lunes 31 de enero de 2011

El paro como monopolio


Por Ester Astudillo
en la semana temática del paro


Me pregunto cuándo dejamos de sorprendernos aquí, en nuestra patria chica –cada cual en sus exactas coordenadas- por la inagotable presencia de indigentes habitando las calles. El ‘objeto’, por decirlo en términos lingüísticos, existió mucho antes que el nombre con el que hoy los conocemos: hubieron de pasar años y un proceso de apropiación del anglicismo, traducido literalmente sin gracejo alguno, para que los ‘sin techo’ empezaran a poblar las noticias de diarios y televisiones. El romántico concepto decimonónico de ‘pobre’ había quedado obsoleto, o al menos resultaba a todas luces insuficiente.

Muy a principios de los noventa, una docente universitaria del país explicaba como anécdota que en sus estancias académicas en las urbes norteamericanas jamás se había podido acostumbrar a esa presencia molesta y acusadora que, paradójicamente, resulta invisible para buena parte de conciudadanos, y que se había permitido defender ufanamente la superioridad de su patria –cuanto menos en eso- porque allí –o sea, aquí- hasta entonces ese fenómeno era inexistente. Probablemente aquel comentario vino motivado porque la indómita presencia en las calles empezaba ya a dejarse notar aquí también, más bien más que menos.

De eso hace ya dos décadas cumplidas, años que coincidieron con los últimos coletazos de la crisis de los ochenta, la ilusoria promesa de creación de los famosos 800.000 puestos de trabajo de Felipe González –el paro rondaba el 20%, como ahora, pero desentonábamos en la recién estrenada Europa de los 12; ahora continuamos desentonando, claro... pero por otros motivos- y el despegue para la gran burbuja de gilipollez-especulación-bonanza que trajeron los gobiernos Aznar del 96 en adelante. De aquellos barros vienen estos lodos.

Rajoy lo va a tener bonito para ganar las próximas elecciones, como bonito lo tuvo Zapatero aquel marzo de 2003 por razones sobradamente conocidas. Como lo ha tenido bonito Mas en Catalunya este pasado noviembre. Bondades de la alternancia política.

Post Scriptum: sin embargo, la alternancia forzada como consecuencia de la desesperación de los ciudadanos-votantes está destinada a desilusionar... y a fracasar. Fácil es para los aspirantes a políticos persuadir a los ciudadanos de un inminente mañana mejor cuando se encuentran estos sumidos en el valle de la desesperación, en que cualquier alternativa se ve necesariamente como clemente: uno no puede caer ya más abajo. Como es comprensible también la credulidad de los votantes, que fijan fetichistamente su necesidad de esperanza y de fe en el cambio político como efemérides celebratoria: revulsivo personal –al modo de la supersticiosa fe en el milagro de la lotería, renovada cada fin de año, y en tiempos de penuria aun más- y también revulsivo gregario. Pero tanto los unos como los otros se están engañando, a sí mismos y a los demás. Aunque claro está, eso a los políticos les importa más bien poco: nacieron ya cínicos. Con paro. Sin paro. Y todo lo contrario.

domingo 30 de enero de 2011

ME DUELE EL MUNDO


(Sergio Belmonte)



Me duele el mundo en el costado,
aquí, entre el páncreas y el apéndice.

Al principio creí que era cosa del doctor.
me hizo un rápido análisis de orina,
me puso mala cara, me prohibió la bebida
y me mandó reposo para el fin de semana.
me ha bajado un poco el colesterol,
sin embargo, la polisemia del hambre
me sigue oprimiendo las costillas.

Más tarde fui de consulta a un psicólogo
que me atacó sin piedad con sus pastillas
como un loco al borde mismo de la demencia.
Algunas me quitaron el dolor de cabeza,
pero ninguna me quitó la soledad,
ni el vértigo insobornable de la existencia.

Luego pensé que era cuestión
de hablar con el sacerdote.
me dio una explicación metafísica del hecho:
- tanta blasfemia no es buena para el riñón
y después, biblia en mano y alzado el dedo,
me asaltó con su ejército de salmos.

Como me duele el Dios de las beatas,
el que se cruza de brazos
y deja que nos untemos las uñas con ceniza
y que manchemos con sangre nuestra historia.

Aún me duele el mundo en el costado,
los otoños por correo,
el amor de microondas,
aquí, entre el páncreas y el apéndice
me duele ser hombre


y al final


un olvido de polvo derrotado.



