domingo 31 de mayo de 2009

ESTA VIDA DE PELÍCULA...

Por Rufino Pérez






Tengo un primo en Burgos que se llama Autólico. Y la verdad es que le va bien el nombre, porque sabe transformar el color de las cosas.

Él no se dedica a robar como podría deducirse de su nombre, sino que, cuando tú le dices que tal o cual político es un mentiroso, o que vaya cacao con la crisis que todos están aprovechándose de ella y echando a gente a la calle, él te da la vuelta no sé cómo pero terminas votando a ese político y comprendiendo la crisis.

Obama lo ha querido fichar de asesor, pero él dice que de Burgos no sale aunque le lluevan los dólares.

Yo creo que tiene miedo de salir de casa y no volver, como aquel Odiseo –su nieto mitológico- que estuvo rodando tanto tiempo por el mundo.

Y en eso le doy la razón, porque como en Burgos no se está en ningún sitio. Bueno, en Barcelona también se está bien ahora que han ganado la copa. Mi primo es del Barça y aunque él no lo quiere admitir, le gustaría vivir más cerca de su equipo. Pero, ¿y si le da por aplicar sus poderes un día, en mitad de un partido y convierte las camisetas blaugranas en un puro blanco? No me lo quiero ni imaginar. Así que es mejor que mi primo se quede donde está y que los colores, si es que alguno ha de cambiar, sea el rojo de la guerra por el blanco de la paz. Que Corea nos coja confesados.

sábado 30 de mayo de 2009

ESPERANZA



Por Rubén García Cebollero




(Poema de Cuentos y Lorzas)




La esperanza es el génesis
de toda positiva mutación.
Creer es algo más que un verbo.



viernes 29 de mayo de 2009

The Truman show






Per Mercè Mestre



I

No podia, no sabia, no volia posar-se les ales. Li feia por aquell senyor amb bigoti i barba que cridava des del segon pis. No l’havia vist mai, però semblava una mena de gegant bíblic. Els seus pares havien desaparegut per un dels forats de l’armari. No tenia ni idea on eren i sentia voleiar per l’estómac un eixam d’insectes peluts. La font rajava amb diferents tons, greus i semigreus. Va fer dos intents més amb les ales. Impossible. Eren flonges i enganxifoses com els núvols de sucre de les fires. De la seva gola sortia una música submarina, cetàcia. Quin greu no poder fer un gran agut, un agudíssim que punxés el núvol i el fes rebentar amb un crit. Quina felicitat sentiria si la gran tempesta l’arrossegués cap al fons de la vall com la branca d’un arbre arrencada pel vent! Néixer. Fugir. Morir. Ser plogut, parit, plogut... Però no podia cridar. Ni volar.



II

Sempre hi havia algú a prop, un dring constant d’ésser viu que no el deixava tranquil ni un segon de la seva vida. Vivia en els ulls dels altres, dormia entre càmeres-pestanyes, menjava en zooms llarguíssims, es rentava les dents a càmera ràpida, es dutxava en contrapicat, recordava en flashback. Però no n’era conscient. No sabia que només estava envoltat de figurants que duplicaven i triplicaven papers, que aquells cels de fòsfor que s’encenien com un llumí havien estat tractats amb ceres especials i que tothom tenia vides de recanvi, pells de serp desenfundables que al final del dia s’amuntegaven a terra com preservatius entre llaunes de cervesa i píndoles d’avorriment.



III

La passió. La passió de mirar l’horitzó, de ratllar el vidre de la finestra amb la forquilla, de dibuixar símbols i escriure missatges a la sorra humida, de créixer, d’eixamplar els pulmons, les brànquies, de nedar en els corrents d’aire, de respirar aigua, de beure sol, d’arrencar-se les arrels, els vestits, de créixer. La passió de despullar la passió, de créixer, de créixer, d’esclatar en mil gotes de llum.



IV

Es va posar les ales. Havia crescut deu centímetres. Darrere l’armari havia descobert la boca del laberint i ja estava fart de jugar mentalment a l’esquaix amb un horitzó de guix. Aquella nit un error tècnic havia impedit la transició del focus solar al lunar i l’excés de llum i de calor havia fet malbé la part superior del decorat. Regalimava cera del cel. El desig havia cristal·litzat dins l’ampolla mig buida de la por. El seu perfil alat es reflectia en el mirall esquerdat de l’armari. Ja estava preparat per rebentar el núvol. Per cridar. Per ser plogut. Per ser parit. Per volar.





(Aquest és un dels somnis que Truman va tenir de petit, mentre la pel·lícula de la seva vida anava transcorrent. Entre totes les ficcions que, sense saber-ho, li va tocar “viure”, els somnis eren el seu únic espai de llibertat, de realitat, de dignitat, de vida.)

jueves 28 de mayo de 2009

Va de cine: el fuego que arde pero que no quema



Por Ester Astudillo



Para Cristina, ella sabe bien por qué




No siendo una experta cinéfila, para hablar de cine y llenar este hueco quincenal que da en tocarle a una menda y que coincide con la semana temática cinéfila voy a hacer un magno esfuerzo imaginativo y a hablar de 2 pelis, o mejor, de una escena y de una peli.

La escena creo de verdad que será fácilmente recuperable del repositorio de imágenes cinematográficas del colectivo bloggero, cuanto más febril y entrado en años el blogger (la peli data de 1981), mucho más fácil: se trata de la breve, contundente, icónica, mitológica escena protagonizada por Jessica Lange y Jack Nicholson sobre una mesa de cocina (de esas grandes y americanas) realizando el acto en un contexto muy culinario y apriorísticamente poco apropiado. Sí, obvio, me refiero a la escena ardiente, combustiva, tórrida de sexo entre los susodichos en El cartero siempre llama dos veces. Una mujer hambrienta, entregada, voluptuosa, y receptiva y un hombre… bueno, el hombre como prototipo diría que pasa más desapercibido, y no es que le tenga tirria al Nicholson.

Aquella escena marcó un antes y un después iconoclasta en la mitología del sexo, y no sólo cinematográficamente, sino sobre todo en la vida cotidiana; se convirtió en un icono eroticocultural. Todo aquel que se precie lo más mínimo de tener una vida sexual plena y satisfactoria desde entonces tiene que poder alardear de haberlo hecho fuera de la cama, cuanto más inverosímil el sitio mucho mejor, y si es encima de la mesa de la cocina –aquí en estas latitudes, con las miniminicocinas que vienen por defecto en el pack de las nuevas viviendas, lo tenemos ciertamente difícil, aun siendo, quienes tengan el don de serlo, contorsionistas-, pues eso, si es en la cocina, que mucho mejor. ¡Si ayer mismo fui testigo de una publicidad en una marquesina de esas gigantescas que pueblan por doquier las urbes contemporáneas sobre muebles de cocina y era un guiño claro y meridiano a esa escena: la mujer conminando al macho a hacérselo en la cocina, estirándole de la corbata, para ungir la reciente composición doméstica con un buen polvo!

Hace dos décadas y media que tuve el placer de visionar la peli (poco después de estrenarse, que ya tengo una edad provecta), y personalmente debo reconocer que fue una revelación. Recuerdo, tras haberla visto un par o tres de veces, que llegué a fantasear con la idea de que incluso comprendía el enigmático título (cf. Greenaway y El vientre del arquitecto, El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, Night Watching, etc.), gravitando, claro, alrededor de la escena en cuestión, aunque los años que separan aquel momento del presente me temo que han eclipsado las perogrulladas y/o inverosímiles sandeces que cruzaron mi mente en aquella efervescente y nada provecta edad mía entonces.

