miércoles, 30 de septiembre de 2009

Esmeralda

Por José G. Obrero

Ahí estaba Esmeralda cuando todavía su cuerpo no anunciaba forma alguna. Entrando con paso de niña siempre ruborizada y temblorosa. La cabeza gacha y los libros apretados contra el pecho como si temiese que se los arrancasen de las manos. Sentándose a mi lado. Esmeralda de ojos del mismo color y muchas pecas que entonces veíamos como signo de fealdad al igual que el rizo de su pelo demasiado alejado de las Nancys y las Barbies. Mirad, niños, (me gustaría decirles ahora) Esmeralda es real y camina en este momento por alguna ciudad excesivamente trajinada, bregada, una ciudad sucia y amontonada como la ropa de saldo: ramo de lavanda abandonado en la acera. Ahí estaba sentándose en la mesa de al lado, justo después de que el profesor dijese: “Esmeralda está muy triste, ha perdido a su papá, así que espero que la tratéis con todo el cariño que se merece” y algún niño se arranca a cantar: “amigo Félix cuando vayas al cielo…” mientras ahoga sin éxito una risita de rata. La sangre se hiela. Yo, el pequeño bastardo a medio camino entre abusador y abusado, periférico, producto del barrio como todos los que ocupábamos ese aula (mocos en las mangas, pelo cortado como Marco, pantalones con remiendos en las rodillas) quería por todos los medios coger esa canción de un salto, atraparla entre mis manos antes de que llegase a oídos de Esmeralda, y arrojársela con todas mis fuerzas al Caruso de turno para romperle una ceja, la nariz o su cara sucia de bocadillo. Así supe que yo no era un verdadero hijo de puta y que nunca lo sería porque los hijos de puta cantan canciones para causar dolor: himnos, marchas militares, coros por encima de los muertos, y también que habría siempre en mi vida algún hijo de puta convirtiendo los días en algo más inhóspito. Y cuando Esmeralda empezó a llorar descubrí que fácil era tomar a alguien por los hombros y acercártelo al cuerpo. Qué calor tan distinto al de las tardes de verano, a las estufas o a una hoguera de San Juan.

martes, 29 de septiembre de 2009

Problema (de los de antes)

Por Carlos Rull,
en la semana temática "Vuelta al cole".


Aprender sin pensar es inútil;
pensar sin aprender, peligroso.
Confucio.

Un individuo A sale de un punto B para dirigirse a un punto C, otrosí llamado Escola Pía, dios nos libre de todo pecado, morena de la serra, de Montserrat estel, que buenos son los padres escolapios... El citado punto C dista, a paso de escolar amodorrado o alelado, unos ocho minutos - cuatrocientos ochenta segundos según el sistema hexagesimal - del supradicho punto B. Teniendo en cuenta que el individuo en cuestión pasará seis lapsos de sesenta minutos - trescientos sesenta segundos - en una zona paralelográmica cuya superfície de ajado terrazo hállase cubierta de verdes y deslucidos pupitres y en cuya pared frontal cuelga un enorme encerado verde, y teniendo también en consideración que dicha situación se repetirá consuetudinariamente cada jornada laboral durante - en caso de resultados suficientes - un mínimo obligatorio de ocho años ampliable indefinidamente (¿se puede abandonar la condición discente?), y que en el supra mencionado espacio paralelepipédico el individuo A será receptor pasivo de información oral unilateral, calcúlese:

a) el tiempo que el individuo A habrá perdido en el punto C, así como el tiempo que habrá aprovechado, teniendo como dato el subapartado 2 del apartado c) de este ejercicio.
b) el tiempo que el individuo perderá desplazándose del punto B al punto C - teniendo en cuenta, recuérdese, el trayecto de regreso, con parada incluida en la tienda de LOS chuches.
c) el porcentaje exacto de conocimiento útil que el individuo A asimilará durante el lapso total calculado en el apartado a), teniéndose en cuenta que:
  1. el porcentaje de docentes realmente interesados en su trabajo es de un 20%.
  2. el individuo A pasa el 50% de los lapsos de sesenta minutos pensando en otra cosa.
  3. el porcentaje de uso de teorías pedagógicas constructivistas, apoyo psicopedagógico, técnicas de motivación, adaptaciones curriculares, competencias básicas, mediación, escuela inclusiva y otras zarandajas es, gracias al cielo, del 0%.
Una vez obtenidos todos los datos correspondientes al problema anterior, reflexione y responda:
a) ¿Por qué el individuo A, tantos años después, tiene considerables problemas para escribir un sencillo poema evocador de su etapa discente?
b) ¿Por qué cuanto más lejos está uno de la infancia, más pretende reconstruirla y revivirla?
c) recupere una pregunta abandonada aparentemente al azar en el enunciado principal: ¿es posible abandonar la condición discente?

d) ¿hubo, hay o habrá algún día en algún lugar un sistema educativo que de verdad funcione? Otrosí, ¿hay en el orbe alguna criatura verdaderamente interesada en que tal sistema exista?

lunes, 28 de septiembre de 2009

Mi primer mapa del mundo

La infantesa esdevé més plena a mesura que envellim
ELIAS CANETTI

M'ensenyà l'escola a llegir
paraules, equacions, enciclopèdies.
Però què en faig jo ara, d'aquest paisatge?
Com traduiré la soledat d'aquesta platja?
Com lletrejar l'arena que a les ones entrega
els castells dels infants? Consentirà un diccionari?
M'exigirà música, espills, la ingenuïtat d'un eco?
JOSEP PORCAR, «Biaix», dins Els estius (2008)

El que perdura són les preguntes, no les respostes
JEAN-CLAUDE CARRIÈRE

Take me where I want to go,
Teach me things I need to know
DOLORES O'RIORDAN


Por Ester Astudillo,
en la semana temática 'Vuelta al cole'



Libros de lomo terso y transparente.

