jueves, 30 de septiembre de 2010

Relato encadenado IV de VII

Por Raquel Casas


4.a
El anciano y ella descansan en el suelo en una postura casi imposible. Pesa. Y él aún en el sofá, atónito, ni se inmuta para ayudarla. Como siempre, tendrá que hacerlo ella sola. Recuerda la escena de Kill Bill en la que Uma, enterrada viva, golpea la tapa del ataúd hasta romperlo. Y empieza a hacer lo mismo pues el olor a puro, coñac y Baron Dandy la están mareando y teme desmayarse. Justo en el momento en que él se da cuenta de la situación, reacciona y se levanta del sofá para ayudarla, el cuerpo del viejo se desplaza hacia un lado y la deja libre, pero con restos de peste en su ropa y en el pelo. Él le ofrece una mano pero ella la rechaza y se levanta de un salto mientras mira extrañada aquel cuerpo sobre la moqueta.

4.b
No, no podía haber salido en libertad tan pronto, sólo habían pasado 5 años; la condena era más larga, seguro. Pero tenía tanta curiosidad, tenía tantas ganas de ver el rostro de aquel que decían que era su padre, que no podía imaginar otra cosa. Aunque, quizá, simplemente era la vecina pesada. Y además, esos golpes, esos nudillos, esa insistencia la estaban distrayendo y nunca podría explicar con detalle cómo fue su primera relación sexual. ¿Qué iba a recordar? Que fue en un sofá cutre; que no lo esperaba; que llamaban a la puerta con insistencia; ¿que no se levantó a abrirla porque temía esos nudillos?


*

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Relato encadenado III de VII

Por José G. Obrero


3.A Eso no evita que durante unos segundos ambos se queden congelados, esperando el uno del otro una reacción. Finalmente se decide a zafarse del torpe y aromático sobón con más nerviosismo que brusquedad, y con un gesto tímido abre la puerta. La breve apertura sólo deja entrever el rostro surcado y enjuto de un anciano. ¿Quién es? ¿Qué quiere? Porque no dice nada a pesar de que su mano tiembla y sus ojos se ensanchan sobre el rostro como si quiera gritar o cantar. La respuesta no se demora, la puerta cede y el débil cuerpo del visitante se precipita hacia delante, arrastrándola en su caída, otra vez sobre los restos de colillas y el maldito cenicero (cuántas veces se prometió dejar de fumar y ahí sigue atestado de ceniza).

3.B No piensa lo mismo el encebollado amante cuyo oído se encuentra obturado por la premura y la excitación. A pesar de que los nudillos arrecian contra la destartalada puerta que pierde a cachos parte de sus astillas. ¿La está embistiendo? Sí, con toda la torpeza de su carne perlada ya en sudor. Quién le iba a decir a ella a su corta edad, que su primera experiencia estaría dominada por la curiosidad y el temor del desconocido que, insistía en aporrear la casa de su madre. ¿Sería ese hombre valiente, con mala suerte, que dicen es su padre? ¿Habría salido en libertad?

martes, 28 de septiembre de 2010

EL RELATO ENCADENADO (II de VII)

Por Carles Rull,
en la semana temática del relato encadenado.

2.a.
Durante un segundo infinito, su mejilla se aplasta contra la pringosa cretona, siente el áspero y grueso hilado clavarse en su piel, su olfato inhala el pútrido hedor de la tela, en sus labios presiente el sabor acre del verdín y el ácido beso de la cebolla; en su nunca persiste el aliento mustio y sofocante y, más abajo, percibe la mano viscosa que repta y hurga entre sus muslos. Y aunque no puede verlo, fantasea anhelante cada giro y vuelta y viraje del cenicero que cae en un pozo sin fondo y cada trayectoria de cada colilla hasta el suelo pringoso, hasta que finalmente el segundo eterno finaliza, el cenicero halla su destino y una afilada explosión de cristal interrumpe todo contacto. Ambos se incorporan bruscamente, uno tenso, el otro momentáneamente aliviado.

2.b.
El cenicero, sin embargo, golpea suavemente la untosa moqueta y, sin romperse, deposita sobre ella su hedionda carga. Se maldice por no haber pensado en ello mientras intenta discurir, una mano convulsa sobre su glúteo trémulo, la lengua espesa y pegajosa recorriendo su nuca, otro subterfugio; sin éxito. Manos ávidas buscan la hebilla de su cinturón mientras el peso aumenta y siente el aguijonazo de los muelles del vetusto sofá, y el polvo que invade su nariz. Decida darse la vuelta e intentar dominar la situación en supino pero, en su bisoñez, no encuentra modo de hacerlo. En el mismo instante en que el botón de sus pantalones se desata, unos nudillos salvadores golpean la puerta. 

lunes, 27 de septiembre de 2010

El relato encadenado (I/VII)

Por Ester Astudillo
para la semana temática del relato encadenado


a)

Su aliento huele a cebolla frita cuando le golpea la nuca. A conserva de pimientos en otoño. A condimentos y especias picantes que ha paladeado escasamente en las tres, tal vez cuatro, ocasiones en que ha salido a cenar fuera a algún hindú o un paki. Le desagrada, pero no se deja intimidar: prefiere acoger el temblor cálido y mojado de sus labios tan cerca, todavía sin girarse.