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sábado 29 de enero de 2011

Postales en movimiento: 2

Me he fijado en el tipo cuando estábamos en la estación. Quizá la bolsa enorme que carga a la espalda mientras recorre inquieto el andén de extremo a extremo como si no pudiera esperar sin moverse la llegada del tranvía, o su mirada alterada que arremete a los ojos de quien le mira antes de ponerla rápidamente en fuga, como quien propina un golpe e inmediatamente se bate en retirada. Luego me olvido de él, entramos por puertas diferentes y, después de validar la tarjeta, me coloco en el lado inverso. Me entretengo en mirar a la gente que hay cerca cuando cruza otra vez ante mí, la bolsa cargada del hombro, la mirada igual de agitada como el incisivo puntero de un láser en movimiento. Se para junto a una mujer joven que lee un libro pero ella acaba por levantar la vista alertada por su acercamiento sin motivo. Cuando se ve sorprendido pasa de largo, se va hacia la otra punta del tranvía, da la vuelta y vuelve a pasar hacia el otro lado. Yo sigo con curiosidad su deambular inquieto, en un punto equidistante entre animal asustado y secuestrador que rebusca entre los rehenes al próximo a quien descargarle el tiro de gracia. Ahora, unos metros más allá, veo que se sienta junto a una adolescente que mira por la ventana. Otra cosa no, pero para las mujeres tiene buen ojo. Una anciana que también viaja de pie me hace esta observación cuando ve que estoy reparando en el tipo. Cada día lo mismo, buscando chicas guapas y arrimándose a ellas lo que puede. Es un enfermo. Sí, le contesto, me he dado cuenta de que no era muy normal cuando estábamos en el andén. La mujer empieza a hablarme de las veces que lo ha visto y de que siempre hace lo mismo, que cuando alguien se enfrenta con él baja en la siguiente parada. Luego me relata algunos lances y me habla de los locos que andan sueltos por la calle, de los delincuentes, de los violadores y de los pederastas, sobre todo de éstos. Me cuenta que tiene dos nietos preciosos y que si algún día alguien le pusiera la mano encima no sabe de qué sería capaz. Me lo dice casi apretando los dientes, unos setenta y pocos años, chaqueta austera y un pequeño bolso de charol negro cruzado del hombro. Yo le digo que es verdad que hay mucho loco suelto. Entonces vemos que el tipo se acerca otra vez y los dos desviamos la vista hacia él instintivamente, cargando de reproche nuestras miradas y haciendo que se detenga, que recule y que acabe por volver sobre sus pasos hasta situarse en el otro extremo del tranvía, junto a una puerta de salida. La mujer, satisfecha por la victoria, sigue hablándome de sus nietos y hasta me enseña una foto que lleva en el monedero que saca del bolso. Preciosos, le digo. Lo guarda y se despide de mí, la siguiente es la mía, me anuncia. Antes de que se cierren las puertas yo también me bajo. Camino tras ella, la calle está oscura y sólo se oye la pauta acompasada de sus pasos y, un poco más apagados, los míos, como un eco que apenas se distingue del sonido que repite. Pero ella acaba por notarlo y veo que se detiene lentamente antes de mirar hacia atrás. Cuando agarro la correa de su bolso y lo estiro con fuerza se me queda mirando confundida, como si no entendiera qué estoy haciendo en su calle si hace un momento estaba dentro del tranvía.

Jordi Macarulla

viernes 28 de enero de 2011

LA CONQUISTA DEL WC



Una vez más fue a visitar ese lugar, metafóricamente llamado inodoro, que le resultaba tan insípido. Era un espacio de descomidas y desbebidas certezas, un ritual de confirmaciones de la falta de libertad de la cajita tonta que era su cuerpo.
Cada cierto tiempo había que pagar el impuesto a mamá naturaleza y dejar la huella de nuestros humores tacita a tacita de wc a wc y tiro porque me toca.
No había forma de rebelarse contra la llamada de ese agujero negro que se llevaba lo corriente, entre corrientes, a golpe de cadena y entre rumores de necesarias rutinas.
Esa pequeña balsa de agua estancada, es donde nadan las peligrosas sirenas que cantan a la dependencia, donde flotan los poseidones con los tridentes clavados en nuestras posaderas y donde las medusas se enroscan en nuestro tiempo como venganza de los dioses que nos habitan.
Es un secreto a voces que nadie comenta, que a nadie parece asustarle, que todos aceptamos con naturalidad, incluso se da la triste paradoja de que quien no come, también descome: MEA culpa.
Tal vez la conquista del water sea un gran descubrimiento para la humanidad….un paso a una republica independiente de nuestra casa, sin más tronos….ni más excusados.

jueves 27 de enero de 2011

Remakes



Por Raquel Casas

Todos los remakes son malos, pero rentables. Aunque ahora que lo pienso, algunos han sido sonados fracasos. No me gustan los remakes americanos, son pura holgazanería. Tienen la mala costumbre de coger una película estupenda y convertirla en una copia falsa de sí misma, en algo inverosímil. El otro día vi Quarantine, el remake de la española Rec, y no me dio nada de miedo. Pasé el rato comparándolas y recordando los sustos y saltos que di cuando la vi por primera vez en el Festival de Cine de Sitges. Nada que ver. Otro fiasco es La máquina del tiempo, qué mala. De pequeña había visto mil veces El tiempo en sus manos y me encantaba. Pero la nueva versión me decepcionó, cómo no; pensé que se había convertido en otra americanada de acción. Y mira que la primera tenía un buen argumento. La burrada más sonada que he visto es Vanilla Sky, el remake de la genial Abre los ojos; creo que en mi vida me he sentido tan estafada; qué bodrio, qué aburrimiento… Otro argumento increíble destrozado.
Pero la lista de películas descafeinadas es amplia, sobre todo en el género de terror: The ring, El grito, Psycho, Solaris, Halloween, La guerra de los mundos, La momia, La noche de los muertos vivientes… Prefiero las secuelas de Viernes 13 o Pesadilla en Elm Street antes que un remake. Seguro. Aunque para ser justos, no hay que despreciar algunos buenos remakes como La mosca o la estupendísima La cosa.
Quizá me pasa algo parecido con las adaptaciones de novelas, ¡qué tensión paso en el cine! Pero ese tema mejor dejarlo para otro día.