El hito de ‘Mi mamá me mima’ de corrido.

La primera confidencia, y el primer desengaño.

“Sr. Pedro, un paquete de tiza, por favor. Y un puñado de lápices.”

Atónito olor de comedor común flotando grosero dentro y fuera del aula.

La envidia inaugural de los corrillos.

Batas blancas y rosas como flores incipientes en el patio.

Primer juego a las prendas con el sexo contrario.

Serrín sucio en invierno empolvando el encerado.

Un teléfono de 6 cifras diferente del de casa.

La primera vergüenza ajena.

Un mapa-mundi facsímil forrando el gris de un despacho.

Serrat por primera vez, y Machado, y las moscas, todo a un tiempo y desordenado.

El declive de la pata de elefante

Tres días festivos de premio un noviembre mediados ya los ’70.

Dicha en la fiebre con una lectura entre manos.

Un fonema en inglés, y detrás y en fila, la larga huelga de PNNs.

Tropelía en la escalera los viernes por la tarde.

La primera soledad lúcida.

La primera soledad hastiada.

El perfume libertario del bullicio a las 12 tras la valla oxidada.

Motín primero de la sangre.

Las jarchas y el mester de clerecía.

Una sirena fabril cuatro veces al día.

El ansia de las vacaciones, y el ansia del retorno. Y la inevitable y veloz frustración de ambas.

Primera entrega de la saga de las galaxias.

Subir la silla a la mesa dos veces por semana.

El delirio feliz de los negativos.

Las letrinas más insalubres conjugadas y conjugables.

El tinte del verano pelándose aprisa próximo a los Santos.

Una ecuación resuelta de primer y segundo grado.

La primera charla al teléfono de veras deseada.

El primer tedio sin fondo.

Cero docentes notables.

El impacto imposible de una bala de nieve.

Caramelos de a dos a las 6 un noviembre al azar, en la luz de la tarde.

El primer amor; la primera pérdida; piel muerta de la melancolía.

La lluvia, la lluvia, la lluvia sucia en las largas horas de espuma invernales.

domingo, 27 de septiembre de 2009

EL VIENTO SE LLEVA...


Por Rufino Pérez



¿Qué pasaría
si te dijera que me gusta
fumar,
cuando todo el mundo cree
que odio los cigarrillos?

¿Y si confesara
que ayer
sin ir más lejos
me fui del restaurante sin pagar?

¡Un sinpa, tú que eres
un defensor de la justicia!

¿Y si después de haber rasgado
tu vestido blanco,
te dijera que lo siento?
¿Me creerías?

No importa
lo que saben de mí
los demás.
Ellos no me conocen,
apenas perciben
lo que es público
y notorio.

El viento se lleva
lo que más pesa
y lo que menos importa.
Hay una levedad compartida
por quienes
admiran
la belleza del mundo,
efímera
puntual
reconvertida de todas las bellezas
anteriores,
única
final y principio.
Belleza.

Pero tú,
me importas
desde fuera hacia dentro.
Y trasciendo tu mirada
y le doy importancia
a tu guiño,
a tu piel enrojecida por la furia,
a tu alma herida,
a tu calor de amanecer.

Entre tú y el mundo
sólo existes tú.

sábado, 26 de septiembre de 2009

G-20 TOCAPELOTAS


Por Rubén García Cebollero



Decir las cosas claras no suele gustar a nadie, porque, se diga como se diga, la verdad duele. A veces, ofende. A veces, se desconoce.


Risto mejide no creo que sea recordado por la forma de escribir, pese a que sea un gran publicitario. Tampoco creo que a mí se me recuerde por nada, pero de momento aún me queda más pelo.


Ojalá hubiera más programas irreverentes, más programas que denunciaran que el país, entre parados, corrupción y mamoneos, no puede seguir anestesiado malviviendo entre oscilaciones hipotecarias, fútbol, toros y coplas. O si lo prefieren: tele, tetas y copas. O si lo prefieren: farras, timos y drogas.


Parece que los políticos puedan hacer lo que quieran, y de hecho puede que lo hagan, sin que nos importe nada. NADA. Parece que hagan falta unos cuantos millones de "tocapelotas", en un buen sentido de los términos, que den luz sobre la violencia, el alcohol y la degradación que palpitan en las calles.


Si todo tiene su causa, ¿por qué no valorar más los efectos? Pese a todo, haciendo de mal pitoniso, al programa van darle dos telediarios.
Tiempo al tiempo.


¿O acaso creen que a nadie le molesta?

viernes, 25 de septiembre de 2009

LA ENFERMEDAD DEL SUEÑO




El pobre entomólogo estaba triste y se sentía como un capullo mientras miraba mosqueado la mosca de la tele, en su televisor plagado de antenas y zumbidos.

Su afición le hacia la vida imposible porque amaba a los bichos con delirio y su insectívoro amor le chinchaba noche y día entre picotazos, retorcidos picores y apasionados mordiscos ,mientras escuchaba su particular canto de sirenas recitado por una orquesta de cigarras , grillos ,mosquitos trompeteros y zumbados coros, con la abeja reina de solista.

Las mariposas se le metían por las entrañas avivando emociones en technicolor, mientras en sus oídos le susurraban palabras de amor las moscas, que siempre tenía detrás de las orejas y las garrapatas se aferraban a su cabeza para parasitar sus sensaciones y absorber sus pensamientos.

Apenas comía porque su comida la dejaba caducar para compartir festín con los gorgojos del arroz, con los gusanillos de las verduras y tanto los quería, que hasta compraba todos los días pan recién hecho, para las larvas y escarabajos de la harina, y hasta dejaba que la mosca de la fruta se zampara el postre.