Debe alargar este momento sin que perciba su inexperiencia, ganar algo de tiempo. Le queda a mano, justo a la altura del omóplato izquierdo, en la rebaba mugrienta de la repisa, un cenicero con colillas hasta los topes. Se desliza subrepticiamente por la pared, apenas rozando el sofá, sin dejar de acomodar su tibio abrazo, y con suma destreza noquea el borde del cenicero al tiempo que se dejan caer, prono uno encima del otro, sobre el cubresofá verde y mohoso.

b)

Detesto els xiclets de clorofil·la. Antigament no era com ara: n’hi havia només de dos sabors, clorofil·la i maduixa. Jo sempre en comprava de maduixa, i ni que me’ls regalessin, pels aniversaris per exemple –encara que el més habitual era que et donessin caramels més que no pas xiclets- no era capaç d’empassar-me aquell regust lleugerament picant que jo llavors només podia qualificar, a més de picant, de ‘verd’.

Hi va haver un dia que al pati d’escola el meu amic Ferrau –Jordi Ferrau, però li’n dèiem Ferrau perquè hi havia dos Jordis a la classe i d’alguna manera els havíem de distingir- me’l va fer tastar: em va regalar una de les dues pastilles Cheiw que venien juntes, a 5 ptes., com a regal per la meva amistat –i, tot sigui dit, també per haver-lo ajudat en la baralla amb el Guillem de l’altre cinquè aquell mateix matí en haver entrat. La goma aquella se’m va enganxar al cel de la boca, em va fer venir basques i vaig vomitar tot l’esmorzar, entrepà de Nocilla inclòs. És l’únic cop que recordo haver-ne menjat, i és d’allí que ve la meva tírria.

domingo, 26 de septiembre de 2010

EL PRECIO DE LA FAMA

(Por Sergio Belmonte)


Acudí la otra noche al recital.
Él era un chico joven
de aspecto extravagante.
Gesticulaba mucho con sus brazos,
escupía palabras
y vomitaba quejas
hacia toda la clase de políticos.
Reivindicaba lucha y libertad.
La coreografía
terminó bruscamente
con un suicidio sobre el escenario
adornado de luces
y mucha pirotecnia.

Salió en todos los medios.
Se hizo famoso en unos cuantos días.
Creo que se llamaba Juan Eduardo.


No recuerdo ni uno de sus versos




.

sábado, 25 de septiembre de 2010

EMERGER


Por Antonia Martos

EMERGER

Mis ojos se inundaron
de tanto escucharte.
Y aquello que salió a flote
morirá.

Hemos sido oscuridad.

Desnudándome acabé
con las armas de tu batalla.

***
Ya no me importa sí algún día
enseñas un fingido pañuelo blanco.



EPITAFIO

Cuervos borrachos aletean
sobre tu cuerpo dormido.

Y yo te rezo.
.

viernes, 24 de septiembre de 2010

TEJIENDO AUSENCIAS


Acurrucado entre las alas de la noche y custodiado por dos piernas centinelas vivía el deseo hecho ausencia, que Penélope, con sus trucos de experta tejedora, rizaba en pubis de granados otoños y bordaba con hojas perennes del color de los sueños, sobre tapices de su piel.
Sed de nostalgias gemía con voz húmeda de amares, entre sus labios de lirios sonrosados, y el eco de memorias resonaba aromas sobre su monte de Venus, devolviendo míticas imágenes de su particular odisea, que la condenaba al no olvido.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Han puesto una librería


Por Raquel Casas

Han puesto una librería
con los libros muy baratos, con los libros muy baratos.
Hay un letrero que dice:
"Aquí se vende barato", "Aquí se vende barato".
Torero dame la capa
que me voy a torear, que me voy a torear.
La capa no te la doy
que el toro te va matar, que el toro te va a matar.
A mí no me mata el toro
ni tampoco los toreros, ni tampoco los toreros.
A mí me mata una rubia
que tenga los ojos negros, que tenga los ojos negros,
y tú los tienes azules,
y por eso no te quiero, y por eso no te quiero.

**

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Paradoja de la pieza ausente (Giralt contra Giralt)

.
Por Zápiro

Los lectores de Marcos Giralt Torrente acaban de recibir un regalo en forma de modelo para armar. A partir de ahora, releer a Marcos Giralt en base a Tiempo de vida (Anagrama, 2010) no sólo nos permitirá iluminar las claves de su novelística. También permitirá a Marcos Giralt deshacerse de ellas, de su carácter necesario; de ese cul de sac del que la ficción solo parecería haber ampliado el campo de batalla, no la ubicación del mismo. La cita de Amos Oz, a este respecto, tiene más de sincera liberación que de precavido distanciamiento, en el segundo párrafo del libro: “Conviene buscar [el corazón del relato] no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino en el que está entre lo escrito y el lector”. Y es que ha tenido que ser una obra autobiográfica, aquella en que Giralt relata sin tapujos la relación con su padre, aquella que definitivamente le deslinda a él, su vida y problemas, del contenido y alcance de su literatura.

Imágenes de París, o de Los seres felices, cobran una fuerza alógena tras leer Tiempo de vida. Antes que nadie aparece, con todo su oficio, el escritor. Por debajo quedan sus obsesiones. Por encima, a la altura de la línea del horizonte, queda el combate. La lucha por generar una idea, un torreón que perdure. Tiempo de vida llega para reforzar la cornisa de ese edificio solitario.

