miércoles, 30 de junio de 2010

Retrato de grupo frente al mar



Por Zápiro

1. En la primera mitad de la película, la cámara no se detiene un segundo. Durante los primeros 25 minutos, todos los diálogos se incrustan en alguna actividad paralela —limpiar los platos, bailar, preparar la comida, reír, abrir la maleta, mirar, bromear, adivinar— que reduce el argumento a conjetura. El guión no es sino una trenza hilvanada en ese ritmo impuesto por la joie de vivre. Se ha dicho que A propósito de Elly es una película contra la mentira, pero no es cierto: la gran amenaza, para el director iraní Asghar Farhadi, no es la mentira sino la media verdad, la conjetura, el plano secuencia, los cambios de habitación, el zoom, la carcajada, el salir y entrar, el irse o venirse, el juego, el amor, la amistad y las ganas de cambiar las cosas. Y de ahí que la duración, más de media hora, y la insistencia, un tanto mareante, por esa opción fílmica, haga que la ligereza termine imponiéndose como opción de vida, por encima del espectador efectista que en cada conjetura ya masca el drama.

En la primera mitad, la apuesta dramática es subsidiaria de esa opción. Ambas se engarzan de manera magistral en la secuencia del rescate del niño Ahmar: mientras los hombres juegan un partido de voley, el niño pequeño, que apenas sabe hablar, aparece diciendo: “Ahmar, Ahmar…”. Los hombres no le toman en cuenta, pero, a continuación, aparece la hermana mayor: “¡Ahmar, Ahmar…!” Los hombres reaccionan. Buscan al niño en el mar. “¿Quién estaba a su cargo?”. “Elly, Elly…”. “¡Elly, Elly…!”. Los hombres buscan a Elly en el mar, pero, a continuación, su amiga Sépideh decide meterse también, con la falda, con el velo, imposible. ¡Sépideh, Sépideh!... Uno, dos, tres niños. Uno, dos, tres ahogados. La continuidad impone su contenido atroz, desgarrador, sobre aquella joie de vivre que venía a justificar.

2. En la segunda mitad, la cámara se vuelve estática, se cortan los planos y los personajes son individualizados en cada encuadre. El ritmo, que carga con todos los costes de esa variación, se hunde definitivamente ante la decisión de Farhadi de no modificar, en consonancia, su propuesta dramática, basada en la mera yuxtaposición de conjeturas. Para entonces, el mar ya ha golpeado en sus vidas, y el drama se ha contraído sobre sí; es tiempo de deshacer los pasos, de atender al angustioso sonido de la resaca (“el ruido de las olas hará que me vuelva loca”). Y sin embargo, Farhadi continúa aportando elementos nuevos, insiste en la virguería argumental, sigue rebañando de las fuentes secas de la conjetura, de la media verdad y la mentira moral. Es un gesto valioso por lo ostensible. Farhadi ha echado a perder su película. En lo restante, le veremos adentrarse en la esforzada tarea de construir un mensaje ad hoc. En la presentación del novio de Elly, concretamente, en su aporte guiñolesco al hilo de la acción, se vislumbra no tanto la crítica política como la imposibilidad expresa [y expresada] de realizar una obra de arte sin quiebra de sentido, bajo un régimen totalitarista y de censura. (En el caso de Darbareye Elli, según se ha dicho, se implicó personalmente el presidente Alhmadineyad.)

3. A Elly se la presenta como una persona tímida, agradable. Una persona recatada que, llegado el momento de exigirse por los demás, responde (como cuando ayuda a las mujeres en la cocina, algo inusual en una invitada que no está comprometida con ninguno de los allí presentes, según la tradición islámica.) Enseguida se intuye que esconde algo, y la duda fundamental, que no decae hasta el fundido en negro, reside en si ello perjudicará al resto del grupo; si se tratará de un algo maligno, en manos de alguien que, ajena al grupo, no pondrá mayor cuidado en preservar su tranquilidad, o si se trata de un conflicto personal que, de rebasarse, lo hará a despecho suyo. Elly es la primera persona que introduce una mentira literal en el guión. Y con mentira literal no me refiero a una broma que todos asumen por tal y que no por faltar a la verdad es menos cierta. Elly le dice a su madre que, si alguien pregunta por ella, no diga que está de viaje en la playa. Elly será, con todo, la principal condenada por la narración.

Al contrario que Elly, quien ha tenido la oportunidad de ser presentada antes de mentir, su novio es el producto neto de una mentira. Antes de que aparezca en escena ya sabemos que ha mentido, que ha dicho ser el hermano en lugar del prometido de Elly. Tampoco es que su aparición física mejore las cosas, viendo como se enzarza en una discusión de tráfico absurda que, por cierto, no sabremos como acaba. Un personaje grotesco y deleznable, en definitiva, al que se le niega desde el inicio cualquier derecho a la compasión. Respecto al contenido impuesto por la censura iraní, y de la que el novio de Elly parece su exponente físico, no estará de más destacar que, aparte del castigo divino que recibe la (supuesta) adúltera, el hombre que se ha dejado engañar por ella recibe un castigo no menor, siendo como es ridiculizado de principio a fin, supongo que con la complicidad del censor. Por lo visto, el pecado no es el daño causado, sino su costra. El bermellón de la herida. Al final, todos los machismos son igual de subnormales.

4. Alguien recuerda que, minutos antes de desaparecer, Elly ha dicho que quería volver a Teherán. La conciencia del grupo se fractura en esa cuña, hendida en la posibilidad de que Elly descuidara a los niños, y se marchara a Teherán, pero salvara su vida. Lo que ocurre a continuación en torno al bolso de Elly define a un tiempo la talla artística y moral de Asghar Farhadi. En ese instante el drama ya tiene abiertas sus cuatro heridas, y comienza a pedir un catalizador. Con maestría asombrosa Farhadi consigue estabilizar el dolor, mediante un suave aterrizaje del shock, sin cerrar una sola de las posibilidades. El hecho de que la historia no se sancione en ese punto, no solo delata la talla del director sino también, ciertamente, su fe en unos valores tradicionales, basados en el dolor de lo fragmentario, en la angustia de lo insincero y, acaso también, en la necesidad del castigo divino. El problema es que esto último nunca podremos saberlo. Porque Farhadi considera más grave la imposición que el incumplimiento de esos valores, y ha arrumbado su película para [de]mostrarlo. Ése es nuestro drama.