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miércoles 26 de enero de 2011

El punto checo

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Por Zápiro, que vaya bonito.
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El Memorandum de Kordt no dejaba lugar a dudas: "Se le considera uno de los hombres más influyentes en el gobierno británico". Sir Horace Wilson había recibido al diplomático alemán en un piso franco de Cornwall Gardens, dada la filiación de Kordt a la resistencia antinazi, pero terminaría recibiéndolo en su despacho de Downing Street, doce días después, para atender al mensaje que la prima de Kordt hubo de aprenderse de memoria y cantarlo de corrido a su llegada a Londres. Ocho largos años en el Ministerio de Trabajo habían convertido a Sir Wilson en la eminencia gris del primer ministro. Tras el desastre de Múnich -del que se le culpó personalmente-, llegaría a ser el emisario de Chamberlain ante Hitler. Pero las líneas que mejor definen el carácter de Wilson quizá sean las de Lord Woolton: "Su intuición y su capacidad eran inestimables, pero creo que como más ayudó a los jefes de gobierno fue con su simpatía... Tenían en él alguien con quien hablar". Con Theodor Kordt, sin embargo, el funcionario hizo oídos sordos al peligro inminente de invasión alemana en Checoslovaquia. La delegación de la resistencia antinazi, liderada por Kleist, pretendía de Londres una declaración firme e inequívoca en defensa de Checoslovaquia. De producirse, le explicó Kordt, en Alemania se darían las condiciones necesarias para que un golpe de Estado desalojara a Hitler de la Cancillería. También Churchill recibiría a Kleist en esos días, y aunque parece obvio que hubo de apoyarles, en sus memorias olvida referir ese encuentro, como sin embargo refiere otro, de similares características, con el embajador soviético. "Como enseguida me pareció que la cuestión tenía la máxima importancia, le envié un informe de todo esto a Lord Halifax en cuanto acabé de dictarlo." A grandes rasgos, el embajador Maiski se limitó a confirmar que, si había invasión alemana, Rusia respondería.

La obsesión de los ingleses -de todos los ingleses- nunca fue Checoslovaquia, sino la respuesta soviética a dicho ataque. "Si Hitler no exitiera", rezaba un Daily Mirror de 1936, "toda Europa estaría clamando por un campeón" que les librara de la amenaza bolchevique. El presidente checo, no en vano, había sido determinante en las purgas estalinistas del 37, y aunque se había comprometido a incumplir sus tratados con Francia -a cambio de que Hitler respetara la línea Sigfrido-, los ingleses le daban por seguro hombre de Stalin. ¡También Italia había incumplido sus tratados con Austria durante el Anschluss y no por ello había perdido su margen sobre Abisinia! Rusia, en realidad, quería para Checoslovaquia una solución distinta que para España, donde sus esfuerzos por contener la Revolución habían dado al traste con la unidad en el Frente, y no por ello minaba el Principio de No Intervención, clavo ardiendo de Europa contra Rusia mientras España se desangraba. Veintitrés de agosto de mil novecientos treinta y ocho. En Cornwall Gardens, no muy lejos del Támesis, Wilson garantizó que el mensaje de Kordt llegaría al primer ministro, pero no hubo promesas de apoyo. "Sería el colmo que las dos principales razas blancas se exterminasen en una guerra", dijo Sir Horace. Y lo argumentó de esta guisa:

- Gran Bretaña y Alemania efectivamente son los dos países mejor gobernados y en los que reina mayor orden. Ambos se han construido sobre la base del principio nacional... El único principio factible en las relaciones humanas.

martes 25 de enero de 2011

Las estrellas fugaces en la cola del paro

(adelanto de la semana temática dedicada al paro. Por Carso)