Y sin embargo, no se aprecia sin la lectura de su obra de ficción. Tiempo de vida, por sí mismo, es un libro antipático. Excusado. Demasiado bien escrito para el tema que trata. A la edad de seis años, Marcos Giralt recibió desde París una postal con dos gatos de angora que no era sino la despedida de un padre, el pintor Juan Giralt (1941-2007), que había decidido soltar amarras. Tres años después de su muerte, Giralt Torrente desmenuza treinta años de dificultosa relación por medio de un cerrado ejercicio de precisión. Al contrario que en sus novelas, en las que la memoria rige la floración de la trama, el recuerdo se adueña ahora del estilo hasta agotar todos los matices. El resultado es una letanía de calculado reproche en cuyos apósitos, recortados a placer por el hijo único, lazarillo, caudillo en la pluma, todo el peso de la culpa recae sobre los morfemas del padre; sabedor, el hijo único, indolente, erizo, de que la imagen de su padre terminará volcándose, en su contra, a los ojos del lector. La apuesta es arriesgada y el mayor problema radica en alzar hasta lo literario un tema, por lo demás, tan universal. Es posible que el exceso sea narrativo, y que el encuadre de la anécdota impida a Giralt el encuadre de la anécdota. A medida que la aposición declina, el apósito encadena, subyuga la anécdota, hasta borrar su figura. Como hubiera dicho el viejo Félix, la vista de pájaro del hijo único se enrisca en el cejado rastreo de su pieza.

También el protagonista de París (1999) era hijo único, hijo de un padre ausente, o intermitente, al que no se sabía cómo querer. “En los veranos mi padre apenas aparece y de alguna manera es necesario que él se materialice para que la figura de mi madre cobre sentido. Tengo que sentir a mi padre, tengo que poder pensar en él para empezar a pensar en ella. En mi madre no conmigo, ni en nosotros dos sufriendo a mi padre, sino en mi madre sola.” Como en un paisaje de Kandinsky, la geometría moral de París acusa la falta de líneas de fuga en la ausencia de padre. En Tiempo de vida, por el contrario, se acusa directamente al padre ausente. Por más que no lleve nombre, Juan Giralt encarna y personifica en su hijo el deseo por darse, multiplicarse, acabar consigo mismo como único centro del retablo. “Una tarde, aludo a que casi todos sus cuadros repiten un mismo esquema compositivo, con un motivo figurativo, generalmente una foto arrancada de una revista, distorsionada y pintada, alrededor del que se articula el espacio del cuadro. Me refiero a ello de pasada, pero le hace mella, ya que las siguientes veces menciona en broma la figurita central, como yo inocentemente la he llamado, y, tiempo después, su pintura evoluciona hacia una geometrización del lienzo que, a base de multiplicar los centros, acababa con la noción misma de centro.”

A cambio, Marcos Giralt ha escrito la segunda parte del libro. De extensión equiparable a la primera, narra los dos años de enfermedad y muerte de Juan Giralt, durante los cuales el hijo resquebraja el mundo y le dedica atención exclusiva, con el mismo ardor que tanto le exasperó Marcos Giralt recupera por fin a su padre, se vuelca en él, se convierte en el padre de su padre, el cual confiesa su fascinación por un hijo al que no conocía. El salto, aunque no tiene una marca formal, es delicado. Han sido más de treinta años, cerca de cien páginas de reproches. El lector lleva tiempo sintiéndose incómodo. Y Marcos Giralt no lo pone fácil tampoco ahora, cuando asume, con admirable crudeza, que difícilmente se habría dado el reencuentro, la relación maravillosa que la enfermedad depara, de no haber traído fecha de caducidad. Es delicado. Las espadas, por decirlo a modo, siguen en alto. Giralt contra Giralt. El lienzo contra el libro. En un postliminio de rara belleza, Marcos Giralt penetra, magnánimo, en el corazón de su padre. Tiempo de vida, arrebatado por la vida.

La paradoja, es cierto, ha visto reducido su campo de batalla en los últimos tiempos. La memoria, ciertamente, a menudo se abstiene de pautar los retazos con que desearía ser recobrada, y tendemos a escriturarla a imitación de esa incómoda elipse con que, en la boca de la garganta, se nos queda muda. En Los seres felices (2005) Giralt retomaba el combate con el padre, la mascarada del hijo, sus dificultades para con el amor, pero los ponía en boca de un narrador canalla. El lector, es cierto, prefiere que el libro le venga ya, desde el título, en clave positiva, y ahorrarse el trabajo de volcarlo. Al fin y al cabo, piensa, si el centro del tablero ya son los otros, ¿para qué íbamos a volcarlo? Puestos a hilar fino, tampoco sabe nadie para qué sirven las 250 páginas de Antoine Bello sobre los misterios del campeonato del mundo de puzzle de velocidad; pero su Elogio de la pieza ausente (1998) retaza una bella metáfora de la cultura occidental.

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martes, 21 de septiembre de 2010

Lecturas estivales

“El varón es un cometa y la hembra es una jirafa que te atrapa al vuelo.” No lo digo yo, sino Cayetano Zenón, el personaje de Ismael Grasa en De Madrid al cielo. Zenón es una mezcla entre Albert Pla y el protagonista de La cripta embrujada, y aunque sea un misógino y un misántropo no duda en vender su furgoneta (medio de sustento y hogar desde que le desahucian a media novela) para subvencionar el alquiler de Carmen, mujer de su amigo recién enchironado por asuntos que no desvelaremos por si alguien se acerca a sus páginas. Leída por sorpresa, secuestrada de los anaqueles en casa ajena donde un "lletraferit" no puede hacer sino que fisgonear y saciar su sed de vampiro, ésta ha sido la novela del verano. Especialmente recomendable para madrileños (va por vd., Zápiro) pues Zenón arrastra sus luces y sombras por la Cuesta de Moyano y el Parque del Retiro con profusión de detalles sobre el paisaje y paisanaje en el que se mezclan jubilados y heroinómanos, mirlos y esculturas de literatos.