En la segunda mitad, efectivamente, nada alcanza el nivel exigido por la primera. El contraejemplo a la secuencia del bolso de Elly es la disputa de tráfico en que se enzarza su novio, justo cuando Sépideh se sube en su coche. Un contenido extemporáneo, un personaje recién conocido, un contendiente sin rostro siquiera… ¿A quién le importa como acaba eso? ¿Y a quién menos que a Farhadi? Sin embargo el director explota esa veta, y nos tiene una serie de minutos en la duda de si Sépideh saldrá sana y salva del coche de ese tipo. Pero, ¿qué aportaría, en ese punto, el hecho de que Sépideh no volviera sana y salva? A propósito de Elly, ¿a quién le importa lo que su novio pueda hacerle en ese momento a Sépideh? ¿Y a quién menos que a Farhadi? El mismo clímax se repite al final de la película, cuando el novio pide reunirse a solas con Sépideh en la cocina. Ha sabido que ella persuadió a su amiga para que le engañara, y quiere saber si Elly se resistió. Conociendo al sujeto, la probabilidad de que no la abofetee en la cocina es inversamente proporcional al consentimiento del marido de Sépideh a que se celebre esa reunión. Y sin embargo el marido consiente. ¡Él mismo la ha abofeteado minutos antes! Y Sépideh accede. Y el chico pregunta. Y Sépideh miente. ¿Y a quién le importa? ¿Y a quién menos que a nosotros?

Darbareye Elly es una gigantesca película contra la vida, contra lo liviano, contra Sépideh. Decir, no obstante, que es una película contra la mentira es como decir que Caperucita es un cuento contra la violencia de género. Justo cuando trataban de explicárnoslo, perdimos el interés. Ése es el drama fundamental[ista].

lunes, 28 de junio de 2010

Redescubriendo a Platón (Prozac mediante)


Y la vida se anuncia tan posible [...]
que apenas la comprendes.
ANDRÉS NEUMAN en Década


De vegades, sóc molt mala alumna

E A



Por Ester Astudillo



El empeño de las cosas

de imponer sus límites exactos

me hace superflua:

¿por qué esta obsesión por describir

el despliegue de todo cuanto ocurre

si el mundo es, fue y será mundo

sin mi vigilia?

Si acaso existir fuera imperioso,

que lo hagan esos pájaros atípicos

ojos de nombre:

su filo apunta justo al fin del término,

se ciñe éste al objeto como un guante,

performan su función sin conmoverse,

existen para ver

y a eso responden.

Yo y mi yo superfluo haremos justicia

a cuanto exige nuestro nombre:

monosílabo trabado

que escapa de su cuna así se sabe.

Vivir yo, pues, por un instante

-primero y último-

el goce de saberme también

al mismísimo borde de lo perfecto.


domingo, 27 de junio de 2010

HAIKUS


(Por Sergio Belmonte)

Anochecer

con la mujer en celo

y no morir.


Abre tu cuello

y déjame que llene

de ti mis labios.


Lamo tu espalda.

Cada rincón de ti

me sabe a luna.


Mis manos muelen

tus senos como el pan

y son perfectos.


Como la luz

tu piel entre mis sábanas

se pliega y suda.


Verticalmente

va cayendo tu pubis

sobre mi sexo.


Verticalmente

va subiendo tu pubis

desde mi sexo.


Verticalmente

Va cayendo tu pubis...

Y el tiempo muere.



.

sábado, 26 de junio de 2010

ENCUENTRO

Por Antonia Martos









Encuentro, 1959
Óleo sobre lienzo
Remedios Varo



Desperté
en aquella habitación.
Fui hacia el espejo.
Comprobé que esa mujer
no seguía siendo
la misma.

El infinito
se interpuso
entre nosotras.
Tan sólo éramos
dos puntos
que se atraían.

Su figura se desdibujaba.
Me acerqué.
y su imagen se hizo
nítida.

Cargué un revólver
con los feroces recuerdos.
- ¡Cometerás un error! - Gritó
Fingí no darme cuenta.
Disparé.
El cristal hizo añicos su sien.

viernes, 25 de junio de 2010

Tu ángel




Per Mercè Mestre



"Hay un ángel en tu mirada."
(Miguel Bosé)



A esa velocidad, quién lo para...

En pleno día
te atraviesa: luz sombra luz,
pero apenas se deja ver.
Es una raya finísima
que entra sale entra
y se queda ahí en tus ojos
de color tormenta.

Aparece un instante cuando los abres.
Desaparece cuando los cierras.

Se esconde cuando mientes.
Se derrama cuando lloras.
Te ilumina cuando vuela.

Tu ángel.

Al atardecer
te incendia el corazón
(en ese juego intermitente de vivir
y de morirse a ráfagas)
y luego se quema a lo bonzo
para verte llorar
aunque no le quieras.

De noche
pasan y pasan veloces las estrellas
haciendo aire,
arrastrando jirones de nube
en medio de la tormenta.

Veloces,
cruzan miradas y lluvias
y cielos rasgados
y mares de arena.

Y al amanecer,
como si nada hubiera pasado,
como si nadie hubiera pasado,
como si nunca hubiera pasado,
vacías la ceniza pausadamente
sobre la cama,
con mirada de amapola,
te recoges las trenzas
bajo la capucha
y buscas por el aire
húmedo de las terrazas
tu nuevo ángel imparable.


jueves, 24 de junio de 2010

Portátiles


Por Raquel Casas

Esta mañana he encontrado dos ordenadores portátiles en la calle. Los he recogido y examinado, alguien los habrá perdido. Son iguales y tienen unas etiquetas con nombres. En uno puedo leer claramente la dirección y me dirijo hacia allí para devolverlo. Es un cine. Está cerrado y me atiende el gerente. Le digo que he encontrado su portátil. Está tan contento y agradecido que saca una hoja con la situación de la platea y me da a elegir una butaca. Miro el plano y me quedo con una de la segunda fila. Entonces me dice que perfecto y que puedo ir gratis a ver películas el resto de mi vida; además me enseña un calendario y añade que además cada semana podré ir gratis con un acompañante, y cada mes con cuatro más. Me parece un buen regalo. Luego me marcho e intento descifrar la dirección del otro ordenador. Me cuesta más trabajo porque está más borrosa. Pero identifico el código postal de Sitges. Voy hacia allí y en cuanto llego le pregunto a un policía si reconoce la dirección que a medias queda escrita. Me indica una calle cercana y apunta que allí hay una inmobiliaria. Voy hacia allí, entro y me hacen esperar un momento pues están todos muy ocupados. Mientras espero miro por la gran ventana. Hace un día estupendo; ya es verano. En ese momento pasa un coche muy elegante remolcando un pequeño yate. Sobre el yate veo a Sara, me acerco a la ventana y grito su nombre muy fuerte, pero ella no me oye. Ya me atienden en la inmobiliaria y les enseño el ordenador. Se alegran mucho también, ya lo daban por perdido. Como agradecimiento me dan la mano y me explican que no pueden regalarme ningún piso, últimamente el Euribor está por las nubes.

