sábado 30 de enero de 2010

Tras la carrera del tiempo.


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Un escalofrío,
tierno temblor,
serena
el sudor que traigo
conmigo, niña,
que asomabas entre barrotes,
ahora carcomidos,
de un tobogán en la plaza.

Velando tu sueño
de volar más alto
se han volcado las tardes
de estío
sobre mis espaldas otoñales.

Vengo corriendo,
deshago la huida
y trasiego el tiempo.
Y os veo,
y os siento.

Apenas llega la lluvia previnente
al brocal del pozo,
sólo un instante se anuncia
un sollozo
apenas audible, gozoso,
porque vuestra risa,
niñas,
junta las tablas
heridas,
une los despojos
y tiembla
junto a la vieja casa
donde un día
y otro día
rojo polvo de tierra roja
pintó vuestros sueños
de un color tan vistoso
que nunca, nunca
recordaréis
como yo ahora,
lo veo.

Es mi color,
mi sudor,
mi alegría.
Vosotras sólo,
artistas divinas
de la vida.
Fóllame
Por Antonia Martos

De nuevo se despierta un nuevo día,
la luz abre su boca,
se despide de la noche.
Hasta las estrellas enamoradas han de separarse,
decía aquel poeta japonés.

***
Se precipita tu semen
corre como una gacela por el bosque
y comienza la tormenta,
tras tus pupilas de hombre duro.

Intuyo
que te evaporas,
que los sueños imposibles
se borrarán mañana,
que has muerto,
que mi aliento
esparce el polvo
de tu sepultura.

Y yo me trasformo.

viernes 29 de enero de 2010

ESPUMAS DE LUNA BLANCA





El sol fumaba nervioso, haciendo volutas de nubes, en la barra de universos, compartiendo tertulia de lunáticos poetas.
Hacendosas, las estrellas comadronas, preparaban quirófanos con sabanas de cometas, bisturís de rayos y miradas de rojos amaneceres, por si se necesitaba una transfusión de luz.
La luna, preñada de sueños de sol, entro en el paritorio con las contracciones del parto, su amigo, el viento, las acompasaba con flamenquitos quejios de Camarón, mientras con suaves brisas color café le secaba el brillante sudor, con aromas impregnados en noches azabaches de compartido azúcar.
Luna apretó los ojos y, con un último esfuerzo, rompió el útero de la noche inundándola con su marea de féminas aguas, el día amanecía y papa sol, radiante, acariciaba con sus rayos al recién nacido: el mar, mientras este mamaba tibias espumas de luna blanca.

miércoles 27 de enero de 2010

Matriuska

Por José G. Obrero



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Como una matriuska el golpe alberga otros golpes
Y estos a otros llegando al escozor infinitesimal:
la lavadora no desagua, el teclado no responde
el cordón derecho del zapato decidió desprenderse.
Una jauría devorando el núcleo son los intermedios
Golpes rápidos en la entrada y salida como un gancho.
Knockout. Izquierda y derecha directas a la víscera.
He llegado y me voy. Matarratas bañado en caramelo.
Rápidos los tajos (el corazón de la serpiente bombea
Mientras la cabeza se precipita rodando calle abajo).
Golpes intermedios mientras ignoro estar en un ring
Ni que cada combate dura un solo asalto.
Knockout.



.

martes 26 de enero de 2010

Orgía elemental

El hielo le dijo al fuego:

"Me derrito por tus huesos"

La tierra, debajo, se estremecía.

lunes 25 de enero de 2010

Sunday Service / Missa de diumenge

By / per Ester Astudillo
For the Fisrt Week of Videopoems

I dress up like a regular church-goer:
one garment for solemnity, one for self-possession,
one for attentive focus.
They're so engrossed, the regulars,
in their thoughts and their drabness,
so fraught with unabridged bereavements,
there's hardly a chance for them to take in
the sainted words of the shaman suavely adrift
as he spurts nonsense incantations
that will make broody women big.
I don't want to be big.

Time to focus now.
Zoom in, zoom in, zoom in
close-up
shoot
see.
Like a church-goer.

The miracle of transubstantiation.
The eerie cannibalism (only with a different name).
The flickering shades to the front right corner.
The lack of openings.
Peace and beatitude seemingly
all round the cave.

I want in.
I’m dressed decorously enough,
am a moody person, quite a loner,
secretive to a degree to make a perfect stand-in.
I could learn to pray.
Make-believe I speak the lingo of the believers.
Play psalms on the piano
to a chorus of stray adolescents.
These are my bonuses,
I'm a fast learner,
I'm a good music-maker,
ready to eat at anything that comes my way.
Do you want me in?

The picture shows blurry,
many features have been left out,
(or else there was a tremor in my hand,
focus not well zoomed-in,
light defective somehow).
Silence sits on it all right,
it slits neatly through the chirping,
rises behind the figures, above the images
of the pleading saints,
the portraits of the dying.

I undress with etiquette,
I’d make a good believer
if only they’d take my word.
My clothes sprayed on the bedspread,
their legs wide apart, side by side,
they glow with the light taken
from those with iron beliefs for tokens.
They X-ray me, they see right through me
and capture that which I cannot possibly see.


__________________________

Avui em mudo com una missaire:
una peça de roba per a la solemnitat, una per a l’autocontenció,
una per a l’atenció ben focalitzada.

Estan tan absorts, els missaires,
tan centrats en els seus pensaments, el tedi,
tan plens de dols d’edició no abreujada,
poc que poden parar l’oïda

a les santes paraules del xaman surant afables
mentre sanglota encanteris poca-solta

que faran que les lloques es prenyin.
No vull un panxot, jo.