Otro canalla es el protagonista de El heredero, sólo que en este caso el escenario es la Barcelona cool donde no acaba de encajar un argentino (“sí, yo también me avergüenzo de serlo” dice con cansancio su protagonista) que ejerce de falso heredero, falso pintor, falso saxofonista y verdadero truhán que después de engañar a todo el mundo acaba por engañarse sólo a sí mismo. Como la vida misma. Su autor, Mario Catelli, coincidió conmigo en la caseta del Raval que montamos durante el pasado Sant Jordi y hasta ahora no pude degustar su obra. Ácida y fresca.

A quien no os voy a presentar es a Andreu González, pero tal vez sí a su libro de relatos Safata d’entrada. Se trata de una colección de relatos de temática heterogénea que, sin embargo, poseen la misma ácida desenvoltura. Están agrupados en apartados como Misèries literàries, Coses de familia o Vides exemplars… A mi juicio, el logro de Andreu es crear textos literarios a partir de una materia de dudosa calidad como pueden ser los consejos publicitarios (alguna de sus recreaciones roza la hilaridad), correos basura o las respuestas negativas de los editores a autores como Auster o Coromines a quien niegan la publicación de su diccionario etimológico en una colección de novela fantástica pese a la estrambótica etimología que inventa el filólogo para la palabra “xiruca”. Jugosa macedonia de cítricos .

En tono nada jocoso se expresa Amin Maalouf en su León el Africano. Maalouf ficciona la vida de este andalusí del que poco se sabe llevándonos en un viaje que atraviesa la Granada decadente de Boabdil, la efervescencia de Fez, los misterios de El Cairo o las oscuras intrigas del Vaticano donde acaba como esclavo de un Papa. Maalouf nos hace transitar entre el auge de los cristianos que expulsan a los últimos moriscos de la península y el pavor que despierta el Imperio Otomano alzándose contra Occidente. Ideal para quien tenga en mente hacer un viaje a Granada o tierras árabes.

Por último, otra vuelta de tuerca. Quien haya leído a Carver o a Hemingway sabrá que sus cuentos beben de las turbias aguas de Chejov. Harto de escuchar este axioma cientos de veces me tomé prestado una antología del ruso con un prólogo de Richard Ford que prometía más de lo que daba (el prólogo, no la antología). La exactitud de la prosa de Chejov, el dramatismo bien llevado o la súbita aparición de una crisis que retuerce el relato no me han sorprendido por ya suponerlas o bien por haber leído antes a sus discípulos. Sin embargo, lo que me ha llamado la atención es la profunda irascibilidad, la agresividad latente, el ardor agazapado dispuesto a estallar en cualquier esquina del relato, y la frustración inherente a cada una de estas explosiones. Si Chejov hubiera nacido en Japón y no en Rusia, habría escrito haikus dinamitando la tradición: en lugar de describir la magia de una gota de rocío, sus 3 versos servirían para provocar la erupción del mismísimo Fujiyama.

En fin. El verano se acaba, pero la biblioteca es infinita.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Newton 2.0


A los adoquines de la gran urbe
veintitantos años atrás



Por Ester Astudillo


Este pinchazo en los muslos

¿habré caminado en exceso?
Un domingo de intramuros
en invierno
como otro domingo cualquiera:
el canódromo a un lateral
con los toros a pocas cuadras
y los viejos verdes de siempre
aireando entre apuestas la calva al sol;
los neones y el Paralelo
reparan su vela a mano izquierda.

Probé agua con azúcar
como la abuela decía.
Pero caducó su química:
quedó obsoleto el lactato.

Probé unas abdominales -
cretina creencia monjil
que compensar todo lo arregla.
Probé a dormir boca abajo.
Probé con los ojos vueltos.
Atravesada en la cama
y con las piernas pendiendo.
Y el cabezal hacia el norte.

No hay cura más que los días
-se escuda el fisio.

El firme irregular
del Eixample
tuvo la culpa, estoy segura.

"Y debo alegrarme en primer lugar
-me informo- de que exista g":
"sin ella" –sigo leyendo-
"sería basura cósmica,
un vacío entre dos cuerpos,
polvo en la cincha abisal
o esclava de una enana roja."

Ni por un momento dudo
de lo cierto del argumento.

Aun así, por si hay quien lee estas líneas,
no comprendo el uso en el libro
de la palabra "alegrarse".

domingo, 19 de septiembre de 2010

Es pronto todavía.


Por Rufino Pérez




Las palabras chocan,
hay un muro invisible,
no llegan,
se quedan en la ventana
de color violeta.

Dentro, sólo
habita
el misterioso volcán
que convierte los atardeceres
en la luz
más cegadora del día.

Callad,
no deis importancia
al sonido del viento.
Es pronto todavía
para el oído musical.
Aunque pueda recitarte
la melodía completa,
tal vez sólo en los silencios
habita el sentido.

sábado, 18 de septiembre de 2010

MAMBORETÁ

Por Antonia Martos



Hoy quiero aplastar insectos
sobre la página en blanco
sin eludir el líquido espeso de su saliva.

Permanecer durante horas balanceándome
como una mantis religiosa
para después saltar sobre las víctimas.

Contemplar desde las ramas
de la quietud este juego mimético
de un mundo sin consciencia.

