sábado, 31 de enero de 2009

SEMANA DE LA OBSESION


Por Rubén García Cebollero


Debería haberlo sabido antes, pero no lo supe hasta ayer: el espacio no existe, el tiempo no existe, el movimiento no existe. De hecho es posible que Zenón, el filósofo, no exista. Así que el sufrimiento no existe y la vida no existe. Incluso el espejo que no existe refleja que Rubén no existe. Dudé de que el filósofo estuviera en lo cierto. Sin embargo, los filosófos son tercos hasta después de muertos y Zenón erre que erre: nada existe, el dolor no existe. Así que pensé en el discurso del Rey, por navidad, y me dije: él tampoco existe. Ni siquiera el tirano que torturó a Zenón: nadie existe. Imagina una semana entera de obsesión: lo desnudo no existe, lo téxtil no existe, el mundo, ya sabes, no existe. Hasta que comprendí que si Zenón no existe, tampoco sus ideas. Si sus argumentos no existen, cogito ergo sum, y en un giro Descartesiano supe que todo existe. O lo intenta.


La certeza no existe.


jueves, 29 de enero de 2009

La escalera


Por Raquel Casas



M sale de casa como un hechizo para recordar. Recuerda que ha sido tres veces más feliz de lo que esperaba, recuerda el desorden de sus manos y la certeza de su mirada; recuerda que un día fue la joven de la ventana, la desconocida, la mujer ideal. Recuerda que ahora los días son como dardos, como ciudades vacías, como decorados falsos, y se recuerda un poco vieja y gorda.
A veces M tiene pesadillas y cuando se despierta las recuerda; recuerda el gato que le habla, los aviones que siempre despegan y la bahía de Tokyo, cada noche más negra, más sola, más profunda.
Pero lo que no recuerda es si alguien la amó para siempre, si visitó el paraíso, o si alguna vez se hundió como una piedra (¡no lo recuerda, no lo recuerda!). Por eso ahora pasea sola por todas las calles y cuando se cansa, recuerda; recuerda los silencios de la foto en blanco y negro, la de la playa, recuerda la bicicleta que abandonó en la arena y el contorno dulce de sus pisadas lejanas. Recuerda que ya no la recuerda, la playa, el lugar que creía más hermoso del mundo, con su silueta, su cabeza, sí lo recuerda, diseñada en la arena. Y las agujas del horizonte, también las recuerda, y recuerda el lugar exacto donde se detuvieron sus manos, el lugar de la herida, los labios como puentes que le salvaron una vez la vida. Todo eso lo recuerda.
Luego, M vuelve a casa y, antes del fundido en negro, se pregunta si alguien la recuerda y, sobre todo, si aún estará la escalera apoyada en la pared.


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miércoles, 28 de enero de 2009

Paràbola del bon conductor


Mentre condueix per l’autovia, nota una vibració característica i tot seguit se sent un telèfon. El conductor mira a dreta i esquerra, obre el palmell de la mà tant com pot i agafa el mòbil. Amb la mà tan oberta, l’agent que el pogués veure sempre tindria el dubte de si el presumpte infractor parlava per telèfon o bé es gratava l’orella. Amb els mossos, que és un cos dialogant, el conductor sempre podria discutir el principi d’autoritat, es podria acollir a la presumpció d’innocència i de ben segur que se n’aniria sense pagar. Quan ha acabat la conversa, torna el mòbil al sotagot que hi ha davant de la palanca del fre de mà i se centra en una activitat perillosa com és conduir, perquè un mai no sap amb quin imprudent pot topar a la carretera.

Llavors allarga una mà cap al seient del costat, el del copilot, i fent tentines abasta el paquet de cigarrets. Dintre, en l’espai lliure que ha deixat el tabac consumit, hi ha l’encenedor. L’aboca amb habilitat fora del paquet, es fica un cigarret a la boca i fa per manera d’encendre’l amb una mà mentre el cotxe fa via.

Taral·leja una cançó al temps que fa les primeres pipades. Aquell matí està content i no està disposat que ningú l’hi espatlli. Així que farà bé de comprovar al GPS que va en la direcció correcta. Aquella andròmina sempre l’ensarrona. Treu una mà del volant i venta una bufa a l’aparell, que tot d’una passa a marcar una direcció diferent i tan poc creïble com la prèvia.

—A mi no m’enganyaràs, malparida —es dóna ànims en veu alta mentre segueix fument cops a la maquineta.

Aleshores aparta la vista de la carretera per engegar la ràdio. Des que n’hi va caure un botonet de la caràtula s’ha d’engegar amb un escuradents estratègicament situat al sotagot on hi ha el mòbil. Toca els botons per apujar el volum i abaixar-lo fins al punt que li agrada, sempre un nombre senar, no sap per què. Manies que li ha encomanat la dona. Va passant emissores fins que en troba una de notícies. Segur que hi ha hagut una pila d’accidents a tota la xarxa viària. El món és ple d’indocumentats que els han donat el carnet en una fira.

És llavors que sent el locutor i a mesura que va radiant la notícia, la sang li puja al cap. Ho sabia. Per què s’entesta a escoltar les notícies? Que no sabia que li espatllarien aquell matí de sol d’hivern? Qui es pensen que som? Què volen, conduir per nosaltres? Qui es creuen que són? Maleïts polítics! Tots són iguals, una colla de poca-soltes! Cabrons! Com es nota que viatgeu en un cotxe oficial! Això és una vergonya! Per aquí no hi passo!

Es porta la mà a la butxaca de la camisa i agafa un bolígraf. Allarga el braç cap al seient de darrere i treu de la jaqueta un tros de paper rebregat. Llavors recolza el paper contra el centre del volant, l’aplana tant com pot i escriu a rajaploma un text carregat de raó, inapel·lable. Un text que l’endemà sortirà publicat als principals rotatius del país: “Senyor director, estic indignat per la nova llei de limitació de la velocitat. Què volen, conduir per nosaltres? On para la nostra llibertat? Que no som prou grandets? Què dimonis pretenen, que haguem de conduir tota l’estona mirant el comptaquilòmetres i que ens distraguem?”

martes, 27 de enero de 2009

LAS UÑAS

Por Carles Rull
Semana de la obsesión.
He desarrollado una obsesión malsana y delirante por la uña desde que leí el relato de Max Aub así titulado, "La uña". El relato, más bien microrrelato, explica en muy pocas líneas la hazaña de la uña de un muerto vengativo, uña sañuda que crece y crece, uña justiciera que se escapa de la tumba para alcanzar a aquellos que deben sufrir el castigo del cadáver cornudo; la uña, claro está, mata a la mujer y el amante. Uña afilada y criminal que regresa de la tumba uñas arriba. Max Aub cierra el relato apelando a los derechos del occiso homicida a estar de uñas: "Fue lo menos que puedo hacer el difunto: también es cuerno la uña".

