viernes, 31 de julio de 2009

PONGAMOS QUE LADRO SOBRE MADRID




Aunque hacía taitantos años que había vivido en Madrid, sus recuerdos no le servían para nada, probablemente porque andaban movidos, valga la redundancia, por la movida madrileña y archivados con la energía de una muchacha provinciana de diecisiete años, absolutamente fascinada hasta de coger el metro en horas punta.

Salió del hotel y se encaminó hacía la plaza mayor donde la habían recomendado buenos sitios de tapeo. Allí comenzó el espectáculo de las manos tendidas pidiendo una ayudita con voces lastimeras y tirones de mangas, que deformaban algo más que su ropa y que le arrugaban el corazón.

Ella comenzó a bajar la mirada y a rebuscar en los bolsillos el euro lava- conciencias, hasta que logró acostumbrar sus ojos y oídos a las voces y consiguió aclarar la garganta para pronunciar un tímido “ no”.

Envalentonada por sus ganas de saborear el reencuentro con la ciudad, se recolocó las lentillas y enseguida se quedó ensimismada y agradecida con los extravagantes mimos, que inmóviles y silenciosos atraparon su curiosidad y le proporcionaron una tregua a sus miserables pensamientos.

Tras las alas de un ángel dorado sudoroso de purpurina , que a golpe de moneda alzaba el vuelo, divisó un cartel que le llamó poderosamente la atención y en el que se podía leer, garabateado con cierto estilo: PIDO PARA DAR DE COMER A MIS PERROS.

Se sintió atraída como un imán y rápidamente se acercó para ver de que se trataba .Vió sobre una manta raída, pero aún coloreada en franjas azules y malvas, dos perros de indiscutible pedigrí callejero que parecían muy bien cuidados y que reposaban tranquilos con las cabezas erguidas al unísono, como si rodaran un anuncio publicitario.

A su lado de pie estaba un hombre joven, que sujetaba sonriente y con fuerza el mencionado cartel, mientras observaba a los animales tiernamente y jugueteaba con ellos con cómplices miradas, que ellos le devolvían a golpe de rabo en un divertido diálogo de afectos.

Cuando impresionada por la escena iba a darle unas monedas, notó como una mano se le adelantaba y le entregaba un billete. Tras dar cortésmente las gracias, con un acento que no supo clasificar, el hombre del cartel salió corriendo despavorido dejándose a los animales solos.

El pensamiento de ella paso del blanco al negro y comenzó a llenarse de resentimientos, mientras imaginaba, como siempre se imaginan a los pedigüeños, que iría corriendo a comprarse un cartón de vino “DonSimón”,el santo de los pobres pecadores.

Henchida de prejuicios, aún aventuró más y apostó que el muy canalla abandonaría a los fieles animales que, confiados y a pesar de no estar atados, no se habían movido ni un centímetro.

Con morbosa curiosidad y realmente preocupada por el destino de los perros, se quedó esperando el desenlace y pensando como resolver la situación, mientras acuclillada en la manta acariciaba a los perros, que desprendían una contagiosa serenidad y se dejaban mimar alegremente sin ningún recelo.

Al poco rato divisó al hombre y se levantó de la manta como un resorte, alejándose un poco. Venía sudoroso pero silbando contento y no sólo traía comida para sus animales si no también mimos y caricias para ellos.

El recibimiento de los fieles perros no tuvo precio y más allá del hambre, primero se deshicieron en lametones de agradecimiento y se enredaron entre sus piernas achuchándolo para que se sentara con ellos y compartiera el festín.

Sonrojada de vergüenza y a pesar de las lágrimas en sus ojos, el cielo de Madrid lo vió más bonito.

jueves, 30 de julio de 2009

Soy un aeropuerto


Por Raquel Casas


No me gusta esperar sola en los aeropuertos, así que me pongo a hablar con el primero que pasa. Pero como hoy es tarde, casi de madrugada, la gente parece cansada, sin ganas de hablar. Así que me voy a la cafetería a ver quién hay por allí, aún falta 1 hora para embarcar.
Entre las mesas elijo una en la que hay un hombre solo, con traje y maletín. Está leyendo un libro. Le pregunto si está ocupado y me dice que no. Me siento, me presento y le pregunto a dónde se dirige. Levanta la mirada del libro y con poco entusiasmo me dice que va a Frankfurt por trabajo, a una feria de vocoders. Le pregunto qué es un vocoder, me lo explica detalladamente pero no entiendo nada. Entonces empiezo a hablar yo, sobre los aeropuertos, mi tema preferido, le digo que estoy haciendo una tesis sobre los distintos tipos de aeropuertos que existen, pero no sobre su arquitectura, no, estudio su temperatura, olores, altitud, presión, sonido, imantación, escaleras mecánicas, intensidad lumínica, capacidad de cambiar los comportamientos humanos, y cosas por el estilo. Me mira con cara aburrida y me dice que estaba leyendo una novela muy interesante. Observo el título y le digo que es mala porque al final, previsiblemente, el hijo mayor mata a su padre, bueno, padrastro, y se casa con la madre, bueno, madrastra. Ahora sí que me presta atención, pero con el ceño fruncido. Me da las gracias irónicamente por haberle arruinado el final y le respondo que es el típico final de las novelas edípicas, tan de moda en la actualidad.
A continuación le explico que voy a Damasco a estudiar la deformación de las sillas de las cafeterías del aeropuerto y el tamaño de las monedas que te dan en el Change, pues me han dicho que son 1 milímetro más pequeñas que el resto y que es un sistema que utiliza la policía secreta para controlar a los turistas. El señor me mira con cara de asombro esta vez, parece que no cree nada de lo que le estoy contando. Intento ser más amable y le pregunto qué sabor tiene un vocoder. Se echa a reír. Continúo diciendo que Frankfurt es una ciudad aburrida y que su aeropuerto huele a Frankfurt, claro. Ríe de nuevo y guarda el libro definitivamente. Entonces me enseña las fotos de su familia que tiene en el móvil, son del verano pasado, la mujer, él, 2 niños y un perrito están de vacaciones en Benidorm. Le digo que son preciosos todos y le enseño las fotos de mi móvil, las de mis aeropuertos favoritos, Sidney, Kuala Lumpur y Helsinki. Luego me pregunta qué me parece este aeropuerto, mi opinión profesional, y le digo que no está mal, es un A-5, según mis clasificaciones, pero tiene un defecto: las paredes tienden al eco, no se puede hablar cerca de ellas. Me mira otra vez con desconfianza. Qué le vamos a hacer… Siempre es lo mismo cuando hablo de trabajo. La verdad es que no me interesan las ciudades, son todas iguales, por eso nunca las visito, sólo sus maravillosos aeropuertos con esas intensas cintas transportadoras tan elegantes o con brillantes billetes de embarque…
El hombre se está aburriendo. Mira el reloj y me dice que tiene que ir a embarcar ya. Me desea suerte con mi trabajo y yo le digo lo mismo. Me quedo sola de nuevo y ansiosa por ir a otro aeropuerto a hacer lo que tengo que hacer. Pero antes de levantarme y abandonar éste, anoto en la libreta “Chet Baker en el hilo musical. Asombroso.”


**

miércoles, 29 de julio de 2009

UNA IDEA ORIGINAL

Por José G. Obrero

Entonces tomó la nota y la miró al trasluz como buscando rastros de una caligrafía oculta

Cuando él entró en la oficina de información turística sólo buscaba pasar la tarde en esa ciudad. Se encontraba de camino hacia su destino definitivo y decidió detenerse al ver aparecer su perfil calcáreo tras una colina. Besadora, ummmh, este nombre vale una visita, y giró el volante cuando vio el desvío que la anunciaba a tan sólo dos kilómetros.

repasó la nota de nuevo intentando descifrar aquellas palabras que el forastero había escrito con infinidad de errores por cuestiones de idioma y sonrió…

Localizar la oficina no le resultó difícil. El centro de la ciudad estaba bien señalizado y al llegar a él aparecieron los carteles que anunciaban la Catedral, la Plaza de Santa Lucía, restaurantes y hoteles y por supuesto, la oficina. Antes de entrar preparó mentalmente una lista de necesidades y dudas en el idioma local para perder el menor tiempo posible: “necesitaría un mapa de la ciudad” “¿Qué puedo visitar?” “¿Dónde me recomienda comer?” y abrió la puerta acristalada.
No había nadie dentro, ni visitantes ni trabajadores. Sin embargo, comprobó que un ordenador estaba encendido. Echó un vistazo a los folletos que había encima de la mesa y se sentó en la silla destinada al público. A los pocos minutos la puerta se abrió y apareció una chica con un café en un vaso de plástico.
–Hola, ¿llevas mucho rato esperando?- Le dijo ella con una sonrisa enorme, casi sincera.
Ella ocupó su puesto y con exquisita profesionalidad le mostró un mapa, marcó con equis aquellos lugares que el viajero no podía perderse en Besadora y lo acompañó todo con explicaciones detalladas, anécdotas, historias y leyendas, estaba claro que a ella le apasionaba su ciudad, “es un lugar maravilloso”, “es un rincón único”, “la plaza te va a enamorar”. Y sí, pensó él, la primera persona que te recibe en una ciudad nueva pasa a ser una suerte de embajadora, de personificación de calles y edificios y Besadora le estaba gustando cada vez más.