Temps de centrar-se, ara.
Zoom, zoom, zoom
primer pla
dispara
mira.

Com un missaire.

El miracle de la transubstanciació.
El fantasmagòric canibalisme (només que té un altre nom).
El parpelleig d’ombres a la cantonada del fons a la dreta.
L’absència de finestres.
Pau i beatitud, pel que sembla,
tot al voltant de la cova.


Vull ser un d’ells.
Vesteixo amb decòrum,
sóc tenebrosa, una solitària,
prou reservada per a aquesta suplantació.

Podria aprendre a pregar.
Fer veure que parlo la llengua dels creients.
Tocar salms al piano
entre veus d’adolescents sense rumb.

Aquestes són les meves bondats:
aprenc ràpid, jo,

sóc bona amb la música,
a punt per arramblar amb qualsevol cosa que se’m posi al davant.

Que m'hi voldríeu?

La foto surt borrosa,
molts trets n’han quedat fora,
(o és que hi tenia un cert tremolor a la mà,
el focus descentrat,
la llum defectuosa per alguna raó).

Se’n respira el silenci,
que sega amb precisió el xerroteig,
que s’alça darrere les figures humanes,

sobre les imatges dels sants implorants,
els retrats dels moribunds.


Em despullo amb etiqueta;
faria el pes com a creient
només que em prenguessin de veres.

La meva roba ruixa el cobrellit, cames ben obertes,
camal per camal, i m’enlluerna amb la resplendor presa
als que brillen amb opinions de ferro.
Em radiografia, m’exposa.
Hi veu al meu través
i revela el que jo no puc veure.


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domingo 24 de enero de 2010

REQUIESCAT IN PACEM

Mientras el cura dicta
su oratoria ritual e indiferente,
delante de mis ojos
reposa sin aliento, muy bien acicalado,
el cuerpo del difunto.
Los presentes meditan en silencio
como un callado ejército de estatuas.
¿Qué pensamientos ruedan por sus mentes?
¿Con qué extrañas cavilaciones rompen
el eco sordo de la estancia muda?

Yo me dejo llevar y me imagino
el puesto de trabajo en una funeraria.
Contemplar impasible
las facciones sin vida
de un ser desconocido,
consolar unas lágrimas
ajenas a tu nombre,
tejer frases de adiós
“Tu familia y amigos no te olvidan”
“Con cariño de parte de tus hijos”
con la indiferencia de un extraño,
preparar al difunto
con sus mejores ropas
y cruzarle las manos sobre el pecho
para el eterno viaje.
Creo que laborar en una funeraria
deber ser el trabajo más distante de todos.

Un colectivo “Amén”,
me arranca bruscamente
de mi confidencial filosofía
y un manantial de lágrimas
al féretro cerrado
despiden para siempre.

sábado 23 de enero de 2010

“Ciertamente en vano se tiende
la red ante los ojos de toda ave”
Proverbio del Rey Salomón
LA RED DEL CAZADOR
Por Antonia Martos
.
Subo al tren
que me lleva a la oficina,
es muy pronto
y hace frío.

El trayecto se convierte
en una inmensa manta de silencio
que arropa mi cuerpo.

El tren se detiene,
abre sus puertas de acero,
vomita un río de gente.

Ya en la calle me acompañan los pasos:
del chico de gafas gruesas,
de la mujer extravagante,
del agente de bolsa,
del hombre que durmió sobre un cartón,
del repartidor del diario.

Los ojos rojos del semáforo alumbran
el rumor de los neumáticos
sobre el asfalto de la Gran Vía.

Llego a mi destino.
Aquí todo es perfecto,
nítido como en verano cuando contemplo el mar,
el ascensor, la mesa,
la silla, las hojas,
hasta el día si lo miro desde la ventana.

El tiempo no cuenta
en este cementerio de ciegos,
de superhombres felices
admirados por su trabajo.

Entonces al caer la tarde,
solo me queda el anhelo de no estar ciego,
de subir al tren
de ponerme alas,
aunque sea muy tarde
y ya no sienta frío.

viernes 22 de enero de 2010

On viuen els monstres?




Per Mercè Mestre



I

Jo sóc el monstre.

Ells són tendres, petits, tous, suaus, indefensos.

Jo, enorme, terrorífica, perillosa, desplegable.
En una paraula: letal.

Ells em miren des del jardí petit
que els he fet a la cuina
amb ulls de no entendre res,
d'acabar de despertar enmig d'una duna.

Jo els adormo cada nit a la meva mà
amb sucre glaçat de quatre licors.
Remuguen una mica com vells,
però al final m'obeeixen.
Em fan un petó de gelatina,
una abraçada de mel amb els seus bracets,
tanquen dòcilment els ulls
i trenquen l'esquema del conte.

Viatgen nit enllà
transvestits de monstre perillosíssim.
Viatgen més enllà de mi.
On ningú no els pugui reconèixer.



II


No. No els penso aturar.

Caminen com bèsties bíbliques,
recorren espais i dimensions impossibles
sense full de ruta
ni manual de tornada.

Travessen fronteres, segles,
dauren quilòmetres i quilòmetres
de cel gelat,
aplanen selves,
buiden llacs, cràters,
desvien rius de lava,
glaceres.

No. No els penso aturar.

Viatgen sempre de nit,
assedegats, confusos, delirant.