La primera ocasión en que leí el relato no pude evitar que mi traicionera imaginación visualizara con detalle el recorrido de la milagrosa y malévola uña. Más aún, fui capaz de ver, de dibujar y perfilar en mi mente, con horror y asco, el dedo del uñoso y cornudo muerto en el ataúd, la uña arrastrándose lenta pero incansablemente hacia la casa, la uña sucia de tierra trepando hasta la ventana, serpenteando bajo la cómoda, reptando tras la mesilla de noche, y el uñazo salvaje con que satisfacía sus ansias de justicia... Creí incluso que mi propia uña parecía entonces más larga que antes de iniciar la lectura.

Ha pasado tiempo desde aquel día y durante todo estos años he estado cortándome las veinte uñas a diario. Pero las malditas siguen creciendo. Guardo los resto de uña en un tarro hermético que cierro a conciencia. Suelo vestir guantes para ocultar mis uñas. Y sueño siempre con esa diabólica uña. Más de una vez me he despertado justo a tiempo de percibir una sombra transparente apartarse velozmente de mi cuello. La uña está siempre cerca. Mi familia está preocupada por mí.

Oigo gente acercarse a uña de caballo hacia el cobertizo en el que me he encerrado. No podrán entrar a tiempo. La máquina cortará limpiamente las dos manos. No más uñas.

domingo, 25 de enero de 2009

PRESIDENTE

Por Rufino Pérez.


EE.UU. y su nuevo presidente. Aporta nueva maneras. Tiene un aire entre humano y natural. Maneja la expresión y llegará hasta donde le dejen, como todos. Su nombre ha hecho ya historia.


De cualquier manera, la mejor frase que he oído de él, o debería decir mejor, sobre él, ha sido la que una chica de ojos azules le dedicó a su chico: eres mi obama preferido.


Cuando un presidente llega a ese punto, está entrando en la historia con buen pie.


El chaval, todo sonriente, la cogió de la cintura y le dio un beso no precisamente fabricado en EE.UU.

Larga vida a obama.

sábado, 24 de enero de 2009

PREMIADO EL BOSC DE LA PERPLEXITAT


Por Rubén García Cebollero



Dedicado a los amigos de siete voces - set veus.

El jurado que premió "El bosc de la perplexitat" destacó su búsqueda de la verdad antes que la búsqueda de la belleza. Riesgo que conlleva el uso de lenguajes que pueden resultar "anti-poéticos". No escribo "anti-poemas" ni soy Nicanor Parra. Así que os brindo el poema que subrayó uno de los miembros del jurado, y otro poema que a mí también me gusta. En la versión original y en una versión (recreación) libre.


El teu treball no és normal: arranques cabines,
segrestes un a un nans de jardí, cremes
Parenoels dels que pugen pels balcons. Això
no és la revolució. Van oferir-te dir-ho al blog
i van posar-te un sou. Et fan fitxar i tens vals de descompte
per perdre’t a l’IKEA. Has mesurat l’amplada
de tota la ficció, i saps que encara que no ho diguin
dins del mateix sac ens han ficat a tots. Al sac presó.
I ara per ascendir hauràs de dur corbata i fer-te fotos
dient que aquest sistema és collonut. Que tot va bé.
Que estàs viu. Fins què un dia intentis recordar què has oblidat
i et sembli estrany el mot revolució.




Tu trabajo no es normal: arrancas cabinas,
secuestras a enanos de jardín, quemas
Papánoeles de los que suben por los balcones. Esto
no es la revolución. Te ofrecieron decirlo en el blog
y te pusieron un sueldo. Te hacen fichar y tienes vales de descuento
para perderte en el IKEA. Has medido la amplitud
de toda la ficción, y sabes que aunque no lo digan
dentro del mismo saco nos han metido a todos. En el saco prisión.
Y ahora para ascender deberás llevar corbata, hacerte fotos
diciendo que este sistema es cojonudo. Que todo va bien.
Que estás vivo. Hasta qué un día intentes recordar qué has olvidado
y te resulte extraña la palabra revolución.


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Miro els espais amb la memòria
de les mallerengues, com si pogués
farcir amb llavors i llocs ocults
algun racó de mi, algun mapa
de tu, per fer un nou cant minúscul
que abasti allò que som i que serem,
el bram del cérvol, la ràdio dels matins,
els mocadors al coll, grocs i marrons,
les mans rogenques del desig
ànima endins, com qui fotografia
l’amplada d’un silenci.


Miro los espacios con la memoria
de los herrerillos, como si pudiera
rellenar con semillas y lugares ocultos
algún rincón de mí, algún mapa
de ti, para hacer un nuevo canto minúsculo
que abarque lo que somos y seremos,
el bramido del ciervo, la radio de las mañanas,
los pañuelos al cuello, amarillos, marrones,
las manos cobrizas del deseo
alma adentro, como quien fotografía
la amplitud de un silencio.
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¿Creéis que priman la verdad o que priman la belleza?

jueves, 22 de enero de 2009

El rap de la mujer que quería ser perro



Por Ester Astudillo





Divertimento dedicado a cuantos humanos, que haberlos haylos,
percibieren jamás la bondad animal
y desearen fundir la horrenda humanidad
que nos caracteriza



Quién fuera can o semejante
y habitar su mutismo satisfecho
y aplacar su furia extravagante
con ladrido pertinaz, procaz o fiero.

Tras el oprobio, el patrón, voz displicente,
en pos de mi atropello acudiría:
reprender con azote al can urgía
que osó turbar su paz, bruto insolente.

Y dormir al fin el sueño de los justos
fuere opción barata y practicable
a salvo en mi fiel lecho perruno,
en materia de rencillas ignorante.

Regresado ya al reino de los cuerdos,
zalamero y jovial mastín brincar,
vivaz mascota al amo agasajar,
ajena a lo terreno y lo divino.

Mas siendo como soy, bicho viviente
más próximo a los simios que a los canes,
versada en asuntos temporales,
ahíta de resabios zahirientes,

amo, bozal ni leal tálamo
complacen mi silencio embrutecido
que acalla nomás que el alarido
que brota de las trizas de mi astrágalo.