Su aspecto era lamentable con la ropa apolillada, el pelo llenito de piojos ocupas y una cohorte de cucarachas sobresaliendo del, ya escaso, dobladillo del pantalón recosido con hileras de hormigas y apedazado con cera de abejas.

La carcoma reinaba entre sus muebles y acompañaba su soledad con crujidos devoradores mientras él se sentaba en la única silla de plástico, para no molestarla y se acostaba en el suelo para no hacerle la competencia con sus ronquidos.

Sus lámparas eran de arañas y entre sus bombillas revoloteaban mariposas atraídas por la luz, que él siempre dejaba encendida para que no tropezaran y pudieran bailar agarraditas a sus parejas mientras sonaba el último pegajoso éxito: la abeja maya.

Por el suelo, lleno de alfombras de césped artificial, había un tráfico increíble de cucarachas rubias y morenas, que iban esquivando alguna que otra pulga saltarina en una extraña carrera no autorizada por falta de sanidad y que acababa con el ganador celebrando su éxito, retozando victorioso en el desagüe del baño.

Cansado apagó la muda tele y echó un último vistazo a sus criaturas en sus escondrijos antes de irse a dormir, para desearles como siempre picantes y dulces noches y realizar el desagradable recuento diario.

Nuevamente lloró las bajas y retiró los cadáveres, ya deshuesados, envolviéndolos con mimo en ataúdes, que él mismo hacía con los capullos de seda y los guardó para lanzarlos al mar. Pocos insectos pueden navegar por el mar en vida y ese era su pequeño y espiritual homenaje.

Seguido por sus leales mosquitos, entró en la habitación y se recostó tan cansado que ni siquiera escuchó a las glotonas carcomas, ni tan siquiera notó como las incansables hormigas le arropaban con sus cosquillas y su caballito del diablo, su adorada mascota, le miraba con sus ojos saltones para contarle sus pecadillos como todas las noches.

Entonces y sólo entonces, comprendió que no había dejado cerrada a la mosca TSE-TSE y se durmió enfermo de sueño con la tranquilidad de saber, que ni muerto estaría solo, sólo agusanado.

jueves, 24 de septiembre de 2009

El ciervo


Por Raquel Casas


No sabía si era más terrible la imagen del ciervo con la cabeza colgando de la mano o la de la niña repitiendo “yo no he sido, mami, lo ha a tropellado el camión de la basura”.
La verdad es que no había oído nada, ni golpes, ni gritos ni, por supuesto, ningún camión de la basura. Así que no podía asegurar cómo había sucedido, pero conocía los instintos de su hija.
Zarandeó a la niña y le volvió a preguntar qué había hecho, pero ella sonreía y la miraba a los ojos de forma desafiante repitiendo “yo no sé”. La obligó a desvestirse y a ducharse mientras pensaba en cómo deshacerse del cuerpo. Esta vez ha ido demasiado lejos, se dijo, a la vez que recordaba con estupor la persecución de un conejo malherido.
Acostó a la niña, se sirvió una copa de vino y decidió cavar. Cavaría una tumba en el jardín, una más grande en esta ocasión.
Acabó sudada y agotada. Había hecho el trabajo rápidamente, antes de que él llegara a casa. No se lo podía explicar, no sabía cómo hacerlo. Se sentía culpable, pensaba que ella era la responsable y que no le había enseñado bien a controlar esos impulsos, claramente heredados de ella. Todavía recordaba aquel gato. ¿Adónde van a parar los gatos cuando mueren?, le preguntó a su madre y ella le cruzó la cara; nunca olvidaría el ardor en la mejilla. Su madre sí supo actuar, en cambio ella se dedicaba a enterrar animales cada vez más grandes. Pero eso se va a terminar, se dijo convencida. No voy a esconder ni uno más.
La noche iba avanzando y sus temores también. De repente lo vio claro. Se levantó a subir el volumen de la música, apretó el cojín del sofá contra su pecho y mordiéndose el labio inferior se dirigió silenciosamente hacia el dormitorio.


**

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Mapa del agua

Por José G. Obrero


No la saliva que cauteriza el paso de la llama
si no el escupitajo de vidrio que raja las mejillas.
No la lluvia que rueda por los torsos trenzados
si no el granizo que golpea las espinas dorsales.
No las secreciones que diluyen los cuerpos
en el recinto de la noche
si no los ácidos que devastan los órganos
en la sordidez del cuadrilátero.
No el chorro trémulo que la felicidad ondea
entre sus ramas
si no las gotas que acaban perforando la línea
de la boca.
No el líquido
si no el vapor.
Formas abrasivas que escapan de nosotros
para buscar el centro de las sombras.
Otro mapa del agua.

martes, 22 de septiembre de 2009

Niños


Por Carlos Rull

Acodado en el alféizar de la ventana observa a los niños jugar en la plaza mientras escucha la radio. Una radio fórmula va desgranando entre manoseados tópicos del locutor los “últimos éxitos” de los años 80 y 90. Abajo los niños alborotan alegremente mientras corretean entre los bancos poblados de jubilados y los esmirriados árboles poblados de pulgón que el Ayuntamiento publicita como “pulmón verde” de la ciudad. Uno de los niños detiene el juego para acusar a otro de tramposo.

Sin dejar de observar los juegos infantiles, intrigado ante las procacidades que un enano de seis años es capaz de gritarle a su compañero de juego por un quítame allá, decide quedarse en la ventana, seguir el desarrollo de la pueril querella y escuchar el breve boletín de noticias antes de regresar a su escritorio. Se enciende un cigarro justo cuando suena la señal horaria y un presentador acelerado comienza a declamar monótonamente los titulares. Tras un atentando, un rápido repaso de la caída de las bolsas y un par de asesinatos, la voz comunica que un estudio ha demostrado que “para muchos niños y niñas la violencia es una rutina que forma parte de la realidad cotidiana”. En la plaza, uno de los críos acaba de soltar una salvaje bofetada al otro. Sin dejar de fumar, observa inmutable como la mayoría de los demás chavales animan en corrillo a los dos contendientes mientras el resto corre en busca de los adultos que cotillean en los bancos de la zona ajardinada.

