa el día en el gimnasio. Uno de esos cretinos que va en manga corta en invierno con una camiseta a punto de reventar. Al llegar a la barra pidieron dos zumos de tomate. Me quedé hecho polvo. Desde entonces no tomo coca. No quiero que mi sangre bombee todavía con más fuerza, ni que me atosiguen mis pensamientos. Ya no bebo gintonics, sólo cerveza y por supuesto, fumo cigarrillos como un loco.

martes, 3 de febrero de 2009

Ha muerto el Fresh Banking


Óscar Sotillos
Pocos años después de que Money-ING entrara en los mercados españoles con su nueva manera de operar, los analistas certifican su muerte tras la brutal campaña publicitaria de TRUE BANK. El eslogan con el que bombardearon todos los canales: “Nosotros te robamos menos” parecía una de esas campañas orquestadas para llamar la atención del espectador con un giro inesperado. El publicista de la ONCE que dirigió los spots de “Este anuncio traerá cola” aseguraba que el anuncio de TRUE BANK podía causar un hito en la comunicación audiovisual similar a la muerte de Chanquete o el La-la-la de Massiel. Pero las previsiones han desbancado incluso a los más optimistas. TRUE BANK se está forrando. Los directivos aseguran que no es una maniobra publicitaria, sino una afirmación sincera. “Antes de ser banqueros estábamos en el paro” dijo el primer accionista en rueda de prensa “teníamos problemas de liquidez como cualquier hijo de vecina, así que cuando nos llamaron del INEM para presidir un banco lo tuvimos claro, tenemos que hacernos entender por la gente, que sepan que comprendemos sus problemas.” La filosofía de TRUE BANK va más allá de la campaña publicitaria, no son sólo el banco que, utilizando su terminología, roba menos a sus clientes, sino que sus empleados tienen permiso para criticar a la entidad. Este hecho hace que los clientes confíen en la honestidad del banco. Aurelio Crespo lo expresaba así al salir después de firmar su hipoteca: “te roban, es cierto, pero les puedes decir a la cara que son unos chorizos.” TRUE BANK ha acabado además con la política del anonimato, el cliente puede pedir a fin de año el típico calendario, con la novedad de que cada mes tiene la cara del director del banco dentro de una diana. Los dardos vienen de regalo.
Efe

domingo, 1 de febrero de 2009

TARDE


Por Rufino Pérez


Me levanté pronto, pero llegué tarde. A pesar de ello, esperé esa tarde lenta a que tú llegaras. Y también llegaste tarde y a un sitio equivocado. Me fui cuando la tarde desapareció de repente. Se me hacía tarde para llegar a ninguna parte, así que me marché huérfano de tiempo y en la soledad de mi habitación, hice posible el sueño sin sueños.
Me levanté de nuevo tarde, declinada ya la tarde. Pero no tenía prisa. Los dos habíamos llegado tarde y ahora pisábamos la tarde con tacones de distinto grosor.

Maldije la tarde de reloj parado y me maldigo a mí, porque ninguno de los dos supo entender que llegar tarde no quiere decir adiós y que una tarde sucede a otra tarde. Y una vez se llega tarde y otra temprano, y tal vez otra a punto.

A cambio, los dos, sólo nos quedamos con el recuerdo de una tarde en la que los dos llegamos tarde y ninguno perdonó al otro su equivocación.

Ahora no llevo reloj, las saetas ya no cruzan mi corazón cruzado. Me recogió una tarde alguien a quien nunca le importa que llegue tarde y que me espera cada tarde. Alguien cuyos brazos siempre me hacen llegar tarde.