Ocultar mis ruinas con el vuelo
y decir adiós a tanto tormento.
.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Ulisses




Per Mercè Mestre



(Em trec les ulleres per no veure't.)


Des del fons del mar
jo t'enviava missatges:
àncores diminutes, sorra,
papers blaus de seda,
caragols blancs,
transparents,
negres.

Tu, indiferent, rentaves els plats
amb aigua salada.

No vas fer cap gest de sorpresa
quan et vaig despertar
enmig de la tempesta.
Només vas redreçar el vaixell
sense mirar-me.

Sense sentir-me.

(Et vas tapar les oïdes amb cera.)

Sense mirar enrere.

(Et vas lligar al vaixell.)

Sense mirar-la.

Amb un sospir profund,
ella et cridava des del far.
La veu trencada,
els ulls despentinats,
els cabells brillants,
la roba plena d'onades.

Però una altra veu et guiava,
rinxolada i negra,
cap a illes llunyanes,
un fil invisible
dins del somni,
una túnica de lli,
un soroll de polseres.

El cel, ofès, es va dividir en tres,
i la sort, com un fibló solar,
va decidir per tu.

Els vents se't van conjurar
en contra. Les veles.
I la pluja, la més gelosa,
et va teixir i desteixir la trampa:
dues llunes i un sol.
Amb fil de plata.
Amb fil d'or.

Tres.
Maledicció brutal del 3.

(Les seves sines,
onades verticals.)

Sobre el mar
feies cercles i cercles.
Cercles desesperats,
descendents,
sense retorn.

(On era l'illa, la seva illa?)

Dies i dies, mesos i mesos infinits,
buit i sec,
girant,
travessat per tres horitzons.

Sense cor ja,
sense aire,
giraves i giraves
sota el mar.

(La seva illa com una ombra.
Maledicció del 3.)

Dofí embogit, enlluernat, cec,
et vas perdre per sempre més
en un viatge circular,
etern, impossible,
perseguint dues postes de lluna,
una posta de sol,
atrapat en el laberint sense portes
del darrer dia.


Del darrer
dia.

Del
darrer
dia.


D
e
l
d
a
r
r
e
r
d
i
a

(Em poso les ulleres per trobar-te:
ets l'únic supervivent del naufragi,
però no ho saps.)



jueves, 16 de septiembre de 2010

ELS 10 MANAMENTS


Per Raquel Casas

DECÀLEG

1. No et tombis.
2. No mengis amb els dits.
3. No vagis a cap festa.
4. No et posis perruca. Ni faixa.
5. No mengis pedres.
6. No et tornis transparent.
7. No escriguis poemes. Ni poemes en prosa.
8. No siguis un heroi.
9. No miris pel·lícules de David Lynch.
10. No tornis, encara que amb el pas del temps descobreixis que et punxen les genives.

**

miércoles, 15 de septiembre de 2010

El otoño vendrá

Por José G. Obrero

El otoño vendrá con caracolas, decía Lorca. El otoño se ha asociado siempre a un tiempo crepuscular; símbolo de la madurez, del recogimiento y del declive. Sin embargo, en Andalucía debería tener otro significado. Al menos en las zonas de interior donde el verano es la viva imagen de la muerte; calles desiertas, calor inhumano, pulso paralizado. Y, necesariamente, después de la muerte vuelve la vida (per tonar a néixer necessitem morir decía Savat-Papasseït). Eso es el otoño, aquí con más sentido que en otras latitudes amables en verano o con un litoral hormigueante. Además de todo lo dicho, nuestra generación asume el nuevo calendario occidental: el escolar. El otoño es sinónimo de año nuevo, con sus propósitos y proyectos. Por si quedaba alguna duda, este otoño en Córdoba han aparecido dos interesantes iniciativas: Yosoyaudiovisualibre y Otoñeces Colectivo Efímero. Ambas comparten un buen número de denominadores comunes: pasar de la queja a la acción (si faltan propuestas culturales, nosotros las creamos) ambos nacen impulsados (y propulsados) con la energía de la juventud, ambos tejen y crean sus recursos sin contar con el paragüas de lo público, y suplen esa cobertura con creatividad. Ambos, finalmente, vienen a llenar un hueco, un vacío en la oferta cultural de esta ciudad.
Yosoyaudiovisualibre se prepara para exhibir la primera muestra internacional de videoarte el día 25 de septiembre, con más imaginación que recursos (algo que, por otra parte, es la marca de los tiempos), mientras que Otoñeces, llenará de poesía en diversos soportes y espacios, toda la estación (de octubre a diciembre).
Dos grandes noticias porque, en mi opinión, perdura y cala en una sociedad lo que se teje desde su base, generando sinergias y entusiasmo, traspasa su epidermis. Justo lo contrario al bombo y artificio de algunas costosas iniciativas, construidas sobre el error de confundir el corazón con la cartera. Un débil andamiaje dorado.
El otoño, pues, vendrá con Otoñeces y Yosoyaudiovisualibre. Pura energía.

martes, 14 de septiembre de 2010

Exilio

Por Carlos

Mientras subía por la escalerilla de popa, me asaltó repentina y fugazmente una incómoda sensación de náusea que atribuí al natural mareo de quien no está habituado al mar. No obstante, en cuanto zarpamos y el puerto se fue alejando lentamente como una nube plomiza de sombra, como el humo volátil de un cigarrillo olvidado, me embistió la certeza de que no volvería a pisar tierra, de que jamas nos permitirían regresar. Tuve que asirme a la barandilla para no caer mientas mi cabeza daba vueltas sin parar, un par de brazos me sostuvieron, les di las gracias, creí percibir en sus rostros sombríos la misma certidumbre que me atenazaba ahora el alma, pero también la convicción de que se puede seguir viviendo entre injertos de nostalgia y la vaga esperanza de un improbable perdón. Me acordé de la novela de Baricco y del pianista melancólico que nunca bajó a puerto, ya para siempre con el rostro del Tim Roth.  En el vaivén de las primeras olas, ya en mar abierto, supe que también un mundo tan pequeño podría albergar todo mi universo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Full Stop / Punt final