Se incorpora, arroja la colilla a la calle, sonríe cuando ve a esos adultos y adultas sumarse a gritos al mogollón e intentar solventar el problema a empellones. Se contempla detenidamente las palmas de sus manos y piensa que debería cuidarse más. Cierra la ventana y apaga la radio. El griterío del parque, a pesar de la ventana, se oye con claridad. Regresa a su trabajo. Está acabando un nuevo artículo para una conocida revista de pedagogía. Con cuatro retoques le servirá además para presentar un informe para el Departament d'Educació. Como solucionar conflictos en el ámbito escolar es el título provisional.

Imagen de http://blog.pucp.edu.pe/

lunes, 21 de septiembre de 2009

Tango catalán

En honor de la ciudad que me vio nacer,
aunque ella ya me haya olvidado.
Y de Carlos Gardel,
por supuesto



Por Ester Astudillo


Se cruzó con el cojo sin que él la viera, tras veinte años ausente del escenario en que el obturador un día los inmortalizara. Había envejecido, el cojo; creyó vislumbrar que sus piernas se habían acortado, una más que otra, y eso daba a su andar un deje renqueante, lento en la misma medida en que entonces había sido exasperante, recordó con lumbar escalofrío. Avanzó pesado a ras de su hombro con la mirada perdida, concentrado en coordinar sus movimientos con el avance de la marcha. ¡Después de tantos años, de toda una vida de cojera, continuaba requiriendo al menos el 50% de la atención disponible para conseguir enhebrar dos pasos sin aspavientos! ¡Y dicen que el tiempo a todo ofrece cura!

Nunca habían tropezado en aquella apartada zona. Constituía ahora claramente el extrarradio, colindante con las recientes urbanizaciones y las zonas depauperadas de siempre a las que los nuevos, flamantes políticos habían querido lavar la cara. Los boquetes en la calzada, sin embargo, el verdín y el óxido del puente sobre el río, los desconchones en los muros de los viejos edificios oficiales, el aire de polvoriento olvido en la frente de la foto centenaria con que el regreso la recibía, los montículos que como ubres sobre el asfalto desafiaban al equilibrio de los transeúntes, todo daba fe de que los intentos de recuperación urbana, aunque vistosos, eran en el fondo vanos. Y de que, por supuesto, a nadie importaba lo más mínimo, a nadie fuera de ella, que era ya extranjera declarada. Si la ciudad conseguía burlar su secular declive, lo haría prescindiendo de aquel sector tiempo atrás noble que concentrara la bulliciosa gritería infantil, el parloteo de las mujeres sobre las piedras río abajo entre ropa blanca y atropellada alegría, las intrigas palaciegas enredadas con atribuladas cuitas policiales y el frenesí gremial de los primeros burgueses.

Ya se adentraba el cojo en la zona de visión retrospectiva; la había rebasado sin el menor gesto de reconocimiento, indiferente. Se perdía ya en la estela del pretérito urdido con premeditación para ingresar en territorio de un futuro olvidado. Había que reconocer que su torpeza no era proporcional a su desventaja física. Cuando lo tuvo a su altura se percató de que bajo sus sienes plateadas asomaba una perla marchita, una simplona sonrisa que entonces la exasperó tanto como su sempiterna cojera.

En ese preciso instante supo la viajera, de la manera en que se abren a la conciencia las verdades importantes, sin en realidad saberlas ni tampoco ignorarlas, posadas en la frontera exacta entre la intuición y el limbo de la certeza, que aquella musculatura facial era incapaz de reproducir ningún otro rictus que no fuera de bobalicona beatitud. ¿Era su cojo además también ciego? –se preguntó con pasmada incredulidad. ¿Lo había sido siempre? ¿Y ella, lo había sabido, o había tal vez preferido ignorarlo?

Con una sonrisa burlona, aviesa casi, arreció el paso ahondando adrede la brecha final con su cojo y se perdió ella también, a través de los parterres rococó y sus muretes bajos, de espaldas al parpadeo de la pálida luz otoñal, entre las callejas quietas del antiguo barrio judío.

domingo, 20 de septiembre de 2009

LA BASURA







Ha venido el camión de la basura
con su orgía de luces
y hace ya un mes y medio que te has ido.
Se ha llevado consigo los despojos
que he ido acumulando
aunque hoy he recibido tu llamada,
durante este primero de setiembre:
la piel de una naranja
tu voz sonaba gris y arrepentida
una lata vacía,
algunas fotos viejas,
al final he arrojado a la basura
tu oferta
de volver,
como si nada.

sábado, 19 de septiembre de 2009

EL EJEMPLO DE ARENYS


Por Rubén García Cebollero


La foto pertenece a la convocatoria de la Falange Española de las JONS que, el domingo pasado, quiso contraponerse a la consulta de Arenys de Munt sobre la independencia de Cataluña.


En dicha foto puede leerse: "España es la nación de los catalanes", que es querer llamar agua al vino. No se pueden confundir la España y la Cataluña políticas, queridas o reales, con lo que son conceptos históricos, sentimentales y hasta constitucionales.


España, como realidad política desde 1978, no es una única nación sino una suma de nacionalidades, cosa que implica a diversas naciones, y que explica el hecho de que los catalanes que no quieren pertenecer a la nación española manifiesten su deseo que la nación (nacionalidad) catalana tenga un estado propio, independiente, y no una autonomía sometida a los designios del parlamento y el gobierno español.