Arrenquen amb ràbia
arbres, teulades, finestres,
destrossen armaris, cambres,
esquincen llençols,
estripen fotografies.

Naufraguen a la línia més torta
i bifurcada de la meva mà,
a l'autopista de plata.

Però sobreviuen al desastre.
I tornen a casa cada matí
amb expressió d'estrella fugaç.

S'ofeguen.
Els desperto.
Em miren
amb ulls de no entendre res,
d'acabar de despertar enmig d'una duna.

Jo sóc el monstre.







jueves 21 de enero de 2010

Cama de agua

miércoles 20 de enero de 2010

Necesitas rendirte

Por José G. Obrero


Un soplo desprenda de ti todos los nodos,
Desate los cordones de cables y cenizas.
Necesitas rendirte sobre una balsa de aire
te arrastre río abajo hasta el certero origen.
El agua se confunda en ti como los sexos.
Necesitas rendirte.
Aprovecha este día propicio al abandono
nada en el horizonte empaña los cristales.
Necesitas rendirte como las caracolas
espumee en la concha lentamente tu lengua,
te arranque las esquinas a fuerza de dulzura.
Necesitas rendirte con los brazos en bajo,
abandonar tus nervios en la gasolinera,
amontonar las cáscaras para crear un lecho.


.

martes 19 de enero de 2010

PALABRAS PARA HOY

Por Carlos Rull

Arremete el sueño agudo e irritante estruendo.
Una voz ajena narra tragedias
y yo busco refugio, abrazo, calor, beso.
Luego agua, me abro a la luz y el frío.

Zumo de pomelo, cereales,

leche de soja y té.

Trayecto ensoñado mientras divago
y dejo al día acariciarme y conquistarme.

Trabajo. Gentes que pasan y hablan
y – raramente - escuchan.
Abrigos, rostros, manos, bufandas.
Libros, silencios, titubeos, pantallas.
Words, words, words.
Naufrago en voces,
términos, vocablos,
verbos inactivos y vanos.
Soy intransitivo.

Crema de calabaza,
filete de salmón a la plancha,
yogur, té y sofá.

La casa llama a capítulo.
Platos, plancha y demás.
La cajera del super me sonríe.

La tarde reclama lectura.
Benet - un cuento -,
Fresán, un capítulo, tal vez dos.
Handke o García Valdés, versos, verdades.
Escribo – poco –,
- y mal – hasta que la tarde
se hace humo y las voces
noche.
Preparo el naufragio de mañana.

Ensalada griega,
tortilla francesa,
piña e infusión.

Un capítulo de Los Soprano.
Algunas páginas de la biografía de Unamuno de los Rabaté.

Vuelvo al refugio. Abrazo.
Calor. Ya estoy en casa.
Contigo;
aquí no hay naufragio posible.


lunes 18 de enero de 2010

Esqueletos urbanos


Por Ester Astudillo


Desde una cierta distancia, sobre la cinta de asfalto todas las urbes parecen la misma, copias miméticas de un único prototipo. Me adentro en el perímetro de mi ciudad natal por la autopista desde el sur. Soy consciente de mi mirada, no exactamente triste, cubriendo la extensión de terreno cada vez más vasta que ha ido acaparando la ciudad a expensas del campo y los cultivos, los bunkers de pisos obscenamente gigantescos.

La mirada, mi mirada, no apenada ni gozosa, sino más bien un tanto indiferente; no hay comprensión, ni tampoco ese fugaz sentimiento de comunión con el entorno circundante, material y/o animado, de paz o de pertenencia, de descubrimiento de un orden primordial que es capaz de substraerse a la tónica de aflicción generalizada que comporta vivir. A veces, a veces sí la hay. Pero no ahora, no en esta mirada que desde donde dispara abarca la mayor parte de la urbe; es una mirada de distanciamiento, escasamente de reconocimiento de la fuerza de cada una de las partes en la contienda, lejos tanto de la alegría como del dolor, aunque no por ello exenta de cierto grado de conmoción: esta ciudad sé que podría ser cualquier otra, en nada se diferencia de sus vecinas próximas o lejanas a excepción de sus detalles menores, el perfil de una curva, el color de la pupila.

Las ciudades, como las gentes, son en el fondo –¿en esencia?- intercambiables, irrelevantes en su fisonomía propia, en la historiografía que les ha otorgado su personalidad y su nombre, el encumbramiento en la historia, o la decrepitud. Es mezquino aspirar a hacer valer esos datos con que el azar ha tenido a bien coronar a cada villa o a cada individuo como baza para alegar mayores méritos. Esa ciudad que yo recuerdo, aunque su rostro haya cambiado, y que me ha olvidado por completo, esa ciudad tiene las puertas abiertas para mí en igual medida que para cualquier otro; el pasado no me sirve para reclamarla como mía, para exigirle fidelidad, ni siquiera memoria.

Esa ciudad que visito de tanto en cuanto, que no me ama ni me rechaza, que es indiferente a mi persona, a mi pasado embrujado y sepultado entre sus muslos y su vientre, que me atrae aún tanto y que a un tiempo es capaz de expelerme a las 24 h, inhabitable y a la vez tan querida hasta cierto punto, precisamente por su mismísima incapacidad de superación y de entrega. Esa ciudad es sólo una caja negra que no sabe lo que es, que vive alejada de sí misma, ajena a su propia inconsciencia e ignorancia, a su belleza y su bajeza por igual, como una vulgar mujerzuela que poblara sus calles impermeables e indiferentes a la lluvia que hoy la moja sin pausa.