Siempre resulta estimulante, al menos lo resultaba en aquella primera mitad de los ’80 españoles, primera legislatura socialista, descubrir a mujeres capaces de aquella heroicidad (y no, no, no eran putas, a mí no me hacían comulgar con ruedas de molino, ¡eran claramente heroínas!), especialmente siendo yo mujer de finales de los ’60 y española, ¡pobrecitas de nosotras!, todo lo que nos perdimos, en pleno franquismo y tal, nuestras madres con pañuelo cubriéndoles la cabeza o poco les faltaba, asistiendo entregadas a la inauguración de pantanos, postradas en la cama pero con la tele encendida para atender a la santa misa, y cuya mayor preocupación cuando hacía aparición el climaterio en sus retoños femeninos era prohibirnos que usáramos Tampax, ¡sucio sucio pecadote!

Total, que una que ya tendía a la anticordura en aquel entonces a pesar de ser tierna y joven, pues como que se sorprendió poco más que menos de ver a aquellos dos tan entregados a la materia (y que se quiten las Nueve semanas y media de la Bassinger años después y secuelas varias e inevitablemente mediocres, aunque Los bafulosos Baker Boys tiene también sus buenas y sugerentes escenas, contando con la Pfeiffer y el clan Bridges –rectifico, Jeff Bridges-): retomo, la harina irónica/icónicamente inmaculada esparcida sobre la mesa a modo de colchón, el pan a medio cocer en el horno, recordándonos que el sexo es como el alimento, y la Lange desempolvando con ansia la somera superficie para hacerse un cómodo hueco y yacer y recuperar un placer sexual olvidado y volver a sentirse viva, con esos gemidos, ¡dios qué gemidos!, ¡si eran de película! –bueno, claro, eran obviamente de película; y aun así…

Me asiste a la memoria también el brillo afilado en su mano, el cuchillo como utensilio doméstico, el cuchillo como arma arrojadiza, como hendidura, la ambivalencia de todo lo capital en la vida (Eros y Thanatos). La amenaza latente de su violencia mortífera, y la extrema delicadeza del gesto de apartarlo, manso, dejarlo reposar para momentos más propicios, porque lo que se imponía cuerdamente en aquel trance era el amor, el placer, la vida.

Y en este punto voy a dar un giro al texto y a referirme a la segunda peli anunciada que, cogida por los pelos, como casi todo, incluso resulta coherente con lo dicho hasta ahora: se trata de El ansia (va por ti, Cristina), una historia de vampiros bastante atípica, en que el amor y la inmortalidad van de la mano, ambos -¿cómo podría ser de otra manera?- sometidos a los vaivenes de la (in)satisfacción proporcionada por Eros, de los cansancios y aburrimientos de parejas archisabidas, de los descubrimientos lésbicos, del amor y el odio que sin quererlo ni/o saberlo son contiguos, de Thanatos rondando con la hoz inadvertidamente apostando a ver a quién podrá raptar primero …

El ansia/The Hunger, protagonizada por Deneuve, una jovencísima y andrógina Sarandon (data de 1983, aunque reconozco que ésa no la vi hasta mucho más tarde, reclinada en un lecho hospitalario un 16 de julio de 2000) y Bowie, el icono pop por antonomasia desde antes de que yo supiera qué significaba pop, ese gato salvaje con ojos cromáticamente asimétricos, ese pobre condenado al aburrimiento eterno sobre la capa de la tierra en busca de un acompañamiento satisfactorio e inalcanzable, obviamente imposible, arrastrando su penitencia a través de los siglos sin que nadie advierta su comezón, y traicionado sexualmente en el último momento por su pareja primigenia pero, claro, después de varias centurias, inevitablemente aburrida ergo infiel; en definitiva, un pobre vampiro que acaba tan arrugadito y disuelto y rematadamente pulverizado como Dorian Gray ante su retrato, tras una muy larga vida, en poco más de lo que cuesta decir ¡Basta! En fin, que uno/a no puede obviar preguntarse cuál es peor condena, si morir o si vivir, y también si por amor vale la pena vivir y/o morir (o ninguna de las dos cosas).

Y para justificar, por si hubiere menester, por qué narices siempre acabo hablando [sic] (escribiendo) de lo mismo (id est sexo), incluyo respuesta en el presente. La más obvia, por supuesto, e incluso quizás por algún designio inescrutable de Mefistófeles, acertada, es que estoy claramente obsesionada con ello. Pero como por principio ético, estético y epistemológico hay que desconfiar siempre de las respuestas fáciles, y yo en eso soy puntillosamente metódica y cumplidora a rajatabla, cada semana le formulo ese mismo interrogante desde el diván al desgraciado -¡pobre, pobrecito, que no se cansa de estar en el tajo!- que cobra por oír de mí la misma cantinela aprox. 200 minutos mensuales.

Lamentablemente, ese tipo de mercenarios a sueldo no son precisamente un oráculo, y el único eco de mis tribulaciones que me retorna mi exquisito e hipocrático Delfos es el silencio, sazonado con algún que otro sofocado bostezo que ya he aprendido a no tomarme como algo personal. No es que yo y/o mis fatigas seamos aburridas, me digo para consolarme, es que la vida es aburrida, invento para exculparle. Incluso me conmisero de él: debe resultar tan rematadamente fútil ver secuencialmente vestido el diván con tanto majadero obcecado en hacerse siempre las mismas preguntas y tardo en componerse la única respuesta plausible: ¡Y yo qué sé! ¡Me importa un carajo! ¿Aún crees que puedo ayudarte? ¡Tú dale, dale, no te canses de darle, y con un poquitín de suerte, la respuesta se impondrá por sí sola –si me apuras, con más suerte aún, ¡incluso antes de que la diñes, y eso será ya el despiporre!

En definitiva, a lo que iba, que este tipo de interpelaciones picaronas y existenciales mejor no formularlas desde el diván –o equivalente-; cualquier otro contexto y/o destinatario será infinitamente más empático y certero: id est una margarita aún con pétalos, la lluvia reposada y mansa que reverdece en primavera troncos casi extintos, las ocasionales líneas oscuras que el asfalto dibuja en el suelo, tentación ineludible a jugarte la respuesta con crédulo e infantil animismo mágico al estilo más puramente piagetiano (si me salgo es que sí), la rayuela, los dados, el romántico y delicuescente SOS message in a bottle que cantaban The Police hace unas décadas, cuando Sting aún no era Sting, el juego de piedra-papel-o-tijeras, etc. Hay infinitos métodos de hallar respuesta, ninguno infalible, por supuesto. Yo, de momento, aunque me temo que a todas luces falible, he encontrado el mío.