**

martes, 22 de junio de 2010

Un juego: dos relatos II. Pequeño resorte

Por José G. Obrero

Porque todo comienza con el ruido
de un pequeño resorte
dentro de ti
indómito
el sonido de una pequeña aguja.

María Lainá


UN JUEGO DOS RELATOS II. PEQUEÑO RESORTE

PEQUEÑO RESORTE MODO “OFF”

Me gusta cruzar la ciudad por la noche. Los neones y letreros luminosos de los barrios parecen invitar a una fiesta secreta. Se abren las calles con continuas escenas. El taxista no habla (yo se le agradezco). Disfruto escuchando cualquier tipo de música mientras observo a la gente: una pareja besándose, un grupo de adolescentes con su monopatín bajo el brazo, un corredor aprovechando la temperatura suave de esta hora. Llega un mensaje de Elsa. Me reconforta saber que no anda lejos y que, si no fuese por esta primera hilera de edificios, podría ver su ventana en este instante (estoy pasando a su altura). Y aunque me encantaría verla no iré a su casa, mañana tengo que levantarme temprano y me espera un día duro. Ya sé que me he preparado la charla, pero nunca está de más darle un último repaso. Me siento afortunado con este trabajo que siempre plantea retos. En general, me siento afortunado de tener un trabajo en los tiempos que corren. Llegamos al destino. Ahí está “El Inglés” acodado en la barra. No es mal tipo. Le invitaré a una cerveza después de que me pase la bellota. Me apetece acabar la noche en mi casa, escuchando a Devendra con un porrito. La alegría me toma la cintura.


PEQUEÑO RESORTE MODO “ON”

Cruzo la ciudad por la noche como el que se adentra en las fauces de un monstruo. Los neones y luminosos de las calles me agreden. Me recuerdan demasiado a los locales sórdidos de mi barrio: pizzerías mugrientas para adolescentes con pretensiones, bares de viejos con w.c de agujero en el suelo donde siempre asomaba la cabeza de la última cagada.
El taxista quiere amargarme con su mal gusto musical. Canciones ñoñas para marujonas solitarias al borde del divorcio o incapaces de hacerlo. Tristones de alma fofa por el exceso de azúcar y soledad. Mejor que no me hable porque debe de ser estúpido y no estoy para monsergas sobre el tiempo.
Me pregunto qué hace esa fauna por la calle. Una pareja se besa antes del naufragio, un grupo de adolescentes, carne de cañón, exhiben bajo el brazo sus escasos recursos: saber patinar, un tipo corre para escapar unos minutos de su vida (de lo contrario no entendería qué hace a estas horas de la noche). ¡Dios, lo que me faltaba, un mensaje de Elsa! ¿Qué quiere ahora? No, no puedo continuar, me asfixia: nos vimos hace sólo tres días. Además, mañana tengo un día duro en el puto curro. ¿Es qué debo de estar eternamente agradecido por tener un trabajo? Es una basura. Contenedor de materia orgánica donde arrojo mi vida día tras día: carne de mediocridad. Y debo dar las gracias: ¡pues gracias, joder!
Llego a mi destino. Ahí está “El Inglés”. Si no fuese porque me pasa chocolate no trataría con semejante tipejo en mi vida. Acabaré la noche fumándome un porro en mi casa mientras escucho a Devendra. La idea de caer derrotado en la cama me aligera esta angustia.

Si digo

Por Carlos Rull

Si digo - solo – sólo silencio,

si urdo blancos mutismos, conciertos

sordos, afónicas melodías

sin olor ni latido ni pálpito,


si concedo mi tiempo virgen,

mis palabras aún no dichas

a la gélida ausencia,

a la lógica renuncia,


¿qué me queda?,

¿qué soy?


Me abandono al flujo mugriento

del silencio abatido,

me dejo ser no ser,

digo sólo silencio,

digo solo silencio.

Y hasta el olvido olvida olvidarme.

¡Ah!

Ya nada se comprende.


De la imagen: http://imanoltxu.blogspot.es/1220999280/silencio!!!/


lunes, 21 de junio de 2010

Fotos

Para M, mi ortodóntico desdentado favorito,
aunque no se parezcan más que en la edad
y el color del pelo

Mi única destreza es protegerme
ANDRÉS NEUMAN, en Década, poesía 1997-2007


Por Ester Astudillo

Roberto vino a tomar café hoy. Rompimos por fin el hábito de no pisar terreno propio, ni de uno ni de otro, que duraba ya una década larga. Quiere ser cortés, recuperar viejas batallitas, y me ofrece, yo sé que de mentirijillas, regresar al tiempo que compartimos. Así que le explico cosas de mi vida, pequeñas historias, y las adobo con sesión fotográfica: voy a por los álbumes de la época en que acabó lo nuestro -o de poco después, no puedo precisar con exactitud-, se los muestro lentamente y me detengo en algunas páginas, así, al azar, tontamente. Otro día aprenderá.

Roberto se extraña al ver a un niño en las fotos que siempre sale de espaldas, o girado; nunca de frente. ‘El rubito ese tan guapo al que no le sé ver bien la cara.’

Entonces yo le espeto esto:

Le salían los dientes grises y torcidos. Demasiado grandes para su boquita infantil. Luego, encima, las previsiones fallaron y estuvo una ristra de meses con dos feos huecos junto a las palas que eran sin falta el centro de atención. Para evitar que las piezas se desplazaran, el odontólogo sugirió dos pequeños implantes semitransparentes –‘así matamos dos pájaros de un tiro, señora; por encima de mi cadáver que su hijo sufra además de diastema’. Yo me negué en redondo: los implantes siempre me han dado grima, y con ocho añitos era obvio que le iba a ahorrar el mal trago. Mi consejo, mucho más barato y menos traumático, fue que para sonreír y para las instantáneas debía ponerse siempre de perfil.