Encomiable afán, si vano, el aspirar,
bien clamó el sabio,
al necio y montaraz brío animal.



martes, 20 de enero de 2009

Las vías muertas



por Óscar Sotillos


El artista Bansky utiliza sus sprays para intervenir en paredes de medio mundo. El muro israelí de Cisjordania o el Museo Británico han sido blanco de sus certeros disparos. Cada uno de sus graffitis es creado ex profeso para la pared sobre la que es dibujado interviniendo en el paisaje urbano con un acerado mensaje hacia el eje del bien y del consumo. Paradójicamente su trabajo ha sido tan exitoso que algunas de sus obras se exhiben en las galerías de arte más prestigiosas y hace pocos meses el propietario de un edificio en Londres sobre el que Bansky había pintado un graffiti, lejos de denunciarlo sacó a subasta el muro elegido por el artista.No conozco a Bansky, entre otras cosas porque se mantiene en el anonimato, así que desconozco si estas situaciones le sobrepasan, le incomodan o se regocija por el eco que le proporcionan, pero intento situarlo en el marco de otros artistas intervencionistas como los retratados en el magnífico libro NO-LOGO y me pregunto por el resorte que pone en conexión el tren de la creación con las vías del reconocimiento.


La historia del arte y de la literatura está llena de vías muertas. La lista de escritores ágrafos que inventaría Vila Matas en su Bartleby y compañía es considerable. Escritores maldecidos, más que malditos, que no resuelven sus mecanismos creativos y tejen hacia dentro. El caso de Nannetti Oreste Fernando es el de una de esas perlas negras. Nacido en Roma en 1927 pasó los 67 años de su existencia en diferentes instituciones para enfermos mentales, entre los cuales 30 años en el manicomio de Volterra. Durante ese tiempo no recibió ninguna visita, pero escribió cartas dirigidas a familiares que nunca habían existido. Sin embargo, el testimonio más impresionante lo dejó sobre las paredes del patio interior del pabellón “Ferri” de Volterra, un grafitti de 180 metros por dos de alto escrito día a día de su internamiento con la hebilla de su camisa de fuerzas. Todavía vivo el autor, el fotógrafo Pier Nello Manoni realizó un reportaje del patio que actualmente se expone en el baptisterio de Volterra. El texto en relieve se encuentra en franco deterioro, cosa que dificulta su lectura, pero el trazo de sus grabados hendido en la piedra habla por sí solo. Recuerda a las fallas tectónicas que separan continentes, como si la cordura tuviera grietas, fosas abisales por las que trepara el vértigo amenazando con alcanzarnos. Actualmente esta locura es reconocida como una de las más raras e importantes representaciones de ‘art bru’ y sus cartas fueron publicadas después de su muerte.


Se me ocurre que tal vez NOF habría sido más feliz si alguien las hubiera contestado.

domingo, 18 de enero de 2009

SAN ANTONIO (abad)

Por Rufino Pérez

Andaba S. Antonio en sus meditaciones, después de haber superado varias tentaciones, y a pesar de que ya llevaba tiempo dedicado a la vida retirada, sabía que un día tendría que volver a la ciudad para seguir luchando por sus convicciones, porque los arrianos estaban implantando una religión que no le gustaba mucho.

Y lo cierto es que allí, al lado del desierto, en el Alto Egipto, se vivía bien. Se podía pasear y sobre todo, se podía entender el mundo. Aquellos egipcios se pasaban el día al sol, porque ahora había decrecido la construcción y de tanta molicie, poco ejercicio y rayos uva andaban un poco locos. Antonio se veía pues, en la obligación de volver allí y darles un repaso.

Entre unas y otras estaba, en aquel monte Colzim, cerca del Mar Rojo, cuando se vino hacia él una jabalina con sus jabatos ciegos y una carita de esas que decía: santo, tú que puedes, cúramelos. Y ahí ves a Antonio que, armado de paciencia, acaricia a los pequeños y tal y como la mano pasaba por ellos –hay manos verdaderamente poderosas, sensibles y llenas de amor- comenzaban con pequeños gruñidos a recuperar la visión. La madre quedó tan agradecida que decidió hacerse antoniana y vivir con aquel ermitaño para defenderle de las alimañas, cosa que había aprendido bien como madre soltera y que tenía a su cargo a unos cuantos pequeños, porque sólo las hembras saben crecerse en la adversidad y ofrecerse en sacrificio por quien realmente aman.

Desde entonces, no sólo la jabalina, sino muchos otros animales vinieron a pedir al santo favores, no para si mismos sino para hijos, parientes o amigos. Y así fue cómo el ermitaño se hizo protector de aquellos que conservan un alma primitiva –original, ancestral-, de aquellos que son el origen de la creación. Tanta fue su fama, que hasta Morgana, que por aquel entonces no recuerdo cómo se hacía llamar, se acercó un día al ermitaño con el que compartía aficiones a pesar de la distancia –aunque para los magos y magas las distancias son otra cosa que para los mortales- y le trajo al gato, su gato negro, que llevaba unos días como alucinado y un tanto ido.

Tras los saludos de rigor, Antonio le preguntó a Morgana si escondía bien los ungüentos y pócimas que eran “peligrosas”, a lo que ella se apresuró a contestar que “por supuesto, Anthony, qué te crees, que soy una descuidada, pues no” –lo de Anthony lo utilizaba porque en aquellos días, Morgana veía mucha peli americana-. Antonio, dijo no tener ni idea de lo que le pasaba al gato, pero que le pasaría la mano y lo curaría. Como en ese momento, el gato, que no estaba quieto ni un minuto, había desaparecido, decidieron tomarse un agua de cebada y charlar un rato mientras aparecía.

Estaba hirviendo el agua, cuando apareció el gato, pero ya se habían hecho la idea de tomarse la infusión y así lo hicieron. Le añadió Morgana unas hierbas que siempre traía con ella para aliñar las infusiones y se tomaron un jarro de aquella malta con hierbas. El gato, que ahora parecía estar equilibrado, se acercó a Morgana y ésta le dio unos sorbitos de malta. Al gato, aquello le gustó y se quedó pidiendo más por lo que optaron por ponerle un pequeño tazón.