Bueno, y eso, claro, que casi me olvido, que la escena de la Lange y el Nicholson montándoselo sobre la mesa de la cocina la salvo de la hoguera sin ningún tipo de dudas, no siendo, eso sí, ni cinéfila ni experta (¡¡¡ah, pero sí mujer!!!). Chapó, señores. ¡Quién, quién pudiera! Y también, meritoriamente, tributo al César por lo que es del César: gracias, Bob Rafelson, señor director; nos libró a mí y a unas cuantas anticuerdas erráticas más entre las que no teníamos decidido si iba a ser babor o estribor de una languidecida (y ya anticipadamente hecha crónica) muerte anunciada.


miércoles 27 de mayo de 2009

Fidelidad y Pasión

por Rubens Molina


Hoy no puedo quitarmelo de la cabeza. Estaba trabajando en mi artículo sobre cine y la literatura de las Islas Mauricio, pero es misión imposible. Hoy manda el futbol. Una gran cosa el futbol.
Porque hablar de futbol es hablar de fidelidad y pasión. Conceptos que no suelen llevarse muy bien. A lo largo de nuestra vida cambiamos de pareja, trabajo, ciudad, amigos, e incluso de novelas favoritas, pero no cambiaremos de equipo de futbol. Y periódicamante nos emocionaremos como si fuese la primera vez. Además es una afición que gasta poco, no ocupa espacio, y es menos embarazosa de compartir con amigos y familia que el porno.
He dejado de fumar(¡tres semanas!)

martes 26 de mayo de 2009

Las horas



(Óscar Sotillos)


Reducir la literatura al género de la novela es tan simplista como limitar el cine a la producción de largometrajes. Los géneros grandes a menudo ocultan la riqueza de la que ellos carecen y el video que os presento, por ejemplo, demuestra que la hibridez entre géneros es la mejor levadura para cocer un buen pan. En sus anteriores trabajos delanada armonizaba la poesía de su guitarra con la de sus letras, pero en su último álbum el talento de Pilar Pascual ha añadido un cuadro en movimiento a la paleta de este músico.


En fin, espero que lo disfrutéis, ‘Las horas’ son 4 minutos de poesía.
http://www.youtube.com/watch?v=JNIQxQughFI

“Cuatro canciones para no dormir y una declaración de intenciones”, ovejasydiscos, 2009

domingo 24 de mayo de 2009

EL CAZADOR

Por Rufino Pérez


¿Os acordáis de mi hermano, el glotón? Si, aquel que se comía mi trozo de pastel cuando yo creía que eran los negritos del Congo. Bueno, pues ahora me acuerdo que tuvo una temporada que le dio por salir de casa todas las noches a cazar estrellas. Y no es que estuviera loco; él decía que hablaba en sentido metafórico. Pero yo veía que a la mañana siguiente, estaba tirado en la cama y no había nada brillante a su alrededor. Claro, también podía ser que no tenga buen pulso -pensaba yo entonces- y a la hora de cazar la estrella, no acierte.

La familia no hacía mucho caso de esta actividad de mi hermano, pero a mi me tenía mosqueado. Una noche le dije que me enseñara a cazar estrellas, que me dejara acompañarle, pero me dijo que no, que yo era todavía joven para tener licencia de caza. Y aunque yo le preguntaba cómo las cazaba y si cazaba muchas, o qué hacía después con las que había cazado, él siempre me decía lo mismo: los cazadores de estrellas, los verdaderos cazadores de estrellas, se conforman con atraparlas con la mirada, tomar su resplandor y guardarlas dentro hasta el día siguiente.

Yo me perdía en todo ese sentido metafórico, pero en el fondo quería ser mayor para tener licencia de cazador de estrellas. Y llevar un uniforme como el que tenía mi hermano.

Ahora entiendo más el sentido metafórico y me gustan mucho menos los uniformes, aunque sean de cazadores de estrellas.

sábado 23 de mayo de 2009

S.O.S. BARCELONA




Al profesor Manuel Lozano


Apreciado Manuel,
quizá hubiera sido mejor escribir un poema a utilizar la claridad de la prosa, pero como dice Joan Margarit: un poeta da miedo por la verdad que busca y por la soledad que trae.
La Barcelona de los telediarios no es un barcelona de verdad, sino una barcelona de mentiras. Quizá cargada de demasiadas soledades.
Pueden invertirse fortunas en anuncios, o en fichajes de glorias pasajeras (como las futbolísticas) pero en la barcelona del día a día demasiadas personas amanecen al raso, o en cajeros automáticos, o bajo el sufrimiento que no alivia ninguna poesía.
Tal vez parezca surrealista que escriba estas líneas, minutos antes que uno de los corazones de la ciudad, el Barça, vaya a festejar el título de liga, esté a cuatro días de la final de Roma, y parezca que no seguimos siendo un país de pelotas y pandereta. De la política mejor pasar.
Y en cuanto a la literatura Octubre alumbrará la novela que narra la batalla del Ebro, y también Barcelona, en 1938. Curiosamente, publicada desde Madrid.
Decía el recomendable poeta vasco Kirmen Uribe que le gusta Caravaggio, le gusta sobre todo cómo cuida los detalles. Tal vez por eso éste sea uno, éste sea un S.O.S. Barcelona, un S.O.S. Mundo para que más allá de la poesía alcanzemos nuestra propia manera de enfrentarnos a la realidad, la soledad, la verdad.
Que la vida iba en serio... ya lo decía Biedma... uno lo empieza a descubrir más tarde... en la sombra de las torres de la sagrada familia, en la sombra de las calles de barcelona, en la ausencia de los maestros que cubren la intemperie.
No olvides, Manuel, las palabras de Dante (es el amor quien mueve el sol y las estrellas). Quizá por eso ahora parece Barcelona una ciudad inmóvil, fantástica, perdida entre la realidad y el deseo, el anuncio y la calle, el discurso y los hechos. Algo de tigritud no vendría mal.

Saludos;)

viernes 22 de mayo de 2009

CRIMEN DE IMAGEN




Se levantó de la cama con premeditación y alevosía, a lo que añadió nocturnidad. Se lanzó descalza por el pasillo en desastrosa deshabillé, guiada por una voz, mejor dicho por unos rugidos, que le salían de las entrañas.

Se plantó ante la gran caja blanca que ocupaba el centro de la estancia y sintió el frió que desprendían sus despiadados pensamientos. Sin más elección que la de seguir a su obsesivo instinto, abrió la puerta como una autómata y sacó del interior su primera herramienta para el crimen: una botella de tamaño familiar.

Acto seguido cegada por la lujuria depredadora, cogió como una posesa el afilado cuchillo jamonero y, con él en la mano destapó a tientas a su presa. Sin tregua y con maña, comenzó a lanzarle certeras cuchilladas y después, sin ningún atisbo de piedad, troceó sus carnes en finas lonchas.

No contenta aún con la orgía de desenfrenos, rebuscó con su olfato de asesina entre los armarios de la cocina, en la panera, entre los cajones algún resto escondido de dulce vida para, sin escrúpulos, zampárselo de postre.

Aún medio sonámbula pero con las voces interiores aplacadas, se paró en seco y descubrió con pavor todas las huellas de su pantagruélico delito: su camisón empapado de grasa, las mandíbulas desencajadas de tanto relamerse y resbalándole por las comisuras de la boca los restos de sus víctimas, entre espumas de cerveza.

Sin poder soportar el peso, también de los remordimientos, cayó de rodillas con todo el rigor de su conciencia veraniega. Juntando las manos rezó con mucho fervor varias salves a las diosas de la imagen, recitó con gran devoción largas letanías de anuncios anticelulíticos, conjuró todos los mandamientos del plan Pons e incluso, se fustigó mentalmente visualizándose en bikini.

Pero todo fue inútil, sus ruegos no fueron escuchados, y se retiró cabizbaja de arrepentimientos hacia el dormitorio .Allí, le esperaba despierto el gurú de su estético culto: el sabio espejo, que le devolvió implacable todos y cada uno de los pormenores de su salvaje atentado.

Con compungida cara de luna más que llena y las pistoleras enfundadas dentro de sus cartucheras, se rindió al duro y merecido castigo: la cárcel del severo régimen.

jueves 21 de mayo de 2009

Mientras tanto Mario


Por Raquel Casas


Petit homenatge a un gran poeta que ens deixa.