Hace escasos minutos que se fue Roberto. Creo que con este rato bastará y no le quedarán ya ganas de jugar a los prestidigitadores conmigo.


domingo, 20 de junio de 2010

Que no decaiga...

Por Rufino Pérez


Le enseñaron y aprendió muy a pesar suyo. No debes mentir. Y nunca miente, es decir, es capaz de reconocer la verdad ante cualquiera que le pregunte con ánimo de ayudarle a encontrarla. No toques eso, niño, que no es tuyo. Y ahora defiende la propiedad privada y el capitalismo. Tienes que ser bueno con los demás. Y ahora no sabe qué hacer con aquellos que no se aprendieron esa regla y que viven a su alrededor. Si haces el bien, recibirás el bien. Nunca le dijeron cuándo llegaría el bien de vuelta, aunque siempre queda el recurso de ir al cielo por saber esperar. Y por la misma regla de tres, dinero llama a dinero. Y en este caso sí que hay comprobación empírica.

¿Hacía mal en buscar su felicidad en las cosas sencillas? El otro día le multaron por arrancar una flor de un parque público. Les dijo que el verano pasado había estado plantando árboles como voluntario…que era ecologista. No sirvió de nada. Además, él estaba convencido de que las flores se hacen flores cuando alguien es capaz de entender su perfume. Pero el guardia aquel ni lo miró cuando firmó la multa.

Y hoy camina entre multas, guardias y cierto miedo a no hacer las cosas bien. Es mi héroe.

sábado, 19 de junio de 2010

RESPIRAR



Por Antonia Martos





Mujer saliendo del psicoanalista, 1960
Óleo sobre lienzo
Remedios Varo



Arrojas una cabeza
(femenina)
al pozo.

En tu cesto
-desperdicios
de una inexistencia
fantasmal-
culpa,
miedo
y un estómago.

Tras la visita,
subes la Avenida,
deshaces la máscara.
Rompes con los buitres,
sin ojos,
también con los cretinos,
sin vida, sin aliento.

Apartas el recuerdo.
El mal sabor
de aquéllas hierbas
sube a la garganta.
La vida necesita
todas
tus sílabas.

Te paras.
Pasas la mano
sobre el papel.
Escribes
la misma carta.
Esta vez dejas abierta
la ventana.

viernes, 18 de junio de 2010


I LOVE EL FACEBOOK


¡Vaya vaya! , empiezo a sentirme realmente orgullosa de my progress y eso que cuando empecé era incapaz de comunicarme. Tanto es así, que cuando me pedían que me hiciera following de alguien afloraban mis más bajos instintos y revisaba la información dada asegurándome, con la autoestima subida, que había puesto una foto reciente, la edad e incluso el estado civil.

Cierto es que me costó salir de ése plácido estado que da la ignorancia, y no sólo idiomática, pero lo superé haciéndome fanática del género humano en general: hasta de un señor de Badajoz que aseguraba haber visualizado mi nombre en un sembrado de judías verdes, escrito con ramitas de azahar.

Jugaba a desahogarme de mis incompetencias tecnológicas con pacíficas guerras de pandillas, que abandoné porque hasta virtualmente soy mala para las peleas. Siempre me sabía mal guerrear con los heridos, nunca conseguía dinero para poder comprarme la fashion-chupa-de-cuero y mucho menos la mágnum, encima sólo poseía una miserable esquina donde pasear, entre calores, mis frustraciones de macarra.

También fue una verdadera tortura para mí, alguien absolutamente convencida de que nadie se cruza en tu vida por casualidad, que aparecieran tantas presuntas personitas con currículos inabarcables de intereses y aficiones que me enviaban solicitudes de amistad, en algunos casos envueltas en deliciosos gifts horteras, que llenaban la pantalla con reflejos de polvillos mágicos y me dejaban en estado friki catatónico.

Reconozco que me aficioné y comencé, con el diccionario de inglés robado a mis hijos, a rebuscar por las configuraciones y me dí de alta en un sinfín de interesantes lugares llenitos de kisses de butterfly, de angels and fairies, de fantasy glitter,…..con los que obsequiar mediante sends a my friends compulsivamente.

Tras recibir varias bofetadas de book peliculero a la face de mi intimidad, tras golpearme una y otra vez con el muro propio y ajeno cual fantasma novato, tras acabar batiendo récords de cambio de perfil por puro aburrimiento narcisista y encajar furibundos ataques a mi ego virtual con los recomendados test….comenzó mi historia de amor catódico incondicional.

Descubrí la magia de un universo lleno de momentos compartidos. Puse cara inmediata a sensaciones de mis amig@s con sus fotos y sus mensajitos, me permití enviar y recibir oportunos achuchones, suaves toquecitos de aquí-estoy, felicitaciones de cumpleaños y de maravillosos no cumpleaños, despertarme con sus buenos días y soñar con sus buenas noches, e incluso escuchar en vivo, sintiéndolo en directo, los partes meteorológicos de sus soles y sus sombras.

Empecé a recibir guiños de mi familia andaluza bañaditos aquí y ahora en su añorado Mediterráneo, abracé nostalgias de compañeros de estudios que al igual que yo, que no hice la mili, disfrutan contando batallitas, muchos ya desde el cambio de bando, con tierna memoria de prehistorias adolescentes.

Pero sobretodo aluciné fascinada por toda la cantidad de gente, en la mayoría de casos sin sello editorial, que derrocha y comparte arte por la nunca mejor dicha face, aunque no tenga book publicado. Con las impagables tertulias de mentes lúcidas llenas de humor y amor, con los perseverantes y currantes seguidores de nobles causas que desprenden un maravilloso efecto contagio, el cual te hace creer que el cambio no sólo es necesario, sino posible. Y como no, con los hallazgos compartidos de músicas youtubizadas que refrescan memorias o las rellenan con nuevas sensaciones facebailables.

Aunque acepto varias crisis de pura rabieta virtual, con descargas de borradora compulsiva, donde los abrazos no dados se enredaban con los ojos que no ven y ambos tropezaban con un corazón que sí siente: pura melancolía de presencias.