Observó el trazo nervioso de la caligrafía marcadamente inclinada hacia la derecha y con picos exagerados en las eles y las pes…

Hacia rato que el viajero no estaba concentrado en la explicación que había pasado a ser un rumor de fondo que acompañaba una boca carnosa, unos ojos vivaces y rasgados, uñas pintadas de rojo y enormes pechos que se agitaban al reír. Ni si quiera se dio cuenta de las veces que ella tuvo que hacerle esta pregunta: “¿te gusta la música clásica? ¿Te gusta la música clásica? Perdona: ¿te gusta la música clásica?” “Eh, ah, sí, en general, sí, claro”. “Pues esta noche las principales plazas del centro histórico tienen conciertos gratuitos, solistas, tercetos, orquestas, dependiendo del lugar. Toma, aquí tienes la programación”. “¿Tú piensas salir a ver algo esta noche? Podríamos ir juntos” esta era la pregunta que no llegó a pronunciar y que se quedó atrapada en las cuerdas vocales. Pensaba esto mientras recorría las calles, imaginaba todas las letras del alfabeto intentando soltarse de esa maraña, escalando deprisa por su garganta para componer la pregunta no formulada. Sin embargo sí fue capaz de preguntar su nombre: Ágata (una Ágata, eso sí, con pechos, pensó).
La tarde transcurrió en Besadora y el viajero no se había marchado, ensimismado en las pruebas de sonido para los conciertos de la noche y albergando el deseo bastante improbable, de encontrarse a Ágata por las calles, sola, vestida con un traje de noche, el pelo suelto, caminando hacia él con una de sus sonrisas. Nada de eso sucedió y cuando se fue a dormir comenzó a planear la manera de volver a verla y hacerle la pregunta (joder, si es muy sencillo, no pasa nada) que no tuvo el valor de formular. Llegaría a la oficina y, para que no resultase muy brusco le daría las gracias por sus explicaciones y recomendaciones “me encantó el restaurante que me dijiste. El concierto en la plaza de las Lilas fue una maravilla. Quería darte las gracias por todo. Oye, esta noche pienso quedarme, ¿Por qué no me acompañas? Si te apetece, claro”.
A la mañana siguiente se dirigió a la oficina con su estrategia estudiada y ensayada varias veces. No estaba nervioso, eso daría más credibilidad a su interpretación. La oficina estaba abierta pero el lugar de Ágata lo ocupaba un chico. “Hola, venía a saludar a Ágata”, “Ágata no trabaja hoy, se ha pedido el día libre”. Durante unos minutos se vino abajo, todo el andamiaje se había desplomado. Una nueva idea cruzó por su cabeza, algo que podía llamar la atención de Ágata y hacerla sentir especial. Sí, una mujer no resiste a eso, y si ella reacciona (qué lo hará) regreso, todavía me quedan muchos días de vacaciones. Pidió al chico de la Oficina papel y bolígrafo y comenzó a escribirle una larga nota agradeciéndole la explicación, detallándole sus actividades de la noche anterior y finalmente, entrando en lo personal con delicadeza “me gustaría tener la oportunidad de ver Besadora contigo. Me gustaría que me acompañaras. Si te apetece la idea aquí te dejo mi teléfono”. Salió de la oficina con el pecho henchido de placer, orgulloso de sí mismo, de sus recursos y sobre todo de su valentía.

Tras esto dobló la nota por la mitad y la depositó en una bandeja atestada de ellas. “Otra más” le dijo a su compañero resoplando.

martes, 28 de julio de 2009

El turista un millón novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve

Por Carlos Rull

El pegajoso calor y la inherente pereza veraniegos han paralizado mi pluma. Incapaz, por lo tanto, de inaugurar esta semana del viaje y el viajero con un relato a la altura de las circunstancias, me veo en la triste necesidad de recurrir al inagotable pozo de frikismo virtual para regalaros este impagable éxito veraniego: sin palabras.



Y, puestos con los grandes éxitos de la cultura viajera hispánica, no podríamos dejarnos esta joya:



Y acabo este lamentable post con algo un poquito más... En fin, más algo. Este tío baila la misma chorrada en cada lugar que visita: consiguió que le acabaran pagando por hacerlo y encima acabó logrando que un montón de gente bailara la misma idiotez con él. Y el vídeo y la música son...originales.



Ala, feliz verano.

domingo, 26 de julio de 2009

DÓNDE

Queridos compañeros sietevoceros, hoy es el primero de -espero- muchos días de publicación en este maravilloso blog. Soy Sergio Belmonte, natural de Barcelona, exiliado de pequeño a Murcia y retornado aquí hace unos pocos años. Resido en Vilafranca del Penedès, soy matemático y profesor de matemáticas del gremio de profesores de secundaria. Ojalá mis escritos no os hagan bostezar, es mi objetivo primero. Me encanta la poesía y el gin-tónic.




DÓNDE


Con precaución y astucia

confeccionó mi madre la respuesta,

cuando aún siendo niño,

pregunté impunemente

por dónde entran al mundo las personas.

Ella intentó explicarse a su manera,

y mi tierna inocencia imaginó

aquella portezuela entre los muslos

del color de las rosas

y en triángulo de vello circunscrita.


Al cabo de los años,

rescato de mi mente aquella imagen

al yacer con mujeres,

y, cuando lo permite la ocasión,

les miro fijamente la entrepierna.

Algunas me interrogan sorprendidas.

Otras furtivas huyen sin remedio.

Como una madre, tú

te quedas a mi lado.

En cambio, no me atrevo a preguntarte

por dónde se despiden

del mundo las personas.




viernes, 24 de julio de 2009

MI LIMÓN, MI LIMONERO




Per Mercè Mestre






Aquesta cançó va ser un dels grans èxits de l’estiu de 1968.
La cantava Henry Stephen



Mi limón, mi limonero,
entero me gusta más.
Un inglés dijo yeah, yeah
y un francés dijo oh la la.

(bis)


Me siento malo morena,
cabeza hinchada morena,
que no me paro morena,
mmm, voy voy, voy.

(bis)


Mi limón, mi limonero,
entero me gusta más.
Un inglés dijo yeah, yeah
y un francés dijo oh la la

(bis)


Me siento malo morena,
cabeza hinchada morena,
que no me paro morena,
mmm, voy voy, voy.

(bis)


¡Aaayayay, limones para beber!
¡Aaayayay, limones para beber!
¡Aaayayay, limones para chupar!
¡Aaayayay, limones para chupar!


Mi limón, mi limonero,
señor, entero me gusta más.
Un inglés dijo yeah, yeah, yeah
y un francés dijo oh la la (¡venga!)

(bis)


Me siento malo morena,
cabeza hinchada morena,
que no me paro morena,
mmm, voy voy, voy.(bis)






De petita odiava aquesta cançó.
Qui me la pot extirpar del cervell?

De patita nadaba sobre esta canción.
¿Quién me la puede arrancar del ala?

En els meus temps d’aneguet lleig, jo volia ser aquesta cançó.
Ara que he crescut i ja m’he convertit en l’estrofa més bonica de Mi limón, ningú la canta.

Me anegué en el río mirando el reflejo de un limón en el agua.
Ahora que la corriente ya nos ha arrastrado a mi limón y a mí,
la canción me encanta.


(Què vols? Amb aquestes temperatures...)



jueves, 23 de julio de 2009

The Condominium / La propietat


My thanks go to John Banville
on account of his novel The Sea,
of incomparable depth, richness, texture,
insight and beauty


El meu agraïment a John Banville
per la seva novel·la The Sea / El mar,
de profunditat, riquesa, textura,
visió i bellesa incomparables


By/Per Ester Astudillo


This place I’m said
To partly own

I could stumble in it
On blackish
Brackish tar
Oozing from
A child’s cerulean
Intactly bowed brow.

But leaving trifles aside,
I could depict it to you,
Come what may,
My matter-of-fact,
Non-distinct, nondescript,
My good-for-nothing
Flattish housing.

It does not open onto a clearing,
My partly owned property,
Nor do I get a glimpse of the sea:
Too far removed from where it stands
(Not that it is remarkable in any way
For being a loner,
My flat, that is).