La foto apela a la libertad de toda España, pero lo que subyace en esa libertad no es el respeto a los derechos de todos, sino la negación del pueblo catalán, del derecho a expresar los sentimientos del pueblo catalán, y la afirmación del miedo a la división territorial, a la amputación territorial de una parte de España que, cabe recordar, fue anexionada por las armas, como ha sido costumbre a lo largo de la historia, con la bendición de la Iglesia que prefiere hacer creyentes aunque sea a golpes de crucifijo que permitir el libre albedrío, la crítica, el cuestionamiento de la falta de valores en la práctica que sus teorías proponen.


Por otro lado, durante el día de la consulta de Arenys de Munt algunos periodistas de Tele Madrid vieron obstaculizado su trabajo, hasta el punto de no emitir en directo, por independentistas que esgrimían las banderas esteladas junto a consignas que atizaban el odio, la confrontación y el "os vais a enterar".


En ambos casos veo el mismo ejemplo de mala digestión de los nacionalismos. Por un lado, el nacionalismo español que pretende negar cualquier otro nacionalismo porque todos tienen que ser Españoles, lo quieran ser o no, y por el otro el nacionalismo catalán que pretende negar cualquier otro nacionalismo porque todos tienen que ser Catalanes, lo quieran ser o no.


Hay partidos que enarbolan la bandera de la Independencia de Cataluña para mostrarla, con orgullo, como la tierra prometida que Moisés mostraría al pueblo de Israel. Por desgracia, es más fácil decir vamos camino a la Indepedencia que explicar ya no sólo cómo se va a ir, o se puede ir, y qué se piensa hacer después.


Y si he comparado a Cataluña con Israel no ha sido de forma casual. El pueblo israelí sufrió las maldades del nazismo, y con el tiempo se ha convertido, parte de él, en un reflejo nazi contra Palestina. Ese mismo fascismo, esa apelación a la violencia como vía de solución de los conflictos, es la única razón que esgrimen los nacionalismos.


¿Alguien cree que con este ejemplo vaya a ser buen futuro el que venga?

viernes, 18 de septiembre de 2009

LA RESPIRACIÓN DEL MAR





Per Mercè Mestre



Allá en el extremo,
donde se despeina el mar
a fuerza de enhebrarse.

Allá, donde se cose la noche
con hilo color de miedo.

En el extremo.

Al final de las roturas.
Del quebranto.

A los pies de Dios.

En el abismo,
donde el viento tira las redes
y araña
y oxida
tobillos de sirena,
cicatrices imposibles.

Allá lejos,
pasados los puentes de arena.

Muy lejos,
donde cambian de ruta los puertos.

Más lejos,
en el último punto visible.

Allá, en el extremo,
donde no se atreven los barcos.

Furioso, enloquecido,
bravísimo,
como un animal salvaje
a punto de salir,
respira el mar
bajo el suelo.












jueves, 17 de septiembre de 2009

Peixos


Per Raquel Casas


Els dies estan fets de pintallavis i peixos de colors.
A mitja tarda dues nenes deixen caure les manetes dins la peixera, intentant atrapar-los. Duen las mans brutes perquè han passat el dia jugant a maquillar-se. Estan soles i riuen.
Els dits van tenyint l’aigua amb els breus moviments i fan de cuquets, però els peixos, que no tenen una gran memòria, continuen nedant i es deixaran caçar perquè només recorden el silenci.
El temps i el silenci es queden enganxats a les escates i fugen dels dits menuts exactament igual que en les reproduccions dels quadres de Rothko que pengen davant la peixera.


**

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Isla

Por José G. Obrero



Y si lo haces mencióname así: isla
caprichosa, huidiza, volcánica,
fernandina, emergiendo un pedazo
ahora y luego otro, quién sabe cada
cuánto y cuándo. Pero hay mar aquí,
esa es la única certeza, vaivenes
y un triángulo, esquinas, aristas
desde donde nada se ve llegar.
Isla, ¿tan difícil es entenderlo?
Pues ya lo sabes: dilo como sea
dilo esta vez a gritos: ¡isla!
Que también se hunde (según)
se va al fondo, es un poso,
una sábana de las dorsales,
deja de verse al fin (¿qué buscas?)
Pero yo te lo digo desde abajo
desde más abajo aún, cóncavo
agujero, yo te lo digo tragando
peces transparentes: isla, isla.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Respirar hacia atrás


... hear silence fall and sweep its rings to the farthest edges
VIRGINIA WOOLF, in The Waves


Por Ester Astudillo


Si observas no intervienes,
no vives;
si escribes observas antes,
necesariamente.

Las leyes que hemos urdido,
u otros,
debieran ser más benignas,
permitir que el error no fuera eterno,
no pesara en la boca, como tiza,
en el centro sanguíneo
y geométrico;

que el horizonte del nacer no fuera fuego,
y que ignorar exigiera también
su cuota de lamento,
plantarlo como un pecado,
voluble,
como una meta o un hijo.

Observo, aquí, escribo,
me abstengo,
atropelladamente y sin orden,
a menudo a la vez;
en esa iniquidad de excesos
no existen planes que se nublen,
sólo la letra, el repiqueteo,
el tiempo que cae, astillas de silencio.

Debiera haber sido yo quien
deletreara con acierto ‘Azaña’
sin incurrir en el desliz
del pudor o de la duda,
aprender, al fin, a delimitar
los actos y los hechos
como los detritos,
azul, verde, amarillo.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Apariencia y realidad.

