domingo 31 de octubre de 2010

NOCHE DE ALMAS

+++ En el triángulo de la siesta -o tal vez fue sesteando en la silla de la cocina- me di cuenta, metáforas aparte, de que si la semana empieza el 24 debe terminar el 30. Pero, no me hagáis caso, que soy de letras y poco.

Por Rufino Pérez

Cuando visitas un cementerio, te das cuenta de que ritualizamos mucho la muerte y respetamos poco la vida. Esperamos al final para homenajes públicos, reconocimientos y premios. Y mientras tanto trabajamos para morir ricos.

Algunos en lugar de una moneda en la boca para Caronte, llevan un cheque de varios ceros con el que el barquero se limpia el culo ante los ojos atónitos de quien le intenta decir en varios idiomas que cualquier banco bla, bla, bla… (el viejo Caronte compadrea ya en mitad del charco con cuatro almas y una guitarra de flamenquito y palmeo).

¿Alguien sabe lo que es la vida? ¿La buena vida? ¿La vida de perros? ¿O la de gatos?

La muerte es más fácil de entender. Te mueres y ya está. Por eso nos centramos en ella, nos dolemos de ella y le hacemos monumentos. Lo peor es que no podemos montar una academia de la vida. La vida se aprende viviendo y parece ser que, a pesar de los muchos libros existentes, ninguno nos descubre o nos enseña el misterio de la vida.

Pues nada, flores para el cementerio y a vivir, o mejor a aprender a vivir. (Caronte se ha arrancao por bulerías. Dice que se quedó con media alma de un tal Camarón. Total, en la otra orilla a las almas les da igual vivir a medias. Están acostumbrados).

sábado 30 de octubre de 2010

NOCTURNO DE GATOS

Por Antonia Martos

(En la semana temática de las TRES PALABRAS)


Qué más da
si nuestros ángulos
no miden ya
lo mismo.

Si hace tiempo
que no ocupamos
la misma silla
(donde el respaldo era perfecto).

Si escribo estos versos
inútiles
el sol se esconde
y no duermo.

Si estamos juntos
y la manta de ceniza
cae sigilosa
sobre los gatos
que gritan dentro.
Qué más da…

.

viernes 29 de octubre de 2010

Del amor y otras metáforas


Per Mercè Mestre



El triángulo le dijo a la silla: -¿Me haces una metáfora?
Y la silla le contestó: -¡Espérate sentado!
(Y el triángulo se sentó y pensó muy contento: ¡Ole, esto ya parece la mitad de una casa!)




Al cabo de unos años...



La silla le dijo al triángulo: -¿Me haces una metáfora?
Y el triángulo le contestó: -¡Súbete al tejado!
(Y la silla se subió y pensó muy estresada: ¡Uf, ahora ya me está saliendo humo de la cabeza!)





MORALEJA: Las metáforas son como la película de la vida misma, pero en versión subtitulada.



... Y colorín, colorado, esta tontería se ha acabado.

jueves 28 de octubre de 2010

La fuga de Logan


Por Raquel Casas

No se movió del sofá en toda la película. La fuga de Logan era una de sus favoritas y la estaba mirando por enésima vez y comentándomela de vez en cuando, demasiado de vez en cuando; que si los robots, que si los trajes que si aquella imagen es tal o cual que lleva hacia la expresión de eso o aquello… Yo no entendía nada de lo que explicaba, pero miraba atentamente la película para estar con ella. Como estuvo comentando demasiadas escenas, me perdí parte del diálogo y de la acción, que realmente era lo que me interesaba, así que cuando salimos a tomar algo y me preguntó por mis impresiones, me sentí perdido, como navegando en mitad del triángulo de las Bermudas, casi a punto de desaparecer tragado por el agua. Me sentía idiota, y asentía a todas sus observaciones, sí sí, yo pienso lo mismo, claro claro, es evidente la intención del director… Me dolía la cabeza… Cuando ya creía que el tema estaba más que terminado y podríamos cambiar la conversación, decidí pedir dos cervezas más. Pero cuál fue mi sorpresa cuando volví a la mesa y me encontré una hoja y un boli delante de mi silla. Me senté, le pasé su botella y entonces me dijo sonriendo “¿Jugamos a los cadáveres exquisitos?” Si hubiera preguntado antes de salir corriendo, antes de fugarme como Logan, habría adivinado que el boli era un boli y no un arma asesina, y que “cadáver” no era una palabra literal sino una metáfora.

*

miércoles 27 de octubre de 2010

Esta entrada está en blanco


Por José G. Obrero


Debería escribir algo para mañana, lo sé. Pero no tengo tiempo y el pequeño caudal de segundos se me escurre entre los dedos. Incidentes triviales: una llamada, un cigarrillo, otra vez el teléfono, ojear un libro, mirar por la ventana. Debería escribir algo para mañana y pienso en el afortunado que dijo no temer al folio en blanco porque siempre tenía algo con que mancharlo (me gusta ver como el fondo se cubre poco a poco de garabatos negros, ese contraste de opuestos. Me gusta tanto que desearía ser analfabeto para intuir sólo trazos y líneas en perfecto orden, irrumpiendo de izquierda a derecha y descendiendo luego al compás de mis dedos). Debería escribir algo para mañana y tiro mentalmente de mis temas: ¿un bar? ¿Desamor? ¿Un barrio periférico? ¿Alcohol? Pongamos que hablo de un bar que contiene la esencia de todos los placeres. Catedral satinada demorando los cuerpos. Abriéndose en el aire una nube de música se mezcla con el humo. Cada vez más miradas, en el bar. Un arquero, una valquiria en el bar. Pero no es lo que quiero decir. Debería escribir algo distinto, algo nuevo, hablar quizás del carnicero al que le traen la mejor carne de ternera que jamás he comido. Tiene unos brazos fuertes que usa con violencia para cortar dos entrecots idénticos. En cada sacudida del cuchillo aparece una cruz imperfecta a la altura del bíceps. O del aparcacoches que me increpa por no darle un cigarro llamándome entre esputos “burgués de mierda” mientras señala a los turistas un hueco donde no está permitido aparcar. Debería escribir algo. En realidad nunca debí empezar.

martes 26 de octubre de 2010

Teoría de las Sillas.