Nope Sir. My place is a botched gaffe
Wedged into a block
Where there was charted to be
Just thin air and interspersed quiet.

I did not sketch the plans for it
But am quite contented nonetheless,
A fair enough deal:
No raucous brawls,
No picky over-dignified neighbours,
No inconvenient late-partying hooligans
[Still the odd unrestrained mad-driving youth
Blaring his horn, blasting his rap
Or pining for his football team’s last fiasco].

Its yellowing off-white outer paint
Is already starting to peel,
And the ogles for the no bay
And no French windows fail to afford
The tranquilizing sight of greenery outside,
Green-to-blue foliage
Or even of a green-house,
For that matter:
There was no yard, back or front,
Nor garden coming with it
In the original arrangement,
I was duly informed.

So this is it, now you’ve met it,
My only possession:
My condo.

I am certain to be developing
An ashen tinge
To match its graying hues,
An air of ageing stale whiff;
Afraid to say I’m becoming
A dull uncharacteristic nobody
To go on a pair with its mangling.

I’m growing fond to keep
A calendar to the minute,
Mark each anniversary
To the point of fussiness.
And some day we’ll both
Fall into disrepair, my house and I,
Since all matter is bound
To turn to rot and ruin.

That for sure is my very
Final ambition: to melt into it
In the standard decaying procedure
And get to meet the ultimate rest
Of a successfully accomplished
See-through nothingness.



* * *


Aquest espai que diuen
que en part és meu

Podria ensopegar-hi
amb el quitrà salabrós, ennegrit,
que raja del front intacte i inclinat,
blau cobalt, infantil.

Però deixant foteses de banda,
us la puc descriure, tant se val,
la meva vulgar residència,
indestriable, confusible, inútil.

No dóna a cap clariana,
la que és casa meva a mitges,
ni arribo a veure-hi el mar:
massa lluny des d'on s’alça
(no és que destaqui en especial
pel seu aïllament;
el meu pis, vull dir).

Nooo senyor. Ca meva és una potinada barroera
entaforada en un bloc
allà on tot el que hi havia previst
era aire lliure i la quietud intercalada.

No en vaig dibuixar els plànols
però n’estic satisfeta,
un negoci prou digne:
ni batusses salvatges,
ni veïns difícils mirant-te per sobre l’espatlla,
ni inoportuns borratxos de festa
[sí, però, algun jove conduint embogit,
fent sonar estridentment la botzina,
o vociferant el rap de la temporada,
o sospirant pel darrer fiasco
del seu equip de futbol].

La pintura exterior, que fou blanca i ja grogueja,
s’ha començat a pelar,
i els traus com a ulls
on cap finestral no apunta,
ni cap vidriera,
no permeten encalmar la vista
amb la maragda color:
ni del fullam ni tan sols, posats a dir,
d’un enverdit cobert:
el contracte no incloïa pati,
ni al davant ni al darrere,
ni tampoc jardí;
me’n van informar puntualment.

Doncs ja està,
ja la coneixeu, ara,
la meva única possessió:
ca meva.

Sé del cert que m’estic tornant color de cendra
per anar a l’hora
amb els seus tints, que ja encanudeixen,
un aire envellit de bafarada caduca;
admeto amb recança
que m'estic convertint en un atenuat,
indescriptible ningú
per sonar a l’uníson amb la seva derrota.

He desplegat certa tirada
a comptar el temps amb minúcia,
a celebrar els aniversaris
amb una punta d’ànsia.
I algun dia caurem en l’abandó,
ca meva i jo,
perquè el destí de la matèria
és el marciment i la podridura.

En això consisteix verament
la meva aspiració darrera:
fondre-m'hi seguint
el curs natural de degradació;
arribar amb sort al repòs definitiu:
la transparent, finalment assolida inexistència.

miércoles, 22 de julio de 2009

Ríos

Por José G. Obrero

Miro mis manos y las entrego así:
las doy abiertas, enormes como cuencos,
como muros sellados.
Mis manos pueden sostener un río
que nunca se desborda.
En mis manos se bebe, riegan la tierra,
suavizan el calor de las tardes de julio
y se las doy así: abiertas y capaces,
dueñas de la noche que intenta en vano
huir de entre los dedos.
Pero y la luz, ¿es mía o llega de ese faro?
¿Por qué no la detengo con los dientes,
la encierro en una jaula y la someto?
¿Por qué recodos regresa hacia mi núcleo?
Me parte en dos, la luz, cuando me alcanza
rompe mis manos como si fuesen puzzles.
El río se desborda e inunda las ciudades
y todo es agua ya, todo se limpia
y todo es luz que fluye de sus manos.

martes, 21 de julio de 2009

Turistas sin Fronteras convoca una huelga para este verano.


(Carso)

A la pregunta de los periodistas el portavoz de la ONG declaró que la propuesta de huelga no era tal, sino una solución: “La crisis y la hipoteca ahogan cada vez más a la sociedad, pero pocos son los que están dispuestos a prescindir de sus vacaciones. Nuestra ONG no pretende aguar la fiesta a nadie, sino al contrario. Por un lado proponemos al turista nacional que prescinda de los destinos masificados que vulneran la Ley de costas, perjudican el medio ambiente y carecen de cualquier respeto por la sostenibilidad. España cuenta con más de 100 despoblados en entornos naturales que podrían “ocupar” a bajo coste y con la seguridad de una experiencia única. Por otra parte proponemos a los turistas que suelen viajar a lugares exóticos que renuncien a ello. Consideramos que es injusto que un ciudadano del llamado 1er mundo pueda visitar países cuyos habitantes han de arriesgar la vida para salir del suyo y entrar en el nuestro. A cambio pueden hacer una carta de invitación a una familia de los lugares que pretendían conocer y compartir con ellos su mes de vacaciones. El enriquecimiento personal y el conocimiento de su cultura están más que garantizados, y los costes serán, con mucho, muy inferiores.”

La patronal de las compañías aéreas y viajes organizados ha declarado que la ONG pertenece al eje del mal.

Efe
(foto Cabo de Gata)

lunes, 20 de julio de 2009

FIB (nada que ver con el FBI)


Por Rufino Pérez


Y parece que resisten. Piel blanca, al rojo vivo, pero no se queman, ¿o sí? Se quedan dormidos al sol durante horas y luego se dan crema. Se la podrían dar antes, digo yo, pero bienvenida sea si se la dan después. La playa parece un campo de batalla al atardecer: plásticos, botellas, papeles, sombreros rotos, zapatillas viudas, cajetillas de tabaco rubio… Por la mañana temprano, todo vuelve a tomar su aspecto “oficial”. No es un caos, hay buena organización y parece que junto a la cerveza y sangría se ha puesto también de moda el agua: para la resaca.

Visto desde la montaña, las carpas montadas para el FIB parecen hangares modernos. Es todo un asentamiento de colonos que al viernes pasado sufrió un vendaval que dejó la zona de acampada de los “fiberos” como un campamento de refugiados tras una incursión enemiga. Con la salvedad de que estos refugiados lo son por devoción y llevan euros en el bolsillo. Cada vez más.

Vienen a la playa en ordenadas filas desde el campamento base. Otros toman el autobús que constituye una línea especial estos días: from FIB to beach. Llenan el paisaje de “gafas plástico”, sombreros gánster y cuerpos blanquirrojos. Alegres, un poco zombies, ingleses la mayoría, jóvenes también la mayoría, ¡ah!, y con una pulsera que les da acceso a los conciertos y que no se quitan ni para dormir. Están marcados, son “fibers” y a mucha honra.

Benicassim, ahora se identifica con ellos y los espera cada año. Dicen que no dejan mucho, pero los comercios se abastecen y desabastecen cada día. No comen demasiado, pero beben que no veas.

En fin, en FIB, en Benicassim. Dentro de unos años, estarán de ejecutivos en empresas varias, o serán abogados o arquitectos, porque serán fiberos pero no son tontos y hasta habrán aprendido a empujar un carrito de bebé. Mientras tanto, hacen el amor dentro del agua que es lo que toca con estos calores. Todos hemos sido fiberos en algún momento, así que bienvenidos.


*** Next week a new voice, pay attention please. It is super. (eso, que la próxima semana llega S.... Atención porque es de las buenas, buenas voces. Ahora nos veremos cada dos semanas, aunque en agosto ya se sabe que el blog se queda a merced de las olas) Ta luego.

sábado, 18 de julio de 2009

EN DEFENSA DE RISTO


Por Rubén García Cebollero



El tiempo ha hecho evidente que Risto es un "personaje" destinado a cobrar importancia en el universo "mass media". Seguro que en ocasiones las formas impiden ver el fondo, y que OT tiende más a la asepsia que a la búsqueda o el apoyo del auténtico talento. Conste de entrada que hay que ser "tonto" para creer que lo que no se tiene se consigue por pasar por una academia, pues la técnica puede esconder o mejorar ciertas cosas, pero la incapacidad de asumir nuestros límites nunca lle a buen puerto. De ahí que se fomente el creer que, sin esfuerzo o con un esfuerzo mínimo, la "magia" de la tele convertirá en estrellas voces no trabajadas, personas que aún no han sudado, evolucionado o que quizá no tienen el "marfil" necesario para ser pulidas en la disciplina del canto.