Por Rufino Pérez

El folio no tiene nombre. La identificación se resume en una etiqueta con un código de barras. Es una mercancía que tiene un valor. Se están vendiendo números y letras que cifran el esfuerzo. Pero aquel cuadernillo carecía de mercancía, no contenía ni números ni letras. Tan sólo un dibujo: el dedo corazón apuntando al cielo mientras el pulgar, cruza la palma de la mano y sujeta el resto de compañeros dediles.

- ¡Esto es una falta grave, un insulto! –clamaron los miembros del Tribunal, encargado de corregir y valorar la mercancía.
- ¡Identifíquese al alumno y aplíquese una sanción! –propuso el presidente del Tribunal.
- ¡Localicemos al Centro de procedencia y pongámoslo en antecedentes! –propuso el Secretario.

Se llevaron a cabo las pesquisas y se citó a la alumna tras la oportuna identificación, que correspondió a una dulce muchacha de cara angelical y rostro umbrío por la pena.

“Sólo Dios, que está en las alturas, sabe el esfuerzo que he tenido que hacer para llegar aquí y caer vencida por el peso de una responsabilidad y la adversidad de un sistema que no contempla variables personales de resistencia, equilibrio y emoción” – así explicó la de angelical rostro su expresión gráfico-plástica denominada dibujo (Vid. supra)

Los sesudos miembros del Tribunal, no se sabe si atraídos por el aura angélica que adornaba estas palabras, o por lo inesperado del discurso, decidieron soslayar el problema, restando importancia al mismo. Enmarcaron el susodicho –supra dictum- dibujo y elevaron a su autora a categoría de pintora novel pero con una gran capacidad de comunicación visual.

Ahora, expone en grandes salas; vende sus cuadros y ahorra esfuerzos. ¡Ah! Y también tiene la Selectividad aprobada.

sábado, 12 de septiembre de 2009

INSTANTE ZEN



Por Rubén García Cebollero

El domingo pasado supe que me han hecho escritor del mes en la revista Letras, de Fuengirola, página 26: http://www.alvaeno.com/letrasseptiembre.pdf


Lo curioso del caso es que EBRO 1938, la batalla de la tierra alta, no sale hasta octubre, y que hasta la fecha sólo han podido disfrutarla algunos críticos y algunas amistades.


Así que me sentí como el monje de la foto, pese a que no había ninguna luna tan hermosa ni ninguna montaña frente a mí, y recordé un proverbio zen:


Ir a la derecha o la izquierda es fácil,
ganar o ser vencido es fácil, también.
Pero no ganar ni ser vencido es muy difícil.


Dicen que el zen es un arte de iluminación espiritual. Dicen que un día donde soplaba un fuerte viento dos monjes discutían por un roble. El primero aseguraba que lo que se movía era el roble, y no el viento. El segundo negaba y sostenía que lo que se movía era el viento, y no el roble. Pasó un tercer monje por allí y les dijo: "Ni se mueve el roble ni se mueve el viento, se mueven vuestras mentes".


Así que la semana ha pasado como una ráfaga de viento, sin que pudiera asistir a la presentación de Fernando Iwasaki, que ha publicado con Páginas de Espuma, tal vez la mejor editorial de cuentos del país, el inclasificable libro "España, aparta de mí esos premios".


No sé si alcanzaré el Zen en el arte de escribir, del que hablaba Ray Bradbury, pero voy escribiendo;)


A fin de cuentas, como escribió Carloz Marzal en el 6 de Electrones, "escritor no es quien escribe para luego marcharse a vivir, sino quien no puede entender el hecho de vivir sin estar escribiendo".


Sea o no el escritor del mes, de un mes o de algún instante zen.)

jueves, 10 de septiembre de 2009

GUSTOSA PARIDA




Me gustaría navegar más allá de mi ombligo,
traspasar la dura piel que lo estrangula, como un enfurecido Saturno
devorando mis paridos sueños.

Me gustaría atravesar ese redondo túnel con faros de lunas
y llevar luz, allí donde mariposas de heridas alas
esparcen, medio moribundas, polvillos de hadas.

Me gustaría transformar silencios en calabazas
y subir Cenicientas con palabras de cristal,
para invitarlas descalzas al baile de los poetas.

Me gustaría crecer de inocencias,
para buscar con fé huellas de piratas
y robarles mapas de tesoros hechos susurros de cuentos.

Me gustaría jugar con la principesca zorra
para paladear el sabor de la dulce espera,
y aprender a ser feliz, amaestrada por la pertenencia sin dependencia.

Me gustaría conocer una fashion sirena con móvil de caracola,
para hablar con Rosa, la del viento,
y cotillear con la luna.

Me gustaría ser Alí Baba para abrir puertas a mis deseos,
para abrir mis sesos enrollados al cordón de la cueva
con las palabras mágicas: abre tu seso amor.