Por Ena Jenado
      
    “El triángulo, como todo el mundo sabe, es ese dibujito con tres rayas que dibujamos sobre los iconos de la divinidad cristiana. Simboliza la trascendencia, la sabiduría y la triple identidad disociativa de dicho ente todopoderoso: el triángulo esquizoide que sostiene el mundo.  Pero puestos a sostener, ¿no sería más lógico dibujar una silla sobre la divina melena? ¿No estaría el mundo mejor apoyado en una perfecta superfície cuadrada que en el vértice de un ángulo? ¿Acaso se insinúa que es más perfecto un triángulo que un cuadrado?  Tal vez incluso, podría proponerse una hamaca, un sillón orejero, un taburete. Tal vez dios sea la silla.” 

Hallándome inmerso y enajenado en tan elevadas disquisiciones, empezaba a vislumbrar en ellas la sencilla fórmula  unificadora que daría explicación al universo, validaría la Teoría de las Cuerdas y me propocionaría la receta definitiva del pastel de queso, cuando fui repentinamente asaltado por una revelación de calado cósmico  mucho más potente que las cuerdas: la Teoría de las Sillas.  No puedo sino trascribir la continuación el breve fragmento que mi memoria fue capaz de retener en ese momento de apolínea y cegadora revelación.

Establecido, pues, que el cosmos tiene, efectivamente, forma, silueta y sustancia de silla, es plausible colegir que la posición natural del ser humano es la sedente, pudiéndose clasificar ésta sustancia en la siguiente categorización sistémica:
SILLA ISÓSCELES, dícese de aquellas en la que sientan dos personas cuya discusión no tiene jamas fin, pues ambos creen poseer en igual medida la razón. Generalmente, ambos están equivocados. 

SILLA EQUILATERA, dícese de aquella en la que uno/a se siente alejado en igual medida de todos los se sientan a su alrededor. Es la más habitual en reuniones familiares y compromisos ineludibles. 

SILLA ESCALENA, dícese cuando el mueble en cuestión exige colocar la servilleta de papel bien dobladita bajo una de las patas. Del gr. skalenos: cojo. 

SILLA RECTÁNGULA, silla normal.

SILLA OBTUSÁNGULA, a la derecha de la normal.

SILLA ACUTÁNGULA, pues no, no va a la izquierda de la normal, listillo/a. 
SILLA METÁFORA, generalmente, única manera de explicar la realidad. Aplíquese al texto que se acaba de leer. O no.

lunes 25 de octubre de 2010

Objetos cotidianos


Por Ester Astudillo
en la semana temática de las 3 palabras
(silla, triángulo, metáfora)


Vaso: recipiente cóncavo de medio tamaño, construido a partir de materiales diversos, que cobija un líquido, generalmente usado por los humanos para beber de él aplicando a su borde los labios.

Mesa: superficie mueble donde los humanos dejan descansar al vaso durante el evento diario de la comida.

Silla: mueble complementario a la mesa, generalmente fabricado en madera y sobre el cual, por cuestiones de comodidad, suelen reposar sus ancas los comensales.

Familia: reunión arbitraria de personas, especialmente en torno al evento diario de la comida, con la peculiaridad común de compartir entre ellas mayor proporción de ADN que la de la población estándar.

Reloj: maquinaria de muñeca o de pared que marca el momento en que se da por iniciado o concluido el evento diario de la comida.

Navidad: periodo anual iniciado a partir de un punto horario determinado, coincidente en términos generales y en nuestras coordenadas con el solsticio de invierno, en que las comidas son más copiosas e indigestas que durante el resto del año.

Triángulo: artilugio simple y metálico con dicha forma geométrica que algunos miembros de las familias utilizan a modo de instrumento de percusión para amenizar las veladas navideñas.

Alfombra: superficie textil cubriendo el suelo, con forma cuadrangular y de uso doméstico y en que, para protegerlos del frío característico de la época, descansan los pies de los comensales durante las veladas navideñas.

Profilaxis: medidas higiénico-salubres previas que deben tomar aquellos usuarios de las alfombras que opten por un uso no canónico de las mismas.

Metáfora: la metáfora no es un objeto cotidiano.

domingo 24 de octubre de 2010

TRES PALABRAS

(Por Sergio Belmonte)

Sentado en el triángulo de anea
de mi silla caduca,
veo pasar las nubes
por el cielo infinito
como los hombres pasan
por el azul del tiempo.

Igual que una metáfora
de la vida
o
de la muerte.


.

sábado 23 de octubre de 2010

PROFUNDIDAD

Por Antonia Martos











Vivir sola
comer sola
dormir sola
hablar sola.

Huellas invisibles
sobre un banco
de madera.

Larvas,
gusanos,
moscas corruptas
se multiplican bajo tierra,
escapan a la superficie
para sufrir.
.

jueves 21 de octubre de 2010

CENICIENTO


Hay quienes creen que el destino
descansa en la rodilla de los
dioses,
pero la verdad es que trabaja,como
un desafío candente,sobre las
conciencias de los hombres.
Eduardo Galeano


El futuro de los niños es siempre
hoy.
Mañana será tarde.
Gabriela Mistral


Era un niño tímido que siempre miraba al suelo, paradójicamente sin suelas ni consuelos, sus ojos analfabetos siempre andaban con el estómago vacío de mariposas mientras trataba de digerir el capullo destino, color carbón, que le minaba, que se equivocaba siempre de puerta por no saber escribir la dirección .
Él nunca asistió a la escuela, nunca pudo juntar palabras para construir cuentos con nubes de tiza. Sólo sabia interpretar sueños color ceniza que le quemaban los adentros, escritos con rescoldos de rabias, que le hacían opaco el brillo de la mirada y le robaban el aire del pulmón de la inocencia a pico y pala.