Cum’on, one love karma,
Cum’on, one love comma

MORCHEEBA in Dive Deep


For my multiple once loved absentees


By / Per Ester Astudillo


The prickling lights over me -
I lie with no bedding
while fumbling fingers work on the wood
I used to call my own -
Announce my expiration.
I cringe at this sudden knowledge
But will not relent now.

There were times before -
Not quite exactly though.
Colons, semi-colons -
And solid oak, yes.
Unfeeling of viscera yes.
They called it a comma
But I outwitted them -
O was I good at it!

They couldn’t have known
I could use a metaphore.

Now that language has deserted me
Flesh and sinew blur.
There remains the pleasure
Of finally embodying a full stop.

Ultimately nude.

In a stubborn void of discolour
An odourless nothing dissolves.
The now dimming light presses before me
An unaccountable view
Telling the story:
Up the syringe that cuts through the wood
There I dangle off the needle
Weightless
Unaware
Pure
Lovely
Unwomanly depleted

Cold

* * *

La llum caient que m’enceta –
jec sense cobrir
mentre dits potiners furguen en la fusta
que anomenava jo-
anuncia que m’acabo.
M'estremeix aquesta sobtada visió.
No és moment d’estovar-se ara.

En va haver d’això, abans -
no exactament d’iguals.
Punts seguits, punts suspensius –
i fusta sòlida, sí.
Insensibilitat a les vísceres, sí.
En deien coma
però jo els superava en enginy:
en sabia un niu, jo, d’això.

No podien haver previst
com era de bona amb les metàfores.

Ara que el llenguatge ja no el tinc
muscle i tendons s’esvaeixen.
Queda el plaer darrer
d’encarnar el punt final.

Nua a la fi.

En un tossudament descolorit buit
es dissol la darrera espurna inodora.
La penombra encara té temps
de tornar-me una inexplicable imatge
que conta una història:
xeringa amunt, perforant la fusta,
allà penjo jo de l’agulla
Lleugera
Indolent
Pura
Preciosa
Andròginament exhaurida

Inerta


domingo, 12 de septiembre de 2010

SILENCIO

He intentado romper con un poema

el cristal taciturno del silencio.


Primero lo probé

a través de la música:

Wagner, Beethoven, Mozart, al comienzo,

Metallica, Iron Maiden y Black Sabbath

como recurso último;

pero todas sus notas

se estrellaban inertes contra el papel en blanco.


Más tarde recurrí

al subconsciente mundo de los sueños.

Estuve a un sólo paso

de poder conseguir una palabra;

aunque se me escapó al despertar

igual que un pez que vuelve

al mar con el anzuelo entre los dientes.


Al final, resignado,

agoté mis últimas estrategias:

me levanté a las seis

y vi salir el sol de la mañana,

revisé de mi infancia los recuerdos,

contemplé con lujuria a mi mujer,

releí a los clásicos – incluso –

cuando, herida de muerte,

la tarde agonizaba;

pero tampoco pude

robar un sólo verso.


No tuve, al cabo, más alternativa





que callar



.

sábado, 11 de septiembre de 2010

FOTO DE BODA

Por Antonia Martos









Suave,
como el zigzag
de una serpiente,
cae el guante
de una novia
y las campanas detienen el silencio
un sábado a las cinco de la tarde,
mientras un grano de arroz
entra en uno de mis ojos.
.

viernes, 10 de septiembre de 2010

BORRADORA LUNÁTICA



Érase una vez una goma muy mona que había nacido en Milán. No tenía nombre, se borró del registro, pero por su aroma todos comenzaron a llamarle cariñosamente: Nata.

Nata desfilaba con mucho estilo por las mejores hojas de papel, tenía sus ojitos abarrotados de imágenes de borrados cuentos y soñaba con llegar a ser la musa de un gran ilustrador. Jugueteaba con su cuerpo por la pasarela de papel y sabía lucir como nadie sus curvas por las esquinitas de los garabatos, blanqueándolos sensualmente y dejando pequeños rastros de su aroma como imborrable recuerdo.

A su avidez de fama no se le escapaba nada e incluso, si era necesario, se retorcía como una experimentada bailarina contorsionista, para alcanzar los lugares más recónditos y capturar así hasta el más pequeño y no deseado detalle.

Cuando acababa su trabajo se desmaquillaba meticulosamente, frotándose mimosa sobre un prospecto de los mejores productos de belleza, con el que se hacía una mascarilla de palabras llenas de miel, después se ponía coqueta unas gotitas de perfume del mejor frasco de pegamento y por último, borraba de sus pensamientos, con una breve oración de despedida, las agrias manchas negras de sus asesinados recuerdos.

Bien acicalada se iba a su estuche acolchadito de plumas, donde descansaba bien escoltada por las sombras de lápices de cedro, que soñaban en toda la gama de colores mientras garabateaban músicas, y por fin, desgastada por su trabajo, apagaba el subrayador fosforito y cerraba los ojos recostada en su sacapuntas azul cielo, que le servía de ángel almohadón.