En la cola de las oficinas de empleo se aprenden muchas cosas. El otro día, sin ir más lejos, aprendí el sentido que tiene las estrellas fugaces en Mongolia. Me lo contó un tipo que había tomado por chino. No se ofendió, estaba acostumbrado, pero según él había muchas diferencias. China era enemiga declarada de Mongolia. Al parecer el gigante amarillo había arrebatado miles de kilómetros cuadrados de sus estepas. Tierras ricas, me dice. A mí me resulta difícil imaginar que en la tundra haya riqueza. Minas, añade, y yo asiento. Después me explica por qué está allí. Es refugiado político. Fue testigo de un asesinato cometido por un policía de su país y tuvo la triste idea de denunciarlo. Hasta entonces se ganaba bien la vida como camionero, pero de la noche a la mañana le quemaron el camión y violaron a su mujer. Le llamaron a declarar pero el juez parecía más preocupado en revisar su expediente de multas que en el caso de asesinato o en la violación de su mujer y el camión calcinado. A la salida del juzgado un oficial le dijo que tenía los días contados y le recomendó que fuera a pedir asilo a la primera embajada. Y aquí estaba, todavía con el miedo enganchado a la piel, esperando en la cola de las oficinas de empleo, en una región perdida de Francia.
El desánimo, cierta resignación y una esperanza pueril -la misma que empuja a comprar la lotería de Navidad- flotaba en la sala como el olor de un ambientador dulce y rancio. Fue en esa atmósfera que alguien hizo el comentario sobre los efectos mágicos de las estrellas fugaces. Si pudiera pedir un deseo, dijo un albañil cabreado por la injerencia de los funcionarios que no nos atendían, pediría que todos los burócratas del otro lado del mostrador se quedaran en paro. Turkal, el hombre mongol, explicó que en su país la visión de una estrella fugaz era sinónimo de muerte, alguien había apurado su vida.
Seguimos un rato callados. El atisbo de conversación se había agotado y cada uno volvió a sus propios pensamientos. Yo recordé las noches de San Lorenzo estirado en el prado de mis abuelos, escrutando el cielo transparente de Soria, compitiendo con mis amigos a ver quien veía más estrellas fugaces. Después me llamaron. Cuando salí Turkal ya se había ido.

lunes 24 de enero de 2011

Rusticus

April is the cruellest month.
T.S. ELIOT in The Waste Land




By Ester Astudillo

Let me inhabit this wasteland, I pray,
That shields the boulders on my brow,
Your Adam’s apple be my greeting fence.
Should your sternum post forbid
All trespassing save this your dame.
Your shoulder blades let you be
My apt genial belting girth.

No further land shall this boy sight.
No lush countryside and fields.
Hoes, orchards, harvests, grooves:
Graceful breeding, copious yield.

Nay, nay. May that not be my doom.
Weeds, brambles, bushes my lot be.
Come to me the barren bog,
Dear be the thorn which timely slits.

Shall I be content
But with this my precious moor.
Shall I be content
But with you, my cherished heath.


Puedes ver la versión original castellana aquí http://sietevoces.blogspot.com/2010/03/rusticus.html

domingo 23 de enero de 2011

La puerta que se abre y se cierra.

Por Rufino Pérez.


Levantarse y pisar
el suelo,
no dejar caer todo el peso
sobre la tierra.

Hablar contigo
sin escuchar tu voz.

Saludar a un amigo
y despedirse
con la única sensación
de retomar el camino
justo ahí,
en el mismo punto
donde os encontrasteis.

Seguir andando
y llegar a casa
sin notar
que la puerta se abre
con los mismos dos giros
con los que la cerraste,
pero al contrario.

¡Qué curiosa la vida,
qué largo el sendero!

sábado 22 de enero de 2011

me pregunto si el payaso sabe,
al quitarse la nariz,
quién es.

viernes 21 de enero de 2011

Màxima tensió




Per Mercè Mestre



Seràs el meu assassí.
Et crearé a consciència, amb el perfil adequat.



La Rarita no podia dormir. Tres dies desperta pintant bombetes amb puntets de purpurina vermella no eren producte de l'insomni sinó de l'obsessió per la seva obra. De tant en tant, un glop de cafè, passaport a la terra.


Sempre havia estat una dona mística, malgrat que el 99,9 per cent dels enquestats hauria afirmat directament que era boja, completament boja. Jo no.


La tercera nit, que era una nit preciosa d'avions blancs i gessamí, Rarita va sospirar mentre pintava la darrera bombeta. Quan va encendre la seva obra -un gegant de tres metres amb 999 punts de llum vermellosa-, es va espantar tant que no va poder superar el 21 de màxima i el 12 de mínima de la seva tensió arterial.


jueves 20 de enero de 2011

Pitillos


Por Raquel Casas

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra “pitillo” puede tener los siguientes significados:

pitillo:
(Del dim. de pito).
1. m. cigarrillo.
2. m. Col. y Ven. pajilla (‖ para sorber líquidos).
3. m. Cuba. cañutillo (‖ planta commelinácea).

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

¿Dónde está la acepción de mujercita ligera de cascos? No existe. Pero por si acaso ya no me voy a poner más pantalón pitillo. Más que nada, para que no me confundan.

*

miércoles 19 de enero de 2011

Adiós


Por José G. Obrero



Abro mi caja de surtido de adioses buscando el adecuado. ¿Se pueden mezclar la saliva y la sangre? ¿Chocolate y orégano? ¿La piel y la salmuera? Todo se puede deconstruir, montar en una espuma que escale las paredes. Se trata de saber decirlo: a-d-i-ó-s. Y abandonarse un rato en este suelo para sentir el frío. Con urgencia. Cerrar los ojos y tener la ilusión de que nadie conoce nuestro nombre. Ni nosotros el suyo grabado en cada pieza del rodillo. Este adiós que elijo cuidadosamente en la cajita morada, no es el del pintalabios en el espejo del baño, ni la carta filosa que recibe el soldado, ni el de los asilos un día de todos los santos. Es el adiós que trepa despacio por el tronco de un sauce. Y escupe alguna vez a los que pasan absortos en su pistola pisando las raíces. No es el adiós de la sala de espera. No es el del elefante que se adentra en el fango. Es saltar a otra esfera al grito de abordaje. Arrojarle una piedra al espigón del puerto.

lunes 17 de enero de 2011

Pungent / Acre



By / Por Ester Astudillo


It’s the piquancy of bay leaves, darling,
that always brings you back.