A pesar de que no es oros todo lo que reluce tras los muros y muchos perfiles, paradójicamente, son frentes de hipocresías decoradas con rimbombantes palabras, que hay vampiritos de face estrecha que chupan energía sin dar ni una miguita-luz e incluso bandadas de PCececitos desolados que sólo buscan robar compañía, no compartir soledades.

A pesar de todo, SÍ, nos vemos en el Facebook, un buen terreno para sembrar miradas, buenos pastos blues para los animalitos de pluma y pincel, y un buen universo para compartir resacas de lunas entre colegas….como dice el Jaume Sisa en su canción: *Benvinguts paseu, paseu, casa meva es casa vostra si es que hi ha cases d’algú…. que sea lo que sea…. qualsevol nit pot surtir el sol.



* Bienvenidos pasad, pasad, mí casa es vuestra casa si es que hay casas de alguien. Cualquier noche puede salir el sol.

jueves, 17 de junio de 2010

Romeu


Per Raquel Casas


Romeu

Sempre he sabut que el Romeu

és un punk, malgrat el nom,

la pell de plata i la sal als ulls.

Però per damunt la cara

li corre la nit com a aquells

a qui la mort urpeja els sentits.

"El futur no existeix", murmura

llepant a desgrat el coll d'una ampolla.

"El paisatge es repeteix una i altra vegada".

El Romeu no és un punk agosarat,

pren Prozac i com un ocell ferit

tempta la sort amb passos menuts.


**

miércoles, 16 de junio de 2010

Amnistía fiscal

Por Zápiro


He llamado al 11088. Alguien ha dejado una tarjeta bajo el colchón del que yo había dejado un billete de 500 euros. Me ha atendido Carmen Camprubí. La tarjeta ha resultado ser de un restaurante de la zona de Serrano. Mi secretaria no frecuenta restaurantes de Serrano, a no ser que la inviten, y ella es la única persona viva que ha pisado este habitáculo, aparte de mí. He llamado a mi secretaria. Dice que no la invitaron, sino que cenó allí tras encontrarse un billete de 500 euros debajo del colchón de mi jefe. He ido al habitáculo de mi jefe. La señora de la limpieza, a la sazón mi tía Alfonsa, me asegura que ella se lleva siempre todos los billetes de 500 euros que encuentra debajo del colchón de mi jefe. Le he preguntado donde los guarda. Me ha respondido que en cualquier otro habitáculo distinto al de mi jefe, quien sin duda la descubriría. Le pregunto si ha entrado alguna vez en mi habitáculo. Me responde que cada día. Llamo a mi secretaria. Le pregunto si sabía que la señora de la limpieza, a la sazón mi tía Alfonsa, entra cada día en mi habitáculo. Me contesta que ella se lo tiene prohibido. Le pregunto si, para lograr su anuencia, tuvo que ejercer algún tipo de soborno. Me contesta que le bastó con los 500 euros que se encontró debajo del colchón. Llamo a mi jefe. Me sugiere que llame al restaurante. Que organice una cena de empresa y que invite a mi tía Alfonsa. Resulta que un hijo suyo, a la sazón mi primo Umberto, trabaja allí como camarero. Así que llamo a mi primo Umberto y le digo que vamos a ser 500, y su madre. No fumadores.

*

En el restaurante, el Cocinero ha esparcido por las mesas, a modo de pagaré, tacos de tarjetas firmadas por altas personalidades. Ante el alborozo general, explica que se han prohibido los billetes de 500 euros. Le doy a mi primo tres tarjetas firmadas por Torrebruno y le pido que me traiga un paquete de Marlboro. Pero mientras las coge, le hago notar que traigo, a modo de prueba, la tarjeta aparecida bajo mi colchón. Me contesta que no la había visto en su vida, y que, en cualquier caso, en nada se distingue de las demás. En ese momento, decido firmarla. Mi primo se aleja precipitadamente y me trae dos paquetes de Marlboro, junto con tres ceniceros. Me entristezco. La sopa está fría y no tengo cerillas. Mi jefe sonríe y me dice: ten paciencia, estás un poco jueves.

En la mesa, los comensales han reaccionado a la prohibición con una acción protesta: juegan a encestar las tarjetas en las copas ajenas. En la refriega temo perder mi única prueba, y me guardo en el bolsillo la tarjeta firmada por mí. Mi tía Alfonsa arquea las cejas, y rubrica compulsivamente todas sus tarjetas con mi firma. Le advierto que existe un sistema antifraude. Entristece. No puedo con ella. Le ruego que sea un poquito jueves; pero rompe a llorar. Así que le regalo la tarjeta auténtica, aparecida bajo el colchón. Emocionada, me da un billete de 500 euros y todas las tarjetas falsificadas con mi firma. Pero yo sé que mi tía Alfonsa se arruinó en el 57, y que el billete de 500 euros es falso de toda falsedad.

Entre tanto, mi primo Umberto ha desaparecido, y decido ir tras él.

En la cocina, el Cocinero me advierte: si entra aquí, le multaré. Me llevo la mano al billetero y, cuando estoy a punto de pagar, caigo en la cuenta de que ya estoy dentro de la cocina.

- ¿Has calentado mi sopa? -le sorprendo.

- Tu sopa se toma fría.

- Ya. ¿Has calentado mi sopa?

- Sí.

- ¿Por qué has calentado mi sopa?

- Para que no me pidas que te la caliente. Porque tu sopa se toma fría.

- Ahá.

Silbo. Me paseo. Grito y aúllo por su cocina. Pasado un lapso, le pregunto:

- ¿Me permites salir de tu cocina?

- No. Antes tienes que pagar la multa.

- No te voy a pagar la multa.

- ¿Por qué?

- Para que no me multes por entrar. Porque ya estoy dentro de tu cocina.

Se entristece. Farfulla unas palabras. Nadie le escucha. Sabe que ha llegado su turno... Se destoca el sombrero, se arranca los galones, se quita el albornoz, se saca la pata de reno de la boca, y me hace entrega del Gran Cucharón del Rey Torrijas Fernández. Emocionado. El camarero, a la sazón mi primo Umberto, había dejado tarjetas como miguitas de pan hasta la bodega, y me hace señales desde el fondo. El pasadizo huele a puritos Dux.