Anita


Por Raquel Casas

Conocí a Anita en clase. Era una joven japonesa que quería aprender español ya que vivía aquí con su novio español. Era muy alegre, educada y sincera. Me explicó algunas cosas de su vida que yo no podía imaginar y también algunas anécdotas, como por ejemplo el día que fue a la peluquería a teñirse el pelo de caoba y le quedó de un tono totalmente distinto: rosa fucsia. “Los asiáticos tenemos una constitución diferente de los occidentales y nos pasan cosas así. Es la genética”. Tuvo que ir al día siguiente a que le arreglaran aquel desastre multicolor porque estaba realmente ridícula.
En realidad no se llamaba Anita, tenía un nombre un poco extraño e impronunciable para mí así que cuando se estableció aquí se lo cambió. Muchos lo hacen, tienen su nombre original y el adaptado. Pero el que eligió no se parecía nada al suyo. “Me gusta Anita, me gusta por su sonoridad, me parece divertido y muy bonito”. Está bien eso de poder elegir un nombre, cualquier nombre.
Anita no podía tomar leche, ni queso; su organismo no lo toleraba; era otro inconveniente de los asiáticos, les sienta mal, tienen problemas estomacales e intestinales cuando los toman. Y pensé que por eso beben siempre leche de soja, todo de soja, nada de vaca, ni oveja, ni cabra…
Hace días que no la veo por clase; quizá ya no necesita más clases, quizá tenía una comida o una cena y ha vuelto a tomar un poco de queso para no quedar mal; quizá está en casa esperando a que se le ocurra otro nombre.

*

miércoles 20 de octubre de 2010

They Don't Care About Us

.
Por Zápiro

El lanzamiento de aquel álbum de Jacko me pilló de fin de semana en Londres. Recuerdo el luminoso gigante en Tottenham Court Road, y recuerdo mis cuitas de Moleskine. En inglés, sucede algo curioso con la palabra History. En la carátula de Sony, aparece HIS, en cursiva, y en redonda, TORY. His-story. No se me ocurre mejor título para un recopilatorio del Rey del Pop. La asimilación entre la historia y las historias se soldaba con un magnífico random: Su historia. Me gustaría saber siquiera algo de etimología inglesa para cerciorarme de que mi sospecha no tiene ningún fundamento, pero tendría sentido que la distinción entre Story y History se derivara de la distinción entre la primera y la tercera persona. Una Moleskine en perspectiva. El Rey de América y el Rey de Pop. ¿Se imaginan una definición de history según la cual quedase excluida toda story? Toda historia que incluyera un yo. ¡Incluso un nosotros!

No caerá esa breva.

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martes 19 de octubre de 2010

El precio de la imagen

(Entrevista a Linda Krunch para “La recontra” de 7 Voces)

Quedamos con Linda Krunch en el café Bola de Nieve, el local más in de la Barcelona post olímpica de los Juegos de Invierno. Nos hace esperar, pero nos entretenemos admirando los detalles de la decoración retro del garito. Como en la serie ‘Cuéntame cómo pasó’ los diseñadores han conseguido captar la estética de principios del milenio, allá cuando el Barça ganó las 6 copas. Quién les iba a decir a los culés de entonces que ahora estaríamos en segunda división.

El escáner de la entrada ha advertido que llevaba una cámara en el móvil y me lo han requisado, así que no puedo dictar el esbozo de mi artículo en su procesador de textos acústico. Me siento un poco ridícula, pero cojo una servilleta y garabateo estas palabras con un bolígrafo tal y como me decía mi abuelo que escribió sus primeras cartas de amor a mi abuela.

Por fin llega ella, la modelo más cotizada de la década. Es baja y rechoncha, perfecta según los cánones de belleza, y de sólo verla me hace sentir mal porque mi cuerpo no metaboliza las grasas pese a engullir combuterol como una posesa. Antes de que llegue a mi mesa me da tiempo de examinarla. Va tapada con un burka. Ha venido de incógnito y sólo después de que su equipo de seguridad haya hablado con los del local verificando que no hay cámaras, se quita el disfraz a lo Michael Jackson y deja a la vista sus cachetes. El resto de comensales suelta un suspiro de admiración. No se lo puedo recriminar, es bella como una musa de Botero. Cualquiera diría que no está enferma, sólo si te fijas bien puedes descubrir que sus mejillas están pálidas pese a lo rechonchas que están y la pátina de maquillaje.

7 voces: Linda, tienes ahora 23 años, estás en el momento cumbre de tu carrera como modelo, cómo has encajado el hecho de que a partir de este momento no puedas aparecer en ninguna foto.

Linda Krunch: Ahora estoy mejor. Al principio fue duro, no te voy a engañar, pero mi enfermedad ha servido para concienciar al mundo respecto a la nueva fotofobia. Gracias a mí se están salvando monumentos únicos. Las pirámides, la torre de Pisa o el Vaticano empezaron a desaparecer antes que yo, pero nadie advirtió cuál era el problema hasta que me lo diagnosticaron a mí.

7 voces: Linda se refiere al episodio que conmocionó el mundo en 2028, cuando los monumentos más celebrados empezaron a desvanecerse ante la mirada atónita de los turistas y de los gobiernos. Linda es la primer modelo nacida en la generación digital. Como toda niña de una familia primermundista fue fotografiada infinidad de veces por cámaras digitales, móviles y cámaras de seguridad. Todavía niña entró en el mundo de la moda y desde entonces su carrera vertiginosa la ha llevado a que su imagen fuera reproducida infinidad de veces. En 2030 Gooracle, la empresa de los herederos de Bill Gates, se colapsó por el número de fotos volcadas en la red y el de usuarios que la buscaban al mismo tiempo. Pero sólo cuando Linda empezó a desaparecer los científicos encontraron una relación entre la captura de imágenes y la transparencia de los monumentos que se estaba extinguiendo.