Not the many times we pinned the moon down,
how we reversed the alphabet in the good days
to plant the soil with seeds
for words like ginseng or rutabaga.
That day we truly got to the meaning of infinite.

Even if the smell of spicy liquor
comes with the picture of you
and the memory of us undoing
all our precious steps,
two beaten fairy tale crumb-seekers,
it’s in the piquancy of bay leaves, my dear,
that you never fail to appear.

* * *

Es el acerbo de las hojas de laurel, cariño,
el que te trae siempre de vuelta.

No las muchas veces que descolgamos la luna,
cómo volvimos el alfabeto del revés en los buenos tiempos
y plantamos la tierra con semillas
de palabras como ginseng o jengibre.
El día en que de verdad tuvo sentido el infinito.

Incluso si la esencia especiada de licor
trae consigo tu foto
y el recuerdo de los dos deshaciendo
nuestros preciosos pasos, uno tras otro,
dos derrotados rastreadores de migas de cuento de hadas,
es con el acre del laurel, querido,
cuando nunca dejas de hacerte presente.

domingo 16 de enero de 2011

18:00


ya son las seis

las seis de la tarde

y seis golpes de martillo

contra mi pecho retumban


ya son las seis

las seis de la tarde

y como un bramido lento

ya suena la voz de las


cam-

panas cam-

panas cam-

panas cam-

panas cam-

panas cam-

panas


.

sábado 15 de enero de 2011

Postales en movimiento: 1

El celador del geriátrico acabó por confesar ese crimen y ocho más que había cometido con anterioridad, en los años que llevaba trabajando en el centro. La poca exigencia derivada de los protocolos para certificar las muertes de los ancianos y la eficaz combinación de medicamentos y barbitúricos utilizada para los crímenes habían velado las verdaderas causas de las muertes. Hasta que utilizó la lejía inyectada directamente en la garganta de una de sus víctimas. Entonces se destapó todo.
En la sala office de un gran hospital varios médicos departían en corrillos antes de empezar sus rondas mientras sujetaban vasos de plástico del café de máquina. Unos de pie, otros apoyados en el canto de la mesa o en los alféizares de las ventanas. De las batas blancas abiertas asomaban corbatas y cuellos impecables de camisa, suéteres negros tipo cisne y botas altas hasta la rodilla. Uno de ellos levantó de pronto la mano y todos dirigieron su mirada a la pantalla plana de la sala que en ese momento estaba encendida, la voz que salía del televisor acabó por extinguir rápidamente los restos de conversaciones, estaban dando la noticia del asesino de ancianos. Mientras atendían a lo que el corresponsal de la zona explicaba la indignación fue transformando poco a poco la expresión de sus caras.
Entre los múltiples cargos por los que tendría que responder el celador del geriátrico, el juez admitió también a trámite una denuncia por plagio que alguien había interpuesto.

Jordi Macarulla

jueves 13 de enero de 2011

Cazando Moscas



Bueno compis ahí va mi regalo: he cazado un par de mosqueantes relatos para vosotros, que han tenido la amabilidad de publicarme y que no conocéis. Aunque el libro tiene relatos fantásticos de otros autores, que mejoran en mucho mi presente, mi intención no es propagandista si no regalística ....mi voz tiene mucho de vuestras voces.Gracias

Escribir es un deporte multiaventuras por los olimpos de los dioses que nos
habitan. Hace sudar tintas y corres el riesgo de que te lean hasta tus propios
fantasmas. Menos mal, que se permite el dopaje de universos: chute lunas en vena
y esnifadita de aromas mágicos. La DD

CARNE DE RUTINAS

Se despertó contra su voluntad, tenía las pupilas aún dilatadas de sueños y la mirada turbia que dejan las resacas de lunas. Levantó la cabeza de la almohada y apenas pudo distinguir más que el implacable latido de las agujas del reloj. Se aproximó y éstas se le clavaron como saetas en su carne, que comenzaba a descomponerse al oler rutinas, llegaba tarde a donde no quería ir.
A pesar de ello, se volvió a sumergir entre las sábanas mientras sus pensamientos rastreaban huellas de esparcidos aromas que la devolvían a casa, que mecían sus deseos de noche con brisas color café.
El insistente sonido de la alarma del reloj estremeció su cuerpo y lo volvió flamenca guitarra para lanzar quejidos. Sus pezones, excitados por el ruido, se endurecieron como púas e interpretaron ecos de canciones que resonaban sobre su monte de venus ,que se colaban por las grietas de su sexo como sombras húmedas de músicas en celo.
Ella, impregnada de sensaciones y rezumando esencias por cada poro de su piel, se rindió a la música. Abrió sus piernas y allí, en el tablao donde sus labios gemían deseos, sus manos bailaron un sensual zapateado por soleá.
El reloj seducido y conmovido por el espectáculo, la aplaudió con un dulce tic-tac.