*

Por fin en la bodega, mi primo todavía se muestra displicente. No sabe que tengo cientos de tarjetas con mi firma falsificada. ¡La firma del Rey Torrijas! Al verlas se le achinan los ojos y, por primera vez, me dice que quizá sepa algo de mi billete de 500 euros... Pero la cena se acaba. Los comensales se largan. La vajilla se estampa. Y el billete me llega, por fin, grapado a la cuenta de los platos rotos. IVA incluido.



(Imagen: La Arbonaida.)

martes, 15 de junio de 2010

Busco trabajo

Hace unos días un amigo me habló del ‘Silenci dels arbres’. Su autor, Eduard Márquez, había dado una charla en un club de lectura y contrariamente a la actitud de muchos autores, no tuvo ningún problema para hablar del génesis de su novela, el germen ajeno que destapó el tintero:

Antes de que los alemanes completasen el cerco de Leningrado, el gobierno soviético logró enviar a los Urales todas las obras de arte del Museo del Hermitage. Un guía de ese museo viejo y enfermo decidió continuar las visitas guiadas y explicar cuadros que no estaban con tal pasión y destreza que los visitantes acababan por verlos, apreciarlos y comentarlos.”

El entrecomillado lo he sacado de internet. Al parecer el germen de la novela también sirvió para fecundar una obra de teatro. La imagen de un museo vacío (¡el Hermitage!) con un guía entregado por amor a su trabajo mientras la muerte revolotea en el exterior, no es para menos.

No he visto la obra ni leído la novela. No sé si estarán a la altura del poder de evocación que tiene la anécdota real (o lo que haya de ella). Escritores como Cercas han logrado el éxito centrándose en la anécdota y desarrollando la investigación como si ésta fuera la trama en sí misma. A veces pienso que se podría escribir un libro reuniendo solamente las historias que sirvieron para poner en funcionamiento la maquinaria de fabulación de tantos escritores. ¿Qué pesadilla desveló a Sánchez Piñol para escribir ‘La pell freda’? ¿Elena Medel tuvo realmente un trauma cuando se puso su primer bikini?

En fin, tal vez este formato ya existe en un tipo de crítica literaria, pero a mí me interesaría más el relato de la anécdota, no la conexión con el autor que la hizo célebre. El libro de las historias robadas, podría llamarse.

¿Algún editor me contrata para llevar a cabo el proyecto?

lunes, 14 de junio de 2010

'Cause Bedlam's, oh!, So Fine / El asilo de una locura

To someone very dear I'd like to say:

"So why don't we go
somewhere only we know?"
K
EANE


The poem is for B J,
for all the thought invested around the special species
we like to call ourselves



By / Por Ester Astudillo



Bring me back to my needs
Where existence is no wonder:
Only hunger, and thirst and lust.

Take back all my wants;
I’d sell my idiosyncrasy
For a common room, a cup of tea,
A heartfelt knockout.

Hold the lessons
I packed and wrapped in lace for you;
Throw them with the waste then
Even that not being your wish.

I’ll take your bite –or your fuck-
Like an animal no more in hiding.

We’ll lie unburied when all is past,
With no dreams in stock,
In a haven where no hell or ruins,
Nor God or tombs apply.



* * *

Llévame de vuelta a mis necesidades,
donde la vida no genera dudas:
sólo es hambre, y sed, y lascivia.


Devuelve mis carencias;
venderé mi idiosincrasia
por un corrillo apenas,
una taza de té,
un gancho de corazón.


Acuna las lecciones
que envolví en celofán

para ti;
deshazte luego de ellas
aun no siendo ése tu deseo.

Tomaré tu muerdo -o el polvo que me ofreces-
como un animal que ya no se esconde.


Cuando todo haya acabado
yaceremos en la tierra,
sin sueños en espera,
asilo donde el mal,
ni las ruinas -o Dios
o las tumbas- aplican.



Copyright of the image Kazuya Akimoto (Sleeping Beauty in the Wood), at http://kazuya-akimoto.blogspot.com/2008/03/sleeping-beauty-in-wood-fairy-tale.html

domingo, 13 de junio de 2010

HISTORIA DEL HOMBRE

(Por Sergio Belmonte)




El hombre nace,

crece,


copula en las esquinas,

en los bares de putas

y en los turbios despachos,


en consecuencia: se reproduce;


el hombre escupe yodo contra el viento,

maldice a las deidades,

se queda

solo

y escribe un libro.


Al fin,

el hombre muere

(el libro queda).




Mañana

todo será archivado por el tiempo

en los negros burdeles del olvido.


.

sábado, 12 de junio de 2010

ESCENARIOS FANTASMAGÓRICOS

Por Antonia Martos













El viento devora
las burbujas (inmobiliarias).
Algunas escapan
para más tarde
- sin necesidad del tacto -
explotar por todas partes.

Una bestia
sin estómago
engulle inagotables
pisos desiertos.

Las grúas
petrificadas
quitan el sueño
a hombres
y mujeres
esclavos del dinero.

A plena luz del día
los matorrales violan
inmensas barras
de hormigón.

No hay dinero
para derruir,
de raíz,
los restos
de un paisaje
sin alma.

Es necesario
despertar
de la catástrofe
volver a lo esencial.
.

viernes, 11 de junio de 2010

Zumzum . Ka




Per Mercè Mestre



(Per a Cesc Gelabert, de mirada egípcia)


Pels campanars de Somnàmbula
queien olives de les teves mans,
raïms de plata intermitents
esclataven de tant en tant
sota les dunes.

Zumzum-Cesc.
Libèl·lula gelada.
Cercle polar àrtic
on una princesa sola gira
penjada de cordes de gelatina.

Zumzum-verd.
L'ombra de les teves mans
s'allarga fins al mar invers,
on aterren oliveres
i avions carregats de son.