Me alegra que Risto ya no esté en OT, porque espero que ahora tenga algo mejor, y sé que puede conseguirlo. Igual que espero que su nuevo libro, "el sentimiento negativo", mejore al anterior. La creatividad no es algo fácil de asumir ni de digerir, y en medio de un programa tan mediocre como OT, donde las formas pesan más que los fondos, donde las mentiras intentan ocultar las verdades, donde se cree que el talento pueden nacer contrareloj, Risto ha sido la figura, amarga, pero necesaria que nos recuerda que importan mucho los medios con los que alcanza el éxito.


Risto ha preparado a los concursantes para lo que es la vida real, donde las ostias llegan con más velocidad que las palmaditas en la espalda, y donde aún van más rápido los cuchillos traicioneros que las manos amigas. El éxito no sólo hay que merecerlo, sino también digerirlo. Cuando ha dado ocasión, Risto ha sabido rectificar y ha servido de acicate para que algunos/as siguieran luchando, porque en la calle, en el mercado, en el mundo de las cifras, hay que luchar para evitar que quienes te rodena, quienes confían en ti, quienes invierten en ti, duden que puedes conseguir los objetivos.


Risto ha demostrado que más que lo que haces importa cómo lo haces, como mides tu éxito, y que si las cosas salen mal debes analizar porqué, y no culpar al mundo, al jurado, a la audiencia por el fracaso, tus decisiones, "tus errores". La vida es algo más que ingresar dinero, y gastarlo o malgastarlo, como hacen los clubes de fútbol. Y además para "ser" hace falta "hacer", y no es suficiente con "creer" que se es, o que se hace. Hay quien dice que una palabra puede matar a un hombre, pero también dice un refrán que tus huesos pueden ser rotos con piedras, y que no pueden hacerte daño las palabras.


Risto es capaz de observar, aprender y desarrollar las "aptitudes" de los concursantes, pero las "actitudes" dependen de cada cual. De ahí que algunos valoren más las palabras, que las piedras. Y como todos sabemos en los caminos hay más piedras en las que tropezar, que palabras que nos ayuden.


Y lo demás, es cuestión de respeto.

viernes, 17 de julio de 2009

TESTAMENTO



Mi deseo lo doné a una ONG del desierto cuyos habitantes tienen poderosos ojos negros, que se balancean en columpios de arena mientras fijan la mirada en olores de mar, en espuma de estrellas, en reflejos de deseada vida más allá de la inmensidad, donde todo pierde fuerza por insignificante.


Ojos negros repletos de respuestas, que se deslizan como depredadoras panteras hambrientas de colores, de paisajes, de vívidos rincones desprovistos de velos, desnudos de secretos.

Ojos negros que huyen de la desoladora cotidianeidad, empujados por la fuerza del viento, en veleros de sueños buscando el poderoso amarre de un oasis donde poder plantar su palmera, donde poder buscar la deseada perla que esconde un furioso y denso mar de responsabilidades.

Ojos negros embebidos en agridulces melancolías, que alargan el azul, para deshacer nubes y construir espacios, apeaderos de paz donde descansar la mirada.

Ojos negros, que la complicidad tornó verdes y se asustaron renegando de su color, volviéndolos a teñir de la negrura del NO con dolorosas inyecciones de puntos suspensivos.

Ojos negros dañados por el peor de los tormentos: la irracional soledad de quienes renuncian racionalmente a un sueño.

Dono todo mi patrimonio, mi reino y la poderosa fuerza de mis deseosa quien sea capaz de tomar mi testigo sin distinción de sexo, raza o procedencia y colme de amor y paz a mi sueño.

La Faraona.

jueves, 16 de julio de 2009

Un hombre gordo


Por Raquel Casas


El hombre gordo, calvo, bajito, que viste de negro y sabe hablar al revés pasa corriendo, como si alguien le persiguiera, por delante de la mesa donde estoy tomando un café. Son las 6 de la tarde y la plaza que se extiende ante mí está muy concurrida. Tras el hombre gordo, calvo, bajito que viste de negro y sabe hablar al revés, pasa una monja que le está siguiendo. Y tras ella un joven tatuado y lleno de piercings, con una libreta en la que va anotando los detalles de la extraña persecución, supongo. Pienso que no es semana santa a pesar de esta estrambótica procesión y decido unirme a ella, lleno de curiosidad; tampoco tengo nada mejor que hacer esta tarde aburrida de domingo. Parece que se va a animar el día.
El hombre gordo, calvo, bueno, el primero, entra en una gran librería. Todos los demás hacemos lo mismo, nos dispersamos por las numerosas estanterías y fingimos buscar algún libro interesante, sin perder de vista a nuestro perseguido. La monja de detiene en la sección infantil y hojea por encima de las gafas Conejito y sus amigos. El hombre gordo habla con una dependienta mientras el joven tatuado, muy cerca del gordo, va a comprar El asombroso viaje de Pomponio Flato, si no me equivoco. Yo elijo La ladrona de libros y me lo llevo sin pagar, claro.
Cuando ya han pagado todos (no sé qué ha comprado el gordo, no lo he podido ver desde esta distancia), empezamos a desfilar de nuevo. Una calle, dos calles, tres, otras, más. Esquivo un coche tuneado, una anciana muy maquillada y un gato callejero. No tengo ni idea de a dónde se dirigen, pero el calor y el sudor del paso apresurado me están cansando ya. Así que pierdo el interés en ellos y su loca carrera y entro en un bar con aire acondicionado para refrescarme por dentro y por fuera. Pido una cerveza bien fría y el periódico del día. A mi lado se sienta un niño con una cámara de fotos y cerca de él (y de mí) un hombre con traje de rayas, sobrero y gafas de sol. Empiezo a ponerme nervioso y un poco paranoico. Pienso que ellos me siguen a mí, que soy el primero de otra procesión loca. Me bebo la cerveza, pido otra, me demoro excesivamente para ver qué hacen ellos, que también tardan mucho. Miro la tele, el reloj, el móvil, el periódico otra vez, y aún están ahí. No hay nadie más, sólo el camarero, muy aburrido y abstraído con la música de la máquina tragaperras, y nosotros tres. Han pasado casi dos horas, ha oscurecido y me doy cuenta de que yo soy su hombre gordo, seguro. Empiezo a sudar, pago las cervezas y salgo como una bala de allí. Empiezo a correr a toda pastilla y cuando creo que ya estoy a salvo de ellos me paro para recobrar el aliento y las fuerzas, y ya más tranquilo creo que me he precipitado pensando que me perseguían, pues ya no los veo. Quizá me han sentado mal las cervezas o el sol o tanta caminata. Me dirijo a casa un poco más tranquilo y relajado, pero antes de llegar al portal se me aparece de no sé dónde el niño de la cámara, me dispara a la cara con el maldito flash que me deja medio ciego y cuando le grito qué coño haces siguiéndome niñato de mierda, te voy a partir las piernas, me señala el lunar que tengo en el cuello y me dice “El infinito empieza en un lunar”. Me asusto, corro de nuevo con todas mis fuerzas hasta refugiarme en casa. Mi mujer y el niño están esperándome para cenar, llegas tarde cariño, vaya paseíto te has dado. Le cuento todo lo que me ha pasado, temblando aún y trazando una teoría conspiratoria de dimensiones mundiales que se nos escapan con ve a saber tú que oscuros propósitos o qué control absurdo sobre las mentes humanas de las personas y sobre todo de los funcionarios, que nos tienen entre ceja y ceja cariño, sí, que esto es el acabose, nos tenemos que ir de aquí, la gente está fatal, seguro que es culpa de los transgénicos, nos están envenenando, ¡¡vamos a morir todos!!
Le he gritado estas últimas palabras y la pobre ni se ha inmutado, sólo me ha dicho que va a tirar la playstation a la basura ahora mismo, que deje ya tanta tontería conspiratoria y tanto niño muerto y que mañana mismo me lleva al dermatólogo a extirparme ese maldito lunar.


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miércoles, 15 de julio de 2009

Una cita lamentable y un consejo inútil

Nuevamente he vuelto ha fracasar en mi peregrina idea de aportar algo interesante a este blog. Será el calor, será el amor, pero no puedo concentrarme. Nunca he podido, cierto, pero cuando fumaba lo disimulaba mejor.