SUPERMARUJA

Se despertó sobresaltada, pero al mirar la mesilla un sonido familiar le tranquilizó rápidamente. Las agujas del reloj se aproximaban, con acompasados latidos, a la hora de acostar sueños. Era la cotidiana señal, con un disparo de cristasol, de que su carroza transformación pronto comenzaría.
Sonó la alarma y ella se palpó la cabeza buscando la primera confirmación. Enseguida noto como despuntaban las antenas, que como un radar buscaban chismosa cobertura entre la maraña de su pelo desmochado. Acto seguido un cosquilleo le recorrió la espalda y percibió, con un ligero escalofrío, como se desplegaban unas alitas de esponjosas bayetas de colores. Por último sintió un tirón en su pubis, que se le caracoleó como un negro y cano scott brite, mientras sus pechos se preparaban para pasar la prueba del sostén de algodón y amamantar a una legión de Mister Propers.
La metamorfosis había concluido. Supermaruja voló de su cama, para libar polvorosas rutinas, con su batín de power flowers.

El niño del bus


Por Raquel Casas

Subió al autobús un niño con cara de repelente y se sentó delante de mí. Con gafas de culo de botella y mirada desafiante se dedicó a escrutarme. Primero esquivé sus ojos pero los sentía igualmente. El niño no dejaba de mirarme; tenía los ojos clavados en mí. Quizá no veía bien por la alta graduación, quizá quería ponerme nerviosa. Entonces empezó una tensa lucha de miradas. Como me entró la risa dejé que ganara él y desvié los ojos hacia la ventana. Unos minutos más tarde el niño bajó delante de una escuela. Por la tarde volví a coger el bus. Increíble pero cierto, el niño repelente de la mañana volvía a estar sentado delante de mí, qué mala suerte… Ahora iba bebiendo un zumo de un pequeño tetrabrik y de nuevo tenía la expresión seria y la mirada impasible clavada en mí. Me propuse aguantarle la mirada y no reír para ganar esta vez. Pensé en cosas tristes (la crisis, el paro, las rebajas del Corte Inglés…) y conseguí vencerle. O algo así. Porque tras muchos minutos mirándonos sin parpadear, el mocoso cogió su mochila y bajó. Ahora sí sonreí de satisfacción por el triunfo, a pesar del escozor de ojos, pero se me pasó rápido, en cuanto miré por la ventana y descubrí que no tenía ni idea de en qué lugar estaba.

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miércoles 12 de enero de 2011

Hasta el huevo, Lucas!

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Por Zápiro
.

Hace cuatro años, y por motivos laborales, regresé durante una temporada a mi pàtria chica. En esos meses, de entre los cambios inanes que me descogollaban, después de tres años sin vivir en Catalunya, destaca uno por encima de otros. Fue la inmensa proliferación de restaurantes de menú diario, que habían rotulado sus frontispicios con un sintagma unánime, a menudo acompañado de les quatre barres o de una barretina: CUINA CASSOLANA. Nacionalismo inofensivo, pensaba, el refugio de l'home sentimental. Y lo he recordado hoy, cuando releía estas líneas de Klemperer: "Muy al comienzo apunté en un mismo día: 'Publicidad Kempinski: "Cestos de Delikatessen: Prusia 50 marcos, Patria 75 marcos" y en el mismo periódico instrucciones oficiales para el "plato único" [Eintopf, "olla única"]. Cuán burdo y provocador resulta el intento --surgido en la Primera Guerra Mundial-- de hacer propaganda de un producto para sibaritas agitando sentimientos patrióticos. ¡Y qué hábil y qué lleno de alusiones es el título de las nuevas instrucciones para la comida! El mismo plato para todos, comunidad del pueblo en lo más cotidiano y necesario, la misma simplicidad para ricos y pobres en aras de la patria, y lo más significativo concentrado en la palabra más sencilla... Eintopf..., sólo comemos lo que se cocina frugalmente en una sola olla, comemos todos de una y la misma olla...'
"Posiblemente, la palabra Eintopf ya estaba hacía tiempo difundida como término técnico en la cocina: haberla introducido en el lenguaje oficial de la LTI, cargándola de sentimiento, fue un hallazgo genial desde la perspectiva nazi."


martes 11 de enero de 2011

CELLISQUEA

Por C. Rull


Nieva sobre los sombreros y los pensamientos,
nieva sobre los ácidos  en los estómagos ahítos,
nieva sobre los libros, los mapas, los ceniceros,
nieva en la boca y en el colon y sobre el hígado,
nieva sobre hoy, sobre mañana: nieva el miedo.
En el viento aúllan prismas de hielo
que arañan cimientos y roen certezas.
Rostros nevados, entrañas heladas:
todo es una nada blanca.