Linda: Así es. Cuando las cámaras digitales se crearon nadie sospechó que pudieran tener efectos perjudiciales. De hecho, no son las cámaras digitales, sino cualquier forma de captación de imágenes. Los indios sioux tenían razón cuando desconfiaban de las cámaras. Les robaban el alma, decían, y tenían razón, sólo que en la era analógica el desgaste era mínimo. Con la tecnología digital miles de niños del primer mundo están en riesgo de desaparecer por la costumbre de sus familiares en hacerles álbumes fotográficos hasta la saciedad. Por no hablar de las Pirámides, la Torre Eiffel o la Gioconda.

7 voces: Al final Walter Benjamin no andaba tan desencaminado.

Linda: ¿Quién?

7 voces: No importa. Y ahora ¿cómo se plantea tu futuro profesional?

Linda: Esta experiencia ha sido muy fuerte. Me ha hecho reflexionar sobre cosas que antes no había llegado a imaginar. He creado una Fundación y estamos trabajando con los diseñadores de El pixel en el ojo para crear un dibujo animado a mi imagen y semejanza. Hemos firmado contratos para protagonizar la 4ª entrega de Avatar y también para crear un SIM. Además, en la Fundación Krunch hemos atendido las pérdidas que van a tener estos lugares fantásticos que están desapareciendo. Se ha restringido el número de visitas, pero los jugadores podrán hacer turismo virtual conmigo de guía. Será fantástico.

Sister Act, reportera de 7 voces en Barcelona In

lunes 18 de octubre de 2010

The making of an idiot

Is he bound to support Toweel, this ugly little man with hunched shoulders and a big nose and tiny blank, black eyes, because Toweel (despite his funny name) is a Sotuh African? Do South Africans have to support other South Africans even if they don't know them?

J.M. Coetzee in Boyhood


Por Ester Astudillo

Está difícil la cosa hoy para competir en heroicidades y llevarse la palma. A la mínima de cambio te nominan y ale, fuera del ruedo, te quedaste sin probar el pastel. Y es que ser laureado requiere mérito, tesón, perseverancia, continuidad, resistencia ante las adversidades y un largo etcétera de otras virtudes nada en boga actualmente.

Me llama la atención la iniciativa hasta cierto punto novedosa derivada del creciente poder de los mass media: la de hacer extensiva la distinción no a los más destacados en un campo determinado, como viene siendo costumbre, sino… a los menos. No a los sobresalientes, sino a los muy deficientes. Ahí están los galardones al peor cantante del año, peor grupo artístico, peor álbum musical, peor guionista cinematográfico, peor actor secundario, la peor vestida del año, etc.

Loable me parece esa peculiar propuesta. Al fin y al cabo, en un tiempo en que la mediocridad es la norma -y me atrevería a decir que incluso el objetivo-, tan meritorios son quienes, desobedeciéndola, descuellan por arriba como quienes lo hacen por abajo.

Aun así, echo en falta la posibilidad de que seamos los ciudadanos anónimos, los españolitos de a pie, el pueblo llano, por así decirlo, quienes también podamos entrar en el ruedo de los aspirantes a galardonados. ¿No tenemos acaso merecido derecho a participar de esos excelsos certámenes, derecho a ser nominados –o no- y distinguidos si no ya por nuestra excelencia, al menos por nuestra crasa deficiencia?

De hecho, yo soy una firme seguidora de la teoría de la conspiración, lo que en tiempos se llamara el contubernio franco-masónico: me da que hay ya alguna campaña en marcha para distinguir entre los ciudadanos rasos sin más notoriedad que la que denota nuestra (abreviada) nómina, a los sobresalientes en habilidades tan diversas y divertidas como ser el más palurdo, kitsch, gamberro, maleducado, incívico, obtuso, etc.

No encuentro, si no, otra explicación para el tremebundo éxito de ventas de esas camisetas de vivos colores tan a la orden del día con leyendas estampadas en un flanco y/u otro y literales tan sesudos como ‘Yo no soy una cebolla’, ‘Jo sóc català’, ‘Yo soy … español español español…’, que lució hasta la saciedad este verano, o el consabido, simpático lema ‘Yo no soy tonto’.

Mi única enmienda a esta popular y subversiva iniciativa –me pregunto quién andará detrás-, responde a que dados los tiempos que corren y lo peligrosos que resultan los términos con doble género, se escogiera alguno que, resumiendo las principales virtudes comunes a, por abundar en lo presente, ser / no ser una cebolla, ser / no ser catalán / español y ser / no ser tonto, además gozara de la bondad de carecer de doble forma. ¿Y qué fórmula mejor que la que me viene a las mientes en primer lugar: IDIOTA?

Voz archiconocida, en boca de todos en todo momento y apta para todas las edades, géneros, orígenes étnicos, simpatías ideológicas, adscripciones religiosas o filiaciones sindicales. Mi voto, pues, voto popular se sobreentiende, para que sea distinguido en alguna de las categorías de esos novísimos galardones que, estoy segura, are in the making, es para este lema: YO (NO) SOY IDIOTA. Laureado/a el / la portador/a. Fijo.

domingo 17 de octubre de 2010

CRÁNEO PRIVILEGIADO

Por Rufino Pérez




Tenía pensado asistir a esa fiesta. Popular, de bocata y ensalada en las mesas cubiertas con papel blanco mate. Luego pensó que no. Luego lo volvió a pensar.

Se puso la camisa, pantalones y zapatos y pensó que iría a dar una vuelta. Sí, sería mejor. Respirar un poco el aire polucionado de la ciudad le haría bien.

Tenía hambre. Y en la fiesta, si al final iba, seguro que no daban más que aperitivos salados y un poco de champán que él no bebería por el ardor de estómago.

Llamaron al timbre. Vaya, qué pesado, o pesada. ¿Quién será? Justo ahora que me había decidido a salir.

- ¿Quién es? Mire, no le oigo bien y la verdad es que ya me he ido, no estoy en casa.
- Yo tampoco le oigo. No se preocupe, porque yo todavía no he llegado. Espéreme.

A la mañana siguiente, la mujer de la limpieza lo encontró en el suelo y no precisamente borracho. En la fiesta no le echaron de menos. Y la voz sí, pero un poco tarde. –¡Coño!, el del noveno, se me había ido del cráneo, bueno, lo dejaremos para otro rato.