Zumzum-gel.
Far que fa perdre el sud
als radars de la mort.
Hexàgon magnètic de sal
que convoca ànimes en silenci.


miércoles, 9 de junio de 2010

Circo

Por José G. Obrero


Qué buen funambulista sobre tu filo.
Camino con firmeza, mirada al frente
y nada me detiene, ni la brisa del norte
ni el grito de las niñas que esperan
el zarpazo.
Impertérrito ante las amenazas,
soy el preso musculado que ejercita
su soledad hasta domarla,
dócil como un perrito que lame al amo.
Filo de mis ideas
cómo cortas los pies pero camino,
a veces troto incluso, mirada al frente
y nada me detiene. Burbujea la sangre
y hace cosquillas, y río sin caer.
A veces río.

martes, 8 de junio de 2010

De los nuevos tiempos

Por Carlos Rull

La página en blanco. Otra vez. Como cada tarde desde hace varios meses. En cuanto da cumplido término a sus obligaciones inexcusables, se encierra en el despacho dispuesto a la vana batalla con el vacío infinito de la hoja y de la imaginación. Pero esta tarde es la última: mañana tiene que entregar imperiosamente el texto a la editorial. Maldice por enésima vez el día en que se le ocurrió abrir la boquita en público para afimar que antes de final de año publicaba algo. Bocazas, boceras, facundísimo sacamuelas. Y venga a darle vueltas. Y a ver qué les digo mañana si no tengo nada escrito. Si no se me ocurre nada.

En realidad sí que ha alumbrado alguna idea e incluso ha esbozado un esquema mental de la misma. Pero ni en el más enloquecido y alucinado sueño se atrevería a manifestar por escrito lo que le ha venido rondando la cabeza durante los últimos tiempos. No puede escribir eso. No puede hacer público el infinitio hastío, el atroz desbaratamiento de los cielos, la espeluznante máscara de las piedras. Pero se ha quedada yermo de palabras, estéril de frases, árido de ocurrencias para seguir bailando el carnaval.

Finalmente, harto ya de meditar en vano, decide construir un “corta y pega” de citas ajenas. Será que no tengo donde escoger, piensa: veinte siglos dan para mucho. Y además se le acaba de ocurrir un título: De los nuevos tiempos. No puede evitar sonreir tristemente ante la ironía..

Cuando da por concluido el texto, las campanas de Roma estremecen las últimas luces del día. Es su primera encíclica.

lunes, 7 de junio de 2010

Time Refuses to Stop / El temps no vol deturar-se

And all I know of you
Is in my memory.
And all I ask is
You remember me.

S. VEGA in ‘Rosemary’, from Retrospective

Cuenta y canta la cifra en la esfera,
cuenta y canta tácticas de espera

con su tic-tac, tic-tac, tic-tic-tac.

L. E. AUTE en A día de hoy


Identity is memory, I told myself. Memory is identity.

JULIAN BARNES in Nothing to Be Frightened of


I wonder if memory is true, and I know that it cannot be,
but that one lives by memory nonetheless and not by truth.

IGOR STRAVINSKY





By / Per Ester Astudillo


I don’t masturbate no more.
They say it’s a good thing,
say it’s a sign of maturity,
but I’m not all that sure:
after all I’m over forty.

I don’t replace dead plants at home,
they keep dangling indecorously
ruining the vista.
But this is not a sign of maturity,
nobody says so,
nobody dares say what it is
a sign for,
and I wonder.

Other things I’ve ceased to care for:
parental approbation,
success,
making a good mother’s job,
sustained sexual satisfaction,
being over- or under-weight,
an easy life,
pill abuse,
Romantic love,
a bosom friend for a life-time,
God’s existence,
etc.

And here’s a conundrum all right,
‘cause I get half reassuring
and half disheartening feedback,
which makes me wonder.

And I wonder too if this wondering
is of any use
or what it may be a sign for,
‘cause I’m over forty.

I don’t masturbate no more.
Yet the best is not behind
but still to come,
all too settled in my memory.


* * *

Ja no em masturbo.
Diuen que m’hauria d’acontentar, això,
que és un signe de maduresa,
però jo no n’estic tan segura:

al cap i a la fi, en tinc més de quaranta.

No enretiro les plantes mortes a casa,
continuen penjant totes lletges
destorbant la vista.

Però això no és senyal de maduresa,
ningú no ho diu,

ningú no s'atreveix a dir de què és senyal,
i em fan ballar el cap.

Altres coses per les quals
he deixat de preocupar-me:

l’aprovació dels pares,
l’èxit,
fer una bona tasca com a mare,
tenir una vida sexual plena,
pesar més del compte,
una vida fàcil,
pesar menys del compte,
fer-me addicta a les píndoles,

trobar la mitja taronja,
conservar un amic de l’ànima,
l’existència de Déu,
etc.


I hi ha un cul-de-sac aquí,
perquè em diuen
meitat coses tranquil·litzadores,

meitat descoratjadores,
i em fan dubtar.


I em pregunto també
si dubtar porta enlloc,
o de què pot ser senyal,
perquè en tinc més de quaranta.

Ja no em masturbo.

Però el millor encara no ha passat,
està per venir,
tot ben lligat
en el meu cap.







domingo, 6 de junio de 2010

POESÍA III







Por Rufino Pérez




1. Escribir al filo de la madrugada y pensar que alguien leerá lo que yo escribo. Toda una ilusión. O tal vez no. El papel quedará sobre la mesa. Premio para el primero que llegue. O tal vez no. Leerlo se puede convertir en un peso de conciencia. A nadie le gusta que lo premien con algo pesado. O tal vez no. Porque una saca de esas que utilizan los transportes blindados, repleta de billetes de curso legal, es un peso que aún se puede llevar.

La maga de mis sueños anda rondando mi cabeza. Y escribo. O tal vez no. Quien escribe es ella. O soy yo, pero ella me inspira. La vida es siempre una línea indeterminada.

___________

2. “Amanecía sobre la ciudad repleta de almas que ni siquiera se estremecían al notar los primeros rayos del sol…-pero, ¿las almas no son etéreas? Pregunto yo, autor, a ti, narrador-..que convertirían la penumbra en un conjunto de formas y colores. No hay ni un alma por las calles. –ah, ya veo, andamos en plan metafórico-. Duermen. O sueñan despiertos. O tal vez sueñan sin necesidad de dormir. O sencillamente duermen.

La maga de los sueños creará la ilusión de que han vivido mientras dormían. Tal vez la vida sea eso: el sueño de estar vivos.”
__________________

3. Alguien me mira desde la ventana. No quiero apartar la cortina porque entonces sabrá que la miro. ¿Y si así fuera? Es joven, guapa. Muy guapa. Le gustará que la miren. O tal vez no. Cuando uno escribe, nadie le mira. Escribir es una tarea solitaria, aunque las voces se mezclen y creen la ilusión de tener al lado a los personajes. Pero ella no está escribiendo.