Sólo mientras tanto


Vuelves, día de siempre,

rompiendo el aire justamente donde

el aire había crecido como muros.

Pero nos iluminas brutalmente

y en la sencilla náusea de tu claridad

sabemos cuándo se nos caerán los ojos,

el corazón, la piel de los recuerdos.

Claro, mientras tanto

hay oraciones, hay pétalos, hay ríos,

hay la ternura como un viento húmedo.

Sólo mientras tanto.


Mario Benedetti


**


miércoles 20 de mayo de 2009

Las tragaperras

Por José G. Obrero
Al bar “Hermanos Funes”.

Entiendo que haya tenido que poner las tragaperras pero es una molestia, no nos concentramos en la partida como antes. Bartolo dice que el bar ya no le daba dinero, que los clientes hemos envejecido y los jóvenes del barrio prefieren irse a otra parte antes que tomarse una cerveza con un puñado de viejos achacosos y no le falta razón. Yo me pido un vaso de vino y estoy con él toda la tarde, Manolo una cerveza, Carrasco un café con leche porque el médico le ha quitado la bebida y Benítez una Coca-Cola porque tiene la tensión baja. Las tragaperras han congregado a un grupo de ludópatas del barrio que no cesan de alimentarlas día y noche y luego, Bartolo, cuando echa la persiana, recoge los premios introduciendo tres o cuatro monedas. Las máquinas son sus beneficios.
Qué distinto antes, hace treinta o cuarenta años cuando acabábamos de llegar al barrio. Éramos fuertes y trabajábamos duro: en la obra, en la fábrica, en el taller. Volvíamos con los monos manchados de grasa, de cemento, sacudíamos nuestras botas antes de entrar en el bar Moreno que Bartolo había abierto hacía poco, y encendíamos un cigarrillo. La barra se llenaba de paquetes de tabaco y de botellas de cerveza, nuestras voces eran recias y había que gritar para que el de enfrente te escuchase. Veíamos el partido de fútbol, y al caer la noche pedíamos un coñac, un gin tónic, vino de Jerez. Si nos acalorábamos con una discusión Bartolo nos gritaba que nos fuéramos a la calle y en la misma puerta del bar nos arremangábamos y nos partíamos la cara. Al día siguiente nos dábamos un abrazo y nos bebíamos una botella de vino. Nuestras mujeres bajaban para decirnos que la cena estaba lista, o lo hacían nuestros hijos: “papá, papá, que dice mamá que subas”. Éramos jóvenes y teníamos fuerza para todo: para trabajar, beber, fumar, follar y criar hijos. Tener tres hijos era lo mínimo, Carrasco tuvo cinco, Manolo cuatro, Benítez siete y yo seis porque Carmen, mi mujer tuvo problemas en el último parto. Éramos muy fuertes. A Bartolo le iba bien el negocio. Su mujer hacía comidas, tapas de callos y de morritos de cerdo, tortilla de patatas, y un estofado que quitaba el sentido.
Pusieron mesas nuevas, cambiaron el televisor en blanco y negro por uno grande y a todo color. El barrio hervía de vida. Abrieron otro bar, un local pequeño y sucio y Bartolo temió la competencia pero su éxito duró poco y tan sólo por la novedad pero eran demasiado guarros. Yo me encontré un trozo de pañal en un vaso de tubo, pintalabios en uno de vino, restos de comida en las cucharas. El bar de los guarros aguantó menos de un año.
Luego nos fuimos cansando. La mujer de Bartolo murió. Nuestros hijos se fueron a otros barrios o a la capital. Nadie vino a sustituirlos. Nos prohibieron fumar, comer y beber. Sólo nos apetecía jugar al dominó. De la tarde a la noche. Volcar las fichas y mezclarlas con ambas manos. Partida tras partida, por parejas. Cada vez más seguros de nuestro juego. Inventándonos gestos, señales, guiños de ojos para ganar una partida. Al menos una. Pero esas malditas tragaperras nos están matando. Gritan: “¡avance, avance!” o “¡premio!” y nos desconcentran. Lo hacen justo en el momento en que estoy haciéndole una mueca a Carrasco o un gesto con los ojos. Carrasco mira hacia la máquina y luego coloca la ficha que no debe. Va a ser muy difícil ganar algo a partir de ahora.

martes 19 de mayo de 2009

La vida instrucciones de uso

Por Carlos Rull

Cuando uno entra por primera vez en el número 11, rue Simon-Crubellier, no es consciente de que el mundo y la literatura están a punto de cambiar definitivamente para él. No es hasta el cabo de un rato, cuando ha explorado levemente, casi de soslayo, algunas de las singulares vidas de aquellos que pueblan el edificio, que empieza a comprender la magnitud de la empresa que acaba de iniciar: la lectura de La vie mode d'emploi es un viaje desde las cosas hacia lo íntimo, desde los objetos anodinos y los gestos cotidianos hasta las entrañas de los individuos y las sociedades. Es un periplo entre lo anodino y lo extraordinario; entre el juego banal y gratuito y la profundidad de lo que todos escondemos; entre lo mágico y lo rutinario; entre la relación minuciosa y casi enciclopédica de objetos y la reveladora intuición de las almas y los destinos. Es Georges Perec.

Al menos una vez en la vida, hay que darse un garbeo por la rue Simon-Crubellier, entrar de la mano del minucioso y travieso narrador en los pisos, habitaciones, pasillos, buhardillas, escaleras, descansillos, salas y cuartos. Recorrer el pasado y el presente, la vida y la muerte, los éxitos y los fracasos de los peculiarísimos habitantes del inmueble. Al menos una vez en la vida hay que reconstruir el magno puzzle de la vida que Perec, el rey de los objetos, edificó - nunca mejor dicho - en esta arquitectónica y juguetona novela de novelas - pues tal es, "romans", en plural, su subtítulo en francés -, incompleto panorama de la vida, retrato detallado - pero necesaria y voluntariamente insuficiente - de nuestros tiempos y de nuestros modos de ser y sernos.

La vie mode d'emploi es una mecanismo perfecto - perdón por el tópico - por el que pululan, a lo largo de un siglo de historia del edificio, varios cientos de personajes que protagonizan otras tantas historias, anécdotas y aventuras en las que Perec antologa prácticamente todos los géneros y temáticas de la narrativa contemporánea y tradicional. Los capítulos - breves - saltan en el tiempo y en el espacio y es el lector quien va pincelando el retrato general en un juego tan divertido, gratificante y revelador como voluntariamente gratuito. Multitud de personajes que conocemos a través de detalladas relaciones de objetos y ambientes, a veces meticulosas hasta la exasperación. En Perec, cuya primera - y desasosegante - novela llevaba precisamente por título Las cosas, nuestros enseres cotidianos, hasta el más banal e insignificante, son portadoras de significados, contienen y reflejan una parte de cada uno de nosotros, de nuestra historia, identidad, alma. Los objetos en Perec cobran vida y reverberan destellos de lo que somos y hemos sido.

La novela se publicó en 1978, y le llevó más de diez años escribirla. Tal vez en ella esté, esbozada, aquella imposible comedie humaine que Balzac nunca logró completar. El resultado de su monumental esfuerzo es una obra descomunal, no por su tamaño - aunque es larga - sino por la infinitud de sentidos, ramificaciones, sugerencias, juegos e ideas que llenan sus páginas. En el número 11 de la calle Simon-Crubellier encontramos un puzzle infinito, un juego inabarcable y maravilloso de la mano de uno de los miembros más activos del OULIPO. En ella hallamos la más tierna reinvindicación de aquella imaginación que surge de lo real y cotidiano y lo convierte en más de lo que parece ser, el más crudo e inolvidable retrato del absurdo del mundo. Imprescindible. Imprescindible. Imprescindible.

domingo 17 de mayo de 2009

MUNDO DE COLOR

Por Rufino Pérez


Cada vez que tenía un problema, se comía un pastel de chocolate. Llegó a pesar 100 kg. Y lo tuvieron en tratamiento –por azúcar, claro- durante un año.