Ahora sonreía a una guapa toda vestida de blanco medicinal, a la que, pensándolo bien y sin pensarlo también, no estaría mal invitarla a la fiesta…de la vida.

sábado 16 de octubre de 2010

LA MUJER QUE VA A MORIR

Por Antonia Martos


A Dulce Chacon


Ayer,
la guerra.

Milicianas
en primera línea,
fusiladas
con o sin niños
en sus vientres.

Cárceles franquistas
con sabor a sangre.

Hoy,
¿Dónde los llantos
por esas mujeres?

viernes 15 de octubre de 2010

Premeditació




Per Mercè Mestre



Sóc la que no.
Era la que potser.
Seré la que mai més.

Ets el que sí.
Eres el que segur.
Seràs el que per sempre més.

Som els que
(l'àcid dels dies ens ha dissolt)

Érem els que

(recordo un núvol en els teus ulls
mentre estudiàvem junts l'examen de química)

Serem els que

(demà sortirem a tots els diaris)



jueves 14 de octubre de 2010

L'home de la ciutat


Per Raquel Casas

L'home de la ciutat pensa que el bosc espanta com abans. L'home recorda els arbres verds immòbils, observant la corda al coll i les mans a les butxaques. L'home es va fer enrere a l'últim moment. No suportava la idea que el trobessin amb la trempera típica dels penjats. Tothom riuria; els arbres també riurien.
La corda va tornar, submisa, al gronxador del pati. Ningú no la va trobar a faltar. I això va ser tot.


De La dona bilingüe. Viena Edicions.

miércoles 13 de octubre de 2010

Provisión

Por José G. Obrero

Dicen que mi nombre en hebreo significa “Dios proveerá”. Vago consuelo para un agnóstico con tendencias depresivas y esporádicas crisis de ansiedad. En una de estas me encontraba cuando, en un arrebato de energía decidí mover ficha y superar el último reparo: la tristeza sin límites que provocaría en mi madre esta acción. ¿No me hacía mi madre, al fin y al cabo, el mayor de los chantajes emocionales? Así que, con grandes dosis de perspicacia y temeridad, me volqué en el que sería mi último proyecto: localizar al tipo que pondría fin a mi vida. Y aunque fue una tarea tan larga y paciente que no vale la pena extenderse ahora en describir los detalles, la elegida, finalmente, sería una mujer. Elsa era idónea, tenía la mirada pétrea subrayada por unas profundas ojeras fruto del cansancio de vivir con un agujero económico que la tenían en la cuerda floja, y cuatro hijos que los Servicios Sociales, vigilaban desde hacía meses. Aceptaba correr el riesgo porque al fin y al cabo “todo estaba ya perdido”. La suma que le ofrecía en dos partes, (como aleccionan en las películas) le darían para comenzar una nueva vida o, al menos, para dársela a sus hijos. Le entregué la primera parte del dinero y una semiautomática con silenciador. El requisito indispensable: yo no debía ser consciente de que iba a dispararme. Debía hacerlo cuando yo estuviese distraído. Quién sabe: tomándome una copa en el bar de abajo, paseando un atardecer por la ribera, saliendo del supermercado con mi carrito de la compra. Le pasé un detallado informe sobre mis datos, dirección y hábitos para que tuviese opciones. Y nos despedimos, fríamente, solución y problema.

Durante la semana sentí su presencia cientos de veces. Temía obsesivamente que llegase el momento. Cuando me enteré de manera azarosa, que poco después a nuestra reunión se había volado la cabeza con la semiautomática, me inundaron unas terribles ganas de seguir con vida. Aún me quedan la mitad de mis ahorros.

lunes 11 de octubre de 2010

Ouija


Following a faint stain on the air to the river’s edge
I enter water. What am I to split
the glassy grain of water looking upward I see the bed
of the river above me upside down very clear

TED HUGHES in ‘Wodwo’


You lead me down to the water's edge

Let's take a rest on the riverbed

You lead me down to the water's edge

You're all that I need, you go ahead

MORCHEEBA in Dive Deep

S went over the house –into every room, down into the cellar, out onto the deck. In each area she stood still, with her head tilted to one side. Finally, she went into the kitchen.‘There’s nobody in the house now’, she said,’ ‘but right here there’s a channel where the entities come and go’.

‘A channel?’

‘Sort of like a tunnel. A link’, said S. ‘They have come into our world and then they go out of it, right here.’

MARGARET ATWOOD in Moral Disorder

by / por ester astudillo


let’s do anything you like

i won’t mind your game

or if you play tricks

any board will do

a couple of dice

on a table

you follow?


we should sit

you and me

face to face

-sides won’t do-

and hold hands

and press hard

don’t mind pain

dark’s all right

no blindfold

over eyes

place your index

on the heart

hold back pushing

easy, relax


let’s play now

there's two worlds

them and us


one go no more

let’s contact the living


* * *


hagamos algo

elige una cosa

no importa tu juego

ni si haces trampas

un tablero basta

y un par de dados

sobre una mesa

¿puedes seguirme?


siéntate ahí

en frente de mí

cara a cara

no de perfil

dame la mano

y aprieta fuerte

no dolerá

sin luz está bien

sobra la venda

abre los ojos

pon el índice

en el corazón

sin empujar

suave y flojo


ahora juguemos

a que hay dos mundos

nosotros y ellos


un intento nomás

de hablar con los vivos

domingo 10 de octubre de 2010

A PRISA

Adictos sin remedio a la rutina,

con prisa caminamos

entre un sinfín de cosas cotidianas

con la estúpida idea

de ganarle un segundo a nuestras horas.


¿A qué este acelerado devenir?

¿A qué tanta presteza

cuando el premio final,

la gris medalla del anonimato,

es igual para el último

como para el primero?


sábado 9 de octubre de 2010

Haiku

Por Antonia Martos


Pétalos rojos
bailan en la copa
y yo respiro.

viernes 8 de octubre de 2010

SERDAMA



SERDAMA

Perfil lorquiano de dueña de miradas
cuerpo enjuto tejedor de tiernos abrazos
largas manos con sombras de recias viñas
cómplice paridora de siete secretos.