Ahí va la cita: "Más vale silicona en mano que pecho plano"
(El nombre del autor me lo reservo para futuros chantajes)

Y el consejo: "Sí no sabes que hacer, no hagas nada"
(el nombre del autor, un tio muy majo compañero de fatigas, lo olvídé)

martes, 14 de julio de 2009

Trampas

Por Carlos Rull

Cada noche, cuando casi todo el mundo duerme, bajo al sotano de mi edificio con mi caja de trampas anticucarachas. Son esas cajitas negras que atraen a esos animales para que entren, se embadurnen de veneno y se vayan tranquilamente a sus nidos para llevar la muerte a sus crías. Dicen que son infalibles. Doy una vuelta por el enorme aparcamiento, observando con detenimiento las esquinas, buscando con todo detalle en las puertas de los trasteros, en los huecos de las instalaciones y las tuberías. Busco con afán bajo las papeleras y cerca de la puerta, en cualquier rincón en el que puedan estar escondidas. La linterna me ayuda mucho. Cuando por fin las tengo todas localizadas, me aseguro de que no haya ningún vecino, me cercioro de mi total soledad, y rápidamente las recojo todas y las guardo en mi caja. Ya tengo más de cien. Los vecinos empiezan a murmurar, pero a mí esas trampas me parecen de un crueldad intolerable. Los correteos juguetones que oigo cada noche bajo mi cama se me antojan halagadoras muestras de su agradecimiento.

lunes, 13 de julio de 2009

EL CANT DE LES TORTUGUES


Per Ruben Garcia Cebollero

Fa tanta calor que per uns instants podem creure que hem caigut dins del llibreter de Kabul, de la Asne Seierstad, que ens diu que:


el desig d'amor per una dona és tabú a l'Afganistan. Està prohibit tant pel rígid concepte de l'amor dels clans com pels mul·làs. Els joves no tenen dret de trobar-se, estimar-se, triar-se... les noies són abans que res mercaderies per intercanviar o en compravenda.


La Seierstad recordava també al poeta Ferdusi dient que per tenir èxit, de vegades t'has de portar com un llop, d'altres, com un be. I també ens deia que els talibans consideraven que el debat era una heretgia i el dubte, un pecat.
Quants talibans que no semblen talibans us trobeu cada dia? Quantes persones condemnades a menjar pols pels qui decideixen les circumstàncies de l'amor? Quantes paraules oblidades heu deixat d'intentar reviure?


Per això aquesta tarda vaig a provar el cant de les tortugues, i vaig a poc a poc a deixar petja amb un fragment del poeta afganès Sayd Bahodine Majrouh:


Era bonica com una rosa,
sota teu m'he tornat groga com una taronja.
Abans no coneixia el patiment.
Per això creixia estirada cap amunt, com un avet.


També allò que diem per les persones serveix per al finançament de Catalunya. Escrivia la Seierstad: per aixercar el país no serveix de res prostrar-se fins a tocar el terra amb el cap. I afegeixo: no fos cas que pel darrera t'etzibin una puntada al cul.


Seierstad escriu també que un matrimoni és com una petita mort. Ara bé, tota la vida és morir-se, com mor el cant de les tortugues. Acumular volums que un dia creiem que tindrem temps de llegir. El què ens ha de succeïr mai és preocupant, el què ens preocupa és com ens succeirà.

I els talibans es poden amagar a les boires de Lleida, amb la boira que sembla sèmola arremolinada de color blanc brut, o amb el somriure dentrífic dels salvadors de pàtries, d'identitats, de futurs. No cal anar a l'Afganistan per intuir que la tramuntana embogeix, i que a tot arreu hi ha filles del terror, dones que ploren per dins, tortugues que no canten.

I allà al fons la Seierstad que ens diu (parlant d'una piscina): ara el fons blau està cobert d'una espessa capa de pols i els brots de rosers ressecats intenten inútilment tapar la visió d'aquest desastre. No gaire lluny hi ha una pista de tennis, també inutilitzada. L'hotel encara té el número de telèfon del professor de tennis posat al directori. Però si ha tingut sort, ja deu haver trobat una altra feina: els seus serveis, de fet, no són gaire demanats en aquesta primavera en què tot recomença a Kabul.

I ara imagino a Jerjes, el persa, dient que el seu cor sagna, i que el finançament pot ser la piscina a Kabul, que un dia el professor va viure amb esperança i el temps ha cobert amb la pols del cant de les tortugues.
Al cap i a la fi: la pobresa no és motiu suficient per justificar un robatori.

sábado, 11 de julio de 2009

LAS LAGRIMAS DE FLORENTINO


Por Rubén García Cebollero

A mis blancos amigos, porque una colorá vale más que ciento y una amarilla



Si esperara a la final de la Champions no tendría mérito. Ahora que parece que Florentino Pérez es el rey Midas y va a convertir Madrid en oro, y que parece que en el mundo no haya nada más que Cristiano, Kaká y compañía, he tenido un sueño (al estilo de M. Luther King) y he visto las lágrimas de Florentino, en la Champions, en el Bernabeu, en el 2010.


La final no la jugaba el Madrid. La jugaban el Liverpool y el Barça. Y la final era de infarto. Antes de llegar a ella se cruzaban con un equipo alemán y un equipo italiano. Después quedaba claro que lo que se celebran son los títulos y no las presentaciones, que es normal tener ilusión por lo que uno imagina magnífico pero que cuanto más se sube, más dura es la caída, más grande la decepción, más fanática la desmesura.

Hoy dicen que es envidia no bendecir la locura. Tal vez sólo Benzema se salve del desastre. Tal vez la gallina de los huevos de oro se convierta en la cagada blanca, en otro año en blanco, en la pesadilla de la impotencia. Tal vez "Kaká" ya sea un premonición significativa de que las camisetas no corren solas, ni los escudos derrotan por el nombre, ni el respeto se gana con petardos, fuegos artificiales y ruido.

Como decía una canción de Sabina: y hubo mucho ruido... y añado: mucho humo. Demasiado humo. Hasta que sople el viento y vuelva la cordura.

viernes, 10 de julio de 2009

ICELAND



Per Mercè Mestre



No voldria trencar el gel en més trossos que els imprescindibles
per dir-te com t’estimo,

com m’enamoren els cels baixos, prenyats de llum,
de llençols grisos, blancs,
la pluja contínua, freda, oceànica,
el mar d’aire i núvols que m’inunda els pulmons quan respiro,
quan acarono la teva superfície lunar,
les cendres que encatifen i amaguen
els corrents d’aigua subterrània del teu cor deshabitat.

No podria envair els teus deserts travessats per rius,
per horitzons de terra, de gel,
les teves muntanyes solitàries, ondulades,
pintades de colors minerals barrejats pel vent,
la teva mirada poblada de boires, d’esperits,
sense un sospir de por.

No voldria adormir-me en uns braços tan salvatges,
tan acostumats a l’esquerda, a la fúria del no-res,
no voldria desaparèixer per sempre més
en una ruta perduda entre glaceres,
en dies sense nit, en nits sense vores,
no voldria estimar en llits de foc
penjats d’un precipici,
competir amb cabelleres d’aigua
de reines embogides.

No podria, no voldria,
sense un calfred.

Em moriria de rosa fràgil, d’excés de vida.
M’enverinaria d’aire pur, glaçat, d’amor total.

No voldria, no podria, malgrat tot,
allunyar-me d’aquesta carretera àrtica,
circular, d’aquest paisatge hipnòtic.

M’ha atrapat el teu hivern,
estrany i difícil,
dolç com la mel que fuig de les abelles,
boreal, impossible,
ha germinat en algun quilòmetre indefinit,
obsessiu, tel·lúric,
inaccessible
del meu cervell.

jueves, 9 de julio de 2009

The Madwoman's Dream / El somni de la guillada



By/Per Ester Astudillo
Tribute to the following sources of inspiration:
Pink Floyd’s The Wall,
Suzanne Vega’s 99.9 F º album, among many beautiful others,
Carles’s last post “La extremidad”,
Hamlet and literature in general,

plus, of course, the universal history of mankind

Homenatge a les fonts d'inspiració següents:
The Wall de Pink Floyd,
99.9 ºF de Suzanne Vega, entre molts altres deliciosos LP seus,
el darrer post de
Carles "La extremidad”,
Hamlet i la literatura en general,
a més de, naturalment, la història universal humana





Trim, trim, trim,
Crop, crop, crop,
‘til the core of the real thing
Unearths a limp unclad bone.

Shave, shave, shave,
Prune, prune, prune,
Let the glossy flay of wounds
Gleam a-free of apparel.