Salió del hospital y siguió comiendo pasteles porque le gustaban; ahora cuando tenía problemas se comía ls oreja del primero que pillaba. Estuvo en la cárcel un año y pico por agresiones diversas, aunque allí se le curó su hambre de pasteles, porque a los presos comunes no les dan pastel de postre y tampoco le quedaba dinero para comprarlos en el economato de los internos.

Cuando salió de la cárcel, comía sólo pasteles de vez en cuando y si tenía problemas, que los tenía, se lavaba las manos repetidas veces. Llegó a tener las manos tan blancas y asépticas que tuvieron que hacerle unos cuantos injertos para volverlas humanas, con su poquito de grasa y polvo pegado a ellas.

Un poco harto ya, inventó una ecuación: problema = color. Y cada vez que tenía un problema, se vestía de un color distinto. Esto le generó también algún problema con los colores, pero mejoró la fórmula: problema típico = color típico, y así con cuatro o cinco camisas y tres pantalones se dedicó a pasear todos los días hecho un pincel de colores, dando tal impresión de felicidad que era la envidia del barrio. Lo que él nunca supo, es que era daltónico.

sábado 16 de mayo de 2009

JUAN BENET y la fábula quince



Por Rubén García Cebollero


En 1981 se publicaron Trece fábulas y media y en el año 1991 apareció la Fábula decimocuarta, que podemos encontrar juntas en la edición de Alfaguara de 1998.
La primera de dichas fábulas comienza así:
- Véte al mercado -dijo el comerciante a su criado- y compra mi destino. Estoy seguro de que será fácil encontrarlo. Pero no te dejes engañar, no pagues más de lo que vale.
En la decimotercera el maestro le dice al discípulo:
No pierdas el tiempo en vacilaciones, ya que es preferible estar en el error que en la duda; pues de aquél podrás salir siempre, y con un gesto nuevo, mientras que ésta -rumiando siempre lo ya conocido- no sólo bloquea el presente, sino también el futuro.
Siempre merece la pena volver a Región. Volver a la escritura de Juan Benet. Atravesar la muerte con herrumbrosas lanzas pero el destino no depende nunca de ningún comercio, y sí de la suma de aciertos, errores y dudas.
El próximo octubre la Editorial Nowtilus me publica la novela del Ebro, la novela que narra la batalla del Ebro, la novela que empecé en 1998. Casi parece que Juan haya escrito otra última fábula.

viernes 15 de mayo de 2009

3. LES BOGES


Per Mercè Mestre









Pinten ciutats amb pinzells de sorra. Són autoretrats?




La dona Corfú


Boja.
Tens campanes als cabells.
Serps sonores
que atreuen cels marins,
mars translúcids,
sirenes de mirada salada
i obliqua.

Obres calaixos de llum
a cada finestra, a cada plaça,
als carrers que duen al port,
a la sorra humida de les platges.

Convoques tots els blaus
impossibles
a la mateixa hora,
els daurats més fins,
el verd líquid,
l’aire transparent
de les roses.

Pintes amb dits delicats
una sàvia barreja de boira i claror,
pinzellades d’aigua, de sol,
de llunes de tarda,
de terrosos capvespres,
de nits a mig fer,
de calma.

Et perds en un laberint de fils
pels carrerons estrets
de la ciutat vella:
pentagrama de notes esteses,
sorolls de cuina,
xemeneies, finestres
i roba blanca.

Pèrfida. Laberíntica.
No expliques el teu secret.

On t’amagues, cos de xiprer,
ulls d’olivera?

En els balcons?
Darrere la mel adormida de les persianes?

Sota el mar?
En les humides esquerdes de les roques?

Dins l’església?
En l’íntim parpelleig de les espelmes?

Quin és el teu secret tan ben guardat?
Un mot? Un nom? Un port?
Una antiquíssima història?

De tu, dona llum, deessa invencible,
no sabrem més que el que no ens vols dir:
només coneixem el lleu i insubstancial
límit de la paraula.

jueves 14 de mayo de 2009

South-bound







By Ester Astudillo




To the memory of Víctor Erice’s film El sur (1983), and to Icíar Bollain, a ‘67 artist woman contemporary






- So still itching
To defrost,
Am I right?
Hold back your drive,
Mind my words,
Lass:
There’s a Pole
On the other edge
Too,
Would you have guessed
That much?

Where no parents,
Siblings
Or Jews
Wish to come
To your rescue
-Will, for sure,
Be that
“Thank God”?-,

Nor cobwebs
Could satisfy
Chilblains,
Nurse such a
Long-held fast.

- Cold’s fine
By me,
Rides on blood,
Numbs the top
Sweet
Like ordinary dope.

Plus all extra limbs
Minced
Down to stumps,
Holes sealed
To the din
Whichever the front.

Freed from flesh,
From its twin
Tiresome awareness,
Both unbearably
Nagging.

From a temperature
Mounting pink
Atop the unerring
Flush.

Virginia
And Ophelia,
Take also
European-ended
Motherly Sylvia,
So inconveniently
Locked & gassed
In her unpretentious
Kitchenette:
All that close
To the South
Yet never quite
Crossing the bounds.

Could they
Have made it?
Could one die of frost
And still be alive?




miércoles 13 de mayo de 2009

Argot literari. Traducció i escolis

Per Andreu González Castro

És un llibre sense moral, perquè considero que no hi ha res sagrat. A mi el que m'interessa és jugar = Ràpid! Que algú porti un chiquipark!

És un llibre que parla de moltes coses = No saps ni de què va

Ha de ser la crítica qui digui de què va el llibre = Vegeu traducció anterior

No crec en els concursos = No en guanyaries cap

És un premi ple de m. = No te l'han donat. Encara

La participació s'ha reduït a la meitat = Els escriptors amateurs s'han adonat que no hi ha res a pelar si no coneixen ningú del jurat

És un caçapremis = Ha guanyat un premi de poc valor (econòmic)

És un mestre = Els amics li han donat un premi de mols quartos

En realitat, sempre competim contra nosaltres mateixos = Només t'hi has presentat tu, al premi

En català, és més fàcil guanyar concursos = "El meu fill, si s'hi posés..." "Doncs que s'hi posi" (Unamuno dixit).

martes 12 de mayo de 2009

Cosmopolitan


(Oscar Sotillos)
La chica guapa del andén se lleva todas las miradas. Las mujeres por admiración, los hombres por supuesto. Las chicas guapas se llevan todas las miradas en todos los lugares. Pero esta no. Esta ha ganado el premio. Fue guapa, lo sigue siendo, pero ahora enseña su esqueleto sin pudor, su piel transparente como una lagartija de la noche. Y cree estar gorda, cree por los pellejos que le cuelgan de los codos que le sobran kilos. Entre los piercings y tatoos de la moda su piel lisa es toda una novedad. Si tuviera pendientes en los párpados o cenefas tatuadas en los tobillos su cuerpo de alambre estaría perforado de un lado a otro, le saldrían las venas por los agujeros, se le escaparían los huesos en busca de otro cuerpo.