Viva y vivida, con la intemporal edad de la madurez,
el destino te restó dos años de impuestos,
bautizada dos veces con rencor y sin olvido,
nacionalizada dos veces , norte y sur.

Aroma de granada con dura corteza
envuelto de sabor a madre, de olor a puchero
de recuerdos de sombras grises
vestidas con disfraces de guerras.

Tú y yo nos hemos abrazado tarde,
nos hemos conocido pronto,
pero un día de lunas, vendrás a casa.

jueves 7 de octubre de 2010

Chicos listos



Por Raquel Casas

Ayer estuve ojeando la prensa digital. Y de todo lo que leí me llamaron la atención dos artículos breves, una videonoticia y una noticia.
La videonoticia dice: “Se buscan modelos para hacer de dependientes”. Vaya, chicos guapos, guapísimos en alguna tienda para que alegren la vista a mujeres como yo, para que entremos atraídas por el reclamo de una cara guapa y un cuerpo Danone, y quizá compremos algo que no necesitamos, seguramente algo muy caro, carísimo. Ya me imagino la sonrisa picarona y perfecta de algún Adonis de 1.90 de altura mientras me enseña un abrigo de piel o un anillo de diamantes. ¡Resistiré! Por supuesto no hay peligro en el súper, estoy segura de que estos chicos guapos no van a hacer de reponedores ni a cobrarnos la compra semanal en la caja, nada de todo eso. Ni tampoco estarán en la obra de enfrente de tu casa, ni ayudándote a poner gasolina, ni vendiendo pescado en el mercado, ni mucho menos te traerán una pizza a casa en una moto vieja; son chicos listos.
Y la noticia decía: “En la tumba de Santiago apóstol puede haber un asno”, afirma Arsenio e Ignacio Escolar en La nación inventada, una historia diferente de Castilla. Vaya, pensé, Arsenio e Ignacio quizá no serán nunca dependientes atractivísimos pero con este comentario en su libro me han hecho sonreír y pensar que en España hay muchos tipos diferentes de “chicos listos”. Habrá que estar atenta.
*

miércoles 6 de octubre de 2010

Los cínicos no sirven para este oficio

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Por Zápiro

No me gusta que me despachen como a un asesino cualquiera. Nadie diría que todos los camareros son maitres, o que todos los contables son brockers, o que todos los franceses son maricones. Cuando algún periodista, alcachofa en ristre, cruza el módulo de la mano de mi abogado, le miro fijamente y le doy a entender que no pretenda tratarme como a un triste violador al que se le fue la mano. Esos peleles ni siquiera deberían estar en la cárcel, sino en la tele, precisamente. En la tele sólo hay sitio para dos tipos de delincuentes: el arrepentido y el experto. El resto son anuncios.

El otro día estuvo aquí un periodista. Me preguntó si era cierta la leyenda de que, después de matar a mis víctimas, me pongo a hacerles preguntas. Le contesté que no, que no me gustan las respuestas previsibles. Se puso un poco nervioso y acompañó su ruego con una coletilla solemne en torno al rigor de su programa. “Estoy convencido de que el rumor es cierto”, dijo, así que le apremié a que contrastara sus fuentes. Creo que es así como lo llaman. Cuando entraron los guardias ya se había desangrado, pero me dio tiempo a cortarle las dos orejas y guardarlas debajo del colchón. Sabe Dios que desde entonces no me ha oído dirigirle una sola pregunta. En realidad, no soporto los programas en diferido.
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lunes 4 de octubre de 2010

Contar hormigas

Fear can stop you loving
Love can stop your fear
Fear can stop you loving
But it's not always that clear
MORCHEEBA in Undress Me Now


Segurament mai no hi ha hagut un ideal tan demencial i tan errat en la pràctica com l'ideal de la practicitat
GILBERT K. CHESTERTON

Por Ester Astudillo

Para pasar las tardes del domingo
ligero

hay que haberse pertrechado antes.

A menos que seas sufragista

con consignas oxidadas,

ira

y octavillas en cola de impresión;

o si eres estibador a destajo,
hosco, desaliñado, barba de dos días,

andando siempre entre la bruma turbia
del lumpen
y las bocinas.


Así que planifico de antemano

quehaceres banales.


A menudo es un reto

que las horas consientan.


Me acuerdo de los cuerpos.
Hacerme las cejas,

o un peeling –descarto la musculación.

Revisar las existencias higiénicas.
Repasar botiquín y nevera

-el Dalsy quiere frío.


O salgo a la calle,
me llego hasta el muelle vacío

a cielo abierto (30 min.),

me apeno por los de la armilla ambarina

(momentáneo)

y por la acritud de su gesto.

Puede que me siente en un banco del parque,

no por nada,

si hace frío.

Cuento hormigas,

curioseo entre gatos muertos.

Luego me voy para casa

ya caída la noche.


Entonces incluyo ese domingo
entre los casos de éxito

y hago una muesca en la libreta.



domingo 3 de octubre de 2010

De dos en dos.

Por Rufino Pérez.


VERSIÓN A

Su aliento huele a cebolla frita cuando le golpea la nuca. A conserva de pimientos en otoño. A condimentos y especias picantes que ha paladeado escasamente en las tres, tal vez cuatro, ocasiones en que ha salido a cenar fuera a algún hindú o un paki. Le desagrada, pero no se deja intimidar: prefiere acoger el temblor cálido y mojado de sus labios tan cerca, todavía sin girarse.
Debe alargar este momento sin que perciba su inexperiencia, ganar algo de tiempo. Le queda a mano, justo a la altura del omóplato izquierdo, en la rebaba mugrienta de la repisa, un cenicero con colillas hasta los topes. Se desliza subrepticiamente por la pared, apenas rozando el sofá, sin dejar de acomodar su tibio abrazo, y con suma destreza noquea el borde del cenicero al tiempo que se dejan caer, prono uno encima del otro, sobre el cubresofá verde y mohoso.