Esa ciudad que emergió del pasado y perdura en el presente. Algún día, en algún momento dado, estoy convencida de que sus restos arquitectónicos tan mimados por historiógrafos, paleontólogos y entomólogos habrán de desmoronarse, se derrumbarán como hebras corruptas de ADN, como catapultas medievales enterrando a quienquiera que se encuentre debajo de ellos. ¿Quién podría, quién querría garantizar que no será uno mismo quien se halle justo en sus cimientos en ese momento de colapso, que esa crisis no advendrá ahora precisamente, en el año 10 del s. XXI, en este instante en que tiemblo ante la pantalla? ¿Cómo podemos cabalmente alardear de estar perfectamente a salvo cuando nos adentramos en los vestigios del pasado? ¿Es el hecho de que sean precisamente sólo huellas de un tiempo ya extinto lo que nos otorga esa falsa sensación de invulnerabilidad? ¿Acaso el pasado no puede ya herirnos?

Y no me refiero sólo a una invulnerabilidad simbólica, ampliamente demostrada como falaz por historiadores y cuentistas diversos dados a fantasear sobre el alma humana: el pasado, el personal y el filogenético, siguen gravitando a nuestro alrededor siempre, atrapados en nuestro perímetro (a más masa, mayor es g), ejerciendo sus fuerzas evitativas o imitativas, o si se prefiere, centrífugas o centrípetas, aunque sean invisibles e intangibles, propulsando regresiones o huidas hacia delante, arriesgados saltos al vacío.

Pero digo que me refiero también a una invulnerabilidad en su sentido más literal frente a las ruinas del pasado. Pues cierto es que cuando nos enfundamos el traje de turistas creemos que es con la absoluta garantía -quién lo garantiza es ya harina de otro costal- de que se cumplen rigurosamente las condiciones óptimas de seguridad, de que ni el pasado (simbólicamente) ni sus huellas (literalmente) se vendrán abajo en el preciso instante en que estamos saciando acaso nuestra curiosidad. Y así es por ley probabilística, efectivamente, aunque como todas las inferencias estadísticas, tales leyes especulan sólo sobre tendencias abstractas cuando el límite es infinito, que por necesidad no se correlacionan con la realidad, siempre e indefectiblemente concreta, única y por definición excepcional.

Lo que existe a día de hoy, lo que hoy perdura, los trazos que han tejido nuestra historia, perdurará, creemos, para el futuro ad infinitum. Pero esa creencia es pura falacia, un autoengaño del que nadie parece –o quiere- ser consciente. Y así es que ejercemos una y otra vez nuestro papel de turistas culturales, eso con suerte, y nos vanagloriamos de haber sobrevivido exitosamente, y por fortuna, a un pretérito que juzgamos sin excepción oscuro y menor.

Y el presente, ¿será alguna vez preciado también en un arcano futuro? ¿Existirá un porvenir suficientemente dilatado que permita emerger la distancia irónica necesaria para que así nuestros congéneres de siglos adelante puedan también vanagloriarse de haber escapado al naufragio del oscurantismo y el declive que caracterizaron al s. XXI?

domingo 17 de enero de 2010

LA OVEJA NEGRA.

Por Rufino Pérez


Entre tanto desastre, tantas calamidades, tanta crisis y tanto de todo, es difícil aflorar una sonrisa. Y eso, a pesar de que la distancia mitiga el efecto. Alguien había ido unos días antes a casarse allí con su pareja haitiana: No lo ha hecho, pero al menos, están vivos. Sin papeles, pero vivos. O muertos, porque ésa es otra, si no tienes papeles, no existes.

Largo lamento, como diría el poeta. Pero no sirve de nada:

Hemos dormido.
Se ha creado el mundo
en siete días
-menos uno-

Deprisa, deprisa…
Antes de despertar
ya hemos nacido
-uno más-
para morir dormidos.

Deprisa, deprisa...
Cantan los números
grafología matemática.
Si haces bien la cuenta,
te queda
-el cero-

Deprisa, deprisa…
La oveja negra
se queda quieta
masticando números
-entre la hierba-

Nunca ha podido contar
los enhiestos brotes
-no hay números-
de verde grama
que alimentan
su pacífica desgana.
No teme la piedra
del pastor
y anda.

Deprisa, deprisa…
-hay calma-
No le asusta el vocero.
Entre la hierba,
no hay números.


Donde sí los hay, es en la cuenta bancaria de Intermón Oxfam, por ejemplo, que creo que es de fiar. Podemos aprovechar el siete para hacer, cada uno, una aportación de 7, 77, … ó de 6, ó 5, qué más da, al fin y al cabo, ente la hierba… Pero para los que tengan bolsillo entre la hierba, si encuentran algún número, qué mejor que llevarlo con sus iguales. Algo hacen los números. Todos juntos, eso sí. Gracias por adelantado.

viernes 15 de enero de 2010

PROPÓSITO DE ENMIENDA

Es mi primer post del año y francamente andaba llena de expectativas. Pero parece ser que este año de deus, bien sea por mi escasa afición por las matriculas, por mi revisión pecadora a los diez mandamientos de la ley de ídem o por el inicio de las rebajas en el paraíso de los hados, en las que ya ando oficialmente al 50%, simplemente no se me ocurre nada.
No me importa ser cursi lírica, sufro a voces retorcidas metáforas y siempre ando peleando con ortografías, pero no soporto ser aburrida .Así que voy a adjuntaros una parida que me enviaron y que es una buena reflexión, para los propósitos de enmienda….AMOR, HUMOR Y PAZ para tod@s