Al rato, Antonio, Morgana y el gato andaban festivos y alucinados, afectados por el ergotismo. El nombre de ergotismo se lo pondrían muchos años después los científicos, pero, desde aquel día, Antonio pasó a tener entre sus conocidos el poder de curar este mal, cosa que hacía con sólo aconsejar un cambio de cebada en las bebidas. Tal era el antídoto para el “fuego de San Antonio”, como después sería bautizado este efecto alucinógeno.

En fin, que luego, Morgana, atando cabos, como sólo Morgana sabe hacer, vino a descubrir incluso lo de los Misterios eleusinos, aunque no se lo dijo a nadie. Y hoy día, Morgana ya visita menos a Antonio, que entre curar animales y otras especies no tiene mucho tiempo de retiro, pero ella y el gato se pillan algún alucine que otro, sin problemas, sabiendo de qué va la cosa. El gato ya no ha vuelto a tener alucines raros, todos estaban controlados por el LSA de la malteada infusión y Morgana, bueno, ya sabéis que anda siempre con ese sexto sentido para las cosas y está pensando en cómo puede patentar el invento y venderlo como Tisana del Papa Luna. Después de la crisis, tal vez.

Posdata. Para los curiosos, podéis rebuscar en Internet acerca de los Misterios eleusinos, el kykeon, ergotismo, S. Antonio Abad, etc. Morgana, ya sabéis que está en todos sitios, menos en Internet.

sábado, 17 de enero de 2009

EL BOSQUE DE LA PERPLEJIDAD



Por Ruben Garcia Cebollero


Así se llama el poemario cuyo título original és El bosc de la perplexitat con el que quiero abrir el post de hoy. La semana que viene ya explicaremos más.
Perplejidad y bosque donde hay días que nos perdemos entre lágrimas, o entre sonrisas. Siempre es motivo de alegría reencontrarse con los amigos, y ayer pude hacerlo con Eduard Pascual, que pronto tendrá a la venta Codex 10, una obra que no me cansaré de repetir vale la pena no perderse.
Alegría porque Katharsis Teatre actuará en Barcelona. Sí, actuaremos cuatro días seguidos. Y cuando podamos contar más, pues más contaremos. La obra de Isabel Lasso es personal, divertidísima y movida: Pop corn. A nadie deja indiferente.
Perplejidad porque lo que no sucede en un año, sucede en un minuto. Editorial Pagès publicará la biografía del miniaturista Rafael R. Moya para el próximo Sant Jordi. La vida de un artista que, como Borges, al quedar ciego multiplicó su humanidad, su arte, su fe. Tras la dura tarea de la señora María Ferrer, su viuda, ahora nos llegará a todo color un excepcional testimonio.
Así que desde el bosque de la perplejidad os dejo con seis versos de Carver (último fragmento):

¿Y conseguiste lo que
querías en esta vida?
Sí, lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme
amado sobre la tierra.

miércoles, 14 de enero de 2009

¿Escribir o publicar?


Por Rubens Molina

-¿Pero tú quieres escribir o publicar? –Apuró la copa y suspiró-. Pueden ser cosas muy diferentes –Pidió otra copa y añadió-: Entonces olvídate de toda esa mierda de escribir, y escribir, y escribir solo para tus ojos y que luego Dios dirá. –Se levantó con vehemencia. Se volvió a sentar. Y agregó-: Escribes para una sola persona. –Bebió un trago-. Escribes para un cabrón aburrido de leer novelas de autores primerizos con solo una cosa que decir. –Pareció animarse y después de un buen trago, añadió-: Y no me refiero al brillante editor sediento de encontrar a un nuevo Zafón. Estoy hablando del hijo puta del lector mal pagado, escritor frustrado como tú, con ganas de mandarte a la mierda y poder pasar así a otra novela, del montón que tiene que leer esa semana. –Trago. Trago. Otra copa. Trago. Y agregó-: Piensa en ese mamón, diviértele, alábale, mantenle intrigado, y sobre todo sé humilde. Que no piense que te crees más listo que él. –Miró su copa y preguntó-: ¿Pero tú quieres escribir o publicar?

martes, 13 de enero de 2009

Vida nueva

Por Carlos Rull


Entré en la habitación prohibida y una vez azul. Habité durante un minuto infinito tu naufragio y mi ruina. Inundado de tu ausencia, ahogándome en el eco imaginado de tu risa, me dejé acariciar durante otro minuto eterno por la fantasía de tu voz y el aroma confuso y tenue de tu piel. Me perdí durante un tercer minuto sin fin en el tacto insólito de los objetos que fueron tú: mis dedos lamieron los lomos de tus libros buscándote, mis manos te reconocieron sorprendidas en tus camisas, mi cuello tembló reconociendo aún tu calor en tu bufanda italiana.

Tres años sin ti. Una eternidad de tres minutos antes de empaparlo todo en gasolina y dejar caer una cerilla. Adiós, amor.

domingo, 11 de enero de 2009

CAZADORES

Por Rufino Pérez

Las botas colgaban recias, señoriales, en el techo de aquel curtidor. Mi padre no dudó en que estaban allí, esperándolo, eran para él, eran sus primeras botas, que podría comprarse con el fruto de su trabajo.

Yo le miré calzarse primero una, afirmar el pie y sonreír. Después la otra, el mismo gesto. Caminó unos pasos y sintió crujir el suelo bajo sus pies. Estaba orgulloso.

“Un cazador debe saber cómo vivir y morir con las botas puestas”, me dijo.

Ahora, yo tenía sus botas colgando sobre mi cabeza. Recordaba la cara descompuesta, macilenta, de mi padre. Los ojos todavía tenían el brillo de la ignorancia. Nunca llegó a saber por qué aquel hombre a caballo le reclamó la pieza de caza que tenía la flecha de mi padre clavada en el corazón.

Tampoco yo nunca entendí por qué mi madre y mis hermanos fueron horriblemente quemados dentro de nuestra propia casa, nuestras tierras arrasadas y nuestro ganado descuartizado.

Siervos de un señor que ahora les quitaba la vida por cobrar una pieza de caza.

He vivido en el bosque durante un año, he aprendido del zorro y del lobo, de la lechuza y del águila. He visto sin que nadie me viera, en la noche, durante el día, con sigilo proceloso.

Y ahora tenía las botas de mi padre colgando sobre mí.

Hay ruido de montería, gritos. Hoy no buscan piezas de caza. Buscan a su señor. Hoy no encontrarán las botas de mi padre. Mientras las quito de los extraños pies, hay unos ojos que me miran sin comprender.

¿Cuántos hay que mueren sin saber por qué?