Qué ojos más bonitos tiene, qué llenos de magia. Donde ella vive, su escalera no tiene pasamanos de oro. Tal vez ni siquiera tiene ascensor. Pero en la calle, todos somos iguales. O tal vez ella sea aún más guapa de lo que yo la veo desde aquí.

Saldré a la calle, a pesar de la lluvia. Tal vez la vida se encuentre en el deambular de una calle cualquiera.

________________________
***Todo esto no sé si tiene que ver con Cortázar, pero probad a leer en orden aleatorio estos 3 textos. Puede ser divertido. O tal vez no.

sábado, 5 de junio de 2010

INSTRUCCIONES PARA ESCRIBIR EL MUNDO MÁGICO DEL ABSURDO

Por Antonia Martos











Empiece por tirar las hojas escritas, deje caer un suspiro, mire vagamente la hoja en blanco, déjelo. Si no puede dejarlo, escriba una sola palabra, pronúnciela. Si oye (pero esto quizás no ocurra) el inicio de un poema, creo que estará bien encaminado, lo mismo si oye el final de su propósito.

Después compre libros y un cuaderno, y por favor no escriba con sus manos y deje en paz a Julio Cortázar.


A partir de Instrucciones para cantar
de Historias de Cronopios y de Famas de Julio Cortázar

.


viernes, 4 de junio de 2010

De cronopio a cronopio





Per Mercè Mestre


"Inventaron un cristal que dejaba pasar las moscas. La mosca venía, empujaba un poco con la cabeza y pop ya estaba del otro lado. Alegría enormísima de la mosca.
Todo lo arruinó un sabio húngaro al descubrir que la mosca podía entrar pero no salir, o viceversa, a causa de no se sabe qué macana en la flexibilidad de las fibras de este cristal que era muy fibroso. En seguida inventaron el cazamoscas con un terrón de azúcar adentro, y muchas moscas morían desesperadas. Así acabó toda posible confraternidad con estos animales dignos de mejor suerte."

Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas



Telegrama de una mosca a Julio Cortázar


Ptzzzzzzzz STOP Uzzdoozzztreeezzzz STOP Flishhhhzzzz STOP Fatzzzzzzz STOP Grzzzzzzz STOP Scrzzzzzz STOP Mmmmmzzzzz STOP Pop STOP zzzzzzzztP STOP Tictacstopzzzz STOP Tictacstopzzzz STOP Tictaczzzz STOP Ooommzzzz STOP Uiuiuiuiuibrrrrrrrrzzzzz STOP Uibrrrzzz STOP Pop STOP Jjjjjjjjjjjzzzzzz FULL STOP


Traducción moscardí-castellano:

Sigo del otro lado STOP Me entretuve contando moscas STOP Todas muertas STOP Estoy gordísima STOP Mosqueada STOP Diabética STOP Me gustó ruido al entrar STOP Pop STOP Pero aún no consigo salir STOP Mi reloj atrasa STOP Mi reloj atrasa STOP Mi reloj STOP Medito STOP Es tarde STOP Pero menos tarde para mí que para ellas STOP Pop STOP Ha entrado otra FULL STOP




Telegrama de Julio Cortázar a la mosca


No sufrás STOP Yo estoy igual que vos pero al revés STOP Me gustó ruido al salir STOP Pip (estaba delgado, por eso sonó menos que pop) STOP Pero ya no consigo entrar STOP Preocupadísimo y sin hora STOP Confusión horrible STOP Esto se ve eterno STOP Más eterno para mí que para vos STOP Pip STOP Ha salido otro STOP Viste... este boludo también se sentó en el sillón del Jacinto FULL STOP


jueves, 3 de junio de 2010

Casa retomada


Por Raquel Casas

Salimos a la calle y nos alejamos tras tirar la llave en la alcantarilla. Pero ya me estaba arrepintiendo; no podíamos dejar que ellos ocuparan nuestra casa, aquella de nuestros bisabuelos que tanto nos gustaba.
Así que nos armamos de valor, dimos media vuelta cogidos del brazo y nos plantamos ante la puerta haciendo un gesto obsceno hacia la ventana del dormitorio. Escapamos entre risas, ya más relajados, y nos dirigimos a una tienda de disfraces para elegir unos atuendos más indicados para nuestra misión. Yo elegí un traje de oso polar y ella uno regional, creo que de lagarterana, o algo por el estilo. Regresamos a la casa, nuestra casa, la casa que nos gustaba tanto. Llamamos a la puerta. Silencio. Llamamos de nuevo y esperamos unos segundos más. El traje me estaba dando calor y picores, quizá me saldría urticaria, pero bueno, no pasa nada, es la única manera de que no nos reconozcan y poder entrar de nuevo en casa, en nuestra casa, en la casa de nuestros abuelos, la casa que nos gustaba tanto.
No abrió nadie. Nos marchamos convencidos de que estaban dentro en silencio, muy callados, quizá escondidos para que nadie les oyera. Nos sentamos en un banco a esperar. Me quité la cabeza de oso para respirar mejor, también para rascarme, y pensamos en otro plan para el día siguiente ya que estaba anocheciendo. Debíamos buscar un lugar para dormir. Qué te parece ese portal, vale, vamos a quedarnos ahí esta noche. Total, por una noche
Nos despertamos muy temprano, nos colocamos los complementos de los vestidos otra vez y fuimos hacia la puerta de la casa, la casa de nuestros padres, la casa que tanto nos gustaba. Y llamamos, los dos muy dignos, muy serios. Esperamos un minuto, dos, tres. Al final alguien abrió la puerta; era un niño que se rió al vernos y nos preguntó si queríamos pasar. Le dijimos que sí y entramos lentamente en nuestra casa, la casa que nos gustaba tanto, la casa donde había vivido nuestra familia tantos años. El niño nos dijo que llegábamos tarde y que sus padres estaban en el sofá. A continuación cogió un balón y se marchó a la calle, a nuestra calle, la calle donde habíamos jugado con nuestros vecinos.
Nos acercamos al sofá y descubrimos que un hombre con un disfraz de tigre y una fallera nos esperaban para tomar el té y enseñarnos un gran álbum con viejas fotografías de su casa, la casa que tanto les gustaba, la casa donde habían vivido sus padres, sus abuelos la casa que habían comprado por primera vez sus bisabuelos.

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