La casa


Por Raquel Casas


Se sentía casi perfecta, pero no encontraba su lugar en la casa.
Era demasiado grande para ella y ahora le parecía que estaba muy alejada de la ciudad. No sabía cuánto tardaría en acostumbrarse a la nueva situación, a los nuevos espacios. Además, las primeras noches había tenido muchas pesadillas, soñó cada día con su abuela, ¿por qué la visitaba ahora en sueños? Ya no recordaba los años que hacía que había muerto. Y le repetía una y otra vez “menos es más, menos es más”, daba media vuelta y desaparecía. No sabía cómo interpretarlo, ¿como un aviso?, ¿como un presagio?
Esas noches se despertaba, comprobaba que su marido dormía como un tronco e intentaba conciliar el sueño de nuevo, pero le era del todo imposible, la imagen y las palabras de su abuela permanecían grabadas en su cabeza y la golpeaban del parietal al occipital, “más, más, más, más…”. Entonces se levantaba y deambulaba por la gran casa, aún medio vacía, para familiarizarse con todos los rincones hasta que oía algún ruido extraño y volvía corriendo a su habitación para refugiarse en la cama.
Hoy no pasará, se decía, hoy dormiré de un tirón, y miró de reojo el frasco de las pastillas.
En realidad le encantaba la casa y odiaba las ciudades nerviosas; la eligió ella tras visitar más de una veintena, y se sentía feliz allí a pesar de no encontrar su lugar todavía. Hoy no tendría pesadillas. Habían cenado pronto y él se acababa de ir a la cama, mañana tenían que madrugar los dos, sin embargo, ella le había dicho que no tenía sueño, que era pronto y se quedaba a leer un rato en el sofá. Menos es más, recordó y se le puso la piel de gallina.
Se acomodó en el sofá y empezó a leer. Tras quince minutos se desconcentró, cerró el libro y miró a su alrededor. Me gusta la casa, se dijo, me gustan los muebles, no me siento sola y soy casi perfecta. Pero intuyó las pesadillas como un viento pesado y se preguntó qué haría Katherine Mansfield en su lugar. Pero en lugar de averiguarlo en el libro, prefirió abrir el frasco.


**

lunes, 7 de septiembre de 2009

Invierno

Por Ester Astudillo

Fueron primero pequeñas perlas
sobre oro montadas
cuando hubo andado la esfera
una vuelta escasa al planeta;

pocos centímetros después
vendría el ingreso en el ruedo litúrgico
para esquivar el limbo
de los inocentes.

Las fotos hablan de días gélidos
a la estación siguiente
sobre dos diminutas
piernas desnudas,
y de un vientre, abombado apenas,
en blanco y negro
al otro extremo del breve brazo.

Podría hablar de una nueva semilla aún,
de días de lluvia y ruido,
de permanentes tristezas
y camitas alineadas
en rojo carmesí.

De un viaje a la playa
entre ruinas romanas,
el primer lametazo a la nieve
un diciembre del 71,
cines barrocos con noble platea de nuez
asomándose a un entremés peripatético;
en las sienes agujas de niebla;
el inicio de la inquietud.

Pero de todo cuanto callo,
entre lo que no imagino que existe,
destaco el temperado sonido
del silencio
combándose ante mis ojos
en la aún críptica forma
de un interrogante.

domingo, 6 de septiembre de 2009

DE ABAJO HACIA ARRIBA





Empecé por los pies
y circulé en sus tobillos.

Ella permanecía tumbada
con los ojos cerrados
y las manos desnudas,
como una blanca estatua
dulcísima y serena.

Yo me fui elevando lentamente
por la interminable autopista
de sus muslos,
l e n t a m e n t e.


Y continué,
continué despacio
hacia el vértigo,
y me arrojé al vacío,
y jugué a ser Dios
en el negro coral de su misterio

Ella abrió con sobresalto los ojos.
Y me amó.

sábado, 5 de septiembre de 2009

LÁSTIMA. ¿ME COBRARÁ LA SGAE?



Por Rubén García Cebollero


Lástima que el retorno nos deje el mal sabor de boca de un cáncer victorioso, el que nos dejó sin Isidor Consul, pues por desgracia en Cataluña no sobran personas de su talla, y aunque la vida sigue la memoria se llena de huequecitos.


Pese a todo, quienes me conocéis sabéis lo optimista que soy, siento felicidad porque EBRO 1938, la batalla de la tierra alta (ebro1938.blogspot.com) ya aparece en octubre, y porque "Señores de Cornago. Galípoli" también será editado.


Lástima que nos hablen del canon de la SGAE en las bibliotecas, que se supone que protege los derechos de autor. Creo que moralmente puedo manifestar mi desacuerdo por dos motivos: uno, el de ser autor y tener diversos títulos en bastantes bibliotecas del país; dos, el haber donado bastantes libros a algunas bibliotecas.


Ambas cosas, escribir y donar, no las he hecho para ganar dinero. También tengo derecho como autor a que puedan leerme, incluso quienes, en tiempos como éstos, ven mermadas sus rentas, y ven como se esfuman los puestos laborales, y como la incerteza devora el sistema financiero.


La SGAE es necesaria pero, tal vez, sería más necesario comprender que la cultura tampoco es gratuita, que los autores pagamos impuestos por material necesario para poder crear, cuando recibimos premios o que nadie nos paga muchas horas de "publicidad" o "gestión cultural" y, aunque mucha gente cree que nos hacemos multimillonarios, de los precios de venta de los libros recibimos menos del diez por ciento del precio final. Sí, pero a cambio existen editoriales, librerías, distribuidores, agentes, diseñadores, y demás que dan forma a la industria editorial.


Así que es una lástima que siendo por un lado cultura, y por otro negocio, el acceso a la cultura se quiera convertir en un peaje más, algo tradicional en Cataluña y que sufrimos desde hace décadas, que olvida que el artículo 44.1 de la Constitución dispone que los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la cual todo el mundo tiene derecho.


No sé si la carta la ha escrito o no Sampedro, pero la recibí por e-mail y aquí os dejo el texto:


POR LA LECTURA


Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos.Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May. Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de lospropios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro. Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque: a) obtiene algo a cambio. b) es objeto de una sanción. Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada porcumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura? Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medidaen diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.


¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!


José Luis Sampedro

viernes, 4 de septiembre de 2009

CALOR






Per Mercè Mestre




L'agost confon els gourmets, els alenteix, els hipnotitza, els converteix en éssers errants, peregrins, tastadors de vents, buscadors de fragàncies, saurins del fred. La majoria es recupera amb les primeres pluges de setembre, però alguns, pocs certament, no retornen mai. I resten així per sempre, hipertèrmics, desorientats, perduts a la muntanya, penjats de l'aresta, insolats, delirant.


Aquesta és la història d'un dels que mai més va retornar.