*** Hoy miles de gargantas están pidiendo que cese la guerra en la franja de Gaza. Hoy y siempre, en todas las guerras, en todos los abusos de poder, hay gente que muere sin saber por qué. Hay odio, hay deseo de venganza, hay dolor que genera más dolor. Sólo el bosque es el mismo.

sábado, 10 de enero de 2009

REPASANDO EL 2008


Por Ruben Garcia Cebollero


Quien escribe sabe que siempre se nos quedan cosas en el tintero. De ahí que mire para atrás y piense en algunas cosas que no comenté del 2008.
1) Aunque no me guste el Luis García Montero de los últimos años me parece penoso el trato que la Universidad le dio al Luis García Montero, profesor y crítico, pues derecho y justicia nunca serán lo mismo. Así que desde aquí el recuerdo para el ejemplo personal en su defensa de Federico García Lorca, y el deseo que vuelva por los fueros de la auténtica poesía, la que debía leer en la soledad de las Mil mejores poesías de la lengua castellana.
2) Quizá también por lo reciente los nombres de Francisco Casavella, desgraciadamente fallecido, a quien quiero recordar con el diálogo que mantuvo con Carlos Villarubia en abril de 2007, en las jornadas del Visor, cuando apuntaba que en la novela se amontonan todas las cosas, y que la novela son personajes y una buena historia, porque somos ficción, vivimos rodeados de ficciones, con nuestras propias mentiras.
3) Mi tercer recuerdo va para José Luis Gimenez Frontín, desgraciadamente fallecido hace unas semanas, vinculado a la ACEC, la poesía, la narrativa y el ensayo. En fin, siguiendo el título del capítulo del CSI del lunes pasado: Morir lo cambia todo.
Por lo demás, Mamá Noel no me trajo carbón (ni los Reyes ni Papá Noel) y todos/as se han portado muy bien conmigo;) El año promete con la novela del Ebro (una mía, por fin) y en el plano material y poético me vestí de Mamá Noel para invertir en "Del no mundo", de Juan Eduardo Cirlot, publicado por Siruela en edición de Clara Janés. Y lo demás, pues privado es,)
Así que repasando el 2008 pongo una luz de esperanza, una luz que nos lleva este 2009, que esperemos mucho más mejor de lo que pinta en todos los planos. Ya sé que las cosas son como son, y no como nos gustarían que fueran. Pero también son un poco como nos imaginamos que son. Así que al menos podemos imaginarnos que serán muchísimo pero muchísimo mejores;)
De hecho, vengo de hacer exámenes de la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas. He empezado por descubrir que me ha ido mejor de lo que esperaba, pero después cuando lleguen las notas, vayan bien o mal, siempre me quedará algo en que lo soy millonario: sonrisas. La vida no es como es, es como te la tomas,)

jueves, 8 de enero de 2009

Auster o tot deconstruint déu



Per Ester Astudillo



M’agrada l’Auster. M’encanta l’Auster. Vull dir la narrativa de l’Auster, és clar: mai no he tingut el plaer. La seva darrera contribució a la literatura ha estat A Man in the Dark, traduït com Un home a les fosques, i és clar, no decep, perquè un narrador com l’Auster no sap decebre:.

I doncs, Un home a les fosques. No voldria aixafar la guitarra a ningú que encara no hagi llegit el llibre, i menys encara a qui arran d’aquesta lectura senti el cuquet de llegir-se’l, així és que no hi entraré en detalls. Només unes línies per retre-li tribut i per desfer el malentès, que lamentablement ja és vox populi, que pretén que la novel·la és una crítica a l’excessiu intervencionisme de la política internacional nord-americana dels darrers anys.

I sí que l’és, és obvi, però no essencialment. Només una lectura superficial pot acontentar-se amb aquesta interpretació. I aquesta novel·la, que és irònica, erudita i amarga alhora, a més de ser òbviament contestatària, cal llegir-se-la amb atenció i amb nivells de profunditat múltiples, per anar destriant les moltes capes que la conformen, i que només es palesen quan t’hi capbusses i permets que les referències i els implícits literaris i filosòfics ressonin dins la closca.

En primer lloc, el llibre és un metarelat, és a dir, una ficció dins d’una ficció, i això és ja una pista de primera magnitud per prendre-li la mida a l’autor. D’una banda, hi ha el narrador, que cal no confondre amb l’Auster: ancià moribund septuagenari que en la foscor de la seva nit insomne –la seva vida?– i per apaivagar els fantasmes personals, s’inventa un univers de ficció amb el rerefons d’una Amèrica en guerra; i de l’altra hi ha en Brick, el jove heroi –antiheroi?– de la ficció inventada pel narrador, que, sense saber com, quan, ni per què, es veu immers en l’escenari bèl·lic: només rep la informació escapçada que ha de matar algú per servir a la causa, però desconeix qui és aquest algú i a quin bàndol pertany –fins i tot, ignora quina és la causa per la qual ha de lluitar i els motius que han generat la guerra. Does it ring a bell?

Home, és clar: la guerra de l’Iraq, si sou dels que preferiu no calfar-vos el cap amb cabòries i us conformeu amb la interpretació més fàcil i superficial. Però a mi em va fer pensar, inevitablement, en Rosencratz and Guildenstern are dead, que va esmentar de passada una de les nostres veus en una contribució el mes de desembre: els pobres personatges secundaris de Hamlet, enviats a una mort insulsa i anticlimàtica, que Stoppard va rescatar per a la seva magistral obra, convertint-los en protagonistes de la tragicomèdia d’una vida trista, trivial i irrellevant –llegiu entre línies, sisplau, ‘una vida qualsevol’. Condemnats per Shakespeare a morir pel simple fet d’estar vius i ser superflus per al desenllaç de la tragèdia, àdhuc sense ells saber-ho (al capdavall expendable material, o llegiu també ‘danys col·laterals’), Rosencratz and Guildenstern es debaten a les palpentes contra magnes vicissituds, ignorants que el seu destí i la seva missió alhora són, ai las!, ni més ni menys que els de qualsevol altre mortal: morir. Pobres Rosencratz and Guildenstern! I pobre Brick! En la foscor de la seva vida!