Durante un segundo infinito, su mejilla se aplasta contra la pringosa cretona, siente el áspero y grueso hilado clavarse en su piel, su olfato inhala el pútrido hedor de la tela, en sus labios presiente el sabor acre del verdín y el ácido beso de la cebolla; en su nuca persiste el aliento mustio y sofocante y, más abajo, percibe la mano viscosa que repta y hurga entre sus muslos. Y aunque no puede verlo, fantasea anhelante cada giro y vuelta y viraje del cenicero que cae en un pozo sin fondo y cada trayectoria de cada colilla hasta el suelo pringoso, hasta que finalmente el segundo eterno finaliza, el cenicero halla su destino y una afilada explosión de cristal interrumpe todo contacto. Ambos se incorporan bruscamente, uno tenso, el otro momentáneamente aliviado.

Eso no evita que durante unos segundos ambos se queden congelados, esperando el uno del otro una reacción. Finalmente se decide a zafarse del torpe y aromático sobón con más nerviosismo que brusquedad, y con un gesto tímido abre la puerta. La breve apertura sólo deja entrever el rostro surcado y enjuto de un anciano. ¿Quién es? ¿Qué quiere? Porque no dice nada a pesar de que su mano tiembla y sus ojos se ensanchan sobre el rostro como si quiera gritar o cantar. La respuesta no se demora, la puerta cede y el débil cuerpo del visitante se precipita hacia delante, arrastrándola en su caída, otra vez sobre los restos de colillas y el maldito cenicero (cuántas veces se prometió dejar de fumar y ahí sigue atestado de ceniza).

El anciano y ella descansan en el suelo en una postura casi imposible. Pesa. Y él aún en el sofá, atónito, ni se inmuta para ayudarla. Como siempre, tendrá que hacerlo ella sola. Recuerda la escena de Kill Bill en la que Uma, enterrada viva, golpea la tapa del ataúd hasta romperlo. Y empieza a hacer lo mismo pues el olor a puro, coñac y Baron Dandy la están mareando y teme desmayarse. Justo en el momento en que él se da cuenta de la situación, reacciona y se levanta del sofá para ayudarla, el cuerpo del viejo se desplaza hacia un lado y la deja libre, pero con restos de peste en su ropa y en el pelo. Él le ofrece una mano pero ella la rechaza y se levanta de un salto mientras
mira extrañada aquel cuerpo sobre la moqueta.

Encadenada a su suerte, sin tiempo para escribir una simple nota de socorro ni una vulgar lista de supermercado y mucho menos una pormenorizada, literaria y antológica descripción de lo que le está pasando en ese estúpido pero crucial momento, la futura heroína de Tarantino abandona su tumba y, con paso decidido y turbulento, sacudiéndose el polvo del cuerpo y desanudándose las guedejas, atraviesa el contraluz de la puerta y dirige su siniestra y algo más que esperpéntica silueta hacia la puerta del vecino de enfrente: sospecha que Carolino tiene algo que ver con el intruso.
Ahora ya sabe que ha sido vigilada por su vecino y que el cuerpo del anciano que yace en el suelo es un aviso, una amenaza, por lo que aporrea la puerta de Carolino mientras le llega una voz entrecortada desde su casa diciéndole
que huya sin perder un segundo.

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VERSIÓN B

Su aliento huele a cebolla frita cuando le golpea la nuca. A conserva de pimientos en otoño. A condimentos y especias picantes que ha paladeado escasamente en las tres, tal vez cuatro, ocasiones en que ha salido a cenar fuera a algún hindú o un paki. Le desagrada, pero no se deja intimidar: prefiere acoger el temblor cálido y mojado de sus labios tan cerca, todavía sin girarse.
Debe alargar este momento sin que perciba su inexperiencia, ganar algo de tiempo. Le queda a mano, justo a la altura del omóplato izquierdo, en la rebaba mugrienta de la repisa, un cenicero con colillas hasta los topes. Se desliza subrepticiamente por la pared, apenas rozando el sofá, sin dejar de acomodar su tibio abrazo, y con suma destreza noquea el borde del cenicero al tiempo que se dejan caer, prono uno encima del otro, sobre el cubresofá verde y mohoso.

El cenicero, sin embargo, golpea suavemente la untosa moqueta y, sin romperse, deposita sobre ella su hedionda carga. Se maldice por no haber pensado en ello mientras intenta discurrir, una mano convulsa sobre su glúteo trémulo, la lengua espesa y pegajosa recorriendo su nuca, otro subterfugio; sin éxito. Manos ávidas buscan la hebilla de su cinturón mientras el peso aumenta y siente el aguijonazo de los muelles del vetusto sofá, y el polvo que invade su nariz. Decida darse la vuelta e intentar dominar la situación en supino pero, en su bisoñez, no encuentra modo de hacerlo. En el mismo instante en que el botón de sus pantalones se desata, unos nudillos salvadores golpean la puerta.

No piensa lo mismo el encebollado amante cuyo oído se encuentra obturado por la premura y la excitación. A pesar de que los nudillos arrecian contra la destartalada puerta que pierde a cachos parte de sus astillas. ¿La está embistiendo? Sí, con toda la torpeza de su carne perlada ya en sudor. Quién le iba a decir a ella a su corta edad, que su primera experiencia estaría dominada por la curiosidad y el temor del desconocido que, insistía en aporrear la casa de su madre. ¿Sería ese hombre valiente, con mala suerte, que dicen es su padre? ¿Habría salido en libertad?


No, no podía haber salido en libertad tan pronto, sólo habían pasado 5 años; la condena era más larga, seguro. Pero tenía tanta curiosidad, tenía tantas ganas de ver el rostro de aquel que decían que era su padre, que no podía imaginar otra cosa. Aunque, quizá, simplemente era la vecina pesada. Y además, esos golpes, esos nudillos, esa insistencia la estaban distrayendo y nunca podría explicar con detalle cómo fue su primera relación sexual. ¿Qué iba a recordar? Que fue en un sofá cutre; que no lo esperaba; que llamaban a la puerta con insistencia; ¿que no se levantó a abrirla porque temía esos nudillos?