Dig, dig, dig,
Puke, puke, puke,
Acquiesce to the fierce allure,
Turn your entrails outside in.

“Light and quiet are awaiting
Someplace far, beyond your gaze.
License me and my train of gangsters
Hold your grasp and guide your way.”

“Pardon me if I’m mistaken,
I’m a demented loon, you guessed,
But how in god’s name would that heaven
Know I’m lost, heart-ripped, insane?”

“Sweet Ophelia, in the wilderness
We’re all somewhat out of bounds.
Pull your robes, I’ll draw the curtain,
Shrinks around will be in charge.”

“I’m all fury, that’s for certain,
I don’t buy any of your calm.
Take your hands off me, Dr. Psycho,
That straightjacket won’t be enough.

‘Cause burrowed deep in my corpse there’s a hollow
Where I save my vilest spite
And not for the life of me, you hear me?,
Will you dispossess me of that.

Shall this suffice to discharge me?
Will it hold back my repair?
Dr. Psycho, are you still there?
There’s some cacophony round my cell.

Are my thoughts contending warriors?
Is that squealing from without?
Is this a nunnery where I find me?
Won’t you, Dr., make me sound?”


* * *
Xolla, xolla, xolla,
sega, sega, sega,
fins que el cor de la genuïna cosa
desvetlli un flàccid os de cera.

Poda, poda, poda,
afaita, rasura, cisella,
deix exultant de lluïssor (joies fora!)
dels traus sagnants la pela.
Pica, burxa, perfora,
vomita, buida, treu,
accepta el ferotge agulló,
capgira els budells fora teu.

"Claror i silenci t’esperen
en un bell paratge llunyà.
Digues sí a la cort de gàngsters
i t’hi durem destrament de la mà."

"Disculpi'm si vaig errada,
sóc dement, ho ha ben clavat,
però en nom de quin déu sap l’edèn
que vaig perduda, estrip al cor, delirant?"

"Dolça Ofèlia, a sol i serena
tothom trobem a faltar el Nord.
Descorda’t la roba, avall el teló,
l’horda hipocràtica té cura de tot."

"Sóc sols que fúria, l’ha encertada,
no em ratlli amb el mot ‘calma’.
Tregui’m la grapa de sobre, Doctor,
amb la camisa de força no em basta.

Perquè fons al meu cadàver hi ha excavat un buc
on hi deso la fel més pudenta
i no accediré del tresor al furt,
és prou clar?, res a fe meva us hi mena.

Eix exabrupte, n’hi ha prou per absoldre’m?
O embussarà, potser, el meu endreç?
Doc Psico, és per ‘quí encara?
Hi ha distorsions entorn meu.

Els pensaments que m’eixorden, són poder croats en brega?
Cruixen els xerrics del defora?
És aquest erm un convent on reposo?
I vostè, Doctor, em guarirà d’estar boja?”

miércoles, 8 de julio de 2009

ANECDOTARIO

Por José G. Obrero


Cae la tarde en el comedor de una casa pequeña de las afueras. La luz que todo el día es mortecina en esa vivienda, amenaza con desaparecer aunque sean sólo las cinco. La señora Lola que ha decidido vencer a la oscuridad golpea suavemente el interruptor. El joven tras parpadear rápidamente se alegra de poder ver con nitidez la cara del resto de
personas que le acompañan. Todos, salvo la señora Lola que va y viene del comedor a la cocina trayendo café y dulces, están sentados alrededor de una mesa camilla. El joven siente la cálida presión de una mano pequeña, se vuelve hacia Nuria y se sonríen. Es su novia. Lola se ha preocupado, como buena abuela, en hacerle una tarta de chocolate a Nuria y ha tenido el detalle de ponerle las quince velas que le corresponden. El señor Damián, su marido, sólo por hacerla rabiar la llama vieja tonta y le dice que podía haber comprado un “uno” y un “cinco” porque así Nuria tendría más posibilidades de éxito a la hora de apagar las velas y se aseguraría el cumplimiento de sus deseos. Nuria que es muy supersticiosa no puede evitar ponerse un poco nerviosa, así que coge todo el aire que puede y antes de soltarlo mira fijamente a los ojos del joven. El joven, que cumplió esa misma edad la semana anterior, recuerda que no miró a Nuria y que no apagó todas las velas pero que no le importó ni una cosa ni otra. El señor Damián aplaude a rabiar y grita piropos a su nieta. La señora Lola le dice que no
se mueva así o acabará cayéndose de la silla de ruedas. Manolo tranquiliza a la señora Lola argumentando que si la caída es por la alegría bienvenida sea y que para eso está él ahí para levantarlo las veces que haga falta. Manolo es un hombre de unos cincuenta años alto y fuerte, con una barba de dos días que le hace parecer más rudo, más fuerte. El señor Damián aprieta el antebrazo de Manolo y le da las gracias, la señora Lola le dice que no sabe que harían sin él, Nuria le sonríe y el joven siente que los ojos se le empañan.
En el trayecto a casa de Nuria ésta le explica al joven que su abuelo se quedó inválido hace cinco años pero que tenía que haberlo conocido antes, que era todo alegría y vitalidad. Le explica que fue un alto cargo en el Partido Comunista y que llegó a ser comisario de guerra. Que las tropas fascistas lo tuvieron muchos años condenado a muerte y le propinaban una paliza diaria y que una vez liberado no se amilanó y en la fábrica en la que trabajaba siguió siendo un agitador de conciencias, y un destacado líder en la huelga de tranvías. De la señora Lola, Nuria le cuenta que siempre ha apoyado a su abuelo, que ha sido su animadora y compañera resignada y comprensiva y que para que sea consciente de hasta que punto los dos eran y son avanzados para su tiempo ellos no se casaron ni aun recibiendo presiones y amenazas del párroco del pueblo, viven juntos desde hace cincuenta y tres años, pero le advierte al joven que esto no debe decírselo a nadie y le pide que lo jure. El joven jura y así Nuria puede continuar comentándole sus impresiones sobre Manolo al que describe como un amigo incondicional de la familia. Manolo, le explica, es un vecino del barrio al que la noticia de la embolia de su abuelo afectó muchísimo, y desde ese día va a verles
con frecuencia y ayuda a la señora Lola en el cuidado del señor Damián. Más aún, sin Manolo sus abuelos no habrían podido continuar viviendo solos, quién sabe, quizás ahora estarían apagándose en alguna de las inhóspitas y crueles residencias de ancianos de la ciudad. Ya en el portal de Nuria, los dos jóvenes se besan, con cierta torpeza, los abrazos bruscos, los ojos abiertos. Nuria le dice al oído que le quiere, el joven responde que él también, que mucho, entonces ella le pregunta si se casarán algún día, y él contesta que algún día seguro que sí. Ella se despide y sube corriendo las escaleras impulsada por la felicidad, él baja lentamente la calle pensando que le queda por lo menos un cuarto de hora de camino para llegar a su casa.

-¿Seguro que no te aburre que te enseñe todas estas fotos?-
-Seguro, quiero saberlo todo de la persona con la que me voy a casar-
-Este es el último álbum, te lo prometo-
-Que joven estás aquí. ¿Quién esa pelandusca que te coge por la cintura?
-Es Nuria, mi primera novia. Teníamos sólo quince años. Debería estar prohibido que la gente se echase novia con esa edad no sabes lo agobiado que estaba y lo que me costó romper con ella. Tardé tres años en hacerlo por pura timidez.
-¿Y el resto? ¿Este es su padre?
-No, que va, era un tal Miguel o Manolo. Ahora no recuerdo. Un sinvergüenza. Todo el mundo pensaba que era un buen samaritano que ayudaba desinteresadamente en los cuidados del abuelo y luego resulta que el tío aprovechaba para robarles. La madre de Nuria lo sorprendió revolviendo los cajones de las mesitas de noche del cuarto de los abuelos. Quién sabe cuánto les robaría en todos esos años.
-¿Este es el abuelo, no?
-Sí, el señor Damián. Murió solo en una residencia. Su abuela empezó a enfermar de los nervios y decidió irse a Logroño con su hermana. Decía que le deseaba la muerte a su marido y que no podía seguir con ese sentimiento, que él no se lo merecía.
-¿Se quedó inválido en la guerra?
-No, fue a causa de una embolia, pero sí estuvo en la guerra.
-¿En qué bando?
-Luchó por la república. Al parecer tenía un cargo destacado. Las últimas veces que lo visité en la residencia, cuando apareció la demencia senil vivía de los recuerdos de aquella guerra y había uno que lo atormentaba; era él disparando a las espaldas de los jóvenes que aterrorizados por la proximidad del enemigo intentaban desertar.
-¡Joder, impresionante! ¿Y esa otra?
-Ah, éstos somos mi hermano, Carmen, una amiga de la facultad, y yo en un viaje que hicimos a Huesca.

lunes, 6 de julio de 2009

Què fas aquí un dilluns?