Ah! Però Brick està en posició avantatjosa: perquè avançada la novel·la, arriba a esbrinar, per vies que no vénen al cas, quina és la seva missió, que no consisteix únicament a escometre l’acte irrisòriament banal de morir (i ara! On s’és vist, en qualsevol dels món possibles, aquesta bajanada? –Leibniz dixit), com sí és el cas, en canvi, dels seus malaurats antecessors (llegiu entre línies, sisplau, ‘malaurats humans’), miserables acompanyants secundaris de l’heroi, sense cap oportunitat de rebel·lar-se contra Shakespeare per una condemna absolutament arbitrària: i bé, la missió d’en Brick és assassinar el seu creador, matar aquell que ha fabulat la ficció de la guerra –llegiu ‘Bush’ si sou d’aquells a qui la filosofia no us diu ni ase ni bèstia-, i que l’ha parit a ell mateix, l’ancià i moribund narrador que en la foscor de la seva nit –la seva vida?-, s’inventa un conte per matar les hores i l’avorriment en el declivi de l’existència. Does it ring a bell now?

Sí, és clar, és això precisament: no us fa pensar en déu? Efectivament, en cert imaginari col·lectiu, que sortosament no tots compartim, déu és alhora l’origen i el botxí de la nostra existència: d’ell venim i cap a ell anem –diuen. Més encara: diverses són les veus en la tradició filosòfica occidental –llegiu sisplau, i per antonomàsia, ‘Berkely’-, que han coincidit a defensar que els homes no som sinó el somni de déu, els petits i nefands protagonistes dels seus (mal)sons. Penseu també, en la tradició literària hispànica, en Calderón i la seva La vida es sueño. La possibilitat de revolta que l’ancià narrador permet a en Brick dins la novel·la no és, en termes filosòfics, sinó el primer pas envers l’emancipació de l’home respecte de déu, els ulls que desperten i s’obren per veure la llum, procés que eventualment culminarà en la mort de déu a mans de l’home. I efectivament, va arribar Nietzsche –llegiu entre línies, sisplau, ‘Brick’– i va matar déu.

I després vindrien, ineludiblement, Freud, Marx, Engels, la filosofia analítica, el cercle de Viena, l’escola de Praga, l’estructuralisme... I Auschwitz. I tota la filosofia atea, afortunadament –i la literatura atea, és clar- de la segona meitat del segle XX. I finalment, segons alguns –i. e. Fukuyama–, la fi de la història, però això ja són figues d’un altre paner.

Bé, com deia, l’home –i. e. Brick–, per fi, viu d’esquenes a déu, després d’haver-lo mort i colgat. I quin alliberament no fou matar-lo! L’home sense culpa i sense màcula, sense remordiments i sense càstig, és ara lliure per fruir del seu cos i de l’existència, i eventualment, del lliure albir –he dit fruir? Quin lapsus! No sé què pensava!

Abans d’estendre’m sobre aquesta hipotètica alternativa existencial, deixeu que faci, de passada, esment d’altres implícits literaris d’Auster dins la novel·la que contribueixen a copsar en la seva integritat el contingut intel·lectual del llibre: per començar, és inevitable, en els fragments descriptius de l’escenari bèl·lic, pensar en el paral·lelisme amb les distopies de la nostra tradició literària, especialment el 1984 d’Orwell, sobretot per allò que les dues novel·les comparteixen de barbàrie subsegüent a la sobrecivilització i d’impossible escapatòria al totalitarisme controlador i dirigista.

Però crec albirar, també, de manera fonamental i notòria, un cert tribut a L. Carroll i el seu Alice in Wonderland, el cinisme i l’amargura del qual han estat –crec– profundament malinterpretats. I és que el país que visita l’Alice en somnis –tornem a la recursivitat del pensament, el llenguatge i la literatura, la ficció dins la ficció– no és meravellós, a pesar de l’obstinada traducció estàndard en la nostra llengua, sinó tot el contrari: és fantasmagòric, absurd i terrorífic; tant, que només resulta imaginable si pertany al món del manifestament irreal, al món de la ficció –o a l’univers oníric, subconscient o fantasmàtic, com dirien els psicoanalistes, que ve a ser el mateix.

El món on l’Alice és vomitada és un món sense regles, sense normes, paradoxal i imprevisible, que escapa a qualsevol intent de control humà i en el qual els valors estan tot sovint just a les antípodes del que dicta el sentit comú –que, recordem-ho, és el menys comú dels sentits, àdhuc el més elusiu. Un món, en definitiva, arbitrari i aterridor, és a dir, el pitjor dels móns possibles a pesar de Leibniz; un món que condemna l’home a una cerca sisifiana –la cerca de sentit– sense esperança. I aquest retrat desesperançador queda magníficament resumit en la cita que Auster extreu de la poesia de Rose Hawthorne, filla de Nathaniel Hawthorne, i que l’autor aconsegueix filtrar en la novel·la posant-la en boca de la filla de l’ancià narrador (i encara un altre bucle recursiu!, un altre joc de miralls: qualsevol semblança amb la ficció és pura realitat!), cita que, a mode de mantra, es converteix en el lema de la novel·la: ‘And the weird world rolls out’.

Així doncs, el llibre s’estructura en múltiples capes de fronteres difuses –sempre que es compti amb la necessària complicitat del lector– que fan ballar el cap sobre els debats més encesos del pensament occidental contemporani: on acaba la realitat i on comença la ficció –Plató i el mite de la caverna, explorada en la moderna producció Matrix; Descartes i el subjectivisme individual; Debord i la cultura de l’espectable, més tota la filosofia postmoderna–; on acaba el subjecte i on comença l’objecte –Freud i seqüeles, incloent-hi Derrida–; on acaba la persona i on comença el personatge o la màscara –psicologia del jo, de la identitat i dels rols socials, amb Foucault al capdavant–; on acaba el destí i on comença el lliure albir –l’home vs. déu-; on acaba la barbàrie i on comença la civilització –i quin dels dos és previ a quin en la història de la humanitat.

I això, inevitablement, lliga amb la qüestió de la mort de déu, en què ens havíem quedat uns paràgrafs més amunt: perquè, és clar, si déu és el septuagenari ancià moribund i avorrit que passa les hores inventant-se històries i personatges a qui pot torturar –llegiu, sisplau, ‘Brick’–, llavors, ¿qui és Auster? Quin paper es reserva per a ell mateix dins i/o fora de la ficció? Si l’ancià narrador de la novel·la es col·loca ell mateix dins la seva pròpia ficció, desitjant i tement alhora –oh, el desig, mescla indestriable de thanatos i eros!- l’acció última –redemptora? atorgadora de sentit?- de la seva vida –llegiu ‘mort’-, llavors els lectors, obeint les ordres còmplices de l’autor, no podem deixar de preguntar-nos si el mateix Auster, en un ulterior bucle recursiu, no s’haurà col·locat també ell mateix dins Un home a les fosques, deliberant, al capdavall, quin és el seu rol com a humà –llegiu sisplau ‘un home qualsevol’- i com a creador –llegiu sisplau ‘filòsof’, ‘pensador’ o ‘intel·lectual’. I és que en aquest llibre de miralls emmirallats, l’autor no pot –ni vol– quedar indemne. Efectivament, qui és qui s’inventa déu?