Cada nit d'agost preparava les armes: tres ventalls a la tauleta de nit. Tancava la llum i començava el ritual. Plas plas plas plas plas. Ples ples ples ples ples. Plis plis plis plis plis. Sota aquella manta de calor, anava fent proves d'aire com si tastés vins deliciosos, flaires d'alfàbrega i gessamí, regalims de gel o fruita fresca.


Si la nit era humida sota l'hivernacle estrellat, triava el ventall més gran, el de les ales poderoses, avellutades, denses, el de les barnilles negres, brillants, satàniques, amb una pinzellada de sang: l'àngel obscur. I plas plas plas plas plas, l'aire li entrava directament als pulmons com un riu salvatge, torrencial, arrossegant fulles i branques i herbes i plantes sense nom i noms d'insecte i escuma d'ales i plomes d'ocells de colors i pedres volcàniques. I, seguint l'aire, desembocava en una ciutat de sorra amb flors de sal per on caminava de puntetes per no fer malbé aquells pètals tan delicats que, si es desfeien, tornarien a ser mar. I lentament, molt lentament, més lentament, lentíssimament, s'anava enfonsant i enfonsant i enfonsant i enfonsant i enfonsant en l'arena blanca.


Si la nit era líquida sobre les teulades, triava el ventall més lleuger, el de plomes amb olor d'encens, el de vol suau, jove, afruitat, aromàtic: l'àngel verd. I ples ples ples ples ples, anava destrenant l'aire amb dits ràpids de perruquer. La brisa marina es filtrava per les escletxes de la persiana i la llum de la tarda el convidava a endormiscar-se amb un fil de bava mineral, calcari, estalagmític. Un tros de cel caigut anunciava pluges futures i neus passades, però, sobretot, sols i més sols i més sols i més sols i més sols i alguna lluna o lluneta. I, seguint el blauet de l'aire, baixava i pujaba escales encalcinades i patis blancs amb portes grogues i cortines de cristallets de roca. I carrers de sargantana, de llangardaix, de serp, de drac llançafums. Fins a les xemeneies.


Si la nit era d'acer sota el llit, triava el ventall més fi, el ganivet de fusta de cirerer, el d'obertura sonora i precisa, el bisturí de l'aire: l'arcàngel. I plis plis plis plis plis, ràpid, rapidíssim, segur, veloç caçador de l'estiu, falcó, cirurgià, semidéu pagà, jugava a tallar el pas al temps, a maquillar la suor amb líquid de daurar, a intercanviar batecs vells per vaixells nous, a renovar memòries i cartílags, a endolcir el somriure trist de l'angoixa, a amansir la ràbia, a ajudar a morir amb un punt àcid d'agulla, però amb fermesa i determinació serena, a adormir-se per sempre en la línia més translúcida del cor, en la glacera més pura, en la bombolla d'oxigen on els cuiners desfibren i emplaten els somnis amb bogeria i paciència. On deshidraten els records i congelen el temps.


Nits i nits i nits.


Però la darrera nit d'agost, indefinidament humida, líquida i acerada, el gourmet va tastar ansiosament l'aire dels tres ventalls durant tres hores fosques i, desesperadament despert, suant sal, va caminar i caminar per unes quantes vides enrere, per deserts atemporals, enlluernat per les flors de mar, encegat pels cristalls de roca, perdut en els laberints cartilagionosos de la memòria, i, arribat al punt exacte, va aprofundir amb el seu pèndol en les fonts més cristal·lines i fresques fins que es va adormir en alguna aresta indeterminada del temps, en algun punt imprecís del somni d'una nit d'estiu on la calor es moria de fred i el fred tremolava de calor.


I aquesta història és verídica.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Ithaca

If you have built castles in the air, your work need not be lost:
that is where they should be.
Now put the foundations under them.

GEORGE BERNARD SHAW


By Ester Astudillo


You’re wrong, it wasn’t a dream
I was dreaming,
Though you keep humming that litany.

You’re wrong, it wasn’t a castle in the air
I was pursuing to erect
With none of your granting,
Though as the lines go,
No beheading need be decreed
Had I surrendered.

No, it was simple and pleasurable
Falling for you
Even if I was never the type
To sell her soul cheap:
Arthritic in her best days
Both body and mind.
Heart feverish, though,
If languid, I admit,
Sitting in its widowed cage
Just ticking the time
As it passed solidly around
Miraculously skipping me.

And then you stepped in
And the melting, the flood, the softening,
Those bizarre accidents of fate,
Were no longer a fancy,
Old troubadours’ songs
In history books and rhymes
I always found so puzzling.

They rang real,
You sounded live.
So I lied down outstretched
Weaving the closing lines
For that epic hiatus.

But still the heart,
That’s right;
Still the heart remains unfixed.

So now I’ve resumed my patient
Sitting position,
My watch of the night
Over the milky ocean water,
Only till you consent to the tide
To bring you in,
My smiling, my very fine,
My war-salvaged, unwrecked Ulysses.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

¡¡¡¡Alegría!!!!

Por José G. Obrero

No volveré a esquivarte.
Escribiré tu nombre
con letras adhesivas
para cubrir fachadas
y transeúntes.
¿Por qué negarte
cuándo escribo?
¿Por qué tanta canción
llenando tanatorios?
Hablaré de tu nombre
cada vez que me invadas
con tu pequeño ejército
de sonrisas azules.
Cada vez que la lluvia
descargue sobre mí
su tango de cristales.
Cada vez que me besen
tus semillas de amianto.
Te cantaré en mi cuarto
asomado al espejo.
Retirando los restos
de una cena de luces.
Buceando en la copa
de un escote que tiembla.
Me mojaré por ti
y arañarán mis zarpas
las caras de la muerte.