El metro llega y bendice con sus puertas abiertas a los esperadores del andén. Ella entra la última. Ya no quedan asientos libres aunque merecería que le regalaran el dedicado a los ancianos. Pasea su cuerpo por la plataforma, se cuelga de los mástiles, sortea sombras. La pasarela del vagón la recibe con expectación. Hay miradas desde todas las direcciones hacia ella. Hay que mirarla con atención para no perderla de vista. Querría gritarle: “¡Estás gorda, enormemente gorda!” para ver su reacción ante lo estúpido de semejante afirmación. Imagino a todo el vagón riendo hasta que ella también se pone a reír. Alguien le ofrece su almuerzo y ella consiente en picotearlo como una paloma tímida. Pero no. El pasmo se trunca en pena. Si alguien tuvo deseo en los ojos se lo ha quitado frotando sus pupilas con esparto. La niña ha sacado del bolso un espejito mágico. Ahora lo entiendo todo. El espejo está equivocado. El tendero a quien se lo compró era empleado de la Casa de los Espejos en una feria ambulante. Es una lámina cóncava donde se mira y se ve gorda y fea, su cara estirada y redonda, sus labios inflados. Busca un rincón al final del vagón y se sienta en el suelo. Todos la seguimos mirando mientras saca del bolso unos pinceles y colorete encarnado. Se pinta los pómulos, se pinta los labios, se pinta los ojos.


Había sido tan bonita. Es esa chica de las películas, es esa chica maldita. Si fuera hombre se llamaría James Dean y de sólo mirarla sabes que va a morir. En la próxima escena, o en la otra, quizá, pero sabes que a la vida le faltan cuatro días para cansarse de ella y dejarla en la cuneta de alguna película de serie B. Pero en los andenes del metro no hay periodistas que desenfunden su bloc de notas para hacer entrevistas, princesa, y si la muchedumbre te abre paso es por tu condición de mariposa a punto de morir. Quien te engañó merece las ruedas del metro por corbata y un aplauso de la multitud. Tú recibirás en la boca besos de tus amantes, pero cuando te hayas secado, cuando te hayas acabado de secar ni siquiera ellos vendrán al entierro de tus ojos. Entonces los pétalos de tus pestañas servirán para ser deshojados por gente como yo que preguntaremos a la margarita de tus ojos si nos quieres, si no nos quieres. Pero no conformes con tu silencio besaremos los labios secos que ya no quieren tus amantes, que ya sólo están hechos de recuerdo, como los dedos de un taxidermista o el ectoplasma de un fantasma.


(del libro La Fruta del tiempo, ed. Baile del Sol, 2008)

domingo 10 de mayo de 2009

PASE DENTRO, POR FAVOR.

Por Rufino Pérez


En la casa donde mi hermana y yo habíamos vivido, nunca se cerraba la puerta durante el día. Sólo al llegar la noche y cuando la familia se iba a dormir, el abuelo bajaba a la entrada, cerraba la puerta y echaba la cadena.

A veces, durante el día, pasaba una vecina por la calle y entraba llamando a voces a nuestra madre. Si era de confianza, podía presentarse en la cocina y quedarse un rato charrando. Nosotros estábamos ya en la mesa pero la vecina era de ésas que nunca tienen prisa, al contrario de lo que nos pasaba a nosotros, que teníamos hambre y prisa por comer.

En verano, yo me traía renacuajos metidos en un bote y los soltaba en la pila del fregadero para jugar con ellos. A mi hermana le gustaban también, aunque después de jugar con ellos, me obligaba a meterlos otra vez en el bote y llevarlos a la fuente. Yo hacía como que me los llevaba, pero la fuente estaba muy lejos y a veces me quedaba a medio camino a jugar con los amigos, y los renacuajos nunca llegaban a su destino.

Mi hermana tenía un cuaderno donde dibujaba renacuajos en todas sus fases. Lo de las fases lo sé porque después lo estudié en los libros. Me gustaban más los dibujos que hacía mi hermana, aunque los del libro eran en color.

Ahora vivo en una casa con mi propia fuente, pero no tiene renacuajos. Mi padre, ya anciano, vive conmigo. Él se encarga de abrir la puerta cuando llaman. Le gusta abrir la puerta e invita a la gente a que pase dentro para vendernos enciclopedias, o para convencernos de que existe la vida eterna, para pedir un poco de sal o para saludarnos simplemente. Pero le gusta que pasen dentro.

Puerta cerrada y alarma interior. Hemos cambiado el pueblo por la ciudad, sin nostalgia, sabiendo que allí quedaron los tebeos manoseados, casi rotos de tanto leerlos. Sin nostalgia, todo con una leve sonrisa que te transporta.

sábado 9 de mayo de 2009

ESCRIBIENDO SIN GERUNDIOS


Por Rubén García Cebollero


A Helena (Troia), por el Arte
A Anna Carreras, por la blanca poesía de las camisas de fuego



En el inicio de Mientras tanto cógeme la mano, el poeta vasco Kirmen Uribe escribe:

Nuestra vida está marcada por las decisiones. Sin decidir no podríamos seguir hacia adelante. La labor más dura del escritor es también tomar decisiones. Hay que decidir lo que se dice y lo que no, qué palabra llevar al texto y qué palabra excluir del mismo.

No estoy en contra del gerundio, sino en contra de abusar de su uso. Es una forma no personal, que puede ser simple o compuesta, pero cuyo significado suele ser de duración, de desarrollo, para indicar simultáneamente el tiempo con otra acción.


Volviendo a Kirmen Uribe, éste nos dice:
Un poema es ritmo, es estructura, pero sobre todo es sentido. Un poema siempre transmite algo nuevo. Y, sobre todo, un poema llega al lector de improvisto, llega de sorpresa.


En la reciente novela catalana tenemos el ejemplo rítmo de Anna Carreras, con Tot serà blanc, o con Camisa de foc; en ésta última, al final del caso segundo, un personaje dice: "si la vida no es como yo quiero, no quiero la vida tal como es". Páginas antes Anna Carreras nos habla de ese tipo de "sonrisas que pueden hacer completamente feliz a la persona a quien los dedicas, y al notar la presencia de su boca cerca, como un fuego, su respirar, el individuo oscilaba entre el deseo de independencia, de autodominio y de responsabilidad y el deseo infantil de volver a un estado de dependencia, de irresponsabilidad y, por tanto, de inocencia".

Cierto es que uno de mis poemas, con mayor fortuna en críticas, "Aunque nadie me lea" termina con un gerundio y que, con ellos o sin ellos, en octubre sale a la venta la novela que narra la batalla del Ebro. Por encima de la gramática siempre está la finalidad del escritor. Para acabar, tras la prosa de Anna Carreras y la de Kirmen Uribe, un par de versos de J.M. Caballero Bonald, en La noche no tiene paredes:

Cóncava sombra que en la luz se aloja:
mi libertad, mi amor, mi descreencia.


¿De qué película hablaremos en la semana temática del cine? De alguna sin gerundios...

viernes 8 de mayo de 2009

EL CORRECTO LUGAR EQUIVOCADO



Subió al tren de cercanías ese de maleta corta pero de memoria larga de rutinas. Allí tras intentar retocar los desperfectos de las prisas, sacaba el kit mañanero de primeros auxilios, se miraba al espejo sin cruel aumento, y ganaba la batalla a las últimas legañas, que se habían atrincherado de ocupas, con el lápiz de ojos de bayoneta que las mantenía a raya. Acto seguido, dos toques de brocha para encalar de rosas muros de lamentaciones y un discreto brillo en los labios, no le gustaba camuflar el sabor a besos de despedida.