Dicen que todos los días tenemos que comer una manzana por el hierro y un plátano, por el potasio. También una naranja, para la vitamina C, medio melón para mejorar la digestión y una taza de té verde sin azúcar, para prevenir la diabetes.
Todos los días hay que tomar dos litros de agua (sí, y luego mearlos, que lleva como el doble del tiempo que llevó tomárselos).
Todos los días hay que tomarse un Activia o un Yogurt para tener 'L. Cassei Defensis', que nadie sabe qué mierda es, pero parece que si no te tomas un millón y medio todos los días, empiezas a ver a la gente como borrosa.
Cada día una aspirina, para prevenir los infartos, más un vaso de vino tinto, para lo mismo. Y otro de blanco, para el sistema nervioso. Y uno de cerveza, que ya no me acuerdo para qué era. Si te lo tomas todo junto, por más que te dé un derrame ahí mismo, no te preocupes pues probablemente ni te enteres.
Todos los días hay que comer fibra. Mucha, muchísima fibra, hasta que logres defecar un sweater. Hay que hacer entre cuatro y seis comidas diarias, livianas, sin olvidarte de masticar cien veces cada bocado. Haciendo un pequeño cálculo, sólo en comer se te van como cinco horitas.
Ah, después de cada comida hay que lavarse los dientes, o sea: después del Activia y la fibra los dientes, después de la manzana los dientes, después del plátano los dientes... y así mientras tengas dientes, sin olvidar pasarte el hilo dental, masajeador de encías, buche con Plax...
Mejor amplía el baño y mete el equipo de música, porque entre el agua, la fibra y los dientes, te vas a pasar varias horas por día ahí adentro.
Hay que dormir ocho horas y trabajar otras ocho, más las cinco que empleamos en comer, veintiuno. Te quedan tres, siempre que no te agarre algún imprevisto. Según las estadísticas, vemos tres horas diarias de televisión. Bueno, ya no puedes porque todos los días hay que caminar por lo menos media hora (dato por experiencia: a los 15 minutos regresa, si no la media hora se te hace una).
Y hay que cuidar las amistades porque son como una planta: hay que regarlas a diario. Y cuando te vas de vacaciones también, supongo. Además, hay que estar bien informado, así que hay que leer por lo menos dos diarios y algún artículo de revista, para contrastar la información. ¡Ah!, hay que tener sexo todos los días, pero sin caer en la rutina: hay que ser innovador, creativo, renovar la seducción. Eso lleva su tiempo. ¡Y ni qué hablar si es sexo tántrico!! (al respecto te recuerdo: después de cada comida hay que cepillarse los dientes!).
También hay que hacer tiempo para barrer, lavar la ropa, los platos, y no te digo si tienes perro u otra mascota... ¿hijos?!
En fin, a mí la cuenta me da unas 29 horas diarias. La única posibilidad que se me ocurre es hacer varias de estas cosas a la vez, por ejemplo: Te duchas con agua fría y con la boca abierta así te tragas los 2 litros de agua.
Mientras sales del baño con el cepillo de dientes en la boca le vas haciendo el amor (tántrico) parado a tu pareja, que de paso mira la TV y te cuenta, mientras barres. ¿Te quedó una mano libre? Llama a tus amigos. ¡Y a tus padres!! Tómate el vino (después de llamar a tus padres te va a hacer falta). El Yakult con la manzana te lo puede dar tu pareja mientras se come el plátano con el Activia, y mañana cambian. Y menos mal que ya crecimos, porque si no nos tendríamos que clavar un Danonino Extra Calcio todos los días.
¡Úuuuf! Pero si te quedan 2 minutos, reenvíale esto a los amigos (que hay que regar como las plantas) mientras tomas una cucharadita de All Bran, que hace muy bien... Y ahora te dejo porque entre el yogur, el medio melón, la cerveza, el primer litro de agua y la tercera comida con fibra del día, ya no sé qué estoy haciendo pero necesito un baño urgente. Ah, voy a aprovechar y me llevo el cepillo de dientes...

jueves 14 de enero de 2010

L'Andy

">


Tinc gana.

Els artistes de vegades també.

I són sempre tan elegants, fins i tot menjant.


**

miércoles 13 de enero de 2010

Las garras




Por José G. Obrero






Nada se ha entendido.
Garabato, boceto, esbozo.
Nada se ha entendido.
Ya te atrapa el neón
de todas las farmacias.
Es la noche de garras
saca las garras, dice,
y ondea tus silencios,
cambia por una risa
esa cara tan óxido
tan llanto a fuego lento.
Sordina de hojalata
para que nada suene
para que muera el ruido
que parieron tus ojos
y que llamé canción
tan sólo por tus sábanas
tan blancas en la noche
que se apagaba el miedo.
Me he cortado las uñas
con mordiscos de perros.
Saca las garras, dice,
y se me cae la risa
como si fuese baba
de asilo o manicomio.
No has entendido nada.
Garabato, boceto, esbozo.





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martes 12 de enero de 2010

Un zombi en el Corte Inglés






No sé si ustedes lo vieron, de hecho no era uno, sino millares de ellos, millones en el mundo entero. Seguro que si se pasearon por el centro comercial de la botiga més gran del món (el il·lustríssimo ajuntament de Barcelona ha acuñado semejante eslogan para la ciudad), seguro que los vieron. Son hordas de zombis. Probablemente ustedes, igual que yo, han formado parte de ellos en algún momento, mordidos, envenenados, infectados por un virus más devastador que el de la Gripe A.