Con poco tiempo para reflexionar sobre lo irreal y absurdo de la situación y a un paso del desconsuelo tras llegar a la precipitada -y seguramente inmadura- conclusión de que su vida hasta hoy no ha sido más que una serie de desafortunadas secuencias mal montadas -nunca mejor dicho-, decide de repente aplazar su tonto destino de florero desflorado y de un salto se libera de zarpas, muelles, polvo, saliva, lengua y demás turgencias y aromas intensos para convertirse momentáneamente en su propia Juana de Arco. Sin anestesia y con ánimo explosivo, descorcha la puerta y, ante su sorpresa, descubre la sombra huidiza de su salvador y una nota en el suelo. Al agacharse a recogerla se le escurren los pantalones mal abrochados y un conato de grito alarma al vecindario.

Se incorpora mientras se abrocha los pantalones. Corre hasta la barandilla de la escalera. Continua gritando con todas sus fuerzas. Abajo la sombra sale del ascensor y escucha los gritos ensordecedores que llegan desde arriba. Descubre que son los de su hija. El miedo se apodera de la sombra que corre y corre sin mirar hacia atrás. Una vecina llama a la policía y el amante encebollado se fuma un cigarro.
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Ninguna de las dos versiones le complacía. Ella hubiera querido ser escritora y en los dos últimos años había escrito mucho. Sobre todo, había escrito sobre sus recuerdos. Y siempre lo hacía envolviéndolos en un aura de misterio, de intriga. Le gustaba lo truculento, lo retorcido, lo sórdido y desagradable. Joder, la iban a ajusticiar esa misma noche y no había sido capaz de decidirse por una sola forma de novelar. Es que, por un lado, no quería dejar muy mal al personaje de su marido, quería heroizarlo –era una palabreja de las que había aprendido últimamente- pero, coño, era tan difícil.

Siempre había sido así. Todo había sido de dos en dos. Menos la vida, que sólo tenía una, y por poco tiempo. Tuve dos padres, uno natural que se cargó a mi otro padre, un anciano de gesto amable pero mente retorcida, que casi viola a su nieta, mi hija. Y mi padre-padre, que murió como yo voy a morir. Mira, dos cosas también iguales. Tuve dos novios, el primero se llevó mi primera vez y ya no lo volví a ver. Nunca supo que tuvo una hija conmigo. El segundo –que aún no me explico por qué me casé con él- tenía siempre un aliento apestoso, de olor a cebolla –que yo nunca cocinaba, por cierto-.

Me lo cargué yo por infiel y porque ya no me hacía tilín, había perdido fuerza de empuje. También he tenido dos vecinos –bueno tenía más pero éstos eran los únicos a los que puedo llamar vecinos- La mujer, otra mártir del matrimonio que llamaba a la policía ante cualquier ruido sospechoso en la escalera. Y él, Carolino, un viejo verde que estaba siempre buscando rollo conmigo, me espiaba y hasta tenía vídeos grabados. Se meó en los pantalones cuando la policía le dijo que tenía que interrogarle la noche en que se cargaron a mi segundo padre.

Y tengo dos manías, una la de fumar y fumar. Siempre he querido dejarlo y nunca lo he conseguido. Y ahora, hoy que me han traído todos los paquetes de la marca que he querido, ahora, no me he fumado ninguno. Es mi otra manía, hacer las cosas sin lógica, con lo cual todo me sale al revés.

-Es la hora.

Ah, qué susto, estaba yo tan metida en mis pensamientos... He matado y me dejaré morir. Siempre el dos, la dualidad. Se ve que el corazón a estas horas se ha puesto tierno. Me llora por los poros de la piel. Lo siento en la entrepierna mientras camino por el corredor…¿De la muerte? ¿De la vida?

sábado 2 de octubre de 2010

El relato encadenado (VI/VII)

Por Antonia Martos
Para la semana temática del relato encadenado


6.a.
Ahora ya sabe que ha sido vigilada por su vecino y que el cuerpo del anciano que yace en el suelo es un aviso, una amenaza, por lo que aporrea la puerta de Carolino mientras le llega una voz entrecortada desde su casa diciéndole que huya sin perder un segundo.

6.b.
Se incorpora mientras se abrocha los pantalones. Corre hasta la barandilla de la escalera. Continua gritando con todas sus fuerzas. Abajo la sombra sale del ascensor y escucha los gritos ensordecedores que llegan desde arriba. Descubre que son los de su hija. El miedo se apodera de la sombra que corre y corre sin mirar hacia atrás. Una vecina llama a la policía y el amante encebollado se fuma un cigarro.

viernes 1 de octubre de 2010

Relato encadenado V de VII

Por Mercè Mestre


5.a.
Encadenada a su suerte, sin tiempo para escribir una simple nota de socorro ni una vulgar lista de supermercado y mucho menos una pormenorizada, literaria y antológica descripción de lo que le está pasando en ese estúpido pero crucial momento, la futura heroína de Tarantino abandona su tumba y, con paso decidido y turbulento, sacudiéndose el polvo del cuerpo y desanudándose las guedejas, atraviesa el contraluz de la puerta y dirige su siniestra y algo más que esperpéntica silueta hacia la puerta del vecino de enfrente: sospecha que Carolino tiene algo que ver con el intruso.


5.b.
Con poco tiempo para reflexionar sobre lo irreal y absurdo de la situación y a un paso del desconsuelo tras llegar a la precipitada -y seguramente inmadura- conclusión de que su vida hasta hoy no ha sido más que una serie de desafortunadas secuencias mal montadas -nunca mejor dicho-, decide de repente aplazar su tonto destino de florero desflorado y de un salto se libera de zarpas, muelles, polvo, saliva, lengua y demás turgencias y aromas intensos para convertirse momentáneamente en su propia Juana de Arco. Sin anestesia y con ánimo explosivo, descorcha la puerta y, ante su sorpresa, descubre la sombra huidiza de su salvador y una nota en el suelo. Al agacharse a recogerla se le escurren los pantalones mal abrochados y un conato de grito alarma al vecindario.