Después desenfundaba la novela, guardiana de billetes, censurada por los cortes publicitarios, por los anuncios de paradas ya olfateadas, por la voz monótonamente bilingüe que imperturbable detenía el vagón un día tras otro.

Le encantaba mirar con ojos de mariposa, esos que nacen del estómago y colorean esperanzas, e imaginar que se había equivocado de tren, de día e incluso de estación, y en ese espacio de respiro, en ese entreacto de contradicciones: partidas y llegadas, jugaba a diseñar espacios de encuentros, fantaseaba con pasajeros que surgían paridos por las nubes y cobraban formas surrealistas, tiñendo todo de color, de risas, de olor a nada, que es a lo que huelen los principitos recién bañados en mediterráneos por la pachamama y empolvados de universos .

Siempre le habían gustado las sensaciones recién horneadas, la posibilidad de crear figuras etéreas que se cuelan en los adentros pero que dejan respirar a través de ellas, que saben a miel efímera, esa que no deja venenosos apegos y se toma diluida en brisas de afectos, en diálogos de miradas.

Los guiños de sus criaturas le iban avisando del momento de partir con banderas blancas, mientras sus manos se despedían con tatuajes de abrazos, con bocadillos de silencios para el viaje, rellenos de chocolateada magia.

De pronto, sintió el chasquido de su hemisferio derecho vistiendo sus pensamientos de gris y reagrupando neuronas para conectar con el traqueteo del tren, que nuevamente puesto en marcha, iba deshaciendo sus nubes hechas carne y pudriendo sueños, con el inequívoco olor a lunes.

La voz de la bruja retumbaba en el espejo y el reloj de la estación reflejaba que una vez más, estaba en el correcto lugar equivocado y a la siempre errónea hora de las obligaciones. Llegó a la estación y cruzó el andén con andares hemipléjicos, secuelas del último ataque de rutinas….

jueves 7 de mayo de 2009

Balcones que escupen medias


Por Raquel Casas

Sin pestañear. N observa sin pestañear el pequeño pony de plástico que descansa sobre la pantalla del ordenador. La víspera había soñado que el animalillo le hablaba, le susurraba al oído unas palabras que ahora ya no podía recordar.

N se había propuesto terminar hoy la novela y por fin elegir un título original y adecuado. Pero se sentaba inmóvil y no podía hacer nada más que mirar si el animal despertaba.

Unas horas más tarde decidió salir al balcón a fumar. Se sentó ante las plantas y se rió de los sueños. Pero antes de volver a entrar advirtió cómo caía una media de seda negra tendida en un balcón vecino. En aquel instante recordó de golpe las frases que el pequeño pony le dijo en sueños: “No te olvides de los gatos que hablan ni de los balcones que escupen medias.”

Pensó que lo utilizaría como título y se apresuró a entrar, asustado, en cuanto vio detenerse entre los contenedores un gato negro que le miraba.



**

martes 5 de mayo de 2009

DE LA INUTILIDAD

Por Carlos Rull

- Pero entonces,... ¿tiene o no tiene usted alguna idea solvente que aportar en pos de la solución de la crisis?
- Pues... Hombre, se me ocurren algunas vagas posibilidades, ocurrencias, pero así como una idea solvente, no. Ya le he dicho que yo escribo.
- ¿Escribe? ¿Así, a secas? ¿Y qué se supone que escribe?
- Poesías. Relatos. He empezado una novela. También teatro.
- Bueno, pero eso... No sirve.
- Ya le decía yo.
- Pues se ha equivocado de ventanilla.
- Ah. Es que en información me dijeron que aquí...
- Ya, ya. Pues nada, diríjase al quinto piso, departamento de educación, ventanilla tresciento cuarenta y dos. Tal vez allí lo suyo sirva de algo.

*******

- Así que le envían del segundo, ¿eh?
- Pues sí, me han dicho que aquí tal vez pueda ser útil.
- Y dice usted que escribe.
- Sí. Cada día un par de horitas.
- Cuentos, poemas, teatro.... ¿No escribe usted textos prácticos?
- ¿Prácticos?
- Textos didácticos, informativos, instructivos,... Prospectos, instrucciones, textos administrativos o jurídicos, reglamentos,... O bien para educación: cositas sencillas para los chavales. Que no hagan pensar mucho. Nada complicado. Ya sabe.
- Bueno. Yo,.. Alguna cosita así tendré, pero en general no. Mis referentes son otros.
- Puf. Pues me temo que aquí tampoco va a sernos usted útil.
- Lo siento, si quiere me vuelvo a casa y lo dejamos.
- No, hombre. Ya que le han hecho venir.... Además, algo tenemos que encontrarle. Todos debemos ser útiles. Acérquese al octavo, ventanilla seiscientos veintisiete, departamento de ciudadanía. Allí le encontrarán alguna utilidad a lo suyo.

*******

- Escritor, ¿eh?
- Pues sí. Nada profesional, ¿sabe? Una afición. No he publicado nada, pero he ganado algunos premios.
- ¿Y de qué escribe usted exactamente?
- Buf. No sé. De nada y de todo. Lo que se me ocurre.
- Ya, ya, claro. Pero, ¿textos ejemplares? ¿Relatos con moraleja? ¿Ensayo ideológico? ¿Algo patriótico? ¿Sociología? ¿Historia patria? ¿Loas a algún partido o club de fútbol? ¿Revisionismo histórico? ¿Ha trabajado alguna vez de negro?
- No, no, no. Literatura. Describo momentos, intento transmitir emociones, y dejo que el lector encuentre sus propias respuestas. No pretendo enseñar ni moralizar.
- ¿Que el lector saque sus propias conclusiones? ¿Y para qué sirve eso?
- Bueno, cada uno sabrá para qué le sirve.
- ¿Se ve usted escribiendo discursos para nuestros líderes politicos?
- No me joda.
- Entonces, ¿nada patriótico?
- Que no. Casi todo lo que leo y me inspira es extranjero.
- Pues vamos apañaos, encima eso. Pruebe en el último piso.

*******

- Sí, ésta es la duodécima planta: sección de literatura y artes en general.
- Menos mal. ¿Se imagina usted lo que me han mareado mandándome de una ventanilla a otra antes de enviarme aquí?
- Lo sé, lo sé. Siempre es así. Empecemos con su ficha. A ver, ¿a quién vota?
- Me llamo... ¿Qué?
- Que a quién vota.
- A nadie.
- Mal empezamos. ¿Algún amigo, padrino, compadre o simple contacto que pueda avalarle?
- No, que yo sepa.
- Pues estamos apañados.
- ¿Quiere ver alguno de mis poemas?
- No, hombre, quite, quite. ¿Para qué? ¿Afiliado a algún partido, sindicato, ONG, asociación, fundación o institución?
- Estoy suscrito a un par de revistas literarias.
- Con eso no hacemos nada. Me temo que aquí tampoco podemos ayudarle. ¿Qué tal si prueba en el edificio anexo?
- Hombre,...
- Lo verá desde la ventana.
- ¿Ése con la plaquita de "Exiliados interiores"?
- Ése.

domingo 3 de mayo de 2009

DEPENDENCIA

Por Rufino Pérez


Quería ser libre. Empezó a desprenderse de todo aquello que consideraba una atadura. En primer lugar, dejó de comer, porque pensó que dejar de respirar le haría libre en muy poco tiempo y él quería gozar del proceso.