Jaime Cuenca lo ha visto claro y lo ha puesto por escrito en Consumo sin conciencia: Anatomía de la vida de un zombi capítulo de Quédense dentro y cierren las ventanas (ed. Connsoni). Escuché la reseña en el programa de Radio 3 Carne cruda, así que hablo (escribo) de memoria. La inspiración para la metáfora zombi-consumista le vino de las manifestaciones convocadas en Toronto, Overvecht y Barakaldo donde unos divertidos zombis sorprendieron a los vecinos de estas localidades avanzando entre las tiendas y los grandes almacenes con ansias de devorar todo producto expuesto en los escaparates.

Para Jaime, filósofo él, el zombi es un alter ego del homo consumista y se relacionan a través de pruebas irrefutables de adn y 3 características comunes:

Desde que sale de su tumba un zombi no tiene otro cometido que buscar alimento y comer compulsivamente.

Su anhelo consumista es sobre la novedad, es decir, un zombi nunca cometerá canibalismo con los de su especie (carne putrefacta, de segunda mano) sino que buscará carne fresca (nuevos productos) que llevarse a la boca.

Y por último, pese a su bulimia desaforada, un zombi nunca, jamás de los jamases, encontrará descanso con lo deglutido, porque un zombi nunca se sacia en su espíritu depredador-convulsivo, como puede comprobarse viendo el escenario de las rebajas después de las navidades.

Pues eso, que felices rebajas.

Agapito Tachuela, reportero de 7 voces en Dysneilandia.

lunes 11 de enero de 2010

Cité sous la pluie


Por Ester Astudillo


Enero cae inútil como caspa
en los hombros flojos de los coches
que olvidaron el paraguas.
Su cara más amable, el tópico:
la cuesta, la interanual,
un rostro interino de etíope
pegado a la orla, junio del ’90.

Me distrae el baile de cifras que trae siempre enero,
me aleja de lo esencial.

Se encoge la lluvia al caer
y acoraza a bocajarro y con sordina
la vida pequeña
en el perfil izquierdo de enero:

mugre en la escalera,
sioux enlatados,
sueños de pecera,
Métʁo cabizbajo,
tripas en la acera,
luna de entresuelo,
playa sin marea,
güisqui en los zapatos,
chismes de portera,
la vie sans la Piaf,
flores de cuneta,
ausencia en rotonda,
barby en la bañera,
thai con bombona al hombro,
restos de nevera,
gato con verrugas,
frío de paleta,
putas de permiso,
urbe gris sin Sena,
buque en el asfalto,
marchantes de feria,
cajero quemado,
chapa la estanquera,
rimbauds de estraperlo,
tripis de receta,
ojo violáceo,
chillan las sirenas,
banco acordonado,
roce de bragueta,
yonqui comatoso,
debout de opereta,
affaires de top manta,
michelin da estrellas,
cóctel de suicida,
el du soleil llena,
farmacia de guardia,
robo de cartera,
discordia bilingüe,
puentes de probeta,
lluvia cenicienta,
taxi a la carrera,
renfe a menos cinco,
besos de trastienda,
sin techo keniatas,
fútbol de bandera,
lujo en el liceo,
atraco en sagrera,
boutades de estreno,
torre con antenas,
doble en el espejo.

SVP, una en platea.

domingo 10 de enero de 2010

EL LOBO









“Me alcé sobre las patas
traseras y mi voz
[...]”
JUAN RAMÓN BARAT





Postrado como un lobo
ante el triángulo roto de la noche
pido auxilio y aúllo.

No se puede escapar
del martillo feroz de la existencia,
de esta ecuación en sangre,
de esta noche infinita.

Y el semáforo en ámbar de la luna
nos previene afilado
ante el rojo final que nos espera.

viernes 8 de enero de 2010

Carta dels tres Reis d'Orient als tres reis falsos





Per Mercè Mestre



Estimats tres reis falsos,


Sabem qui sou, on viviu i a què us dediqueu. El problema és que nosaltres no existim i vosaltres sí, però pensem que és més fàcil escriure-us cartes a vosaltres perquè estem segurs que arribaran a una bústia de debò i no acabaran illegides i reciclades com les nostres.


Malgrat que no existim, diuen que som a tot arreu el mateix dia. Això ens ha creat un trauma filosòfic de grans dimensions (tot i que no les podem mesurar perquè no sabem on som) i, el que és pitjor, una úlcera d'estómac que no acabem de localitzar. De fet, pensem que l'úlcera té el mateix problema que nosaltres -més biològic que filosòfic en el seu cas- perquè la pobra va igual de perduda.


Vosaltres, que, suposadament, ens suplanteu a les cavalcades i feu servir aquestes carrosses brasilerodisneypepis, sabreu perfectament què volen aquests nens de totes les edats que ho deixen tot per anar a veure-us desfilar vestits de drag queens i papagais, acompanyats d'una fauna diversa de comediants, faquirs, castanyeres, nans, ballarins, moteros, bruixes, teresines, alcaldes, carpantes, carboners, precolombins, malabaristes i faràndula diversa que us fa la pilota descaradament en aquest dia tan celebrat pels reimagfílics.


Total, per suplantar-nos a nosaltres, que no existim!


Però ja ens hem cansat de no ser més que el que diuen que som i, a partir d'ara, volem començar a ser el que diuen que no som. O sigui: polítics. I, sobretot, políticament incorrectes.