Pero entre el hastío blanco
firme ante la nevasca,
una violeta...


lunes 10 de enero de 2011

Disforia

Prenez garde à la tristesse, c'est un vice.
Gustave Flaubert


Por Ester Astudillo

No sabías que existía
una palabra para aquello,
confudida como estaba
con la tristeza común.

Hoy sigue contigo
- algo más cerca
si aceptamos la doctrina
de que el nombre hace la cosa.
Doble perímetro que te enfunda
y del que ni tus cien primos
y sus vendettas,
o el último vernisage al que te invitaron,
van a poderte arrancar.

domingo 9 de enero de 2011

REGALOS VARIOS

Por Rufino Pérez

Era una tarde fría. Fría y gris, de las que en el pueblo parece que no habite nadie. Todos están metidos en su casa, probablemente cerca de la estufa, arrugados sobre su propia existencia.

Hacía ya media hora que debíamos haber salido de la escuela. Y la verdad es que los demás ya habían salido, pero allí estábamos los cuatro de la misma fila. Ahora me tocaba a mí estar en la pizarra copiando las operaciones aritméticas que el maestro, repantingado en su sillón, me estaba dictando. Los demás copiaban en la libreta –lo de cuaderno fue un invento tardío-.

Y total, porque a alguno de la fila –según había detectado el oído del maestro-, se le había escapado -soltado a propósito y con estridencia, dijo él- un regoldo – eructo también es un invento posterior-. Así que nos esperaba una tarde de castigo que no había hecho más que empezar, porque todos sabíamos quién era el autor, pero ninguno lo íbamos a decir: mejor apaleado que chivato. Era la ley suprema cuando entonces no entendíamos de leyes ni existía la Constitución.

Y si te parece mal, luego nos esperaba el castigo de casa.

De pronto, entre la cifra de las unidades y los decimales, llamaron a la puerta. Puse la coma y me quedé esperando aliviado por el tiempo muerto que aquello suponía: 1er. REGALO: autor desconocido – hasta que se abriera la puerta-.

¡Joer, y apareció mi padre! Tacho la línea anterior y dejo la consideración de regalo para más tarde.

Contemplé su cara de asombro cuando nos vio a los cuatro allí y a mí copiando en la pizarra, pero pronto, el maestro y él desaparecieron tras la puerta y ya no supe más hasta que volvió el maestro y con una media sonrisa en la boca, nos anunció que nos íbamos a casa, que al día siguiente continuaríamos. Nos íbamos: 2º REGALO y confirmación del 1º.

El camino de vuelta fue distendido, apenas una mención al motivo del castigo. Me explicó mi padre que habían llegado mis tíos, unos de los que yo sabía poco salvo que vivían fuera y apenas venían por el pueblo, pero eran muy amables y desprendidos conmigo.

Y así llegaron el 3º, 4º y unos cuántos REGALOS más que fueron saliendo de una caja después de los saludos de rigor. Los tíos se iban ya, habían venido con poco tiempo, pero no querían marcharse sin verme. Estupenda idea.

Otro REGALO más: cuando ellos se fueron, mi padre no me preguntó por el castigo, ni me castigó por haber sido castigado. Pasé el resto de la tarde con mis regalos y a la mañana siguiente, me esperaba el último de ellos –bueno, el penúltimo, porque aquella misma mañana, me sonrió la chica más guapa de la escuela, o al menos eso me pareció-

Porque lo de que el maestro se olvidara de continuar con el castigo esa tarde o que ni siquiera lo cambiara al menos por algún otro de tipo “copia mil veces…”, nos pareció a todos consecuencia de la amnesia pre-senil –nombre que no manejábamos entonces y que redujimos a un “D. R… está tonto”-, o bien a que no le apetecía quedarse otra tarde castigado él para castigarnos a nosotros. Fin de la historia.

En definitiva, ahí va mi regalo de la semana: una porción de vida, envuelta en papel de celofán.

sábado 8 de enero de 2011

papel de regalo

unos peúcos, una aspiradora, un suegro o una mina antipersonal, envueltos en papel de regalo, dejan de ser unos peúcos, una aspiradora, un suegro o una mina antipersonal /
al menos el tiempo que pasen envueltos en papel de regalo

viernes 7 de enero de 2011

Regal




Per Mercè Mestre



Regal és el pitjor de la classe. No entén la descomposició de línies en punts, dels quadrats en triangles i, molt menys, l'expansió proporcional del cercle en tsunamis de corbes. Qui li havia de dir que les martemàtiques, ciència marina per excel·lència, seria la seva pedra de fetge, el seu coàgul d'artèria, el seu pinyol d'oliva, el seu moc de nas...