Un día se despertó sobresaltada, al notar el ruido de la cremallera de su estuche y no sentir la acostumbrada luz del sol. Asustada intentó escabullirse, pero unos dedos desconocidos y más rugosos de lo habitual, la atraparon fuerte y descortésmente, con gran urgencia.

De pronto se encontró en el alfeizar de una ventana, con un lápiz tostado por la noche de verano, que bostezaba adormilado a su lado con gemiditos grises. Alzó su vista aún borrosa y sintió deslumbrada el destello de una luz grande y redonda que brillaba sobre su cabeza .La desconocida visión la impresionó enormemente, pues parecía una inmensa y hermosa goma de borrar desfilando por la pasarela de la gran cartulina celeste, ahora negra, acompañada de unos extraños rotuladores con muchas capuchas en la punta y que aún así, pintaban todo de tonos fosforitos.

Los dedos de su secuestrador cogieron el lápiz y comenzaron a dibujar la brillante luz y a rotular la palabra luna una y mil veces, con todas las formas de alfabetos imaginables.

El dueño de los dedos, movía la cabeza y rompía el papel y así muchas veces, hasta que por fin dejo impresa una fantástica ilustración, tanto que Nata se enamoró de ella y comenzó a sentir unos irresistibles deseos de acariciarla, de rozar su cuerpo con el de ella.

Como si le leyera el pensamiento él la tomo en su mano, esta vez con mucha dulzura, y la llevo a la pista de baile del centro de la hoja .No sabría explicar lo que le sucedió, por primera vez todo su cuerpo se descontroló y comenzó a borrar compulsivamente , sin obedecer más orden que su instinto, la luz que desprendía le cegaba y sólo quería acabar con ella, apagar la imagen que se le incrustaba en la blandita carne y así disolver la angustia que le emborronaba los pensamientos, lamiendo apasionadamente cada recoveco de sus reflejos en el papel.

Cuando el horrorizado artista pudo apartar a la encelada goma de su presa, ésta se deshizo en su mano dejando un dulce aroma a nata y muchas virutas de luz, que se le colaban entre los dedos y volaban hacia la luna.

jueves, 9 de septiembre de 2010

La secadora


Por Raquel Casas

La compré de oferta. Entré en una tienda de electrodomésticos dispuesto a no gastarme mucho dinero en una secadora. Llevaba años tendiendo en la terraza pero ya me había cansado de los regalitos que me dejaban los pájaros, de la lluvia intermitente, de los bichos muertos en mis camisas, de la cara agria de la vecina observándome y negando con la cabeza como si estuviera haciendo algo mal.
Entré en la tienda y un vendedor muy atento me explicó las diferencias de kilos de carga, precios, prestaciones, colores, tamaños… Entonces la vi, estaba en un rincón y pregunté su precio. Barata, pues era la última que tenían con esas características. Me la quedé. Los primeros días todo fue muy bien; su funcionamiento era sencillo, el trabajo silencioso y eficaz, la ropa salía esponjosa y calentita. Perfecto. Ya no vi más a la vecina.
Sin embargo una noche me desperté sobresaltado por unos ruidos. Me levanté convencido de que venían de la cocina. Pero allí no había nada raro. Poco a poco empezaron a suceder otras cosas, la ropa blanca unas veces salía de un tono rosado, otras amarillento; de vez en cuando desaparecía alguna pieza de mi ropa interior, otras encontraba ropa que no me pertenecía. Al principio no le di importancia a nada de todo esto aunque tengo que reconocer que el día en que entré alterado en la cocina por unos fuertes golpes, vi la secadora dando saltos y me dijo Ya no quiero secar más, me asusté. Empecé a tener pesadillas, a sentirme mal, a no rendir en el trabajo. Y a dar vueltas por calles, bares, restaurantes, incluso me apunté a un gimnasio; cualquier cosa era mejor que volver a casa.
Por todo esto, señor juez, le pido que me absuelva, creo que es evidente que no soy un pirómano y que lo que quería era deshacerme definitivamente de esa máquina infernal que me estaba volviendo loco, y no quemar el edificio; se me fue la mano con la gasolina. Y le prometo que no volveré a comprarme una secadora; ahora vivo en otra casa con un precioso patio ajardinado y he colocado ahí un montón hilos para tender toda la ropa. Siempre. Me encanta.

**

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Applausi per Ibra

Por Zápiro

Lo que en el Barça llamábamos L’entorn, apenas si llega a hormigueo comparado con el sitio al que se rinde cada septiembre Chamartín. Absorto a ello, el pasado domingo, The Special One inauguraba el ruedo a la violeta. “En construcción”, ripiaba. Todavía no sabe que el resultado es lo menos relevante de cuanto acontece en el Real Madrid. Y que los intereses en liza superan en muchos enteros a la vida. Amén de Ibra, por cierto, el club que más estrellas ha depuesto del parnaso futbolístico. Que Dios le coja confesado.