En realitat, la pregunta fonamental que es desprèn del llibre és: qui és l’home a les fosques? Perquè a les fosques aquí té un sentit òbviament simbòlic: vol dir ‘en la nit de la vida’. Així, doncs, ¿hem de fer una interpretació metafòrica i entendre que es tracta d’en Brick –llegiu, sisplau, ‘l’home medieval sotmès a déu’-, condemnat a viure una vida i una guerra que existeixen només en el cap del seu creador, cec, a les palpentes i sense possibilitat d’escapatòria? ¿O hem de fer una interpretació literal i entendre que es tracta de l’ancià narrador, catapultat a una mort previsible i fent recompte dels encerts i desencerts d’una vida desencisada?

O bé, exercint d’advocada del diable i apropiant-me, il·legítimament però, de la teoria psicoanalítica, puc atrevir-me a hipotetitzar, com sens dubte l’autor desitja que els lectors atents facin, ¿no serà l’ancià narrador de la novel·la una projecció del mateix Auster, l’ulterior joc de miralls que esmentava abans, una faula postmoderna de l’home que s’inventa déu per combatre l’avorriment i aquella altra por bàsica i atàvica: la de la pròpia mortalitat, la de l’Auster de carn i ossos, emmirallada en la pulsió de mort de l’ancià narrador? ¿No serà l’home erudit i postmodern qui està veritablement a les fosques, a pesar dels molts segles de dolor i revoltes a fi d’aconseguir la llibertat del coneixement? Tot plegat, ¿no serà una broma? I vet aquí un darrer homenatge literari: a la faula dramatúrgica d’Everyman, la primera obra dramàtica anglòfona, amb arrels òbviament religioses, que pretenia conjurar la por primària que a tots ens iguala –i d’aquí el nom Everyman–, vinguem d’on vinguem: la mort.

Al capdavall, dels tres homes que en aquest llibre comparteixen dramatis personae, ¿qui és més lliure? ¿Ho és en Brick, sotmès als designis i capricis del seu creador? ¿Ho era l’home medieval sota l’espasa de Damocles d’un déu castrador i totpoderós? Però l’home modern va poder alliberar-se’n i li va clavar una ganivetada. ¿És l’home (post)modern més lliure ara que viu sense déu? ¿L’emancipació ha fet que l’home postmodern sigui més feliç? ¿Ha valgut la pena el combat i el dolor? ¿Ha estat profitós? ¿Ha estat útil? Si em permeteu que ho formuli en termes genuïnament postmoderns, ¿ha estat la mort de déu quelcom més que un gest purament estètic?

I bé, totes aquestes preguntes estan implícites en la novel·la d’Auster. De fet, ho estan fins a tal extrem que, almenys jo, no puc obviar l’interrogant de si l’exercici narratiu real d’Auster com a autor d’aquesta novel·la no serà una interpel·lació encesa i indefugible sobre la validesa intel·lectual de la trajectòria del pensament occidental al llarg dels darrers 25 segles. En definitiva i al capdavall: ¿pot l’home viure sense déu, sense fabular-lo, sense inventar-se’l, si més no com a arma distractora contra el mortal avorriment de l’existència? ¿Calia, veritablement, matar déu?, sembla preguntar-se Auster, amb la nostàlgia que només confereixen la saviesa, l’escepticisme i la retrospecció de la vellesa. I dins el seu rol de ‘pensador’ fora-de-la-ficció-i-en-el-món-real, la pregunta emergent és realment la mateixa, ¿calia, veritablement, matar déu?, tenyida, és clar, de la il·lustració –i del desencís consegüent- de l’home postmodern: lliure, incrèdul i pretesament alliberat fins i tot de la tirania de la història.

En la disjuntiva essencial que representen els dos pols sobre els quals ha basculat el pensament occidental: l’home sota déu, l’home d’esquenes a déu; l’home com a víctima o com a amo del seu destí, no estic segura a quina carta apostaria. La mort de déu ¿ens va fer lliures de debò? ¿O ens va atorgar només la il·lusió de la llibertat, sotmetent-nos al risc de la barbàrie més despòtica i arbitrària –Auschwitz, Huxley, Orwell, Matrix, les guerres contemporànies?

La resposta, això sí, no la cerqueu en aquestes línies, ni tampoc en Un home a les fosques. El pensament occidental fa més d’un segle que hi dóna voltes, i de moment els fruits no han estat més que vaguetats. Si algú la troba, només un prec: sisplau, feu-la córrer.


Gràcies

miércoles, 7 de enero de 2009

NEÓN (O VÍSCERAS)



Por José G. Obrero

Los cubitos de hielo se consumen lentamente. Apenas son dos destellos en el fondo del vaso. Es hora de pedir otro cubata y dejarse atrapar por John Coltrane. Son las cuatro de la mañana y ya debe de quedar poco tiempo para que dos o tres fogonazos den el aviso de cierre. Nadie diría ahora que esto se pueda acabar. El bar está atestado de gente y de humo que se pasea entre las lámparas anaranjadas de la barra. Al fondo, el pequeño escenario y los instrumentos que reposan hasta la jam session de los martes. La gente dice que si pides permiso el dueño te deja tocar con una sonrisa de escepticismo, pero yo no he visto nunca que esto suceda. Por encima de ellos, presidiendo el local, unas luces de neón dibujan la figura de un saxofonista solitario y las palabras Jazz Café. En el extremo contrario, una gran ventana circular que tiene dibujada el logo del local (el saxofonista) deja ver una calle vacía de Córdoba. Es uno de los mejores bares que he conocido. Llegué a soñar que estaba en el paraíso y al cruzar un jardín me esperaba el Jazz Café. En serio. Desde entonces he sabido que si alguna vez me voy de esta ciudad lo echaré de menos, igual que eché de menos el mar cuando me fui de Barcelona (el paraíso de mi sueño también tenía mar). Llegan los fogonazos, el bar se queda vacío, los vasos se amontonan en la barra, la música se apaga, y sólo la gran ventana con su calle solitaria y el saxofonista de neón solitario permanecen como estaban. Tu también asumes tu soledad calle arriba y recuerdas que Tracey Emin utilizó el neón para gritar su cruda soledad en sus exposiciones. Tracey Emin y su famosa cama expuesta en los museos. Una cama manchada y revuelta llena de bragas sucias y restos de botellas, ceniceros atestados de colillas, y por encima unas letras de neón que dicen en inglés “mi coño húmedo tiene miedo”. Como si tras la locura de noches de fiesta y sexo y humo y drogas, llegará el fogonazo y sólo quedara ese maldito neón de colores, tan triste siempre, en los cafés de Manhattan o en las pizzerías de Santa Coloma.