A la vez que decidido dejar de comer, se despojó de sus ropas y empezó a tirar los muebles de la casa a la basura, entre el asombro de sus vecinos y las risitas de alguna vecina de mirada malévola. Tras los muebles, vinieron los trajes, zapatos y efectos personales. Ninguno de los anteriores bienes acabó realmente en la basura dado que estamos en crisis y que la locura es, pensaba el vecindario, un estado transitorio del que cuando uno se recupera, santa Rita Rita Rita….

Le habría dado un buen mordisco al último trozo de pan que tiró a la basura, pero la decisión de ser libre pudo más que el hambre. Ahora ya notaba la levedad de cuerpo y alma que le aportaba su decisión, tras la primera semana de este acuerdo consigo mismo. Y se sentía bien. Había soportado miradas, comentarios, risas y hasta amenazas policiales de ingreso en un sanatorio. ¡Qué sabrán ellos de libertad!

En la segunda semana de libertad, se dio cuenta de que no podía salir a la calle desnudo porque rápidamente lo trincaba la policía local. Nadie le venía a visitar y resultaba muy aburrido dedicarse sólo a mirar por la ventana. Las piernas le flojeaban y notaba que ya no podía razonar como antes cuando no era libre. Y si no podía sentir la libertad racionalmente, entonces tal vez estaba equivocado respecto al concepto de libertad.

Entonces llamaron a la puerta y en un gesto de libre albedrío, decidió abrir.

Tres semanas más tarde, este hombre gozaba de plena libertad en el super de la esquina decidiendo si compraba yogur natural azucarado o edulcorado.

sábado 2 de mayo de 2009

INTENSOS SUEÑOS DE CELULOIDE



Por Rubén García Cebollero



Preferiría haber sido un actor de Evasión o victoria, jugando a fútbol contra los nazis. El escritor que intentaba no serlo llegó al taller, de fin de semana, cuando era el destinatario de un sueño, quizá de celuloide, marinero de alta mar y bajos puertos, lo que siempre había soñado no se sabía quién, un idealista que había perdido rumbo y fe, vendedor de sorpresas, poco religioso, organizado, vuelo en las noches de insomnio, le creían organizado, imitador de profesión, encantador de serpientes, y sabía muchas cosas. Miró el tablón de ofertas laborales.

El primer día encontró una vacante de amaestrador de pingüinos en el Amazonas y otra de restaurador de lienzos abstractos para los gorilas del zoo. El resto de trabajos no estaban disponibles. Ana era corresponsal de los deseos perdidos, Iranzu guardiana del banco del tiempo y las miradas del tacto y exploradora de corazones, Albert era un alegre médico certificador de la desaparición del último votante del PP, Gabriel cocinero de gallinas birmanas, Erica escaladora de almas, Ariel escultor de luces, Silvia protectora de verbos en peligro de extinción, Lola domadora de impulsos, Toni investigador de sueños, Salomé soñadora de terapias eróticas y fantasías al azar, Nuria animadora de fuegos en Groenlandia, Miracle empaquetadora de ansiedades, Marta escultora de hielos en el Sáhara, y Carmina escultora de instantes invisibles.

El segundo día del intensivo no aceptó vacante alguna. Y algunos y algunas habían cambiado o desaparecido. Así, Pedro era el despertador de consciencias apagadas, Maydo la domadora de unicornios en Shangrila, Gustavo el fabricante de mundos cambiantes, Begoña la artesana de voces y registros de arena para un clima perfecto, Laura la cazadora de instantes y espumas, Isabel la arqueóloga de mundos invisibles, cascarones y abrazos, Yolanda la cultivadora de letras y alfabetos compulsivos, Ramón el guardián de vocablos hipnóticos y carteras de tiempo, Teresa la teletransportadora de deseos a domicilio con la supervisión de Benedetti, Rox la pirata de los mares del cielo y las nubes koala, Ariel el condensador de alientos y de estrellas, con horario libre, imprescindible buen humor y a ratos comprender el silencio. Consistía en masticar las ruedas del deseo, domesticar al cielo y cruzar el desierto de las dudas. Por último, Silvia Adela, la personificadora de duendes traviesos, con horario cotidiano, precisaba reconocer el vuelo de las gaviotas, los huecos en las piedras, el uso relajado de chanclas peligrosas y el lenguaje de los cronopios y famas para cruzar el bosque de la simpatía y sacar humanidad de cualquier viaje.

Al tercer día el escritor que intentaba no serlo dejó el taller, y no cambió de trabajo. Volvió a les tres preguntas que sólo esa vez murmuró en alto, y no para sus adentros: ¿Cuándo el amor correspondido volvería a su diccionario? ¿Por qué aún no sentía el rizado perfume del hambriento tacto? ¿Por qué la soledad teñía de negro las sábanas alegres de la aurora?

En medio del silencio el entrenador de Evasión o victoria lloraba, aún visto, porque no siempre comprendemos los sueños de celuloide que tienen, o creen tener, los demás.

viernes 1 de mayo de 2009

ESPERITS





Per Mercè Mestre







Hi ha diferents tipus d’esperit:


1. L’esperit xampú, que en petites dosis ja fa molta escuma i et pots rentar el cap tranquil·lament i de sobres. És agraït, suau, t’acarona el cap, fa bona olor i, només si ets massa confiat i et distreus, t’entra als ulls i et fa plorar de picor. És la seva única arma de destrucció massiva. Al matí es desperta abans que tu i et pica l’ullet des del prestatge del lavabo. Sol tenir els ulls grocs o verds i brillants com els gats.

2. L’esperit pastilla efervescent, que és una varietat de l’anterior, però en versió festiva. És excessiu per definició. El sol contacte amb la vida el desfà, el duplica, el triplica o quadruplica en dos, tres, quatre segons com a màxim i, quan s’ajunta amb altres esperits com ell, perd les formes, s’ofega en una allau de bombolles caòtiques d’alegria. És un perill públic, però una festa íntima. Ara, quan li baixa l’adrenalina, ja te’l pots beure de cop perquè és rematadament inestable. Sol tenir la mirada desorbitada com els gremlins.

3. L’esperit forat negre de l’espai és el més perillós. No t’hi acostis: se t’empassarà. El pitjor és que t’atreu. Com la mel als avions. Però, malgrat aquest poder, passa tan desapercebut que, per molts aparells d’alta definició que tinguis, per moltes antenes, radars i telescopis que instal·lis al terrat, o satèl·lits que posis en òrbita, mai no el descobriràs a temps. No brilla. Un insignificant granet de sucre és un diamant, una glacera, un incendi, un far d’Alexandria al seu costat. Genera foscor i cada cop pesa més i més. S’amaga al fons de tots els fons i només viu per enfonsar-se i enfonsar-te. És omnívor i abissal. Negativament elèctric. Si saps de quin color té els ulls, ets matèria morta. Vol dir que la teva pròpia destrucció li ha il·luminat la mirada per un instant.

4. L’esperit gra de sorra és solidari. Malgrat que ell sol és pràcticament invisible, sap que és tan important com el del costat, i que tots junts són capaços de construir deserts i platges. I també, en mans d’artistes, castells i escultures. És anònim i efímer, però la seva obra és eterna i sagrada. I, de vegades, no ho sap. Té els ulls del color de tots els cels d’abril.

5. L’esperit ai es passa la vida patint per tot el que sap, el que no sap i el que mai no sabrà, ai! Però segueix una dieta especial antienergètica i pro estress que li permet assaborir la seva mala sort, ai! Té les digestions pesades, gairebé impossibles, cremor d'estómac, aerofàgia crònica i lacrimofília. És addicte als mocadors de paper amb fastigós aroma de menta.Té els ulls de color moc.