Matí, tarda i nit Regal deambula malalt pels passadissos del marstitut, institut supramarí que sura a la deriva buscant algun continent on ancorar els fonaments. No pot dormir perquè, malgrat que és el pitjor de la classe -o potser per això precisament-, està descobrint una teoria alternativa que trenca tots els esquemes de la lògica contemporània, mal anomenada pura, i que afirma que de dues impossibilitats, tres són possibles i una no. Però a ell, el que el té preocupat de debò és aquesta una que no és possible. Vol descobrir la raó d'aquest forat negre del càlcul. I, és clar, les circumstàncies són adverses: tempestes, huracans i maremots el desconcentren. Per no parlar de les balenes noel, que per aquestes dates embogeixen a la nit i fan sorolls de campana de vaixell. Invisibles, ensordidors. Muntanyes de panxa agressiva, perseguidora, que s'empassen tota criatura definida o indefinida que s'acosta a les seves barbes. Regal no sap com restar aquest percentatge d'horror de la suma total d'incerteses i pors que no el deixen dormir. Mentrestant va calculant fredament les possibilitats de ser engolit per aquelles barbes abans d'haver completat la seva teoria, i s'estressa més i més i més.


Una nit sense estrelles, de lluna tímida, el buit és més gran que mai. Les llàgrimes dels més petits emocionen els mitjans i commocionen els grans. S'intueix maremot. L'horitzó es corba com l'esquena d'un guerrer. El cel amaga arestes. La llum s'indefineix encara més. El silenci, trencat de sobte per un orfeó de campanes, repúdia la seva definició a cops de fuet. La balena avança. Noel, noel, noel, noel. El punt i seguit tremola. Noel, noel, noel, noel, noel. Les comes s'encongeixen amb un rictus de punt als llavis. Noel, noel, noel, noel, noel, noel. Les vocals obren la boca com peixos voladors. Les barbes escupen aigua presonera, tancada entre barrots. Les alarmes dels marstitut es disparen tard, massa tard. Regal ja és al sac. La quarta impossibilitat, la més difícil, la que ell mai no ha pogut demostrar científicament, s'ha fet possible. D'aquí un any serà escopit per la balena i arrossegat per les onades fins a la platja.




jueves 6 de enero de 2011

Los Reyes no son los padres


Por Raquel Casas

La mañana del 6 de enero la huerfanita se levantó a la hora de siempre y al descubrir al pie del balcón unos regalos con su nombre se sobresaltó, soltó un gritito, miró a su alrededor como buscando a alguien y con el corazón latiendo rápido se dijo a sí misma "los Reyes no son los padres".

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miércoles 5 de enero de 2011

'Calcedo nous offre pour rien le premier vers...'



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Por Zápiro, a partir de un relato-regalo de Gonzalo Calcedo, en Apuntes al natural (Páginas de Espuma, 2002).
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Durante aquella semana de vacaciones engañé a mi marido con un hombre al que le faltaba el brazo derecho. Los supuestos motivos los he dejado escritos en una extensa nota que mi marido encontrará dentro de dos horas, cuando le den el alta en el hospital y regrese a casa. No es cierto, de todas maneras, que fuera cuestión de fetichismo, ni ilusión castradora, ni apego excéntrico a la asquerosidad de su muñón. Siempre creí que no hay nada más hortera que el brazo derecho de un hombre; eso es todo. Y que en el mundo habría menos guerras y menos odio si los hombres no sintieran la repentina necesidad de sacudir ese horrendo saco de músculos y empezaran a gesticular como gorilas. Fajardo, en cambio, cuando se pone nervioso e intenta llenar el espacio con solo su brazo izquierdo, me recuerda la elegancia y exquisitez de los ready-mades de Duchamp.

Otros son los motivos que he escrito para mi marido, naturalmente. Nunca entendería que, en el fondo, el nuestro era un problema de estética, y que jamás conseguí ver en él algo distinto a un chimpancé, aunque supiera que, mal que bien, siempre había procurado quererme. En esa nota exploto el que siempre ha sido su talón de Aquiles, su excesivo proteccionismo, para que entienda por qué hoy no le he recogido del hospital, por qué no estaré en casa cuando llegue y por qué no voy a estarlo durante su convalecencia. De hecho, no albergo ninguna duda sobre que todas esas mentiras en torno a mi inseguridad y mi necesidad de nuevas experiencias terminarán por hacerle entender que ahora esté cogiendo este avión rumbo a Tenerife, donde Fajardo ha prometido llevarme a bailar toda la noche al Palace. Sólo espero, en fin, que no toquen un tango.

lunes 3 de enero de 2011

Very Brief Love Letter-Song Reenacted

By Ester Astudillo
for the 7V Thematic Week
January 2011




If I had met you on some journey
Where would we be now?
...
Would you have worn your silken robes
All made of royal blue?
Would I have dressed in smoke and fire
For you to see through?
...
Would you have taken me upstairs
And turned the lamplight low?
Would I have shown my secret self
And disappeared like the snow?

SUZANNE VEGA in ‘Some Journey’



I pray you: never pay heed
to the vicious words that escape my mouth;
it's the sad bitter Goneril in me
who does the talking.

Picture me rather
as the laced ballerina
I didn’t care to play
not having met you,
a tame Cordelia.

Now your pink tatoo on my skin
makes an old seaman of me,
which I never planned to be,

who learned ancient tongues
wanting to reach some port.
But I guess I missed it.

Let it suffice then
that I can picture you
as a sweet blue thing
escaping me someplace
while you see in me
a white-clad figurine
who tends to you well.

Let's make of what might have been
some sort of consoling.
Let's earnestly believe
in Shakespeare's All's Well.