El Centro de Arte Contemporáneo de Málaga acoge una exposición sobre esta artista. Cuando llegas a esa cama algo se te remueve por dentro. Tracey Emin exhibe sus vísceras con desgarro. En un pequeño cartel hay un aviso (suele hacerlo en sus exposiciones) de que “puede herir tu sensibilidad”. Es lo que pasa cuando alguien muestra sin tapujos la pasta de la que estamos hechos: carne, soledad, humo y neones que dicen “mi coño húmedo tiene miedo”.

martes, 6 de enero de 2009

La asombrosa historia de las palabras (y III)


La historia de Mirra es bonita, cruel, pero bonita. Lo que me llamó la atención de la historia fue la relación que hacía Ovidio entre la mirra y otras plantas aromáticas como el incienso y el costo. Lo que oyen. El binomio de incienso y mirra me lo conocía, pero el tercero en discordia siempre había sido el oro, no el costo. Para empezar pensaba que era una palabra de argot para referirse al hachís, al kif, o como diablos quieran llamarlo, pero me lo acababa de encontrar en un texto del siglo I editado por Cátedra. Era el momento de consultar el diccionario. Costo: planta zingiberiana de la cual se extrae un jugo que se usa en medicina popular. Desde aquí todas las acepciones relacionan la resina del cáñamo indio con la hierba de Santa María, la verbena o la atanasia, empleadas todas en medicina popular según épocas y lugares con diferentes nombres. Plantas recogidas en fiestas paganas de solsticios que la Iglesia ha convertido en San Juan y San Pedro sin llegar a quitarles el apelativo de verbenas. En nombre de dios, siempre en nombre de dios. Entonces volví a pensar en el oro. Los dos primeros regalos de los Reyes Magos habían sido gomorresinas balsámicas según las definía el diccionario. Cierta lógica empujaba a pensar que el tercer regalo habría de seguir la misma línea. ¿Por qué se habría molestado Dios en buscar una familia pobre si luego habría de cubrir al recién nacido con riquezas? En la historia sagrada no volvía a salir mención del oro, claro que tampoco de la mirra y del incienso, sólo que el oro suele tener el defecto o la virtud de cambiar la vida de cualquier persona. ¿Acaso José y la Virgen María lo dilapidaron dando la entrada para un apartamento en Haifa? ¿Jesús se costeó el milagro de los panes y los peces a golpe de talonario? ¿No habría sido lo del oro otro invento de los que habían trascrito la Biblia? ¿No sería más fácil que el tercer cofre contuviera resina de cáñamo, es decir, costo, o aceite de María, hierba virgen y santa? Además, Ovidio sitúa el mito de Mirra en las islas de Panquea, cerca de Arabia, allá de donde venían los tres reyes magos siguiendo la estrella montados en camellos. ¿He dicho camellos? En fin, para mí está claro. Si Jesús era un iluminado tenía sus motivos.
Felices Reyes.

domingo, 4 de enero de 2009

REYES MAGOS

Por Rufino Pérez

Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar:

Ya sabéis que yo no creo mucho en las hadas y tampoco me gusta Papá Noel, pero sí creo en las brujas y en vosotros, por aquello de que sois Magos.

Os escribo más bien, para saludar a unos viejos amigos que sólo vienen una vez al año pero, como os tengo confianza y sé que siempre os acordáis de mí y me traéis algo, ni se os ocurra regalarme a mi príncipe azul, ése que cada una de nosotras espera tener una vez en la vida; en todo caso, dejadme a la rana saltarina, que ya me las apañaré yo.

Vuestra amiga,

Morgana.

sábado, 3 de enero de 2009

YO SOY DE MAMA NOEL (3) ¡¡¡FELIZ 2009!!!



Por Ruben García Cebollero



No me extraña que seas de Mamá Noel, le dijo Jesús al diablo. Pero debes saber que Mamá Noel no existe. Es sólo una ilusión.


Como tú, respondió el diablo. Lo que importa es que Mamá Noel cree que existes, y me hago pasar por ti.

YO SOY DE MAMA NOEL (2)



Por Ruben García Cebollero




Cuando los Mossos detuvieron a los tres individuos, no tardaron demasiado en confesar. Ninguno de ellos llevaba papeles, y los sacos que cargaban en camellos llevaban mercancía por demasiado valor como para creer que era legal. La confesión de los tres fue unánime: "Yo soy de Mamá Noel".


Según fuentes cercanas a la investigación aún no se sabe si esto fue a causa del incienso, de la mirra o del oro. Y que Mamá Noel respondió: para morir de amor no hace falta tener tiempo.

YO SOY DE MAMA NOEL (1)



Por Ruben García Cebollero



Después de la cena familiar apareció el empacho, pesado como los chistes de San Pedro que pretendían ser irónicos, y el vértigo angustioso del reloj. Allí estaba Mamá Noel, sonriendo tras el pino navideño. Justo por detrás de la suegra. Y cuando fue a tocarla, se pinchó.

Jesús sonrió a su hermano: "Yo soy de los reyes magos". El diablo, con lo que le quedaba de la muñeca hinchable, miró a María, a José, al espíritu santo y a Dios Padre y contestó: "Yo soy de Mamá Noel".

Y cada año me la dejáis sin carne, añadió.

jueves, 1 de enero de 2009

Charcos


Por Raquel Casas


Celebraron la última noche del año todos juntos en una gran casa de la montaña porque coleccionaban recuerdos. Ellas cantaron, bailaron y compartieron los charcos como unas auténticas chonis; ellos pusieron canciones como credos tras la duodécima uva. Y poco antes de empezar el día durmieron.
Aunque aquella noche se olvidaron la puerta abierta, nadie de fuera se atrevió a cruzarla.


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