Mireu, una de les coses que ens emprenya més és que ens jivaritzin als pessebres i que els vostres marrecs ens agafin per la corona amb els seus ditets bruts i ens vagin avançant cap al nen Jesús, també jivaritzat. Quina irreverència! I quin vertigen! Ja és prou fotut viatjar en camell per les autopistes perquè, a sobre, et facin viatjar en mocodits!


I quin estrès posttraumàtic, la nit de Reis! Tota aquesta panda de xalats fent veure que són nosaltres... I el bou i la mula tan a prop... quina pudor, pfff!


O sigui, que s'ha acabat allò de Sas Majestats i tota aquella farsa d'irrealitat i màgia que no mena enlloc: volem que ens suplanteu del tot (físicament i filosòficament). I, aleshores sí, tranquil·lament, oficialment, màgicament, nosaltres podríem okupar una plaça d'alt funcionari, d'aquests que no hi són mai al seu lloc, però viatgen sempre amb cotxe oficial (amb alguna ballarina inclosa, pot ser?) i cobren com si hi fossin les 24 hores dels punyeteros 365 dies del vostre any real.


I, a canvi, us regalarem la nostra corona reial (plena de ditades dels vostres nens).


Esperant la suplantació total i definitiva, us saluden intensament,


Els tres exReis (esperem) d'Orient



jueves 7 de enero de 2010

Transparent


Per Raquel Casas


TRANSPARENT

La nit i la llum del cigarret
brillaven a la seva mà.
I jo, com una puta enamorada,
m'anava tornant transparent
al seu costat. Sense cabells.
Sense dits tacats de tinta.
Sense Chanel a l'escot.
Sense soroll.
Transparent
com l'ombra del primer gat
que vaig perdre.


De La dona bilingüe. Viena Edicions.


**

miércoles 6 de enero de 2010

Sirena


Por José G. Obrero



Se cae a cachos, sirena de humedales:
a mi corazón lo desean demasiadas cuchillas
y él se va a bailar desnudo hasta el amanecer
sale a bailar bombeando un río para tu nado.
Imprudente, te vas a destrozar con los bordillos,
abrígate esta noche, tápate de ella, de ella, ya.
Sale a bailar bombeando un río para tu nado
un amanecer desnudo sin cartílagos ni espalda
con los filos dispuestos como abrelatas eléctricos.
Para que no sequen tus escamas salta a la noche,
teje un edredón de lluvia para tus branquias
blancas.
Deja que el dolor se instale entre sus mondas.



martes 5 de enero de 2010

EPISTOLARIO


Por Carlos Rull

La primera carta llegó en viernes, una semana exacta después del entierro. El destinatario leyó el contenido entre horririzado y maravillado y sólo tras un buen lingotazo de bourbon fue capaz de sujetarse al teléfono como a la rama salvífica en la caída al abismo y ponerse en contacto con varios familiares y amigos. Quisieron hallar una explicación lógica en los conocidos retrasos del correo postal o bien en una broma malintencionada. Pero a la semana seguiente, el viernes, llegó otra carta. Mismo papel, misma tinta, mismo sobre, misma letra, sólo el matasellos, de una ciudad del sur, y el contenido, claro, eran diferentes. Esta vez la carta llegó a la a dirección de una vieja amiga de la que la difunta se había separado años ha por inexplicables diferencias deportivo-políticas. La pobre mujer apenas sobrevivió al susto. Otra vez se alzaron voces en el círculo de amistades y familiares que explicaron con lógica lo sucedido, pero fueron menos. Algunas murmuraron desde los rincones otras posibilidades. Se sugirió dejar al viudo y a los hijos al margen del caso. El viernes siguiente una tercera carta dirigida esta vez al hijo mediano echó por tierra esa idea. La familia entera vivió un sobresalto simultáneamente angustioso y animoso. Los más íntimos leyeron la carta con un interés que rayaba la obsesión. Se discutió del caso, se propusieron medidas y a la vez si recomendó no hacer nada, se mostró tanta indignación como alivio, tanto temor como ilusión.

Desde aquel día todas las personas que alguna vez conocieron o trataron, estimaron u odiaron, amaron o rechazaron a la difunta se levantaban cada viernes con el corazón en un puño y la mente en el buzón esperando la temida o anhelada carta. Ésta se recibía aleatoriamente ya en casa de un conocido lejano o un compañero de trabajo, ya en la de un familiar cercano, ya en la de un amigo íntimo. Siempre desde una ciudad diferente. Quién las había escrito estaba claro - o así se pretendía -, pues la letra era reconocible nadie más que ella podía saber todo lo que en aquellas epístolas se declaraba. A pesar de múltiples investigaciones, nunca se averiguó quién las enviaba.

Un año exacto después del entierro, tal y como anunciara la misiva anterior, llegó la última carta, dirigida a quien fuera fiel compañero de la fallecida. Tanto él como los hijos manifestaron su deseo de que su contenido no trascendiera fuera del ámbito familiar. Lo único que se supo, algún tiempo después, es que en ella se revelaban ciertos secretos y se perdonaban ciertos pecados.

lunes 4 de enero de 2010

Historia de una alubia (idiota) contada por mí misma


Por Ester Astudillo


Érase una vez que se era una alubia muy macarrónica fatigada de su naturaleza de alubia pinta, a la espera de poca cosa más que de emerger, mano humana mediante, del bote de cristal que la alojaba en el armario de la cocina para ir a parar por fin al puchero de los dueños de la casa, y de ahí a sus vientres, y … Bueno, obviemos el resto del peregrinaje que le aguardaba a la alubia hasta su destino final en alguna fosa oceánica, siendo ya no alubia propiamente, sino algún otro objeto cualquiera, cuya designación tiene m- de inicial.