Per Ruben Garcia Cebollero



A Ester Astudillo, pels e-mails que no he llegit




Fa temps que volia comentar "la veu de l'àngel", d'en Jordi Pàmias, però no ho faré pas avui tot i que començaré per recordar part dels versos finals del poema "Alzines":

...I el cansament de viure
puja pels esglaons de l'espinada,
com una sargantana pel rocam.


I ara us preguntareu: què fas aquí un dilluns? I en català? Tranquils, no és pas un cop d'estat... però mentre sabem i/o no sabem si és possible cobrir el buit del dilluns, ara que sembla ser que el Marc i la Carla necessitem el temps de les sargantanes al rocam, ara us faré cinc cèntims d'allò que canta al poema "Llorer" en Jordi Pàmias:


...Les filades de pedra
es dolen, mudes, del rossec dels anys.


I ho faig perquè a TV3 he vist la notícia que: "el govern canviarà el procés per accedir a una plaça a l'administració pública".



Això vol dir que per ser funcionari/a amb la futura llei d'ocupació pública (si s'aprova), caldrà passar un període de prova de fins a 3 mesos. Oi, què és una bona idea!!!


I ja que estem amb idees així... per què no hi ha un període de prova per als polítics? El conseller Ausàs, de Governació i Administracions Públiques, manifesta que aquests canvis dibuixen una administració moderna... però si l'Administració l'han de dirigir els polítics, perquè aquests no han de provar la seva capacitat? Els mèrits? La igualtat d'oportunitats?

Si us pregunteu què faig aquí un dilluns, i en català, la resposta és ben senzilla: d'una banda, no comentar el bon poemari d'en Jordi Pàmias, "la veu de l'àngel". I de l'altra, recordar l'Otto Von Bismarck:


Con malas leyes y buenos funcionarios se puede gobernar. Pero si los funcionarios son malos, las leyes no sirven para nada, por buenas que sean.


Tant com recordo en Bertrand Russell:

Aunque todos compartan una misma opinión pueden estar equivocados.


O l'emperador Marc Aureli:

A veces también comete injusticias el que no hace nada, no sólo el que hace algo.


I que el temps futurs puguin dir (no com la merda que ara es llença damunt dels funcionaris i de les funcionàries, i no pas damunt les ordres que aquests o aquestes reben i les mancances) que: sóc estimat, sóc anomenat: aleshores, sóc.

sábado, 4 de julio de 2009

Algo mejor





Por Rubén García Cebollero


Julio, el mes, está decidido a fundirnos los plomos. Quizá por eso he buscado refugio en el estanco, el de Julia Otxoa, que no tiene la frugalidad de los Estancos del Chiado, de Fernando Clemot, pero que va para Paula y para todos aquellos que, de vez en cuando, esperan otra realidad mejor:


...Desde que abrió el estanco carece de licencia para vender sellos, porque para lograrla había que pagar un impuesto demasiado alto y ahora que podría pagarlo, la Administración no se la concede porque ha rebasado la edad, le dicen, y debería estar ya jubilado. Pero él nunca ha tenido valor para decírselo a sus clientes, porque ¿dónde se ha visto un estanco sin sellos? Y espera que se vayan a comprarlos a otro estanco, pero no se van y vuelven, y él tiene que fingir una realidad que nunca ha existido.


El fragmento pertenece a "el estanco", dentro del libro "Un extraño envío", relatos breves, que en su mayoría no me resultan significativos. Sin embargo, ¿a cuánta gente no sentimos fingir una realidad que nunca ha existido?


Quizá media Humanidad sea sin saberlo Pessoaísta, y esté fingiendo el dolor tan completamente que llega a creer dolor el dolor que en verdad siente. Y la otra media Humanidad espera, de espaldas, otra realidad mejor.

viernes, 3 de julio de 2009

SIMPLEMENTE HUERFANA


Acababa de firmar los papeles de la adopción en un aséptico despacho de hospital. Los veía doble, ebria todavía de anestesias, y me entraron ganas de vomitar encima de los testigos, ésos mozos de punta en blanco que me acababan de traer en camillera calesa, de mi visita al parque de atracciones médico, dónde tenía pase VIP (very incomprendida paciente), abono de largas temporadas y visado de varias autonomías.

Mí recién adoptada, aunque vieja conocida, seguía sin nombre aún pasada la mayoría de edad. El seguidor de Hipócrates y su sesudo equipo me la entregaron entre juramentos, reconociendo el fracaso de sus múltiples intentos de bautizarla con abecedarios galénicos. Así que le llamaron, complicada como era, simplemente: La huérfana.

Como decía Santa Teresa y yo apostillo, Mi huérfana vive sin vivir en mí y sin dejarme vivir. Se baña en mi mediterráneo, se perfuma con aromas de mi duro Maestrazgo, se come mi dominical paella familiar, vota en el mismo censo e incluso compartimos genético DNI.

La miro y la jodida sale fea hasta en los papeles, en los que es protagonista. Su analítica voz son susurros asmáticos, que cuando se cabrea, lo llenan todo de desagradables pitidos. Su escaneada cara es de un pálido nada romántico, donde los ojos destacan entre rojos conjuntivitis, su nariz se esconde asustadiza entre los pómulos, por miedo a los estornudos y su contagiosa boca es una pista de patinaje de dientes, que bailan al son de los últimos virus del momento.

Los sofisticados diagnósticos por imagen muestran su cuerpo de parásito, perfectamente adaptado para nutrirse de dolor, que usa el colágeno de garra para asirse a su huésped con largas cadenas de ADN, y que cuando ve peligrar su comida se enquista para invernar, entre tendones blanditos, tejiendo capullos para salir más agusanado en primavera, acompañado de una cohorte de alergias.

Pero aún así, su carácter es con mucho lo peor y consigue empeorarlo día a día. No le basta con abusar y poseer mi cuerpo hasta extenuarlo, con invadir traicioneramente los pechos que le dieron de mamar, con haberse comido mi útero , tras su concepción, con su depredador instinto, ese que repite el himno de los maltratadores: Solo mí@....

Además, quiere apoderase con insanas artes de lo no desechable de mi envase, de esa Esencia sin la cuál, el dolor deja de ser aprendizaje para ser rabia, donde la esperada curación pierde la fuerza de querer vivir, por el lastimero placebo de sobrevivir a cualquier precio. En resumidas cuentas: de mi libertad de ser.

Por Ella, por obtener esa libertad, acabo de firmar el papel. Ya es hora de que, sin rendirme, la reconozca como fruto de un revolcón de genes de algún recesivo y lascivo antepasado, que me pasó el marrón vía consanguínea y por fin, la acepte como Mi misteriosa hija de puta.

Ya en casa con mi hija a cuestas y ambas cansadas del ritual de reconocernos, aprovecho la tregua para sacar el álbum de la “cruz roja “ y guardar las fotos de un día tan señalado .La primera que encuentro es la última ecografía de mi corazón, que se ve espléndido. Ella ni siquiera se ha asomado por sus ventrículos, ni ha desintonizado sus aurículas, ni tan siquiera ha paseado sus andares gelatinosos por sus arterias.

Creo que es una señal de que, a pesar de todo, le gusta sentirse acunada por mis latidos, arropada por mensajes de ternuras y que por eso, en su devastador viaje por mi cuerpo, nunca coge el principal ascensor.

La miro dormida en la corva de mi rodilla izquierda, su lugar predilecto, y le lanzo una cómplice tos de buenas noches mientras pienso: tal vez la clave de nuestra recién legalizada relación ande por ese camino que, cómo dijo no recuerdo quién, nunca se equivoca: el del corazón.

Y si no, ya tiene su codiciada herencia.