Lo de Guardiola es otra historia. El Noi de Santpedor solo peca por exceso. A Samu se lo llevaron los demonios, vale, pero ni siquiera el marco del arrepentido hizo mella en el míster. “¡El partido lo ha ganado Pep!”, purgó, en la zona mixta del 2 a 6. No hubo perdón. Resignado, el socio asistió al desembolso de los 70 kilazos con que, a modo de espantajo, se ahuyentaba al único 9 que había mojado en las dos finales. Vale decir que, a cambio, el Camp Nou se engalanó para recibir al mejor 9 que resplandece hoy sobre la hierba. Semejante algoritmo de técnica, de precisión y de fuerza, de plante, de preciosismo y explosión… Ibracadabra, el gitano merlín, a quien una inapelable messiocracia ha devuelto a la cañada. Todavía no sabía que el resultado es lo más relevante de cuanto acontece en el Barça. Y que los intereses en liza superan en muchos enteros a la vida. El único descarte, por cierto, en cuyos extremos se tocan Guardiola y Mou. No es motivo menor para aplaudirle.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Blind Faith / Fe cega


To the memory of those who suffered
the therapeutic pain of electroshock


And for those who very stupidly still like to think
all cures demand pain in exchange


By / Per Ester Astudillo


Of these objects of desire,

Which one would you choose


To undo blasphemy?

To redress a faux pas?

To bring a wall down?

To name the world?


You’ll no doubt say

Penance

Braces

Democracy
Vision
In this order
And I couldn’t tell you one way or the other

Would the answer to these
Be any easier for me to acknowledge?

To make cracked skin whole?

To heal a bad wound?

To start a heart beating?


You’ll take one soldierly step forward

-Like any other fool-

Look me in the eye

And mouth superior and proud


Disinfectant

Flesh

Electroshock


Then I’ll smile to the med student

You’ll make


Cause you and I are of a kind

Frankensteins of a sort:
Blind medical faith

In lieu of anything other


* * *

D'aquests objectes de desig,

Quin n'escolliries per


Esborrar una blasfèmia?
Corregir un mal pas?
Fer caure un mur?

Donar nom al món?


Respondràs, sens dubte,

Penitència

Ortodòncia

Democràcia

Clarividència

En aquest ordre
I jo no et sabré dir ni que sí ni que no

Em pregunto si em seria més fàcil
La resposta a aquests altres

Fer créixer una pell esberlada?

Curar una ferida greu?

Tornar-li el batec a un cor mort?


Faràs marcialment un pas endavant

-Com qualsevol altre ximplet-

Mirant-me fix als ulls

I articularàs superior i orgullós


Desinfectant

Carn

Electroxoc


Llavors jo somriuré a l'estudiant de medicina
En què t’hauràs convertit


Perquè tu i jo som de la mateixa pasta
Dos Frankensteins moderns:

Cega fe mèdica

A manca de cap altra cosa

domingo, 5 de septiembre de 2010

Sueño...

Por Rufino Pérez
Desde aquel lunes de Aguas, no se había vuelto a ir de picos pardos. Y lo cierto es que lo necesitaba...Aquellos ojos, la suave sonrisa, el atardecer entre brumas de fiesta que más bien parecía un conjuro para echar fuera los males, las fiebres, las pestes y todo lo que no fuera alborozo y vino, mucho vino...

No recuerda bien cómo de entre la marea de lances y requiebros había surgido aquella belleza que se ocultaba bajo una capa de desaliño y hambre, cómo se había acercado a él predestinada, impelida por las ganas de huir de los últimos brazos abrazadores y rudos, cómo se habían volcado el uno en el otro y cómo tuvo que defender su trofeo escondiéndolo de la avidez de la marea buscona.

Y tampoco recuerda cómo la perdió. Pero sí, claro, ahora saldría a buscarla, sólo a ella, sólo a ella.... Y se volvió a dormir.

(Martes después de Pascua. Salamanca, 1550)

sábado, 4 de septiembre de 2010

RESIDUOS Y DESPEDIDAS

Por Antonia Martos

“No mires hacia atrás:
Ya nada queda.”
Antonio Carvajal



Contigo
entre libros y mordeduras
fingiendo que no ha sucedido:

ando sobre tus ojos
como solo sabe hacerlo
la capa espesa del dolor.

Y me despido –para siempre-
de esta extraña neblina -del ayer-
donde ya nada queda.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Trans




Per Mercè Mestre



Serenament
accepto que sóc un musclo.

Que no serveixo per als negocis
ni per a la traducció simultània (llevat del morse).
Que no puc participar en cap cursa d'obstacles
sense ensopegar amb mi mateix i amb la resta de musclos.

Que la meva timidesa
em provoca contraccions gàstriques.

Que tinc fòbia al vapor.

I, en conseqüència, renuncio:

A la fama.
Al poder.
A la glòria.

Només sóc dues closques
amb un cosset groc a dins.

I no penso fer:

Musculació.
Teràpia de grup.
Sorolls estranys.
Zàping.
Esferificacions.

I més aviat somio poc.
Aquests últims mesos, gens.

Ara, el que no descarto
un dia d'aquests
bastant fred
de gener o febrer,
o de març,
possiblement un dimecres poca-solta,
o un dijous si m'apures,
és mirar-vos closca a cara
des de l'escenari,
atentament,
vestit de Marujita
i enfilat sobre el piano-tanc
d'en Carles Santos,
el de Vinaròs.




jueves, 2 de septiembre de 2010

M


Per Raquel Casas

A Düsseldorf hi ha un arbre que va trobar aigua enmig del ciment. És un arbre solitari amb moltes bosses i sabates desaparellades penjades a les branques com garlandes. Però jo buscava M. Els surfistes no necessitem sabates.
Per tota la ciutat em seguia l'ombra apegalosa de l'arbre. Llavors em vaig tallar el dit petit del peu dret i em vaig poder deslligar aquella ombra que duia enganxada com un gomet a la planta del peu. Després de penjar-hi el dit, vaig continuar buscant M arrapada a les parets.

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De La dona bilingüe. Viena Edicions.
*