Estando como estaba asqueada y hastiada, además de sola solita entre otras tantas alubias tan fatigadas, asqueadas y pintadas como ella, comadres en su mismo bote transparente en el armario de la misma cocina, quiso la pinta darle un giro a su humillante destino. Decidió que se iba a emparejar con una silla. ‘Y luego, dios dirá.’


Había observado largamente a su anhelado objeto de deseo, a través de las paredes vítreas de su cobija, imponente unos metros más allá del mármol que como alubia visitaba dos veces por semana. Aquel sí era un ser realmente diferente. No tenía ánima, lo cual representaba todo un avance. Era desproporcionadamente inmenso para sus raquíticas dimensiones de alubia estándar; le intrigaban sus cuatro extremidades tan bien puntuadas, y todavía más esa pieza a veces curvilínea, a veces perfectamente rectangular, en cualquier caso altamente erotizante, que se alzaba desde su vigoroso culo hasta la cúspide sillar. ‘¿Cómo iba a ser el sexo con una gigantesca silla?’


Sabía la alubia que su atrevimiento no iba a tener muy buena prensa. ¿Qué futuro le aguarda a una pareja alubio-sillar? ‘Cada oveja con su pareja. Y dios entre todos.’, oía ya trinando a sus comadres alubias. ‘Cochina envidia’, contraatacaba ella, aunque clamaba sólo para sí misma. Iba, además, a sudar tinta, ¡qué se le va a hacer!, en conseguir que el ama de su cocina la escogiera para el puchero –estaba muy abajito en su receptáculo; escalando puesto a puesto en la montaña de alubias podría tal vez situarse a la cabeza del pelotón, y así tener mayores probabilidades de hallarse entre las elegidas-; luego, antes de ser sumergida en el caldo hirviente, se las ingeniaría para saltar al suelo y rodar hasta los pies del destinatario de su pasión.


Quisieron los dioses y el cielo, que aquel jueves andaban faltos de ocupaciones, que la judía saliera de su cárcel como era su deseo y que sobre el mármol la colocaran tan al margen que fácil lo tuvo para abismarse y dejarse rodar hasta uno cualquiera de los 4 objetos llamados ‘silla’ que poblaban su cocina. ‘Uno por otro, tanto da, el que más cerca me quede.’


Y así fue que durante el asueto tras el ágape del puchero de la familia en la cocina de un anodino jueves, la alubia se ayuntó con la silla y tuvieron un sexo genial, aunque la silla, no siendo animada, poco tuvo que decir en el negocio. Se dejó hacer y ya está, toda la iniciativa la llevó la alubia. Ahora la pinta tiene su curiosidad saciada, al menos esa curiosidad en concreto. End of story. Exit both.

domingo 3 de enero de 2010

ME CONFIESO

Por Rufino Pérez

Una de las abandonadas prácticas que entraba dentro de los propósitos del nuevo año, era confesarme. Sí, propósito de la enmienda, dolor de los pecados y todo eso. Lo confieso: no visito –habitualmente- ningún blog. No tengo ninguna recomendación que hacer, salvo el blog de algún que otro autor literario que he visitado por compromiso o por buscar información cercana.
Tengo un amigo cura con el que me confieso a menudo fuera del confesonario y con la baraja y los chupitos en la mesa. Y me había sugerido que tenía que pasar al confesonario de verdad. En ese momento, yo le canté las cuarenta y también eran de verdad. No le supo muy bien, pero el juego es el juego.
Lo cierto es que esas cosas me las dice con la botella ya a medias y cuando se le han escapado un par de tacos por la mala racha. Luego él, sí que se confiesa, dice, con el otro cura que a veces viene de pandilla a la partida. Lo que estoy seguro es que no le confiesa las trampas porque cada vez que viene, le ganamos hasta el misal.
Bueno, que me voy de una cosa a otra. El caso es que no me voy a confesar más de lo que ya he hecho. Pero no por nada, sino que me ha iluminado la publicidad. Sí, ese gran dios inventado el siglo pasado.
Porque iba yo corriendo –deporte muy sano- a la marcheta, en uno de esos días que te los tomas muy tranquilo, y me paré 10 segundos delante de un mágico letrero de Monseñor El Corte Inglés, que me dice algo así como: ”Este año, los Reyes te los mereces”. Y digo, ya está. Si estos dicen que este año me los merezco, es que saben que los otros años andaba escaso de méritos. Y tampoco es eso, joer, total por no confesarme… Pero si ya este año, la Corte suprema de D. Inglés, ha decidido que me los merezco, pa qué confesión. Ir por ir, tontería. Ergo, en la próxima partida, antes de cantar un veinte, le diré a mi amigo que no, que no me confieso.
De todas formas, alguna duda me queda, porque ese mismo cartel lo estaba leyendo un vecino, de cuyo piso salían el otro día –Nochebuena, por cierto- sapos y culebras emitidos por su boquita y golpes y más golpes de los que al día siguiente –Navidad- daba fehaciente testimonio la cara de su pobre mujer.
¿Y si éste se cree también que se los merece? Seguro que tampoco se va a confesar. Ay, Santa Corte Celestial Inglesa, algo falla, pero mientras se siga consumiendo no hace falta confesión. Feliz Año Nuevo. Y Reyes.