.

jueves, 2 de julio de 2009

Feliz Cumpleaños


Por Raquel Casas


Hoy M tenía que ir a la peluquería a las 3, después de comer. Reservó hora porque es su cumpleaños y quería estar guapa para la ocasión, para la cena sorpresa que le han preparado sus amigas. En teoría ella no sabe nada, pero el estúpido de su marido se lo contó “para que se pusiera guapa”, y remarcó la palabra “guapa”.
M cumple hoy 50 años y hace muchos que se siente sola; su marido la engaña con la secretaria y su hijo, desde que se fue de casa, ya nunca la llama ni la visita.
Esta mañana se ha levantado muy ilusionada hasta que en el espejo ha descubierto nuevas canas (¿cuándo le han salido?, se pregunta). Luego ha esperado los besos de felicitación de su marido, pero nada, no se acordaba de su cumpleaños, así que le ha tenido que decir “cariño, ¿no me felicitas antes de irte al trabajo?” Y él, con gesto breve y medio gruñido, le ha plantado un beso seco en los labios, le ha rascado la cabeza y le ha recordado que fuera a la peluquería. Enseguida ha cogido el maletín, se ha colocado bien la corbata y se ha ido, como siempre, tras decirle “hasta la noche; sé puntual.”
M se ha quedado inmóvil y sola en el salón mirando cómo se cerraba la puerta. Luego ha hecho lo mismo de siempre, ha puesto música para limpiar un poco la casa, ha llamado a su madre para saber cómo se encuentra y para comprobar que ella también ha olvidado su cumpleaños; ha preparado una gran lasaña para 8 personas por si se presentaba alguien a felicitarla y se quedaba a comer con ella, y ha esperado alguna llamada o mensaje de felicidades. Pero nada. Ese lunes transcurría como cualquier otro lunes y M se sentía cada vez más insignificante.
Se comió sola más de la mitad de la bandeja, directamente, sin plato, y cuando hubo terminado se sintió como una vaca y decidió salir a correr, ya iría otro día a la peluquería, tampoco llevaba el pelo tan mal. Cogió el móvil por si alguien la llamaba.
M llegó al parque y de repente se sintió tan pesada que se sentó en un banco antes de empezar a correr; debía estar tan mal por tanta comida, pensó. De vez en cuando miraba el móvil, que continuaba en silencio. Y decidió volver a casa, ya había descansado bastante.
Por el camino pensó que se estaba haciendo tarde, que tenía que empezar a arreglarse si no quería llegar tarde.
Primero ensayó algunas caras de sorpresa ante el espejo; debía llegar la última al restaurante, a las 22.15, según indicaciones de su marido, donde en teoría sólo la esperaba él para celebrar un cena de cumpleaños íntima y romántica. Romántica, pensó ella, y empezó a reír acordándose de la secretaria.
Todas las caras que ponía le parecían falsas y ridículas, además contó tres nuevas arrugas.
El tiempo corría y no tenía ganas de vestirse ni maquillarse, además no sabía qué hacer con su pelo. Y el teléfono aún sin sonar.
Fue desnuda a la cocina, se preparó un cóctel y tras bebérselo de un trago vio claro qué iba a ponerse. Buscó en el armario aquel vestido tan impresionante, el de novia de Frankenstein que confeccionó un año para carnaval. Se lo probó y aunque le quedaba un poco estrecho pensó que le sentaba fenomenal, por lo tanto iría así a la cena. Buscó la peluca, no podía presentarse con aquellos pelos, y al ponérsela lo vio todo claro y se sintió mejor que nunca.
Condujo rápidamente hasta el centro, entró de aquella guisa en el restaurante y tras observar las caras de estupor de amigas y marido ante semejante imagen les dijo: “¡Oh, qué gran sorpresa! Tanta felicidad me mata!”


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miércoles, 1 de julio de 2009

SILBAR UNA ALEGRE CANCIÓN

Por José G. Obrero


Subía la Quinta Avenida silbando una alegre canción que había escuchado en la radio. Todo parecía brillar en Manhattan después de estos años y no podía evitar pensar que parte de ese brillo era un regalo que me pertenecía, una suerte de guiño de la ciudad a quién durante tanto tiempo había echado de menos.
Linda vivía en un ático del Upper East Side desde donde se divisaba todo Central Park. Antes de la guerra solíamos pasearlo y aprovechábamos la sombra de algún árbol para besarnos y jugar a las promesas de futuro. Ahora, mientras cruzaba la Calle 58, pensaba en lo lejos que quedaba Sicilia, París o Berlín y con ellas, la muerte y la locura, a pesar de haber estado en ese infierno una semana atrás. “¡Capitán Pooley! Qué alegría verle de nuevo por aquí. Permítame. La señorita Linda le aguarda en el salón” dijo Katy, mientras se llevaba con diligencia mi sombrero y mi abrigo, “¿Quiere que le sirva alguna copa?”. Negué con la cabeza y me dirigí hacía el salón .Abrí las dos puertas. Lo hice sin llamar. De lo contrario me hubiese dicho que esperara un momento. Le habría dado tiempo a secarse las lágrimas y a guardar la fotografía del joven suboficial que ahora trataba, inútilmente, de ocultar en su espalda. “¡Qué pasa aquí! Le grité. “¿Quién es ese?” y le agarré los brazos con todas mis fuerzas. “¡Te he hecho una pregunta, maldita sea! ¡Contesta!” En vano trataba de decirme que le soltara, que le estaba haciendo daño ¡Responde, zorra!”. Linda comenzó a gritar pero sólo cuando la hube golpeado pude calmarme lo suficiente como para poder escucharla. Secándose con un pañuelo la herida de la comisura de los labios Linda me dijo. “Paul, has estado mucho tiempo fuera. No sabía si volverías con vida”. Me derrumbé en el sofá y comencé a llorar ocultándome el rostro con las manos. Linda prosiguió: “aquí la vida continuaba Paul. Era difícil imaginar que pudiese haber una guerra, imaginar qué podía ser una guerra. La ciudad marchaba con su ritmo habitual. Música en la radio, taxis circulando, enamorados paseando por Washington Square, chicos y chicas saliendo a divertirse. Qué difícil pensar qué tú no estabas Paul, y que en algún rincón de Europa te estaban disparando”. "Hace dos años conocí a Nick en una fiesta que mi amiga Rose dio a dos manzanas de aquí. No le presté atención en toda la noche a pesar de que no dejaba de seguirme con la mirada. Me pareció un tipo vulgar, casi inquietante. Tan moreno de piel y con esa enorme cicatriz cruzándole la mejilla. Tan sólo su uniforme de teniente le daba un aire de respetabilidad. Se acercó con una copa de vino para mí y lo agradable de la temperatura en la terraza como excusa para iniciar una conversación. Al contrario de lo que pensaba resultó ser una un tipo amable y simpático, alguien de fiar. Cuando terminó la fiesta me propuso acompañarme a casa y yo accedí. Pero lo que pasó no importa, de verdad. Ni entonces ni en los meses sucesivos. No llores más Paul, no pasó nada importante. Tras este tiempo de permiso que compartimos volvió al frente y no supe nada de él hasta hace unos días cuando vino a visitarme. Tú ya habías vuelto. Estaba demacrado, con la mirada extraviada. Le pregunté si no se sentía feliz por el final de la guerra y negó con la cabeza. Olía a alcohol. Entonces empezó a hablar y hablar y hablar. Dijo que debía ser sincero, que debía contarlo. Explicó como era el paisaje en ruinas de Berlín, con todos los edificios convertidos en esqueletos de hormigón. Una ciudad agujereada donde sólo habitaban las sombras, fantasmas. Niños harapientos corrían por encima de las ruinas que cubrían a los cadáveres, chicas famélicas buscaban sustento para sus familias. Hombres humillados hacían la vista gorda para sobrevivir. Le cogí la mano y me miró fijamente. Sigue hablando Nick, le dije mientras sentía que el cuerpo entero se me helaba. Los oficiales norteamericanos se aprovechan de su situación para violar a las chicas alemanas. En el mejor de los casos les dan comida a cambio de servicios sexuales. Todo el mundo lo sabe, sus padres, sus maridos. Ellas están pagando los platos rotos de esta guerra. He sufrido mucho con esto, Linda. Desde el principio he tratado de denunciarlo a superiores pero también están en el ajo. Me han tratado como a un apestado, me han dado una paliza. Incluso un capitán, un tal Pooley me ha amenazado de muerte. Una chica alemana vino corriendo hacía mi y comenzó a decirme entre gritos que la ayudara que un tipo la tenía retenida desde hacía días, antes de que terminara de explicármelo el tal Pooley le disparó en la cabeza. Luego me encañonó y me dijo que si contaba algo de esto me volaría la tapa de los sesos. Esa imagen me persigue, Linda, no puedo olvidar todo lo que he visto en Berlín”.
“Por eso lloraba, Paul, porque no sabía si tendría las fuerzas suficientes como para preguntarte si ese capitán Pooley, ese sanguinario, eras tú. Si es el mismo tipo elegante y educado que viene ahora a visitarme con su traje de tweed, el mismo que busca una emisora en la radio y mientras me toma por la cintura para bailar me dice que esa música le estremece. El que se emociona con una película…” No le dejé terminar. Me incorporé sin decir nada y le pedí a Katy mi sombrero y mi abrigo. Me dirigí a la orilla del East River y comencé a recordar todo lo que había vivido en la guerra. Sólo los maullidos de un gato escuálido me sacaron de mis cavilaciones. Lo tomé en brazos y decidí llevármelo a casa. Cuando descendía por Broadway le susurré al oído: te llamaré Nick.